REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
13 | 07 | 2020
   

Arca de Noé

La culta polaca


Por Supuesto

Animaladas
Como no hay asuntos más importantes que abordar, los asambleístas del Distrito Federal dedicaron su tiempo y el dinero de los contribuyentes a prohibir que los circos presenten animales entrenados, como parte del espectáculo.
La razón, argüida por el diputado verde Jesús Sesma Suárez, que debe haber aprobado con honores la asignatura de Lógica –si es que la cursó–, se asentó en el respeto a la naturaleza de los animales: no es propio de los tigres o los leones pararse en dos patas (quién sabe, entonces, cómo es que derriban a las cebras), ni cruzar por un aro en llamas, como tampoco es natural para los caballos hacer acrobacias.
Los asambleístas no cuestionaron si es connatural a los hombres arriesgar su vida en los trapecios, a 30 o más metros de altura y sin red protectora, para entusiasmar al público del circo, movidos por la necesidad de destacar y obtener buenos ingresos, ya que muchos de los trapecistas no provienen de familias pudientes.
Según el neologista legislador, los animales no son biorracionales –como los legisladores, probablemente– y por tal motivo requieren del auxilio protector de los ecologistas del Partido Verde, que si llevaran su argumentación a otros terrenos tendrían que impedir la charrería, pues no es natural para los caballos llevar jinetes en el lomo, ni menos aún que los obliguen a hacer cabriolas, a marchar con pasos especiales, que se consiguen luego de hincarles espuelas o castigarlos con los fuetes.
Habría que cancelar también las carreras de caballos y consecuentemente los negocios de los hipódromos, pues tampoco está en la naturaleza de los caballos ser montados por jockeys y darle vueltas a un óvalo de terreno, acuciados por sus jinetes.
Y en última instancia tendrían que impedir la caballería en el ejército y la policía montada, pues tampoco es propio de la naturaleza de los caballos participar en acciones bélicas o por lo menos represoras. Y hasta el Himno Nacional tendrían que afectar y suprimir el “Mexicanos al grito de guerra/ el acero aprestad y el bridón…”, ya que lo que la Patria demanda es que los ciudadanos que acudan a defender a la nación, deben hacerlo sobre un bridón (es decir, un caballo entrenado para la guerra).
Ahora bien, ¿estará en la naturaleza de los tucanes ser emblema de partidos políticos, signados por la transa, el nepotismo y la corrupción?
Tal vez los diputados y asambleístas del Partido Verde tendrían que dedicar sus esfuerzos mejor a cancelar la discriminación que anuncian algunos restaurantes y comercios: “No se permite entrar acompañados de animales”, no vaya a ser que algún día pretendan ir a comer o a comprar a algún establecimiento de este tipo, con la novia, la esposa, la amante, la amiga, la secretaria y pasen la vergüenza de que el guardia de la puerta les diga: –Tú sí puedes pasar, pero sola, sin el político ecologista. O más llanamente: –Tú sí, pero el animal no.

Carta a la Directora del INBA
El heterónimo de esta sección, Héctor Anaya, le envió a María Cristina García Cepeda –Maraki, para los cuates–, un correo-e, en donde la pongo al tanto de aquello a lo que se deben enfrentar los autores, cuando los invitan a participar en un acto, que ni difunden, ni organizan adecuadamente, los que se mueven en los pisos inferiores de la cultura.
El heterónimo queda en espera de que intervenga la Directora del INBA, a fin de que los escritores sean mejor tratados y atendidos. Habrá quien piense “qué quisquilloso es Héctor” o “¿y para qué se queja si así son las cosas?”. Pero no hay que perder la capacidad de indignarse, ni dejar de protestar ante lo que parece injusto e inadecuado, porque si no, ¿cómo se enteran los superiores de lo que hacen mal los de abajo?
Este es el texto que le envío:

