REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

De nuestra portada

¿Qué es la microficción? Vi jornada ferial Feria del libro de Buenos Aires


Raúl Brasca

Brevísima, sin vueltas, precisa, infalible, demandante, algunas veces conmovedora, en la mayor parte de los casos irónica, oportunamente cáustica y aspirante siempre a la poesía, la microficción es cada vez más la forma adecuada de expresión de la contemporaneidad. Nunca en la literatura se concentró tanta intención en tan poco espacio. Es un modo que en pocas palabras esconde un silencio enorme, tanto o más significativo que ellas: el silencio de lo que no se puede o no conviene decir. Hablo del silencio provocativo que obliga al lector a involucrarse con sus conocimientos y a asumir, mucho más que en otros géneros, el sentido que le da a lo que acaba de leer. Ya está instalada en la literatura, se han hecho siete congresos internacionales sobre ella y, sin embargo, no pudo ser domesticada. Se propaga como un virus, sobre todo en los medios electrónicos y, también como un virus, muta de una forma a otra. Algunos dicen que es un híbrido, otros que ella sabe perfectamente su identidad pero que tiene habilidades camaleónicas. Lo cierto es que parece contar una historia y termina en una reflexión, parece un microensayo y resulta una humorada, parece desatar una ambigüedad y la hace mayor. Es hija del humor sin atenuantes, de la impertinencia, del espíritu combativo y, también, del alto sentido de la belleza latinoamericanos. Esta descripción resulta de la imposibilidad de definirla.


MICROFICCIONES LEÍDAS EN LA VI JORNADA FERIAL DE MICROFICCIÓN
Feria de Libro de Buenos Aires, 8 de mayo de 2014.

ANA MARÍA SHUA

CONTAR ESTRELLAS
Para ayudarme a conciliar el sueño, cuento las estrellas. Faltan cuatro, entre ellas un lucero de los más valiosos que me vi obligada a empeñar para comprar esos ineficaces somníferos.

MIRADA
Antes de irme a dormir, miro siempre debajo de la cama para constatar la presencia de esos tres ojos rojizos y familiares que me devuelven, tranquilizadores, la mirada.

PERSISTENCIA
Lo soñé de espaldas y de costado, me soñó encorvada, enmascarada. Lo soñé distinto, me soñó escondida. En el último sueño quedamos en encontrarnos, despiertos, en un bar de la calle Anchorena. Fue difícil reconocernos, hacía frío, nos aburrimos, no nos gustamos y de común acuerdo decidimos no volver a encontrarnos. Y sin embargo, ya ves.

CRIADERO
De día me ocupan los roperos, de noche se pelean con los mosquitos. Lárguelos, pobres bichos, me dice la portera. Los vecinos se quejan a la administración. Imposible tenerlos en mi departamento: para darse el lujo de criar vampiros se necesita una casa con jardín.

LOS CONFABULADOS Y LOS OTROS
L
os amantes se confabularon. Ya no habría obstáculos para su amor. Una inteligente dosis de veneno de cobra puede confundirse en sus efectos con los de un escape de gas. Después vino la lectura de los testamentos. Los amantes, repentinamente enriquecidos, dejaron pasar un lapso prudencial antes de decidirse a vivir juntos. Los esposos infieles, en cambio, fueron enterrados inmediatamente en la misma fosa.

CUERPOS NADA MÁS
Peter pan intenta vanamente pegarse su sombra con jabón. Wendy la cose a sus pies. En infinidad de fábulas menores, los personajes pierden su sombra o luchan contra ella. Con la tranquila certeza de que los cuerpos no son más que un efecto del interjuego entre la oscuridad y una fuente lumínica, hasta las sombras chicas se mofan de tan ridículas historias.

RENÉ AVILÉS FABILA

NO NOS OLVIDEMOS MUTUAMENTE
Nunca olvidaré los ojos fríos del hombre que conducía a toda velocidad e irresponsablemente su automóvil: fue un impacto brutal y mi cuerpo quedó destrozado, del mismo modo espero que él jamás olvide los míos, abiertos por la angustia, el dolor y la desesperación de la muerte.

EL HOMBRE INFELIZ
Siempre detesté la felicidad. No hubo día en que no batallara contra su estúpida sonrisa y sus manifestaciones rudimentarias y prosaicas. Hoy al fin logré eliminarla de mi vida mediante un pistoletazo muy preciso en la sien.

PRECISIÓN
Miró con atención el reloj: las tres de la mañana. Poco después, vio que seguían siendo las tres. Finalmente, el sol brillaba, pero seguía mirando que eran las tres. No cabía la menor duda: fue la hora en que murió.

EL NÁUFRAGO
Desesperado, con la historia más soberbia posible en su haber, el náufrago, desde su isla solitaria en el Pacífico, arrojó la botella al mar: alguien la encontraría y al fin se sabría su prodigiosa y larga odisea en busca de las sirenas. Sonriendo satisfecho, se acomodó lo mejor posible para esperar la muerte en soledad absoluta. Fue afortunado, jamás se percató de que había que ponerle tapón a la botella.

JURAMENTO
Lo juro, nunca me acosté con él. Siempre hicimos el amor de pie.

PERVERSIONES
La correspondencia y las autobiografías son como el espejo: un invento perverso para desatar la vanidad.

