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17 | 10 | 2018
   
06-07-2016 
LO SIGUIÓ HASTA LA MUERTE/ CUENTO
Autor: CARMEN IRENE CASTRO GARCÍA
LO SIGUIÓ HASTA LA MUERTE
Mujer se suicida en la tumba de su esposo.

Ciudad de México, 13 de Enero de 1985.

Norma Castrejón fue hallada muerta en el cementerio Jardines del Recuerdo con un disparo en la cabeza sobre la tumba de Guillermo Rivas, su esposo. Todo indica que no soportó la pérdida de su amado, acontecida diez días atrás.

El pasado 3 de enero, Norma se disponía a realizar sus actividades diarias cuando encontró a su esposo muerto sobre una máquina de escribir Olivetti. “Eran como las seis y media de la mañana cuando lo encontré muerto”, narró la hoy occisa a este medio. Peritos que acudieron a la casa del matrimonio Rivas aseguraron que la muerte del sujeto se dio aproximadamente a las tres de la mañana, sin embargo, la viuda aseguró haber escuchado la máquina de escribir durante toda la madrugada: “Es normal que me levante hasta cuatro veces al baño, a esta edad ya no es tan fácil contenerse. La última vez que me levanté fue como a las cinco y media, y escuché clarito el tic tic de la máquina de escribir”. Las investigaciones realizadas, mostraron que la máquina fue usada por última vez a las seis de la mañana, tiempo que no concuerda con la hora de la muerte estipulada por los peritos.

Guillermo Rivas era maestro de Cálculo Avanzado en el turno vespertino de la vocacional número 1 Gonzalo Vázquez Vela, misma que se encuentra a escasas cuadras del hogar del matrimonio Rivas.

“Su rutina era muy simple: salía a caminar a las siete en punto, de regreso pasaba a la panadería y compraba una oreja, una berlinesa y dos bolillos para la cena, siempre me traía las mismas piezas, a él no le gustaban mucho los cambios”, relató Norma Castrejón de Rivas. Una hora más tarde, el difunto Guillermo Rivas regresaba a su casa ubicada en la primera sección de San Juan de Aragón en la delegación Gustavo A. Madero y disfrutaba un desayuno ligero en compañía de Norma. Al terminar, ella lavaba los trastes y él, a las nueve treinta de la mañana en punto, comenzaba su jornada frente a la máquina de escribir: “Siempre a la misma hora, porque lo que sea de cada quien, Guillermo era muy puntual y respetaba su rutina como relojito y más para escribir, o disque escribir”, sentenció su esposa.

Cuatro horas tardaron los peritos en registrar la casa marcada con el número ochenta y cinco: “No se puede asegurar que haya sido una muerte por causas naturales”, fue lo único que atinaron a decir. No obstante, Norma Castrejón, aseguró lo contrario: “Si no fue eso, ¿qué fue? ¿asesinato? ¡Y seguro me van a decir que fui yo! Claro, si las autoridades de este país así se las gastan”.

Un escrito a medio terminar, una máquina de escribir Olivetti Lettera 25 color rojo y una pluma fuente con sangre en la punta, son las únicas evidencias que resguardaron los policías a cargo de la investigación.

Por su parte, Rodolfo Esparza, vecino del matrimonio Rivas, aseguró no conocer a Norma: “Jamás la vi, él iba solo a todos lados, si hubiera estado casado lo sabría, llevo más de quince años viviendo junto a él”.

Al mencionarle la declaración de Rodolfo Esparza a la viuda, ésta respondió sin la menor preocupación: “Por supuesto que jamás me vio, él se la pasa borracho y peleando con su mujer, todos los días escucho los gritotes que le echa, ayer mismo le dio una tunda a la pobre”. Este medio intentó hablar con la esposa de Rodolfo Esparza para corroborar las declaraciones, pero el mismo Rodolfo la negó asegurando que estaba indispuesta a causa de un resfriado: “Nada grave, pero sí de cuidado, es mejor que no salga”.

