REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

Fragmentos diarios 6


Hugo Enrique Sáez A.

Violencia y justicia
Sostiene Walter Benjamin que el origen de la ley es la violencia. Se supone, de acuerdo con la teoría del contrato social, que la constitución pone en manos del Estado el ejercicio legítimo de la violencia. Al mismo tiempo, la idea de justicia en el derecho viene a reemplazar la práctica de la venganza por parte de los particulares, subordinados ahora a la autoridad universal del Estado. Hasta aquí repito, palabras más palabras menos, el discurso de cualquier gobernante que desea presentarse como democrático. SIN EMBARGO, el problema es más complejo.

Primero, la sociedad de ideas que surgió con la Revolución Francesa nos convirtió en adoradores de una nueva trinidad abstracta: igualdad, libertad, fraternidad. La encarnación de esos valores se manifestaría en las leyes que abarcarían a la comunidad entera. Y nos encargó que fuéramos el factótum de ese mundo transparente, nos hizo responsables de llevarlas a cabo con nuestra actividad, que terrenalizáramos esos valores. También nos convirtió en culpables del fracaso. Inclusive el materialista Karl Marx llegó a pensar que si los obreros leían El capital se verían empujados a hacer la revolución. Dicha sociedad de valores ideales está en franca retirada y se la reemplaza por el predominio del pragmatismo más radical: quien tenga el capital económico y político para triunfar en cualquier competencia (llegar a la presidencia, explotar el tráfico de drogas, controlar la información) lo hace y se lo etiqueta como poder fáctico, corrupto aliado con segmentos del poder público.

Segundo, antes de que se instaurara la dictadura militar en 1976, el gobierno constitucional argentino había aprobado severas leyes para perseguir 'subversivos' (eufemismo que abarcaba a cualquier opositor). Basándose en el cumplimiento de esas disposiciones, los militares desaparecieron y mataron a miles de inermes ciudadanos, con el objetivo de lograr la 'paz' y la 'seguridad'. A la vuelta de la esquina, el gobernador del Estado de Puebla determinó que aprobaran una “ley bala” que autoriza a la policía usar armas de fuego en contra de manifestantes. Resuena el porfiriato por aquella comarca: “¡Mátenlos en caliente! Después virigüen…”.
Tercero, la creación de nuevas leyes contribuye al fortalecimiento del Estado y favorece la corrupción de sus agentes, que tienen motivos mayores para extorsionar ciudadanos. En cambio, el gobierno de Lázaro Cárdenas se enfrentó a las empresas extranjeras que saqueaban el petróleo mexicano y por ley estableció que la propiedad de los hidrocarburos pertenecía a la 'nación'. No se imaginó que este concepto abstracto se traduciría en los discursos de políticos corruptos como 'propiedad de todos los mexicanos', pese a que la explotación de este recurso sólo ha servido para enriquecer a la 'familia revolucionaria'. Sin ningún problema, la actual administración de Enrique Peña Nieto modifica las leyes para que ingresen de nuevo las multinacionales explotadoras. La ley responde a su origen violento, sigue siendo violencia, y no es imparcial, se emplea como instrumento de poder de los funcionarios que se han apropiado de las instituciones.
Como dice un personaje de Jean-Luc Godard: 'matar a un ser humano en función de defender una idea no es defender una idea, es matar un ser humano'.

César Chávez, un líder de la no violencia

Hace ya algunos ayeres cuando la revista Proceso publicó una historia de México escrita, presuntamente, por un “chavo de la Ibero”. Aclaro que en dicha universidad hay una multitud de personas diversas, como aquellos que iniciaron en contra de Peña Nieto el movimiento #YoSoy132. Más bien la imagen de individuo elitista e ignorante se refiere a cómo se los percibía aún en los años noventa. La “historia” comenzaba más o menos así: “los indígenas eran unos seres que les gustaba vivir en las ruinas”. Valga la introducción para mostrar que la película de Diego Luna sobre César Chávez también ha tenido una repercusión que no merece entre los frívolos merolicos de Televisa. “Un buen resumen de la vida de César Chávez” “Es importante que participe Televisa porque Emilio Azcárraga Jean emite un mensaje con causa social”. Son algunos de los juicios de la “crítica” estúpida. Y sí, en la producción de la película participa Televisa, cuyo nombre es lo primero que aparece en la pantalla. Sin embargo, me parece que sus directivos están conscientes de que su público cautivo no mostrará mucho interés en este auténtico documento sobre un líder ejemplar de la lucha contra el despotismo, el racismo y la efectiva explotación de los inmigrantes así como de los descendientes de mexicanos en los Estados Unidos. La taquilla se expande con la bazofia de un Derbez, por ejemplo.
La película tiene ritmo, actuaciones muy verosímiles, escenas de las masas que seguían a Chávez filmadas con profesionalismo, acercamientos de la cámara en rostros muy vigorosos, que me recordaron a Fellini y a Buñuel. El contenido está captado muy bien. Chávez exhorta a no actuar como víctimas, es decir, no tener una actitud reactiva que sólo persigue la descarga sobre los símbolos del poder sino de enfrentarlo con la no violencia. En un momento rescata con vida a un individuo que están masacrando porque atropelló a un compañero de la Unión campesina. La capacidad organizadora de este auténtico líder también se destaca, ya que lo hace con un bajo perfil del que deberían de aprender los narcisistas que hoy se ofrecen para encabezar movimientos sociales. Y no digo nombres. Por último, el apoyo que Robert Kennedy dio al movimiento se hace explícito en varias escenas, un poco antes de que lo asesinaran. Gramsci decía que la división de los dominadores ayuda a crear un nuevo Estado. En el otro extremo, es repugnante ver entrevistas a Reagan, gobernador de California, además de la asunción de la presidencia por Richard Nixon. En suma, me gustó la película.

Puros cuentos

A la muerte de su abuela malvada, la cándida Eréndira decidió estudiar filosofía. Con una libreta de apuntes y una pluma se presentó en la universidad el primer día de clases. Las flores de las jacarandas publicaban al mundo que en ese rincón había llegado la primavera. Una bandada de mariposas amarillas le fue mostrando el camino hacia el aula magna donde se dictaría la conferencia inaugural de los cursos. Vestía unos jeans sencillos y una blusita blanca a la que se le había desprendido un botón a la altura del ombligo, lugar que cubría su recato con la libreta color café del trópico. Ondeaban las cabezas de los asistentes al ocupar sus lugares en el auditorio. Junto a ella advirtió que un hombre de pelo y bigote canos la miró intrigado. El conferencista se presentó: “Yo soy don Juan. Soy un indio yaqui. No andamos por los mismos caminos. Voy a desafiarlos. Hagan trizas su razón y traten de sentir mi presencia sin explicaciones. Cierren los ojos y mediten. El universo les concede el tiempo previsto para mi conferencia”.
Durante una hora nadie pudo abrir los ojos. Fue como un despertar de un sueño agradable. En el estrado ya no estaba la figura del indio que por extraño designio había llegado vestido con un traje azul y una corbata roja. El anciano se dirigió a Eréndira: “Nunca sabremos si este instante existió o no. Ya no recuerdo muchas cosas. Todas las noches se aparece en mi habitación Remedios la bella. Flota entre los muebles y su mano me invita a seguirla en esta primavera del 2014. Pero he tenido una emoción muy fuerte, niña querida. Estás viva y de tu cuerpo se han borrado los abusos que sufriste. Es una hermosa alegría para despedirme.” Y lloró.