REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
04 | 06 | 2020
   

EDITORIAL

año 9, núm. 120 2010

La maldición política de Elena Garro

Nos encantan las luchas entre los siempre buenos y los inalterablemente malos. Por supuesto, pocos se dan cuenta,
pero quienes triunfan son los villanos. Desde hace años me preocupa saber qué sucedió en 1968 para que Elena Garro siga sufriendo vejaciones, humillaciones y olvidos. Somos unos cuantos quienes insistimos tenazmente que se trata de la mejor narradora del siglo XX, junto a Rosario Castellanos y María Luisa Mendoza. Nadie se les acerca, quizá chispazos geniales de Inés Arredondo. Las dos primeras un tanto olvidadas.

Elena, en particular, odiada por los intelectuales que tienen el poder político, al menos en parte. ¿Qué sucedió?
¿Por qué tanta aversión y rechazo hacia la autora de Los recuerdos del porvenir, una novela extraordinaria, superior a muchas que todos festejan como memorables?

Imposible tratar el tema en un artículo, lo desborda.

La investigadora Ángeles Magdaleno Cárdenas ha publicado parte de su investigación al respecto en Milenio. El grueso sigue inédito. Ha consultado los archivos referidos a Díaz Ordaz, Carlos Madrazo, Octavio Paz y Elena Garro como nadie. En su poder hay copias de casi todos ellos y fotografías de esos personajes, que tuvieron en sus manos las claves del asunto. Por ejemplo, la pugna Díaz Ordaz-Carlos Madrazo.

Hasta hoy todos han señalado que Elena Garro era una severa crítica de los estudiantes del 68. En realidad no lo era, ella y su hija participaron en diversas asambleas en la CU y sus críticas al poder fueron severas. La escritora había tomado partido principalmente por los campesinos, estaba desde luego más cerca de Zapata que de Lenin o Stalin. Su actitud era a veces infantil y siempre aguerrida. Tampoco son las dificultades con su esposo, Octavio Paz, lo que la conducen al despeñadero. Es su relación amistosa con Carlos Madrazo y sus críticas al PRI. Una célebre entrevista que le hace al político tabasqueño, quien ya estaba fuera del PRI, formando un nuevo organismo para democratizar a México, la incorpora a los odios de GDO, quien no pudo contener su ira. Eran días difíciles, cuando Madrazo señala que la democracia en México es única porque el pueblo vota abrumadoramente pero no elige, ya que el presidente municipal lo elige el gobernador del estado, al gobernador el presidente y al presidente su antecesor.

Díaz Ordaz veía a Paz como un peligro, no hay duda, le molestaba su renuncia a la embajada de Egipto, pero más le preocupa que en medio del torbellino estudiantil, el ex presidente del PRI calificara al sistema como una farsa.

La reacción fue brutal contra Madrazo y Paz, por razones distintas y semejantes en el fondo. Era el reino de la intolerancia, era el momento más alto de “dictadura perfecta”. Toda su perversión se volcó contra Madrazo. Sus empleados lo excomulgaron y luego de severos reproches, Carlos Madrazo falleció en un extraño accidente de aviación que despertó suspicacias.

Elena Garro, desconcertada, no supo qué hacer y optó por el exilio, huir sin darse cuenta que su mala suerte estaba sellada pese a su infinito talento literario. La escritora dijo más de una vez que era un chivo expiatorio de Díaz Ordaz, quien supo aprovechar sus errores para agredir a Paz utilizando las más sucias estratagemas. Algo semejante a lo que hizo al ordenar a sus esbirros que ridiculizaran a Carlos Madrazo.

Lo que debemos considerar es que la historia de Elena Garro y Helena Paz Garro no ha sido escrita. No es la pugna con Octavio Paz lo que voltea al país en su contra, es la turbia presencia de Díaz Ordaz y un sistema sórdido y sumiso quien logra enfrentar a la escritora con su gremio, el intelectual, al que en lo sucesivo vio con total desprecio. Pero hay algo más.

Hasta hoy nadie ha podido romper la maldición que pesa sobre Elena Garro: haberse enfrentado a Díaz Ordaz y a los intelectuales en dos frentes, fue su perdición. Creyó políticamente en los campesinos y en Carlos Madrazo, en los momentos en que Díaz Ordaz planeaba deshacerse de sus enemigos y críticos.

Es una historia que debe ser recuperada y estudiada fríamente.

El Búho