REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

La visita de García Márquez


María Teresa Castrillón

Fue a principio de los años 80 cuando un día sonó el teléfono preguntando por mí. “Soy Gabriel García Márquez” me dijo la voz “sé que el pianista Paul Badura-Skoda va a llegar a su casa y yo quisiera conocerlo. ¿Puedo ir a su casa mañana?”
Badura-Skoda, gran amigo mío estaba de pasada por México y había estado recientemente en Colombia para dar un concierto y García Márquez se enteró que además de gran pianista, era un fanático del ajedrez como él y que incluso viajaba con un ajedrez de bolsillo. Esto le llamó mucho la atención y con ese motivo había escrito recientemente en la revista Proceso un artículo muy simpático aludiendo a esa afición compartida. Desde hacía tiempo quería conocerlo, pero no habían coincidido. Alguien le dijo que iba a llegar a México y que estaría en mi casa y le dieron mi número de teléfono.
Badura-Skoda estaba por llegar a México, así que concertamos una cita en mi casa para conocerlo y llevárselo a comer a su casa en el Pedregal.
Al día siguiente, mi coche para variar no arrancó en la mañana, por lo que yo llamé a la AMA (Asociación Mexicana Automovilística hoy desaparecida) para que vinieran a componerlo. Cerca de medio día tocaron a la puerta y mi hija Clara, de 14 años entonces fue a abrir. Preguntó por mí un señor vestido sencillamente con una chamarra café; cerró la puerta y entró a decirme: “Mamá, ahí está el mecánico de la AMA “Yo grité” “!Clarita, qué has hecho. Es García Márquez y le cerraste la puerta!” Y corrí a abrirle y lo pasé a la sala. Badura-Skoda bajó y se saludaron cordialmente pues tanto uno como el otro tenían interés en conocerse. Yo fui por mi cámara y tomé una foto de los dos genios conociéndose en mi casa, momento histórico en los anales de Espíritu Santo (mi casa).
Clara, que desde chiquita era una viciosa de la lectura admiraba mucho a García Márquez y ya había leído unos diez libros suyos, bajó con ellos a la sala y se los enseñó, lo cual le simpatizó mucho al escritor y se los firmó. No sólo eso sino que en la noche cuando vino a traer de regreso a Badura- Skoda a la casa le trajo otros volúmenes dedicados que ella atesora desde entonces, además de que siguió leyendo sus obras y a la fecha se puede decir que las ha leído todas.
A mí me impresionó mucho la sencillez de García Márquez al mostrar su interés en conocer al pianista y hasta venir por él. Desde entonces Paul y Gabo conservaron una gran amistad. Los dos de la misma edad, nacidos en 1927 y yo el honor de haber sido testigo de ese hecho junto con Clara.