REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 09 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Benjamín Torres Uballe

EN EL SILENCIO
Génesis de vida es el sonido férreo en tu silencio,
en tan delicados ojos bonitos donde te sigo viendo.

Melodía jubilosa, con voces de niña, tu corazón palpita,
apretujado, callado, en mis ansias que dominas.

Pareces una parvada de tulipanes blancos
en los sosegados y perezosos andares del alba.
Tu belleza inocultable, reina acrisolada,
se guarda a tiempo, con mis manos.

Cantas como ave ligera que, en la callada seda
del regocijo, vibra,
que escondida en una concha sublime del mar recela.
Desbordantes las virtudes, con ellas juegas, señoreas,
liberas;
tus lágrimas sucumben para siempre, en la noche, con la
bruma.

Eres inmaculada libertad, al parpadear la sangre;
juegas feroces los instantes, en los amores nuevos de
mañana y tarde.
Desatas firme los albos hilos de la tierra entonces,
y tu presencia yace aquí, en el silente espacio de mi alma
joven.

PERFUME
Bebo lentamente el manantial
del travieso perfume de tu ondulado cuerpo.
Vivo trepidante en la espiral finita,
donde se junta el cielo, despacio, en el rejuego.

La noche se mueve a tiempo,
en el complejo eterno de tus ojos de piedra, de jade.
Henchidas de silencio estremecen, como delicado viento,
las pasiones fascinantes, los anhelos vigilantes.

Aves circundantes se agolpan impacientes,
en tu sexo.
Guardan agitados aromas virginales, como fuego.
Y yo, te beso, te deseo, permanezco.

Largas y espesas, igual que púber arboledas,
tus piernas nacaradas me abrazan, me arrebatan.

Llueves en mí,
tu rumoroso caudal me extravía,
me estremece, me enloquece.

Claridad tanta en nuestros mundos
que tiritan los minutos,
cuando la marcha obscura
es vencida por la arrebolada luz
de tus senos que perduran.

Olas del silencio están aquí, mirando,
al igual que el Sol
la cordillera sinuosa de tu cuerpo,
y yo deambulo extraviado,
viviendo sólo para amarte.


VÉRTIGO
Tañe la vida en la insaciada tarde,
en este vértigo en que voy buscándote en mi sangre.
Ahora se queda el otoño joven en mi casa, en tu vientre,
en el sereno continuar de mi alma, y de la mente.

La necesidad, mujer, eres tú; de vivir, de amar, de existir.
De estar aquí, eternizándome en el milagro de tu canto.

A partir de necesarias horas doradas somos resplandor de
Sol.
Y necesitamos nada; a excepción de Dios, aquí lo somos todo.
Razones tengo en las palabras, y motivos nunca a explicarlas.

Sé que al mirarte entro en colisión, es refundar lo
inadvertido.
Por ti he desandado el camino, desnudado mis cansadas
manos;
fustigado la soledad, la ansiedad; hoy entiendo sólo que te amo.

Besas mi corazón y cuánto lo celebro, porque renaces,
tus latidos pronta reflexión, coincidencia en que te abrazo.
Tú, tanta libertad en que me entrego, a veces paz, a veces
fuego;
simplemente mi verdad, luz universal en que te llevo.

Nada pedimos de sueños lejanos, son dolor e innecesarios;
tu clamor es como rumor, suave brisa en nuestros labios.
Eres tiempo vivo, estás vestida de paciencia, virtud en plenitud;
igual que hierba fresca de septiembre, vidas juntas que
amanecen.

Tantos sueños perennes son placer, claros fulgores de luna;
están escritos con diamantes, con un don, en tus ojos de
aceituna.
No es preciso correr más rápido que el tiempo.
Hoy somos eso tú y yo: verdad, vida y nuestros cuerpos…


MARZO
Me rindo, ¡sí!
Es tan obsceno el verde perfecto de tus ojos,
y no puedo más ya enfrentarme indemne a ellos.

Hoy claudico en el hechizo inmoral de tu belleza,
me atrapas en el acometer perverso de tus besos,
ventajoso, igual que el sol claudica puntual entre
murmullos.

Mis brazos te buscan en la avidez febril de la incipiente
tarde,
te quedas ahí, cual doncella guerrera en la gloriada luz de su
victoria.

Entonces no, el tiempo no existe…
es sólo obligado cómplice fugaz
a la consumación etérea que vence los sentidos,
de este sortilegio tuyo, tan audaz, tan esperado…