REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
06 | 04 | 2020
   

EDITORIAL

año 14, núm. 146 2013

El Museo del Escritor, nuevos problemas

Hace unas dos semanas el agudo periodista Rafael Cardona publicó en el diario La Crónica, un artículo sobre el Museo del Escritor. En cuatro párrafos expuso un problema serio que nos atañe en la revista El Búho. Como bien saben nuestros amigos y lectores, el Museo del Escritor, creado por la Fundación René Avilés Fabila, volvió nuevamente a tener problemas de ubicación. En principio, lo imaginamos en el Centro Histórico, por obvias razones, como museo interactivo: talleres, cursos, presentaciones, publicaciones, un gran movimiento literario a su alrededor. Podría darle nueva vida a esa zona por donde transitaron las mayores figuras de nuestra cultura y que hoy está en manos de ambulantes y cirqueros.

El recorrido en busca de local duró los doce años que el PAN estuvo en el poder. La historia está puesta minuciosamente en un blog. Fuimos en pos de un comodato con el GDF. Imposible. Nos dijeron que para el PRD lo importante era hacerle un museo al entonces vivo Carlos Monsiváis. Con Ebrard no hubo respuesta a pesar de que hablamos con Alejandra Moreno Toscano, talentosa compañera mía de la UNAM. Finalmente, entre la corrupción perredista y su interés en el espectáculo comercial, buscamos el milagro con aquellos que de verdad están enojados con la cultura: los panistas. Vimos a Sergio Vela y antes de tener una respuesta, ya estaba en su lugar la inaudita Consuelo Sáizar. Formalmente le hicimos la petición. Bajo ciertas condiciones todo se le entregaría a Conaculta, incluida una biblioteca de unos 30 mil volúmenes, a cambio de un local. Fue arrogante y vulgar. Nos quejamos por escrito. Calderón la apoyó. En algún momento, las pasadas autoridades nos dijeron, como si fuéramos mercaderes de la cultura, que comprarían el Museo del Escritor y todo su acervo que no es despreciable, baste señalar que tiene más de tres mil primeras ediciones autografiadas por sus autores, muchas de primera línea como Rulfo, Allan Poe, Vargas Llosa, Fuentes, Arreola, Paz, Poe, Ginsberg, Saramago, Novo, Reyes, Torres Bodet, Garro, García Márquez, Mutis, Villaurrutia, Bonifaz Nuño, Chumacero, Montemayor, Alejo Carpentier... y una buena colección de grabados, fotos, dibujos y caricaturas de escritores, pero el Museo del Escritor no está ideado como negocio sino como una institución al servicio sobre todo de los jóvenes que aman la literatura.

Cuando ya habíamos hablado con Carlos Slim y otros millonarios que presumen su altruismo y agotado a la burocracia, en una cansada y tenaz lucha, Demetrio Sodi, quien tuvo parentesco político conmigo, ganó la delegación Miguel Hidalgo. Con generosidad, nos prestó en comodato por cinco años, un piso de un edificio del Parque Lira. El sitio es hermoso, pero muy pequeño, carece de estacionamiento, no hay indicaciones ni recursos para promoverlo. Lo aceptamos y pusimos allí una pequeña muestra del potencial de un museo así, único en el mundo e instalado si no en el Centro Histórico, al menos en una zona de museos. Había que dar una muestra de su potencial.

El PRD obtuvo en el DF, lo que en leguaje político se denomina carro completo. Hablamos con Miguel Ángel Mancera y fue sensible al proyecto que le entregamos por escrito en propia mano. La delegación Miguel Hidalgo quedó en poder de un tal Víctor Hugo Romo, más tenaz que inteligente.

Inútilmente tratamos de hablar con Romo. Después, Rosario Casco Montoya, directora del Museo del Escritor, buscó a las autoridades culturales. Lo de siempre, el titular delegó en su segundo y éste, en otro. El último habló con ella, quien explicó su potencial y recursos: tenemos en bodegas mucho material, en el Museo sólo exhibimos una parte. La respuesta fue positiva y nos dijo que tenían un viejo edificio que podría ser acondicionado (ya conocemos el lugar, Sodi asimismo nos lo ofreció). Pero el sitio está muy lejos de todo circuito cultural, en una zona deprimida. Para colmo, está en malas condiciones y la remodelación tardará poco más de dos años. ¿Tiene sentido aceptarla? No hay de por medio más que palabras que no sabemos si el delegado aceptará. Le vemos vocación de corredor: corre en todas las maratones y hasta corre con Mancera. ¿Sabrá de cuestiones culturales? Lo dudamos.
Ante el escaso interés, acaso rencor como precisa Rafael Cardona, contra una acción de un delegado panista (como si panistas y perredistas no hubieran votado juntos en docenas de sitios), habrá que analizar el comodato y buscar una solución amigable. Nada del Museo les pertenece salvo el local. Entonces queda recoger los materiales, guardar la biblioteca y esperar a que personas con mayor sensibilidad nos ayuden en la reubicación adecuada del Museo del Escritor.
Los tiempos no son los mejores para un proyecto semejante. Ante tanta insensibilidad, volveremos a prender veladoras y esperaremos que el milagro ocurra. Es un gran proyecto nacido de la sociedad, de un grupo de escritores.

El Búho