LA PAREJA IDEAL
Era una pareja de varones homosexuales, realmente dispareja: Jorge, joven y guapo, Marcos, feo y viejo. Esa noche decidieron asistir a una fiesta de disfraces. Ambos optaron por ir como Dorian Gray: el primero era el personaje, el segundo su retrato.

CRIMEN O SUICIDIO
Nos guste o no, Jesús -que sabía perfectamente su destino- optó por el suicidio.

EL CRIADOR DE CUERVOS
Aquel buen hombre nunca le halló nada de negativo a criar cuervos: era ciego.

“PERO ¿HUBO ALGUNA VEZ ONCE MIL VÍRGENES?”
Cuando Dios recibió los resultados del censo celestial, entre asombrado e indignado, preguntó: ¿Ninguna virgen, teníamos once mil? Sí, señor, repuso tímido el arcángel que llevaba los datos, pero eso fue antes de que llegara Casanova.

LOS FANTASMAS Y YO
Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.


DÉBORA BENACOT*

LOS SIMULADORES
Con el propósito de ocultar a la ciudadanía que la teletransportación ya es un hecho, se ha montado un sofisticado mecanismo de realidad virtual en todos los aeropuertos. En la pista, los despegues y aterrizajes son puro despliegue hollywoodense. Hay proyecciones holográficas alrededor de las aeronaves, los vuelos se fingen como en un parque de diversiones, pilotos y azafatas son actores entrenados que han firmado confidencialidad absoluta. La torre de control orquesta la farsa. Los pasajeros llegan a destino por efecto de la teletransportación sin sospechar el engaño. Muy pocos conocen este secreto de Estado. Y muchos menos saben que, finalmente, todo es una artimaña para ocultar a la población que lo que todavía no se ha logrado inventar son los aviones.

CICLO NATURAL
Nació, creció, se reprodujo y murió. No hizo nada emocionante ni original con su vida ese robot.

BUENOS VECINOS
La del departamento de abajo viene a reclamar por ruidos molestos. Es que tengo dos niños pequeños e inquietos que están en la edad de descubrir todo, de andar por la casa moviendo muebles, tropezando, tirando juguetes al piso, mis angelitos. Entiendo su queja, señora, pero qué pretende, ¿que vuelen? Después de prometerle que haremos lo imposible por disminuir el bochinche, la vecina se retira. Miro a mis hijos y les digo que para no tener más problemas con la señora del 4to A, siempre y cuando las cortinas estén cerradas, y sobre todo en horas de la siesta, haremos una excepción y podrán usar sus alitas.

20 DE JULIO
Hoy quedé en juntarme en la peatonal con un amigo invisible y otro imaginario. Espero que aparezcan.

POR CONVENIENCIA
─Y tú, Balsámico: ¿Aceptas a Oliva por esposa, para amarla y respetarla durante toda la vida?
─Sí, 'aceto'. ─Responde el novio, convencido de que no cualquiera llega extra virgen al matrimonio.

LOS QUE AGUARDAN
Godot llega a los diez minutos de comenzado el primer acto, pero como Estragón y Vladimir nunca lo han visto, son incapaces de reconocerlo y siguen esperando.

*Débora Benacot. Los textos pertenecen a Escrito en un grano de arroz (Fundíbulo Ediciones, 2014), excepto “Los que aguardan”, extraído de Con la literatura no se juega (Macedonia Ediciones, 2012).


DAVID SLODKY

DIBUJITOS
Escuchan nuevamente los gritos.
Se miran, calladamente.
Vuelven la vista a la pantalla. Jerry sigue escapando alegremente de Tom.
Un portazo. Escuchan llorar a mamá.
Se ensimisman ahora en el correcaminos que hace beep beep.
Se abre la puerta.
─Chicos -dice papá-: mamá y yo tenemos que hablar con ustedes.
Levantan la vista.
Mamá tiene los ojos hinchados.
─¿Puede ser después que terminen los dibujitos? ─dice el menor.

LA VALIJA
Se fue al atardecer, con el alma en un puño.
Al día siguiente, pasada la noche mitad insomnio y mitad pesadilla, volvió. Temblando, buscó la nota donde seguramente ella le diría que no se la preparó, que no se fuera, que la esperara, que tenían que hablar, que no podían tirar así años de devoción.
Miró absorto su ropa, cuidadosamente doblada en la valija. Se sintió desfallecer. Ella estaría en su trabajo, allí, donde conoció al otro.
Ya sin alma se fue, con la valija en un puño.

CEREMONIAS
Es terrible, sí, pero siento alivio… Su locura me exasperaba. Lavarse las manos 80 veces por día, levantarse 6 veces cada noche para asegurarse que la puerta esté con llave, sus extrañas ceremonias con los fósforos antes de encender la cocina… ¡Me era insoportable ya! Ayer se fue. Por un mes voy a dar dos vueltas a la silla antes de sentarme, para asegurarme que no vuelva…

EL TÍO
¡Ma-ma-má se enojó mu-mu-mucho conmigo! P-p-porque tarta-tarta- tartamudeo. Me-me-me encerró en mi mi-mi- cuar-cuar-cuarto y n-n-no voy a s-s-s-salir hasta q-q-que dej-j-je de tarta-tarta-tartamudear. Y d-d-de hacerme p-p-pis en la c-c-cama.
Ya no tartamudeo. Mamá me dejó salir. Ojalá esta noche no me haga la pis.
-¡P-p-p-pero n-n-no m-m-ma-má! ¡No me de-j-j-jés en la casa d-d-del t-t-tío! ¡P-p-porque n-n-no q-q-q-quiero!