Estimada Maraki:
A principios de abril fui invitado por el (entonces) Coordinador del Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, Jorge González para participar en el ciclo Maestro-Escritor, instituido para rendir homenaje a los autores que, aparte de su obra literaria, se habían destacado por su labor docente de formar escritores. Y yo con casi 50 años de impartir clases de Redacción, Creación Literaria y Lectura de los Clásicos, tenía méritos (me halagaron el oído) para figurar.
Acordé participar el jueves 5 de junio en una modalidad de diálogo público y propuse a mi amiga Blanca Lolbee, experta entrevistadora, conductora radio-fónica en Radio Red, conocedora de mi obra y también ex alumna de mi curso de Redacción Literaria. Me informó Jorge –quien dejó de ser Coordinador semanas después– que me pagarían por mi presentación y que también Blanca cobraría, aunque me advirtió que sería un pago “simbólico” (la pobre cultura nunca tiene presupuesto), pues no podrían cubrir lo que yo cobro por conferencia. Pedí, entonces, que fuera una empresa, que maneja mis actividades o la SOGEM, que recoge mis derechos de autor, la que extendiera los recibos correspondientes. Ofreció consultar y luego me informó que según quien maneja estos asuntos no sería posible, que tendría que ser yo, una persona física y no una “moral” la que cobrara los honorarios.
Dos días antes de mi presentación, me enviaron por medio de un correo-e, no obstante que soy vecino del recinto en la colonia Condesa, un presunto cartel publicitario con que iban a anunciar mi presentación, a escasas 48 horas. El cartel es siniestro, lóbrego, oscuro, mal dibujado. Protesté, porque me parece más propio para anunciar un libro de Lovecraft que para invitar a la gente a un diálogo público, amable, que intentaríamos Blanca y yo fuera ameno y divertido, además de ilustrativo.
Las deficiencias informativas y de divulgación tuvieron sus efectos y por primera vez, en años, tuve que hablar ante una docena de personas, yo que regularmente presento mis libros o dicto conferencias ante nutridos auditorios de decenas y hasta centenas de personas. No es presunción sino realidad comprobable, cuando me encargo yo de la divulgación, pero en este caso dejé todo en manos del Centro Villaurrutia, de la Coordinación de Literatura y del INBA en última instancia.
Antes, había hablado con la Coordinadora de Literatura, Stassia de la Garza, para manifestarle mi inconformidad por el presunto cartel que me dieron a conocer tardíamente y me informó que se trataba de un diseño “institucional” encargado a un empleado del INBA. Le comenté igualmente sobre la complicación que significaba cobrar los honorarios “simbólicos” y le plantee que una “persona moral” pudiera cobrar. Me puso en contacto con la misma persona que antes había rechazado la proposición, pero esta vez sí aceptó, aunque me envió por correo-e una serie de requisitos tan abrumadores, que no sé si es táctica para disuadir a los presuntos cobradores.
Acudí el 5 de junio a cumplir mi compromiso y descubrí que ni siquiera in situ había un anuncio que atrajera a la gente. Imprimieron el repelente cartelito en una hoja bond, tamaño carta, oscura, tenebrosa e ilegible y lo pegaron en el enrejado.
Fue notorio que no habían preparado nada, aunque solicité anticipadamente un reproductor de CD (a última hora se improvisó una grabadorcita nada profesional) y tampoco habían preparado una semblanza para presentarme (les di los datos que no habían tenido la atención de solicitarme con anterioridad) y al preguntar sobre el “cartelito” me informaron que no tenían dinero para hacer la promoción adecuada (a pesar de que no necesitan financiar los anuncios en las estaciones de radio o televisión o en los espacios pagados por Conaculta en los diarios) y ni siquiera para imprimir a un tamaño visible el horroroso “cartel”.
Así que, mi querida Maraki, ante la complicación para cobrar los reducidos honorarios (es increíble que un grupo de entusiastas profesores de Chimalhuacán hayan podido reunir entre ellos, sin chistar ni regatear, lo que yo cobro por conferencia –varias veces lo que pretendían pagarme en la Villaurrutia–) y enterado de las graves carencias que tiene una institución con presupuesto, para sufragar la impresión de un cartel, te informo que he decidido