Por su parte, en la declaración oficial Norma Castrejón Villafuerte, nombre de soltera, mencionó que su marido solía introducir la pluma fuente en su oreja y darle vueltas, asegurando que lo hacía para concentrarse; la policía supone que por dicha razón el objeto tenía sangre, pero el médico forense mencionó que era demasiada la cantidad que presentaba la punta del bolígrafo y que ninguna oreja del sujeto tenía daño, pero sí su sien derecha, la cual mostraba un pequeño orificio.

Sin más pruebas, las autoridades declararon que Guillermo Rivas había sufrido un accidente cardiovascular cerebral que le provocó la muerte. Sin embargo, una fuente cercana a los policías asignados al caso, mencionó que no hay certeza plena de que Guillermo Rivas haya muerto por causas naturales, pero tampoco existen pruebas fehacientes que delaten un posible asesinato.

Días después de la muerte de Guillermo Rivas se vio a la recién viuda caminando muy tranquila por las calles de la colonia: “realizaba la misma rutina que su esposo, salía a la misma hora a caminar, acudía a la panadería y regresaba después de una hora exacta como lo hacía don Guillermo” relató Rodolfo Esparza, “no es por intrigar, pero pasaba la mayor parte del tiempo sentada en el mismo escritorio donde escribía su esposo, aclaro, no es que sea chismoso, uno como vecino se da cuenta de ciertas cosas, quieras o no, tu mirada se cruza a la casa de a lado y pues… te enteras de algunos detalles”.

El matrimonio Rivas no engendró hijos, al parecer no tenían relación con ningún familiar y mucho menos con amigos, Guillermo Rivas sólo mantenía contacto con sus alumnos y algunos profesores del CECyT número 1: “Un hombre muy cumplido y formal, nuca tuvimos problemas con él” cuenta el director de la institución, compañero de trabajo por más de cinco años del hoy difunto, “los alumnos lo querían mucho, impartía una materia difícil, siempre estaba dispuesto a ayudar a los estudiantes que se retrasaban en su materia”.

No obstante, existe una queja, fechada en 1945, en contra del profesor Guillermo Rivas López impuesta por una alumna de la institución educativa acusándolo de acoso; en ella se menciona que el profesor la seguía dentro y fuera de la escuela con el pretexto de apoyarla en la materia, apoyo que la alumna jamás requirió. Dicha queja jamás procedió debido a que la estudiante dejó de asistir a la escuela y el profesor no tuvo otro percance de esta índole.

Por su parte, Norma Castrejón no era conocida en su colonia, jamás salía y fue vista por primera vez hasta el día de la muerte de su marido. Al parecer sus padres fallecieron hace años y no tiene más familia. La última vez que la vieron por el vecindario fue un día antes de encontrarla muerta sobre la tumba de su esposo.

Omar Ayala, cuidador del cementerio Jardines del Recuerdo sección norte, fue la persona que encontró el cuerpo de Norma Castrejón: “me topé con ella antes, se le veía muy bien, jamás pensé que venía a hacer una locura como esa, me pidió que limpiara los floreros y la lápida, me preguntó que si me gustaba mi trabajo, yo le dije que sí, que todo trabajo es bueno porque lleva el pan a la mesa”. Minutos después, el señor Ayala escuchó un estruendo, se acercó al lugar y descubrió a Norma Castrejón con un disparo en la cabeza y una pistola semiautomática modelo M1911.

Este periódico tuvo autorización para leer el escrito encontrado junto al cuerpo de Guillermo Rivas, en él se narra la historia de un profesor enamorado de su mejor alumna, que, al no poder dejar de pensar en ella, la secuestra. Las últimas cinco hojas del escrito relatan el día en que la alumna es secuestrada, sin embargo, se percibe un cambio en la forma de redactar, ya que en dichas hojas se narra a detalle cómo lo vivió la estudiante, mientras que el resto de la historia se enfoca en el profesor.

Al informar de mi descubrimiento a las autoridades se inició una investigación acerca del pasado de Norma Castrejón, pero pronto desistieron en la búsqueda al no obtener resultados.

El día de hoy, el cuerpo de Guillermo Rivas descansa en el cementerio Jardines del Recuerdo con una lápida que reza “Aquí descansan los restos de Guillermo Rivas López, aquel que me robo la vida”, mientras que los restos de Norma Castrejón de Rivas se encuentran enterrados en una fosa común.