LA VIDA
Ella pensaba: “Ya va a cambiar”. Él pensaba “Ya se le va a pasar”.
Cuando las Bodas de Oro, ella pensó: “Ya es tiempo de que cambie”, y él pensó: “Ya es tiempo que se le pase”.

¡AY, PENA..!
Apenas despierto, a penas despierto.


ROBERTO PERINELLI

ACTOS QUE CREAN HÁBITO 1
Las noches de luna llena el doctor se convierte en bestia: el cuerpo se le cubre de un vello oscuro y las uñas le crecen tanto como los colmillos. Apenas un segundo después deja su despacho y parte disparado a la calle. Imposible detenerlo, siquiera con la policía.
Provisto de la agilidad de los felinos y de la fuerza de los gorilas, trepa árboles, escala muros y repta subrepticio por techos altísimos. Cuando entra en las viviendas, metiéndose por las ventanas, viola a cuanta mujer encuentra a su paso.
Las noches de luna menguante el doctor no padece de ese mal y encuentra dificultades. Le cuesta encaramarse a las paredes, se fatiga con solo correr unos pocos metros y ya sin fuerzas para someter a las mujeres, se cuela en las casas para ser fácilmente molido a palos por los maridos.

ADULTERIO 2
El hombre, desconfiado, decidió vigilar más de cerca al gallo de su vecino. Le pareció que lograba resultados, que como consecuencia de esta actitud el ave se llamó a sosiego. Empero fue engañado otra vez, apenas habían pasado tres días de estrecho control cuando la esposa del hombre volvió a poner un huevo.

PRUDENCIA
La señora confundió el vinagre con el arsénico, y mató a su marido. Desde entonces pone más cuidado en la cocina, no sea que alguna otra distracción le traiga problemas importantes.

PLACEBO
El león sufría de caries. Cuando el dolor de muelas lo atormentaba, tomaba cita en el consultorio de algún odontólogo, y se devoraba al dentista.

ERUDICIÓN
A Catalina Wainerman
Shakespeare le hace decir a Hamlet que el gallo es la trompeta de la mañana. Y desde el siglo XVII hasta ahora fue así, hasta que los gallos, todos los gallos, declararon la huelga, se callaron y, claro, dejó de amanecer.
En medio de la noche eterna, tomaron intervención, sin éxito, los institutos bromatológicos y las cátedras de zoología de varias universidades europeas.
Luego fue la UN la que quiso conciliar, pero su gestión de persuasión terminó en fracaso.
Cientos de primeros ministros, presidentes, reyes y hasta un emperador asiático que, petróleo mediante, ofreció una recompensa de millones de dólares, se sumaron al diálogo para terminar con el asunto. Los gallos desoyeron a tanto mandatario y también a las súplicas que desde un oscurecido San Pedro les envió el Papa.
Un grupo de destacados intelectuales, se distrajo de la tarea de salvar con el pensamiento un país en ruinas, para dedicarse a convencer a los gallos, que, si acaso lo leyeron, rechazaron el documento elaborado.
La noche seguía, las usinas colapsaron ante la necesidad de iluminar durante veinticuatro horas tantas casas y tantas ciudades, se agotaron las pilas, las baterías y los faroles de kerosén.
Un simple ciudadano de un país que no quedó registrado, desprovisto de saberes científicos pero que había leído Lisistrata, habló con las gallinas y terminó con el conflicto.

