REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

Confabulario

Metrobús


Fabiola Morales Gasca

“No hallarás otra tierra ni otro mar. La ciudad irá en ti siempre. Volverás a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez”

La ciudad, Constantino Cavafis

Son las siete de la tarde, el tráfico en esta ciudad está en su apogeo. Esta ciudad está llena de gente a la que se la paga mal ¡Qué joda! No vale la pena más años de estudio pa que ganes casi nada. ¡Uta madre, si no hubiera sido tan burro en la secundaria, otro gallo nos cantara! Todos los demás como yo, obreros ansiosos, corredores tras una esperanza que nunca llega, esperamos la salida a las ocho. Si estoy a esta hora, ha sido por culpa de la mentada oferta y la demanda. Ni esperanzas de entender esa madre. A mí qué me importa el pinche capitalismo. No más producción es lo único que justifica al capataz de la fábrica, para darnos menos chamba hoy. Adiós a las horas extras de los sábados, eso sí está de poca, porque la verdad, sí que me urgía juntar una lana. Ni modo, pos ahí será para la otra. Hoy es viernes y sin dinero para echarme una cerveza bien helodia en el centro botanero donde siempre hay meseras buenas, no vale la pena seguir en la calle, mejor me largo pa mi cantón.
Vivir a más de una hora de la casa te hace odiar al fregado tráfico y para acabarla de joder está Marcela que no se quiere despegar de mí. Pero si yo nunca le di alas, la mera verdá es que esta feíta la chava, le falta más de arriba y mucho más de abajo pa ser de las morras que a mí me gustan. Por más que le echo indirectas pues no entiende, digo dieciséis años y que no entienda que nomás no, pues no vale. Siempre amanezco guapo pero este día exageré, voy a conquistar viejas por donde quiera y donde andaré, se oye en el cel del muchacho fresa de al lado. El paradero es de los pocos que hay aún no grafiteados; la banda sí que se mueve rápido para dejar su dizque arte urbano. Charros, aunque hay luz y ni un mes tiene de inaugurado, está recochino el lugar. Este méndigo metrobús no llega, somos muchos esperando. La raza se está poniendo de malas y esta sonsa de la Marce que no para de hablar y de hablar. Habla hasta por los codos de su familia, de su casa y de esa maldita obsesión por casarse; tiene hermanas casadas, primas casadas y hasta abuelas casadas. ¡Carajo, por el amor de Dios, está traumada! ¿Qué no tiene en su familia ni una madre soltera? No, no hay forma de deshacerse de ella, si no viviéramos tan cerca… En fin, mientras veo la forma de darle aire de manera sutil, porque pese a todo soy caballero y mi amá me enseñó a no ser grosero con las damas, el metrobús llega. Está hasta su má… xima capacidad pero qué se puede hacer. Ya es muy noche, ni modo de tomar otro autobús y luego taxi ¿verdad? y así de jodido pues ni hablar, es éste en el que me voy, no hay de otra. A empujar. La Marce entra primero, a empujones nos abrimos paso, pero está tan flaca la pobre que me da miedo empujarla; parece que se va a romper, pero ni modo, ¡empuja más morra!, le digo y al fin ¡de milagro, entramos! Suena el timbre, seis, ocho segundos y la puerta se cierra. Ya la hicimos, estamos adentro, le digo a la flaquita. Avanzamos otra estación, el metrobús se detiene y la gente se arremolina necia para entrar pero no hay espacio ni para una mosca más; primero hay que esperar a que bajen. Aquí el oír: cuidado con mi niño, hey mi cartera o deje de estarme manoseando, en algunos meses será algo normal. ¡Qué chido! jamás pensé subirme al metro en esta ciudad. Qué fácil es estar en el DF, sin estarlo.
La gente entra y entra en cada estación, son pocos los que bajan y muchos los que suben. Por cierto Marce, cada vez siento tu cuerpo más pegadito. ¿Oye, Marce, qué te hiciste? Estas más suavecita. Viéndolo bien flaca, flaca no estás, casi puedo absorber toda tu cadera. Sé que hoy amanecí muy guapo pero tal vez Marce, tal vez Marcela hoy sí te haga caso. Pos ya estaría de Dios que seas la primera madre soltera de tu casa.