DONAR EL MONTO DE MIS HONORARIOS

para que el siguiente escritor invitado pueda, por lo menos, contar con un cartel de las medidas adecuadas para ser visible y legible (aunque seguirá siendo horrible y siniestro, porque es “institucional” y fruto de la burocracia).
Tal vez de esa manera pueda conseguir que no le pase lo que a la escritora Blanca Estela Leñero, quien en la víspera de mi presentación suspendió su plática ante la ineficacia de la difusión, pues no acudió nadie a escucharla, según me dijo una persona del público (¿no sería prudente instituir que a los empleados se les pague por resultados?).
Te cuento lo anterior, porque supongo que no estás enterada de la manera como trabajan empleados de tu dependencia.
Tu siempre amigo, pues es obvio que no te responsabilizo de lo que pasa en los pisos inferiores de la Cultura.
Héctor Anaya

Manantial de disparates
Una cualidad que no se le ha querido reconocer al Campeonato Mundial de Futbol (calificado de enajenante y de ser cortina de humo para que en lo oscurito los legisladores aprueben leyes secundarias lesivas para el país), es que resulta fuente de disparates, que para quien tome con humor el asunto puede parecer más divertido que ver a los “gigantes” futboleros, como España y Brasil ser abatidos o contenidos por pequeños davides, con sus mínimas ondas y minúsculos guijarros.
Aparte los que suelen producir los narradores del futbol, hay nuevas aportaciones que provienen de los presuntos especialistas en el deporte –ex-jugadores, ex-entrenadores, ex-árbitros, ex-simios, que nada pueden aportar, salvo sus tonterías.
Se puede así escuchar a un antiguo futbolista que ahora patea el lenguaje, Cuauhtémoc Blanco, que sin asomo de vergüenza es capaz de implorar “Ojalá Dios quiera”, porque ni remotamente está enterado de la tautología que pronuncia, pues su cabecita, tal vez útil para rematar una pelota, no alberga el conocimiento de que en árabe ojes “quiera” y Alá, “dios”.
O se puede apreciar cómo la competencia entre dos canales abiertos se establece, no entre quién brinda mejor servicio, sino sobre cuál de sus habladores dice peores burradas y para asegurarse el triunfo las empresas contratan asnos, que desde luego no son Platero, ni son de oro como los de Apuleyo. Unos y otros anuncian “la inicialización” del partido, como si en verdad todo comenzara al colocar las iniciales de la FIFA, pues eso significa “inicializar” y no dar principio ni empezar, ya que ni siquiera es iniciar, pues este verbo tiene una acepción mística, esotérica, relacionada con los ritos de iniciación, a menos que le anteceda un enclítico o pronominal: me, te, se.
Y rematan con “la finalización” del partido, término que ni siquiera cuenta con la excusa de la economía de letras, pues tiene más que final o simplemente fin.
El disparatario es enorme: restorán en vez de restaurante; vestuario, en lugar de vestidor; competición y no competencia; o creer que vs (versus) significa “contra”, cuando que representa “frente”. Y hasta Valdano, Jorge, que fue futbolista argentino y tiene como epíteto “el filósofo del futbol”, pues escribe y sabe contar, aunque no sea profundo ni trascendente, pero es el tuerto entre los ciegos del fut, hasta él es capaz de servirse de parsimonia, como expresión de lento o grave movimiento, en vez de moderación o prudencia en el gasto, que es su primera y más valiosa acepción, ya que en su raíz hay alusión a la condición monetaria de la palabra.
¿Por qué no se les ocurre contratar a personas de valía para que instruyan a la gente, mientras la divierten? Alguna vez se les ocurrió llamar a Juan José Arreola, para que hiciera valiosos comentarios entre jugada y jugada. A lo mejor no estaba tan enterado de los secretos del deporte de las patadas, pero tenía una amplia cultura que suplía sus deficiencias en el terreno. Aparte de que los invitados tampoco son muy duchos en su propia materia.
Hay gente culta y talentosa, con experiencia en la cancha, que han jugado en equipos de liga y se han cultivado en las letras: Felipe Garrido, académico de la lengua y narrador; Eduardo Langagne, poeta, promotor de la cultura, compositor, centro delantero; Sealtiel Alatriste, escritor, editor, portero; Nacho Trejo Fuentes, crítico, narrador y ex-futbolista del Pachuca. Y también Juan y Carmen Villoro, narradores, que si no han jugado en la cancha –Por Supuesto lo ignora–, tienen la suficiente cancha como aficionados al fut, que bastaría para que hicieran mejor papel que el de los actuales comentaristas.