PREGUNTA
(Actos que crean hábito, 2014).
Actores: Burzomi y Muente

MUCAMA: ¿Qué desayuna el señor embajador?
EMBAJADOR: ¿Cómo…? Ah, sí. Todas las mañanas las comienzo tomándome un buen vaso de leche descremada. La uso para tomar los remedios. Así, de un sorbo. Con ese líquido me tengo que tragar cinco píldoras. También quiero tres huevos fritos, si es posible de yema grande. No sé si en este país existe esa clase de huevos, pero si usted los consigue, mucho mejor. Si son de yema pequeña me fríe cuatro, tres sería muy poco. También quiero un tazón de fruta cortadas en trozos, bien bañados con yogurt. Prefiero el de vainilla o el de durazno. Odio ese yogurt que se hace con frutas del bosque. La verdad es que ignoro si existe en este país, pero ni se le ocurra servírmelo, no me gusta. En ese caso prefiero la fruta sola. Ah, por favor, nada de fruta enlatada. Fruta fresca, arrancada del árbol, cortadas en trozos, lo más chicos posible. Me fastidia eso de masticarme pedazotes de manzanas de este tamaño. Se lo digo porque alguna vez lo tuve que sufrir, por eso. Puede suspender los tres huevos fritos cuando le parezca, pero, por favor, me los reemplaza por cuatro rebanadas de tocino bien grueso, fritas en aceite de… Bueno, en el aceite que se le ocurra, el que tenga a mano. Quiero que me sirva tres o cuatro rebanadas bien gruesas, señora, más o menos de este espesor. Suelo comer panqueques de chocolate, dos, tres, cuatro. Aquí viene mi parte golosa. Por eso también me gustan las mermeladas. Me unta con una buena mermelada algunas rebanadas de pan de molde. Puede prescindir de la manteca, no me enloquece, pero que nunca me falte la miel, por favor, miel untada en el pan o bien chorreada en algunos de los panqueques. Sin exagerar, señora, chorritos de miel aquí y allá, pero la miel no me debe faltar. Desde ya que me tiene que traer una cafetera de café negro bien llena. Soy capaz de tomarme hasta cinco tazas. Con edulcorante, es el único caso en que no uso azúcar. Con el café no uso azúcar, edulcorante. Ah, me estaba olvidando. Le pido que el pan de molde no esté gomoso. Si usted lo siente gomoso, así, que se aplasta con los dedos como si fuera de goma, le da un pequeño golpecito de horno, de modo de tostarlo un poco, nada más que un poco, eh. ¿Jugo de naranja? Bueno, si usted tiene unas naranjas a mano y las quiere exprimir… Solo un vasito. ¿Le pedí agua? No, no le pedí. Una jarra llena, con hielo. En este país hace calor desde la mañana, así que el hielo es obligatorio. ¿Tiene usted algo que aportar, algo rico para el desayuno? Propóngame señora, a lo mejor en este país se cultiva algo que yo no conozco y… ¿Qué desayunaba mi antecesor?
MUCAMA: Una taza de té con dos gotas de leche.


EDUARDO GOTTHELF

EQUIVALENCIA

Desconsolado por la temprana muerte de su esposa, a los seis meses de casados, recorrió el mundo en busca de mujeres de similar aspecto, edad, educación y carácter. Eligió a la más parecida, la enamoró y se casó con ella. Seis meses más tarde, la nueva esposa también se suicidó.

PROFECÍAS (ganadora del concurso Paréntesis)
“El sábado habrá una gran fiesta en casa de los González”. Lo dijo y repitió por todo el pueblo. Nadie sabía de ese festejo, ni siquiera los González, pero todos se prepararon, incluso los González. La fiesta fue un éxito. “El domingo, Bernal será elegido alcalde por amplia mayoría”. Lo dijo y repitió por todo el pueblo. Como nadie quería votar un perdedor, Bernal arrasó en las urnas. “El martes, en la plaza, habrá una balacera entre bernalistas y antibernalistas”. Lo dijo y repitió por todo el pueblo. Al amanecer de ese día, oficialistas y opositores, con insignias cosidas en las mangas, comenzaron a llenar la plaza en silencio. Todos llevaban armas.

NÚMEROS BINARIOS 2
En el sistema arábigo o decimal, los dígitos del 1 al 9 representan algo, y uno solo, el cero, representa la nada. En los números binarios, en cambio, un dígito representa algo (el uno), y otro representa la nada (el cero). Es decir que antes sólo el 10% de los dígitos representaba la nada, y ahora el 50% de los dígitos la representa. Es la demostración matemática del notorio avance de la nada.

ETERNA JUVENTUD
(Paraísos paralelos, 2013)
Actores: Burzomi y Muente

―Mi papá se volvió a casar a los sesenta, y me dijo que si uno quiere mantenerse en forma, tiene que acostarse con una mujer veinte años más joven. Yo no hice más que seguir al pie de la letra su consejo. ¿Por qué me trajeron esposado?
―Acá las preguntas las hago yo. ¿Nombre?
―Fabián Quiroga.
―¿Edad?
―Veintiocho.

GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO

CONTINUIDAD DE “LA CONTINUIDAD DE LOS PARQUES”
En el cuento «Continuidad de los parques», de Cortázar, un hombre retoma la lectura de una novela y se deja interesar lentamente por la trama. Se acomoda en su sitio preferido: el estudio que mira hacia el parque de los robles, de espaldas a las posibles interrupciones que entrarían por la puerta; los cigarrillos, a la mano; el si¬llón es de terciopelo verde y alto respaldo. En la novela, unos amantes planean matar a alguien; ella sigue la senda que va al norte, él sigue los puntos de un plan estrictamente establecido que, paso a paso, lo llevan al cuarto donde está su víctima: un hombre que lee en un sillón alto de terciopelo verde, de espaldas a él, que entra por la puerta.
Hasta ahí se contó. Pero la cosa continúa.
El hombre que lee esa descripción no tiene más remedio que sentirse alu¬dido. Levanta los ojos. Piensa: «¡Pero si es una ficción! Esto es una coinci¬dencia». No obstante, una incomodidad que no pasa por la razón lo hace girar para comprobar que nadie más hay en el lugar. Algo triunfante, vuelve al texto. Allí dice que la víctima detuvo la lectura un momento, y que volvió la cabeza para exclamar con tranquilidad: «No hay nadie». El amante avanza hacia la víctima, puñal en mano.
Ahora, el hombre que lee está razonablemente seguro de que es una situa¬ción idéntica. Mira de manera intempestiva hacia atrás, pero nada ve. El temblor del humo del cigarrillo que prende es imperceptible. El pequeño temor crece, pero no detiene la curiosidad: ¿qué pasará con los amantes? Entonces, lee. Lee que la víctima nuevamente se ha girado hacia la puerta, ha encendido un cigarrillo y, tras un corto titubeo, ha retomado la lectura; que el amante avanza en silencio y está a un paso de consumar el asesinato. El hombre que lee se pone de pie, busca en el estudio, mira hacia los robles, no entiende. Duda en seguir le¬yendo. Pero, ¿por qué dudar? ¡La situación es ridícula! Se sienta y continúa. La novela cuenta que el hombre que lee ha deambulado por el cuarto, como buscando algo y, finalmente, se ha sentado de nuevo. El amante levanta la mano armada. El hombre deja de leer, siente un peso inconmensurable; vuelve a las páginas. En la novela dice: «El hombre deja de leer, siente un peso inconmensurable; vuelve a las páginas». Cierra los ojos; retoma el texto: cada palabra, cada letra, aproxima más el arma, que se detiene sólo cuando levanta la cabeza para comprobar que no hay nada.

