REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

De nuestra portada

Trashumancia del amor cautivo


Roberto Bañuelas

I

En el río de mis sueños eres, mujer,
la ribera en que despierto,
y navegando entre tu luz,
todas las rutas me conducen a la dicha.
Embriagado en tu hermosura,
me convierto en pedestal de tus deseos.
Tu cuerpo es florida primavera
y yo soy potro, ruiseñor y flecha.
Sediento de tus táctiles aromas,
yo maduro en espiga venturosa
que desgrana itinerarios de caricias
en el cultivo memorioso de tus formas.
Inauguro el manantial de tu recuerdo
con banderas delirantes de entusiasmo;
celebro la vida en que te gozo
y prolongo el instante en que eres mía.

II

En la densidad del ámbito sombrío
quedó impresa la huella de tu ausencia
y otra vez la evasión de tu forma
llenó el molde de mis sueños truncos.

Transitas en llamas de recuerdo
para cubrirme con el eco de palabras
la isla de mí mismo en que me pierdo.

Aunque divagues en la tierra firme
al rechazar lo que fue y lo que no es,
somos náufragos de una pasión no consumada
que nos obliga a nacer y a crecer
en la celebración de otro día
y de otro encuentro.

III

El barco se ha enloquecido
con los antiguos aromas
de la rosa de los vientos
y gira en perpetuo círculo.

Tú y yo deseamos y miramos
una orilla imaginaria.
No es remoto que nos encontremos
a la mitad de un sueño sin retorno
o que cambiemos de sueño
y lleguemos a la luz.

IV

Los recuerdos son el carrusel tenaz
del pasado candente
que se instala en este presente
donde gira tu ausencia.

La memoria se hace cómplice insomne
de los éxtasis ya vividos
cuando eras mi aliada en la hora ebria
de soñar despiertos para detener al tiempo.

La luz interior nos investía de poderes
para dialogar con la aurora
y prescindir de los túneles oscuros
que el temor y la soledad habían construido
en la roca insomne de la espera
que crece y se devora a sí misma.

V

Volcán impaciente
que geometrisas el silencio,
estruendo floreciente de la luz,
veloz esfera del alba,
vibración bajo la piel del mundo,
fundación cotidiana de horizontes solemnes,
forma del sueño y claridad sin fronteras
que se ayuntan bajo el mismo sol.

VI

Tú, la esperada,
dejaste de ser la ausente
revestida de duro silencio;
no serás más la estatua
que se desvanece
en la distancia dolorosa
del deseo en un auxilio de nostalgia.

Ahora, cuando las palabras
de amor nacidas en tu voz,
se vuelven campanario
enloquecido de promesas,
sé que mañana,
antes de que despierten los ruiseñores
a derramar con sus cantos
las copas de los árboles,
tu cuerpo cumplirá con el mío
la victoria de un rito celebrado
desde la raíz de mis antiguos sueños
con el fruto maduro
de mis delirios presentes.

VII

Ante la invicta soledad
de tu historia renovada,
ni tú ni yo faltamos a la cita
en la hora espontánea del deseo.

Sobre el yunque dorado de la aurora
forjamos el exorcismo para ahuyentar
el dolor de juramentos no cumplidos.

Todos los nombres
tienen la dimensión de tu presencia,
y todos los caminos se someten
para formar el lugar de tu llegada.

VIII

Ante la eterna vibración de las esferas,
padezco de una curiosidad noctívaga
que se orienta hacia los estallidos
de tus polos anclados en la luz.

Te bañas en el tiempo que no cuentas,
te ciñes en el espacio que no cantas
y te bruñes de estrellas proclamadas
por telescopios que gimen de amor
cuando desertan los astrónomos
con el canto de los gallos aurorales.

Caminas, como templo vagabundo,
en busca de creyentes y cipreses,
y rumias la letanía del pasado ya remoto
con un coro infantil de optimistas ruiseñores
que fingen haber perdido la memoria
para no recordar las amenazas del presente
o del futuro que no acaba de llegar.

IX

Frente a la desesperación de un crepúsculo
sin voces que proclamen su esplendor,
la noche iza su bandera de tinieblas
entre las nubes que suplantan a barcos
con tripulación de ángeles caídos.
Me quedo buscando el reflejo
de un recuerdo intenso que me sirva de guía
en este huerto cerrado de tu nombre.
Frente a la soledad que calla su dolor,
los espejos dan la espalda
a la distancia del deseo
tatuado por tu cuerpo.
Tu imagen me sigue y me circunda
en las horas que tu ausencia rompe
las redes que tejí para atrapar olvido.
¡Qué lejos y qué cerca
tus acosos de estatua delirante!
Creyéndome dueño de tus cantos
de sirena domeñada,
rompí las arpas y las liras
que no cumplieron con la misión
de rimar mis delirios con tus besos.
En este presente sembrado de duras lejanías,
que se alargan como sombras rotas
de fantasmas marginados,
llega la hora más cruel de tu recuerdo
con la invasión de todo lo que fue tu entrega.

X

De cuerpo presente y con el alma dolida,
ante la inmensa redención de mis ensueños
pregunto, proclamo y acepto, vida,
la geometría que propones
y das a la existencia.

El dolor inevitable
y el delirio del placer
nos acompañan en el camino
de la vida hacia la muerte.

Filósofo con más insomnios que sistemas,
comprendo que la historia
es el libro que todos formamos
con las páginas en blanco
de lo que no vivimos.

*Tomados del libro Trashumancia del amor cautivo. 2 Tintanueva ediciones. México, 2008.