Pensar en español
Entre las primeras recomendaciones que se le hace a quien comienza a aprender un idioma, destaca la de no armar sus ideas en su idioma nativo para luego traducirlas a la lengua que pretende dominar, ya que se debe acostumbrar a pensar en ese nuevo idioma: inglés, francés, alemán…
El olvido de esta premisa puede llevar a las peores barbaridades o en el mejor de los casos a soltar disparates chuscos que alimentan los chistes de los cómicos. En el siglo pasado, un actor que hacía la parodia de un “nativo”, daba clases de inglés en la televisión y traducía a ese idioma expresiones en español, como Río Consulado: River with your side.
En otro programa televisivo, presuntamente de humor, al agradecimiento anglo-hispanizado tenquiu, se respondía con una “anglización” del castellano: denanquiu.
En la clásica historieta de La familia Burrón, su creador Gabriel Vargas, introdujo la figura afrancesada de una tía mexicana de barrio, doña Cristeta, quien en la cité de París recibía en su residencé a sus amigués del almé.
Hoy, gracias a los buenos oficios de los propagadores del inglés, como lingua franca, y merced también al colaboracionismo de los medios, al descuido oficial en materia idiomática, que no establece ninguna regulación y debido a la multiplicación de las generaciones de “yanquis nacidos en México” –feliz ocurrencia de Monsiváis–, hoy se piensa en inglés y se mal habla en español.
Quien tal vez no tiene la menor idea de lo que es la sintaxis inglesa, la usa para despedirse de alguien: “Que tengas un bonito día”, sin saber que es la calca de la expresión inglesa: “Have a nice day”, para sustituir a la pícara frase mexicana: “Que la pases muy bien”, que se concluía mentalmente, si la interlocutora era mujer de buen ver y mejor tocar “…y si decides pasarla, acuérdate de los cuates”. El genio del idioma se hacía evidente en esa forma de hablar, que hoy ha sido sustituida por una sosa manera del american way of life.
Se piensa en inglés al invitar a “eventos” (events, en inglés) en vez de conferencias, presentaciones de libros, conciertos, funciones de cine, teatro o danza, exposiciones, y otro tipo de acontecimientos, con el atractivo de que no se debe pagar por asistir, pero en vez de decirlo o escribirlo como antes: Entrada gratis, que algo tenía de espiritual, por provenir de la gracia de alguien, empresa o particular, que absorbía el gasto, ahora se acostumbra postular: “Entrada libre”, traducción instantánea del free inglés, que implica “sin costo”, “de gorra”, pero también la idea de libertad, de que el acceso no se restringe, ni hay obstáculos en la puerta. ¿Para qué, si la gratuidad es lo que importa anunciar?
Tal vez ese “pensar en inglés” que ha ganado tantos adeptos o servidores voluntarios, sea resultado de la estrategia de un siniestro embajador de Estados Unidos en México, que llegó a ser Secretario de Estado, Richard Lansing, quien aconsejó en 1924, cómo apoderarse de México, sin disparar un solo tiro ni gastar un solo centavo.
“Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso llevaría otra vez a la guerra. La solución necesita de más tiempo: debemos abrirle a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto al liderazgo de Estados Unidos. México necesitará de administradores competentes. Con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñarán de la presidencia. Sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queremos. Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros”.
Y por lo que se ve, la estrategia funcionó.
Así que sin encerrarse en aldeanismos, ni renunciar a otras culturas u otros idiomas, que hacen universal a la cultura mexicana, habrá que hacer una recomendación a las nuevas generaciones y aun a las maduritas y mal educadas: ¡Piensen en español!

