REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
Amadas lectoras, queridos lectores de este nuestro espacio en donde vuelan las ideas y se encuentran las razones para designar y catalogar las cosas, y a las sinrazones se les da la espalda o bien se les da golpe marro, el maestro Bracho da rienda suelta a una de sus pasiones: las artes plásticas. Si, a lo largo de su colaboración -a la que tanto estimamos la mayoría de los ínclitos miembros de este siete veces H Consejo Editorial- nos va dando cuenta de la amistad que sostiene con el escultor hidalguense Manuel Fuentes. Como siempre le hemos hecho hay que dejar que corra la tinta y leer lo que el maestro Bracho nos remite:
Allá por la década de los años 60, el poeta Leopoldo Ayala y yo teníamos una flamante galería de arte ubicada nada menos que en el Paseo de la Reforma, justo enfrente del edificio del IMSS y en donde hoy se yergue el edificio de la Torre Mayor, y que como seña particular, a unos metros, en la glorieta cercana se ubicaba majestuosa y oronda la Diana Cazadora. Efraín Huerta, asiduo visitante nuestro, con quien pasábamos largas horas contemplando la espalda y las nalgas de la diosa. De estas vistas venusinas y lúdicas, nació el Manifiesto Nalgaísta, de la rotunda inspiración del gran Cocodrilo. También solía acompañarnos a tomar el coñac nuestro maestro Juan José Arreola -Leopoldo y yo estábamos formando parte del grupo Mester, o sea participábamos activamente en el Taller de Juan José. Y el grupo de pintores jóvenes que exponía en la galería Edvard Munch -que ése era el título con el que la habíamos bautizado en homenaje al gran autor de EL GRITO-, lo formaban Alfredo Meneses, Armando Villagrán, José Luis Cuevas, fotógrafos como Héctor García, Álvarez Bravo, Moya, y más, muchos más nombres que hoy son parte de la historia de la plástica mexicana. Y como tarea específica cultural y social, era que cada lunes en la tarde noche se leía a algún poeta: Carlos Pellicer, Efraín Huerta, Juan José Arreola, Ramón López Velarde, Mayakowski, Miguel Hernández, Lope de Vega; René Avilés Fabila hacía sus primeras lecturas de su provocadora novela de LOS JUEGOS, escrito que tantos ataques recibió de los “honorables” críticos e intelectuales alineados al sistema… etc., etc. Así que aquellas veladas eran una delicia y una fiesta inacabable.
De los actores y actrices que a la poesía le daban un lugar en el cielo cósmico eran Sonia Furió, Sergio Jiménez, Julia Marichal y más, muchos más. Bien, pues en ese ambiente y un día determinado llegó a escuchar, a ver lo que allí sucedía, el joven Manuel Fuentes Estrada, y recordando esos ayeres, yo vi en él a un muchacho rural que azorado contemplaba las obras de Cuevas y “pelaba” los ojos al escuchar a la Furió decir poemas ardientes de Miguel Hernández. Su “voraz” apetito por estar presente en la creación trabó amistad con pintores y poetas. Manuel también quería ser fotógrafo. Lo llevé a mi cuarto oscuro que en las calles de la Villa de Guadalupe yo tenía. Su primera impresión, al yo cerrar la cortina, apagar la luz y vaciar las botellas de los ácidos y los químicos para revelar, a Manuel casi le provocan un soponcio. Todo aguantó, y todo lo retenía. Todo lo aprovechaba. Su vocación primaria era la escultura y a ella se dedicó con pasión torera. Para qué decir que con el tiempo tuvo en su haber exposiciones individuales y colectivas. Viajó a Europa y en Bélgica estableció un taller. Total que aquel joven provinciano, sin olvidar sus orígenes, se levantó y desde ese entonces hasta los días que corren Manuel Fuentes ganó un nombre, nombre que nadie se lo puede discutir. Y en mis manos está un bello libro editado por CONACULTA en donde se puede leer lo que Lourdes Parga Mateos dice de mi amigo Manuel: “En 2010, año significativo para la historia nacional, dicha Comisión acordó por unanimidad entregar el galardón al maestro Manuel Fuentes, escultor hidalguense originario de la tierra tolteca, quien fue tocado por la belleza, dedicando su vida a la creación y difusión del arte.
“Célebre por su talla en piedra, Manuel Fuentes representa el sincretismo de los entornos culturales que confluyeron en la historia de México. En sus esculturas ha logrado que las representaciones simbólicas prehispánicas se resignifiquen a través de los cánones de la estética occidental y expresen una visión de lo mexicano y de la identidad contemporánea del país”. Amigas no pripanistas, para qué agregar más a lo dicho por Lourdes. Yo desde este Tranco le envío a Manuel mis parabienes y le deseo que siga con el ímpetu con el que llegó aquellos años dorados a la galería Edvard Munch regenteada por Leopoldo Ayala y Carlos Brach