VERDADERA BREVEDAD
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”… ¡qué desperdicio de términos, qué autor tan gárrulo! ¿Acaso hay necesidad de decir “cuando despertó”? Con sólo expresar “Despertó”, queda implicada la circunstancia temporal, inútilmente repetida por el adverbio. De manera que sería mejor: “Despertó. El dinosaurio todavía estaba ahí”. Aunque preferible, esta frase sigue malgastando vocablos. Por ejemplo: “todavía estaba”, ¿no es lo mismo que “permanecía”? Así, el famoso relato que hace gala de su falsa brevedad quedaría mejor escrito si sólo fuera así: “Despertó. El dinosaurio permanecía ahí”. Ahora bien, si permanecía, se supone que es en un sitio; es preciso no subestimar al lector. Esta vez es la circunstancia espacial en la que ociosamente redunda el adverbio, dilapidando los recursos lingüísticos. Así, el relato quedaría mejor si dijera: “Despertó. El dinosaurio permanecía”. Ahora bien, que un dinosaurio permanezca es una situación trascendental, como para subordinarla al sueño del personaje. Ése es el hecho destacable, así no hubiera estado dormido (igual habría dado si indicara “Cuando regresó, el dinosaurio todavía estaba ahí”). De manera que basta con “El dinosaurio permanecía”, que es la esencia del cuento, en tres palabras y no en esas derrochadoras siete de las que tanto se ufana la tradición micro-cuentística. No obstante, para expresar lo justo, todavía sobran voces. Cuando algo se enuncia, se le supone permanencia —no otra cosa es el signo—, y sobre todo cuando cuenta con el peso otorgado por el sustantivo. De tal manera, cuando se dice “El dinosaurio”, se afirma que permanece. Y, finalmente, para qué especificar con ese artículo definido algo que se impone como un universal. En lugar de agregar, tal elemento le resta importancia al acontecimiento. Suficiente sería, entonces, decir “Dinosaurio”, que es todo un micro-relato de ficción.
Alguien podría pensar que en él sobra “saurio” y que “Dino” sería suficiente, pero no hay que ser exagerado en estos temas y es bueno dar ciertas libertades al creador.

VENTURA II
Mirando su mano con ojo experto, en unos segundos la gitana dedujo:
—Vivirás vicisitudes próximas a la muerte y, sin embargo, tendrás una larga vida.
A él le molestaba que, frente a las contingencias de la vida, alguien pudiera ubicarse con semejante certeza. ¿Valía la pena una vida cuyo sentido y duración estuvieran predeterminados? Para demostrar que tales augurios eran puras habladurías, resolvió quitarse la vida, ahí mismo, frente a la gitana. Se lanzó por la ventana, pero cayó como si sólo hubiera dado un paso. Entonces, recorrió, uno a uno, los expedientes de quienes se propinan la muerte, pero siempre salió ileso, sin un rasguño.
Y así, intento tras intento en vano, vivió una larga vida.

MARTÍN GARDELLA

EL SHOW DEBE CONTINUAR
Lo crucificaron diez veces. Y él resucitó otras tantas. Pero un día el gobierno decidió suspender esas ejecuciones inútiles, alegando problemas de presupuesto.
Ante semejante decepción, el resucitado debió buscar nuevos métodos que extendieran su calvario. Desde hace años, solicita que lo claven en la cruz hasta morir, para volver a la vida algunos días después.
Sus seguidores todavía se sorprenden con el milagro. Es la atracción más aplaudida en el circo itinerante.

TAL PARA CUAL
Aquel monstruo era un tipo romántico. No le gustaba asustar a las mujeres, pero tampoco podía evitarlo. Era tan feo que no lograba acercarse a una dama, sin que ella huyera por el espanto. Pero encontró el amor en una mujer ciega. Ella no sabe de su fealdad porque jamás lo ha visto. Pasa las noches besando sus dos bocas, mientras lo estruja contra su redonda anatomía, con la fuerza insoportable de sus seis bracitos.

EL ÚLTIMO PASAJERO
Las primeras gotas comenzaban a golpear el receptáculo y la lista aún tenía un casillero sin tildar. Antes que fuera demasiado tarde, el hombre descendió la improvisada escalera hasta la extensa llanura y abandonó la nave en búsqueda del viajero rezagado. Tras unos minutos que parecieron horas, ante la atónita mirada del resto de las especies, Noé volvió al arca empapado y blasfemando, cargando a la tortuga por el cogote.

