REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 10 | 2018
   
26-11-2012 
MORTAJA
Autor: Rocío García Rey
MORTAJA

Rocío García Rey



Quiero vaciar mi bolsa
tejida con la mortaja de las noches
vaciar mi cuerpo de las respiraciones
prefijadas por la soledad
arrojar los abismos adheridos a cada cicatriz
causada por espejos.
Esquirlas en mi nombre
Esquirlas en mi cuerpo.
He caminado por las calles
que olvidaron muy pronto la palabra insurrección.
Mis pasos quisieron liberarse del taconeo incesante
Mis pasos guiados por la debacle de mi cuerpo
Ayúdame a no olvidar lo que también leí a los diecisiete
Soy la que después de amortajar a Ulises
quiso viajar a Lesbos
para aprender los nuevos versos
soy la que cargó mochila al hombro
la canción de Piaf
para escucharla, por si acaso,
después de novecientas lunas de anorgasmia y soledad
me daba por sentirme un poco muda, un poco tumba
Soy quien, después de mirar llorar a Hansel,
recordó que en realidad él era Orfeo.
Soy quien le dijo adiós a Hansel en una noche fría
mientras él caminaba al norte y
yo volaba al círculo de los ocasos.

II
Hay siglos durante los que permanezco atada al deseo
deletreo el nombre del que puede ser un amante fortuito
deletreo su piel
mientras navego en el océano de la muerte.
de cualquier forma mi piel está adherida a la ausencia de los hombres
Soy de nuevo Fanny Fink
-veinticinco barcos después-
Izando la bandera de la absoluta noche.
No hay más que un paraguas descompuesto
que vale la pena recordar
No hay más que una mujer
que un tal Cortázar llamó Maga para poder escribir en la piel
el epitafio de la razón
No hay más que una suma
de hombres que algunas
noches quisiera recordar,
pero aparece en mi cama el paraguas remendado
y prefiero que penetre
el abismo de la ausencia.
Ayúdame a recordar
que Alcestes murió sin escribir su nombre
Ayúdame a librar esta batalla
acomodada en mi cuerpo.
Viento arriba / Lluvia triste
Ayúdame a necesitar sólo mi piel fragante / abierta
como un eco de Satie será el canto de mi vulva
Sólo para mí besaré mis nombres.
Zarparé a mis labios,
a mis piernas,
a mis senos.
Zarparé a la isla que los otros creyeron destruida
Danzaré a ciegas porque me bastará el ritmo de los llantos.
Llanto verde perfilando la nueva locura de las olas.
Ola y llanto
Armaré los equipajes para zarpar a mi propio gozo.
Nadie se atrevió a pronunciar mi nombre.
La roca sangró al catorceavo día
Consignas escupidas en los cuerpos horadados.
Alguien habló alguien partió
Alguien deseó
Alguien partió
Para qué nombrar palabra
para qué escribir tu nombre
para qué soñar con la invisible huella de lo que han llamado amor.
Quise ser insurrecta
avanzar con mi propia muerte a cuestas.
ser mi muerte
mi esqueleto rudimentario para viajar a Lesbos.
Dispensen las amantes
por no haber permanecido
en el nuevo puerto
Dispensen las amantes que me abrazaron
aun en los días sin sol.
Perdonen las amantes
por esta frag
men
tación que
soy
III
En el cuarto amueblado de Huidobro
las perlas muertas se han multiplicado
Soy la que lleva catorce días mordiendo
Cada perla bañada de deseo.
La piel que me ha dejado viajar
también me invita a escribir
de nuevo cuatro epitafios.
Recuerdo el tacto diluido
del que se quedó sin trenes.
quise viajar al territorio del deseo
me anclé demasiado tiempo a los destierros
que acumularon la fragilidad de las miradas.
Quise viajar en barco
cuando ya los océanos se habían vuelto un rumor de humedad
con la que sólo algunos pudieron tatuar sus pasos.

IV
La disolución de cada nombre
Algunas noches repaso
como si historiadora fuera
los eventos
las batallas
las costumbres
los gritos
las religiones
los miedos
los indultos
los exilios
las prohibiciones
y uno que otro estado de sitio.
Algunas noches repaso
como si historiadora fuera
los recuerdos filigrana
que ha dejado cada ausencia
vestigio que otros han llamado corazón
vestigio- tacto
ruina- cuerpo
Las tumbas cada noche albergan el nombre de todos los ausentes.
Mi cuerpo como archivo clausurado
Mi cuerpo como evento clausurado.
Mi escritura allanada por uno que otro fragmento de tristeza
Prometí no llorar la sangre
Prometí salvar la angustia
en nombre de las abuelas
Mi memoria a veces abarca esa noción
dejada por el vapor que Lou llamó Libertad
Me vestí de ciudad pero aun así
los transeúntes no miraron el poema.
Recuerdo que Rosario gritó
entre las páginas de los derrumbes
Que cese ya esta asfixia de respirar con un pulmón ajeno
Pero de noche te recuerdo
Arde tu nombre en la inmovilidad de mi respiración
anhelo tus labios y tu lengua que bien a bien no sé si son
los labios de R, de M, de F o de A
Anhelo a las doce de la noche una carretera
en la que sea posible acelerar para llegar al tiempo
de mi propio gozo, de mi propio placer
de mi propia muerte.
Ya no lloraré ante ninguna tumba
Ya no lloraré ante ninguna tumba
porque cada viernes
muevo mis caderas ante el espejo roto
me alimento del ritmo de la hoguera
trituro con mis pasos esos que creo se llama soledad.
trituro con mi fuego eso que dicen se llama desamor.
Hay construcciones adheridas a los latidos de la vida
hay nociones de amor implantadas en la piel
viajaré a la vía láctea sólo para mirar tu nombre
danzaré en la cueva de mis delirios contenidos.
Fragante cuerpo otórgame esta noche
el sueño reparador de los amantes.
Soy mi amante y mi amuleto
torrente de anhelos en forma de palabras
sigue procurando que recuerde mi sombra.
protégeme de necesitar
de extrañar la piel de los que nunca más querrán estar.
Millones de palabras para narrar mi cuento
millones de palabras para nombrar mis nombres.
A las seis de la mañana
miraré de nuevo la luz por la ventana.
seré de nuevo una ciudad que durante la noche
pario un árbol de locura y obsesión
a las seis de la mañana quizá mi bolsa tejida con la mortaja de la noche
esté medio vacía de epitafios.
esquirlas de mil nombres…
Aquí estoy necesitando el fuego.
no importa
yo misma sabré incendiar mi propio cementerio