REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 09 | 2019
   

EDITORIAL

año 16, núm. 175 2015

Marco Aurelio Carballo, entre el periodismo y la literatura

Marco Aurelio Carballo, a quien conocí cuando él se formaba como reportero en el Excélsior del polémico Julio Scherer, donde yo ocasionalmente publicaba algún material cultural, solía preguntarme sobre mi formación literaria. Deseaba ser literato y en esos años pocos o nadie hablaba del llamado por Tom Wolfe nuevo periodismo, la sana y natural mezcla del periodismo y la literatura. Algo sobre lo que han teorizado muchos, incluido Gabriel García Márquez. Fuimos haciéndonos grandes amigos. Lo curioso de sus inquietudes era que él mismo sabía la respuesta cuando decía: Siempre ha habido periodistas que quieren ser escritores y literatos que buscan ser periodistas. La lista es interminable y antigua.
La salida de Scherer alteró el rumbo de muchos diaristas. Unos cuantos lo siguieron para formar Proceso, la mayoría buscó en otros espacios. El grueso de los grandes reporteros caminaron con Manuel Becerra Acosta para fundar un periódico brillante e inteligente: el Unomásuno. Entre los 33 que lo constituyeron quedé yo, sostenido sobre todo por la amistad de Marco Aurelio Carballo. Allí estuvimos algunos años, no muchos. Poco a poco y luego de un gran éxito, cayó en pésimas manos y aquellos que firmamos el acta constitutiva nos fuimos no sin antes publicar nuestras renuncias en la revista Siempre!, donde Carballo era muy querido y respetado por Pagés Llergo; hoy el diario es una sombra y una leyenda confusa.
En esos vaivenes periodísticos, Marco Aurelio escribía una novela y cuentos que no solía mostrar. En algún momento tuvo a bien entregarme un puñado de relatos. Seleccioné unos cuantos, los que más me gustaron y se los di a una editora argentina que hacía modestos y cordiales libros. Ése fue el arranque del Carballo literato. Comenzó a publicar novelas y relatos, sin dejar de acometer las tareas que su vocación original le exigía. De tal forma obtuvo el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Nacional Pagés Llergo. Parecía vivir bajo el dominio total de su vocación inicial. O en todo caso, pienso ahora, compartía los criterios de Antonio Gala, José Camilo Cela y más allá del Bukowsky que tomaba de la realidad material para textos terribles y brutalmente bellos. Lo que hizo Carballo siempre fue mezclar el entorno y la ficción. El centro era su propia vida.
Marco Aurelio nació en 1942 en Chiapas y siempre vivió muy ligado a su estado. Cada tanto iba a impartir talleres literarios, los que el tiempo le permitía. Marco Aurelio sentía que había comenzado a escribir literatura tarde y lo imagino así porque es casi de mi edad, es decir, por derecho pertenecía a la mal llamada generación de la Onda. Tuvo tratos con todos ellos aunque la mayoría habíamos empezado a escribir en la adolescencia. A cambio, su tenacidad era sólida: siempre estaba leyendo buena literatura y escribiendo con una prosa fluida y natural, acaso producto del largo trabajo periodístico. Publicó más de una docena de libros, entre crónica, entrevista, novela y cuentos. Obtuvo asimismo diversos premios literarios, entre ellos destacan, el Premio Chiapas de Literatura Rosario Castellanos y el Premio Nacional de Novela Luis Arturo Ramos. La crítica señaló que Polvos ardientes de la Segunda Calle, Mujeriego, Diario de un amor intenso y Muñequita de barrio, son sus mejores obras.
Hombre hosco, a veces poco tratable e incorruptible, con sus amigos solía ser generoso. Cuando aceptaba ir a alguna reunión era seco, cortante. Pero tenía un sentido de la lealtad enorme. No me sorprende que hayamos terminado siendo grandes amigos luego de unas cinco décadas de caminar juntos y beber en las mismas cantinas. Rafael Cardona, muy cercano como Fernando Macías Cué, a Carballo, siempre me bromea por la poca ayuda que le di para que desarrollara su parte literaria: René, nos quitaste a un notable periodista para convertirlo en escritor de literatura. La verdad es que en efecto Carballo sumaba la realidad inmediata a la literatura (le gustaba el uso de la primera persona del singular) y su placer era utilizar una prosa de belleza notable y muy cuidada, obtenida de la atenta lectura de cientos de libros. Fue por derecho un autodidacta severo y amoroso con las palabras. Como Flaubert, buscaba la palabra justa.
Juntos recorrimos media república. Nunca estuvimos juntos en el extranjero, por él y Patricia Zama, su esposa, pude conocer al fin a Elena Garro en París y contribuir en las gestiones para que la mejor escritora de México pudiera regresar a casa, a mal morir entre nosotros.
No es fácil pensar en Marco Aurelio Carballo sin recordar su generosidad y sentido de la honestidad, mucho menos imaginarlo sin Patricia Zama, su magnífica compañera. Sus libros son una magnífica herencia para los jóvenes que como él dudan entre la literatura y el periodismo y que no son pocos. Supo instintivamente que el buen periodismo es ética y es estética.
En sus últimos meses de vida no se dejó ver, siguió haciendo comentarios literarios en Siempre! y en El Búho. Fue estoico y prefirió la soledad a que sus amigos y lectores viéramos sus padecimientos y dolores. Fue digno hasta en la muerte. No pudo asistir al último homenaje en el que participamos sus mejores amigos que éramos muchos, sus admiradores. Lo presenció por Internet. Allí hablamos, Rafael Cardona, Patricia Zama, David Siller, Mónica Lavín y yo. Un amplio público emocionado por el dolor, aplaudió largamente.
Lo recuerdo “selvático”, como le gustaba calificarse, preocupado por el arte, siempre estimulado por su inseparable Patricia, Petunia, seguro de su porte. De pocas palabras y locuras etílicas. Aquí cabe la frase común: estaba en plena madurez y tenía en la mente páginas espléndidas que ya no llegó a escribir. Fui su editor en repetidas ocasiones y me acostumbré a su muy trabajada prosa y al ingenio con el que solía narrar.
Lo recordaremos por sus acciones, sentido de la amistad y por sus libros. Su ausencia es grave para las letras y para el periodismo, también para sus amigos.