EL ASADITO
Todo bicho que camina va a parar al asador”, ordenaba el pequeño cartel colgante sobre la parrilla, en homenaje a los sabios versos del Martín Fierro.
Y el cocinero obediente, sin darse cuenta de la transformación, arrojó sobre las brasas a Gregorio Samsa.

EN LA CANCHA SE VEN LOS PINGOS
El partido definitorio se jugaría en nuestra ciudad, y especulábamos que eso nos daría una importante ventaja deportiva, ya que el equipo contrario venía de muy lejos.
Nos equivocamos al pensar que, por su aspecto, los rivales serían unos burros en el juego. Las dos piernas extras que poseía cada jugador de la visita, dotadas de una velocidad y habilidad muy pocas veces vista, resultaron ser un atributo demasiado ventajoso para este tipo de competencias.
Aquella tarde triste, sin que pudiéramos hacer nada para evitar la derrota, el equipo de “Centauro’s Football Club” nos mandó al descenso.


JUAN JOSÉ PANO
MESA SOBRE FUTBOL
PARTIDO INTERNACIONAL JUGADO EN LA FERIA DEL LIBRO
Mueve Maupassant, pisa Pizarnik, amaga Saramago, amasa Dal Masetto, saca Sacomanno, pone Poniatowska, se viene Benedetti, amasa Macedonio, embala Valadés, saca Saki, corta Cortázar, baja Bajarlía, escapa Caparrós, gira Girondo, emboca Boccanera, sale Salinger, esquiva Esquivel, marca Márquez, pita P.I.T. Final.

MENAGE A TROIS
Metió el gol, se sacó la camiseta y dejó al descubierto una musculosa blanca blanca con letras negras que decían: te amo, Alelí y se sacó la musculosa blanca y mostró una camiseta roja con letras amarillas que decían te amo Linda y se sacó la camiseta roja y le mostró a las cámaras de la televisión la camiseta azul con letras blancas que decían monogamia las pelotas.


JUAN ROMAGNOLI

FUTBOL Y MICROFICCIÓN
Se puede empezar escribiendo una frase que nos guste, presentando la acción de un personaje, planteando una situación concreta; en fin, las posibilidades son innumerables. Para mayor claridad bien vale una comparación: Escribir ficciones es como el futbol: una novela se asemeja a un torneo; un cuento es como un partido especial, digamos un clásico; una microficción se corresponde con la breve secuencia de un gol. Y podríamos agregar que la poesía podría tener que ver con un gol logrado tras una bella jugada colectiva o de inspiración individual.
El relato comenzará ortodoxamente en la defensa. Un marcador lateral recibe la pelota de su arquero y prolijamente la entrega a un centrocampista. La pelota circula por el centro del campo para distracción del rival. En un momento inesperado es entregada con maestría a un delantero, quien rápidamente burla a la sorprendida defensa contraria, elude al arquero rival y toca suavemente a la red... ¡gooool! ¡gooool!
Perdón: regresemos a lo nuestro. El juego (para cerrar la comparación) lo reinicia el rival. A ver usted, agarre la pelota y escriba algo...


ANILLO
Apenas comenzado el partido tuvimos el primer encontronazo. Ahí le vi el anillo. Sobre el final del primer tiempo convirtió un gol, de penal, y vi que se lo besaba. En el segundo tiempo volvimos a chocar, sin consecuencias. Faltando pocos minutos me enfrentó con pelota dominada: Lo crucé fuerte, mal, y ambos caímos. Yo me levanté y seguí. Ni se dio cuenta de que le faltaba el anillo. Pero ella sí lo notaría, estaba seguro.


LAURA NICASTRO

EL BRAIAN
La cosa es que de unos meses a esta parte el Braian ya no está tan contento como bien al principio. ¡Que no me vaya a salir como el padre! Casi, casi, lo tengo que empujar para que entrene en el potrero con todos colgados del alambrado, mirándolo; ahora dice que le da vergüenza. Cambió desde la vez aquella que perdieron, ¿sabe? cuando no pudo parar los goles. Fue justo la noche que me trajo un montón de billetes arrugados y los puso sobre la mesa. Me contó que le debían de los otros partidos. Mire, si usté me vuelve a decir que le pagan para perder, no le hablo más porque el Kiri, el dueño del clú, no es esa clase de gente. No le voy a decir cuánto trajo el Braian, pero si sigue así, por ahí podemos irnos de la villa. Con lo que traiga él más lo que yo venda de sánguches en la cementera, salimos (una prefabricada en Varela me alcanza y sobra) y por ahí vuelven la Yénifer, el Matías Orlando -que quién no le dice lo encarrilamos entre todos-, y la Yeraldín (cuando sepa dónde anda) y podamos tomar mate y comer torta frita todos juntos. Pero esa noche, la del montoncito de billetes, ¡qué raro! lo escuché llorar al Braian -llorar con ganas- hasta que aclaró. Y yo ¿qué quiere que le diga?, quiero verlo contento de nuevo, que vaya a entrenar silbando, como antes. Si justamente el Kiri me lo vino a buscar porque dijo que tenía talento, que no importaba que fuera chiquito y flaco, que podía ganar mucha plata. Y el otro día, ¿se imagina?, me dice el Braian que cuando cumpla los once se va a ir a trabajar a la cementera, que ya arregló con el capataz.