La segunda muerte de Efraín Huerta
El poeta que en el inmediato 18 de junio cumplió un centenario de haber nacido, murió dos veces: una en 1968, según el yerro del Diccionario Histórico de Porrúa, que lo dio por muerto en el año del Movimiento estudiantil –y nunca quiso rectificar, a pesar de que el propio poeta se lo solicitó con humor. La otra, la efectiva muerte, ocurrió a los 68 ya míticos años, en 1982.
Con este motivo, el heterónimo Héctor Anaya, publicó el 6 de febrero de ese mismo año, en el diario Ovaciones, el siguiente recado a su amigo Efraín, que hoy se reproduce, con motivo del siglo de su nacimiento (El texto figura en el libro editado por Conaculta: Hacerse de palabras, 2002):

“Es una broma, ¿verdad Efraín?
“No es cierto, ¿verdad? No es cierto que hayas muerto, como informan en el radio y el televisor, y como aseguran en sus primeras planas los periódicos. Es una de tus bromas, uno de tus poemínimos mortuorios. Porque de seguro hoy amaneciste con el alba, como todos los días, desde que te inventaste cocodrilo, “dichosamente herido de vida natural.
“Es una broma. Tan macabra como estúpidamente te jugaron una los editores del Diccionario Porrúa que te declararon muerto desde 1968, pese a tus protestas y no obstante la posibilidad que tuvieron de rectificar el dato en la segunda y posteriores ediciones. Ya sé que en tu Borrador para un testamento, anticipaste que por tus muertos “y por la piedad que profeso/ por el amor que me mata/ por la poesía como arena/ y los versos, los malditos versos/ que nunca pude terminar,/ dejo tranquilamente/ de escribir,/ de maldecir,/ de orar/, llorar,/ amar.
“Y sé también, repito lo que dicen los periódicos, que moriste como todo un poeta, que primero dejaste que se te muriera el cerebro y después entregaste el corazón, porque lo último que tú pensabas hacer, según el testamento, sería dejar de amar.
“Pero no puede ser que te hayas muerto, porque con lo amigo que eres, ni modo que nos dejes a Alejandro, a Octavio, a René, a Carlos y a mí, abandonados a nuestra suerte, sin el verso fulgurante, sin el desquiciante albur, sin el giro luminoso de una palabra que de pronto convierte el refrán en poesía.
“Y todos los que aprendimos a amar con tus palabras, ¿qué? ¿A poco, así de pronto adiós y basta? ¡Y de qué vamos a hablar con la lillydinosa, con la Almísima Alma amiga-mísima? ¿Y cómo crees que vamos a ser capaces de inventar algo mejor que “ahora y en la hora de nuestra muerte, amor,/ ahora y siempre?

“¿No sabes, acaso, Efraín, que eres el último poeta del amor? ¿Que después de ti ya a nadie se le ocurrirá hablarle como tú a la del piernón bruto que te rebasó por la derecha? ¿Y que ya a poetas y escritores les da pena decir con tus palabras: “Éste es un amor que tuvo su origen/ y en un principio no era sino un poco de miedo/ y una ternura que no quería nacer y hacerse fruto?
“¿Cómo quieres que llenemos las noches pletóricas, eróticas, precursoras del alba, sin tu sabia y precisa palabra de poeta?
“Y como sólo creo en ésta, para que todos sepan de la broma, te suplico, Efraín, firmes al calce de conformidad: ‘No he muerto’.”