PARAVALANCHA
Él, ejecutivo en una multinacional, batía el bombo en medio de la hinchada. Regresaba a casa traspirado, ronco de gritar, la ropa desgarrada. A Eva, su mujer, le gustaban la ópera, las conferencias, los desfiles de moda y el sushi. Se divorciaron.
Él dejó de ir a los partidos. Acostumbrado a que los enfrentamientos con su cónyuge le inflamaran la adrenalina y llegara al tablón enardecido, ahora le faltaba estímulo. Pasó un año y fue a la cancha con sus amigos, pero platea. El bombo sonaba aguerrido. Sintió nostalgia. Quien lo batía, en medio de la hinchada, tenía una gran vincha roja, blanca y negra que le tapaba media cara. De a ratos, el sonido callaba y su dueño se subía al paravalancha, vociferando floridos insultos contra las madres, hermanas, hijas y cuñadas de los adversarios. Lo bajaban a manguerazo limpio. El bombo volvía a sonar.
El hombre pidió un largavista. ¡Era Eva! Esta vez ya no le importó el resultado de la contienda. La buscó a la salida. Se abrió paso a codazos hasta llegar a ella y rogó, trémulo como un niño de jardín frente a su maestra: volvé a casa. Eva lo midió con el ojo derecho (se le había deslizado la vincha y le tapaba el ojo izquierdo), escupió por el costado (él registró un incisivo ausente sin aviso) y graznó: salí de áhi, esto es más divertido que jugar a las visitas con vo’. ¡Vamo’ muchachos! Se alejó, balanceo de pato, sudorosa, en medio de la hinchada que subía a un colectivo destartalado cubierto con los trapos del equipo.



MARCO DENEVI

MICROTEATRO
NO HAY QUE COMPLICAR LA FELICIDAD
(Falsificaciones, 1961)
Actores: Burzomi y Mitidieri

Un parque. Sentados bajo los árboles, ella y él se besan.
EL: Te amo.
ELLA: Te amo.
Vuelven a besarse.
EL: Te amo
ELLA: Te amo.
Él se pone violentamente de pie.
EL: ¡Basta!, ¿Siempre lo mismo? ¿Por qué cuando te digo que te amo no contestas que amas a otro?
ELLA: ¿A qué otro?
EL: A nadie. Pero lo dices para que tenga celos. Los celos alimentan el amor. Despojado de ese estímulo, el amor languidece. Nuestra felicidad es demasiado simple, demasiado monótona. Hay que complicarla un poco. ¿Comprendes?
ELLA: No quería contártelo porque pensé que sufrirías. Pero lo has adivinado.
EL: ¿Qué es lo que adiviné?
Ella se levanta, se aleja unos pasos.
ELLA: Que amo a otro.
EL: Lo dices para complacerme. Porque yo te lo pedí.
ELLA: No, amo a otro.
EL: ¿A qué otro?
ELLA: No lo conoces.
Un silencio. Él tiene una expresión sombría.
EL: Entonces ¿es verdad?
ELLA: (dulcemente) Sí, es verdad.
Él se pasea haciendo ademanes de furor.
EL: Siento celos. No finjo, créeme. Siento celos. Quiero matar a ese otro.
ELLA: (dulcemente) Está allí.
EL: ¿Dónde?
ELLA: Allí, detrás de aquellos árboles.
EL: ¿Qué hace?
ELLA: Nos espía. También él es celoso.
EL: Iré en su busca.
ELLA: Cuidado, quiere matarte.
EL: No le tengo miedo.
Él desaparece entre los árboles. Al quedar sola, ella ríe.
ELLA: ¡Qué niños son los hombres! Para ellos, hasta el amor es un juego.
Se oye el disparo de un revólver. Ella deja de reír.
ELLA: Juan.
Silencio.
ELLA: (más alto) Juan.
Silencio.
ELLA: (grita) ¡Juan!
Silencio. Ella corre y desaparece entre los árboles. Al cabo de unos instantes se oye el grito desgarrador de ella.
ELLA: ¡Juan!
Silencio. Después desciende el telón.


JURAMENTOS DE UNA PERJURA - Acto VII
(Parque de diversiones II, 1979)
Actores: Muente y Mitidieri

En Cornualles, a orillas del mar. Entran por distintos laterales el Rey MARKE e ISOLDA.
MARKE: Isolda la rubia. Bienvenida otra vez a Cornualles.
ISOLDA: Rey Marke, señor y esposo mío. Bienvenido otra vez a mis brazos.
Se abrazan.
MARKE: No es que vuelva a las andadas. Pero ¿estás segura de que nunca abrazaste a otros hombres?
ISOLDA: Jamás. ¿Quieres que lo jure?
MARKE: Conste que la idea fue tuya.
ISOLDA: Ningún inconveniente: ¡Lo juro!
MARKE: De todos modos me sacas un peso de encima.
Se abrazan,
ISOLDA: Claro que… ahora que me acuerdo… Sí, hubo otro hombre.
El rey MARKE deshace rápidamente el abrazo.
MARKE: ¡En qué quedamos! ¿Abrazaste a otro hombre?
ISOLDA: ¿Acaso no lo viste con tus propios ojos? Hace un momento, cuando bajé el navío que me trajo de vuelta a Cornualles, un marinero me tomó en sus brazos para que yo no me mojara los pies. ¿Lo viste o no lo viste?
El rey MARKE ríe, la abraza.
MARKE: ¿Un marinero? ¡Inocente criatura! ¡Mujer angelical! ¡Dulce prenda mía!
Permanecen abrazados. ISOLDA mira al público y se sonríe.


JAVIER TOMEO

MOLINOS O GIGANTES
(Según el CAPÍTULO XXIV, del libro Historias mínimas)
Actores: Burzomi y Mitidieri

Aldea y páramo. Sol de ocaso. PADRE e HIJO están sentados en la linde del camino que conduce al cementerio. Sobre la tierra húmeda, los gusanos avanzan gracias a las contracciones de una capa muscular subcutánea.
HIJO: Padre.
PADRE: Dime.
HIJO: (Alargando el brazo y señalando el horizonte). Mira aquel molino.
PADRE: ¿Dónde tú ves un molino?
HIJO: Allí.
PADRE: Aquello no es un molino, hijo.
HIJO: ¿Qué es entonces?
PADRE: Un gigante.
HIJO: ¿Un gigante?
PADRE: No hay duda. Fíjate bien. Ahora está quieto oteando el paisaje. Pero dentro de un momento se pondrá a caminar y a cada zancada avanzará una legua.
HIJO: (Tras un intervalo de silencio). Padre.
PADRE: Dime.
HIJO: (Con voz compungida). Yo no veo que sea un gigante.
PADRE: Pues lo es.
HIJO: ¿Un gigante con puertas y ventanas? ¿Un gigante con tejas y aspas?
PADRE: Un gigante.
HIJO: (Tras una pausa). Padre.
PADRE: Dime.
HIJO: Yo sólo veo un molino.
PADRE: ¿Cómo? ¿Un molino?
HIJO: Sí, un molino, el mismo de siempre.
PADRE: (Con voz grave). Tomás.
HIJO: ¿Qué?
PADRE: (Volviendo lentamente la cabeza y mirando en derechura a los ojos del hijo). Me preocupas.

UNA BUENA AFEITADA
(Según el CAPÍTULO XVI, del libro Historias mínimas)
Actores: Burzomi y Muente

Barbería de barrio. CLIENTE enjabonado y BARBERO de nariz aquilina y mirada ávida.
BARBERO. (Afilando concienzudamente la navaja en el asentador). Es la primera vez que le veo a usted por aquí.
CLIENTE. Sí, es la primera vez.
BARBERO. ¿Y eso?
CLIENTE. No suelo pasar por esta calle. Vivo exactamente al otro lado de la ciudad.
BARBERO. Ya.
CLIENTE. Esta mañana salí de casa sin afeitarme. Pasé por delante de esta barbería y pensé que usted podía ser el barbero que ando buscando.
BARBERO. ¿Acostumbra usted a depositar su confianza en barberos desconocidos?
CLIENTE. Sí, aunque luego suelan defraudarme.
BARBERO. (Inclinándose sobre el rostro del CLIENTE). Tiene usted, sin embargo, algunos granitos.
CLIENTE. Tal vez, no le diré que no.
BARBERO. (Llevándose el primer grano por delante, que empieza a sangrar). No es de extrañar. A cierta edad la piel se convulsiona.
CLIENTE. Eso dicen. Aunque, para mí, pasó la edad de las convulsiones.
BARBERO. (Cortando el segundo grano). ¡Cáspita! ¿Le hice daño?
CLIENTE. No demasiado.
BARBERO. (Agrandando la herida). ¿Podría usted creerme si le digo que no puedo resistir la visión de la sangre?
CLIENTE. Desde luego. ¿Por qué no iba a creerle?
BARBERO. ¿Qué le parece, entonces, si acabamos de una vez?
CLIENTE. Creo que los dos tendríamos una buena excusa.
BARBERO. ¿No me guardaría rencor?
CLIENTE. No, no, por supuesto. Puede usted acabar lo que empezó.
Pausa. El BARBERO se tapa los ojos con la mano izquierda y cercena limpiamente la fatigada cabecita del CLIENTE, que muere sin proferir un grito.


CUS ROMPIDOS
Ariel Cuch

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Ellos vivían tiempos agitados. Mucho descontento social. Y encima, ese gol con la mano… El caos. Tomaron la embajada, pesquisaron hoteles, cerraron fronteras. Yo salí del estadio y me disimulé en la multitud. No sé si me deschavó algo de mi fisonomía, acaso la sonrisa empecinada, pero advertí que unos cuantos grandotes me seguían. Corrí. Corrieron. Me metí en un baño. Voltearon la puerta. Sentado en el inodoro, exclamé: “¡Brasil é o mais grande. Argentinos cus rompidos!”. Me invitaron al grupo. Ahora estoy casado. Tengo un pibe, Jorginho, aunque en la intimidad le digo “Lío”. Vivo en Leblon, no me quejo. Pero se extraña, che.