REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

El público y los medios informativos


Cirilo Gilberto Recio Dávila

En ciertos momentos se observa que la participación de un público frente al conjunto de estímulos producidos por una extensa red de información, publicidad y comunicación, es escasa, pese a tratarse del auditorio, destinatario, consumidor o simple receptor de mensajes de los más distintos contextos. Sin embargo, el público tiene sus propias circunstancias e intereses inherentes, conflictos que lo singularizan y preferencias particulares. De ahí la pertinencia de establecer pautas de trabajo que permitan a los auditorios normar sus propios criterios de selección. Como veíamos la gran cantidad de medios y la amplia proliferación informativa puede producir intrusiones en la privacidad, abusos sobre terceros y sobre los individuos sin que estos tengan la misma posibilidad de responder ante el exceso mediático, porque los medios forman conglomerados que tienen un mayor poder que el que puede ejercer el ciudadano común.
En diversos momentos se ha sugerido establecer, dentro del medio informativo mexicano, una figura formal para garantizar el mejor ejercicio posible de los derechos de los usuarios del mercado de la información y la comunicación. El establecimiento de un representante social ante las facultades de los medios de comunicación masiva, mediaría entre los intereses de los particulares, frente a consorcios que definen de forma unilateral los contenidos y pautas de información y publicidad. Aunque esta figura no existe en la actualidad, algunos medios como el Canal 22 de televisión, han incorporado esquemas como el de la defensoría del televidente, que procura cubrir estas necesidades de mejorar la relación entre el público y el medio de comunicación.
Necesariamente una figura social de esta índole en un marco general para el país, tendría que convocarse a través de un marco gubernamental, porque sus funciones conllevan la protección de los derechos individuales y colectivos, ante esa aparentemente inacabable avalancha mediática. Además, tanto su vigencia como su autoridad moral se han de basar, en ese caso, en la independencia frente al poder político y en su autonomía respecto de los propios medios. En estos apuntes, una representación social de naturaleza semejante ya se ha definido, aunque hay que decir que no tiene los alcances que debiera. En efecto, el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública —creado en junio de 2003— es un representante social que media entre el ciudadano y las dependencias de gobierno para conocer cualquier información del ámbito público, pero no tiene las facultades de un representante social —un ombudsman— que medie entre la sociedad y los medios de comunicación.
Es cierto que por sí mismo, cada medio informativo y de comunicación es un ombudsman de sus audiencias, públicos, lectores, radioescuchas o televidentes, así como cada informador, individualmente, es un vocero e interlocutor social. No obstante, es necesario precisar que las actitudes, tendencias y formas del ejercicio profesional en los medios, son tan diversas y plurales como su propia composición lo establece en su desempeño profesional. Por lo tanto, se aprecia entonces claramente la pertinencia de formar consensos, convergencias y pautas de conducta profesional entre distintos medios, como parte de sus propias responsabilidades ante sus auditorios.
Esta responsabilidad social, esta vocación de servicio público del medio informativo no puede ejercerse de manera impositiva u obligatoria, excepto mediante consideraciones legales que así lo determinen. Esta imposibilidad para asignar una condición de servicio público o de compromiso frente a la sociedad, es lo que ha llevado a México a plantear la autorregulación de los propios medios en su práctica profesional según sus criterios éticos inherentes. Ahora bien, a la luz del razonamiento expuesto de que los medios de información y de comunicación son representantes, son ombudsman de sus audiencias, se observa claramente la trascendencia de que las empresas informativas den a conocer a sus públicos sus pautas de conducta profesional. La calidad moral del comunicador se eleva conforme su trabajo corresponde a esa expresión pública de sus compromisos. Esto es, si el informador tiene una relación transparente sobre los criterios con los cuales trabaja su oficio frente al público, su calidad moral es más pertinente.
La atingencia ética de esta representación y forma de intermediación social puede valorarse bajo un enfoque humanista. Esto así porque los medios, por lo común, hacen alarde complaciente de valores humanos, pero con frecuencia es debido únicamente al propósito de congraciarse con el auditorio, sin que exista ningún compromiso con tales valores. Un ombudsman de la sociedad para la salvaguarda de sus derechos en el campo informativo puede permitir apreciar con mejor perspectiva realidades humanas acuciantes.
No obstante, en nuestro contexto, el obstáculo para ejercer las facultades de un representante social de esta naturaleza es inmenso. Algunas situaciones que lo impiden son: la difusión de informaciones halagadoras y serviles hacia las burocracias y el poder económico, la sobreabundancia de información, el amarillismo que atiende exclusivamente a la venta del morbo —en lugar de poner en tela de juicio lo que ocurre en los medios de extremo de la línea roja—, la autocomplacencia indolente de la labor informativa y la multiplicación de estímulos generados por los propios medios.
Situaciones todas ellas que hacen perder a los públicos los horizontes de visión, comprensión y reflexión crítica de la realidad, como ha sido apuntado por Noam Chomsky y, en nuestro medio, por Carlos Monsiváis. Los medios se alejan del interés público en la medida en que solamente sirven a sus propios intereses y a los intereses del poder que los patrocina. Por ello resulta de suma importancia prestar atención a los criterios que acercan a los medios a las realidades que de verdad tienen relevancia para su vida.
En una entrevista publicada por La Gaceta 1, el pensador y lingüista George Steiner, autor ente otras obras de Después de Babel, incide en este punto que tratamos. Señala que algunas pautas informativas del mundo actual inmovilizan a los usufructuarios de los medios de comunicación masiva ante las realidades más extremas. El que debe ser receptor privilegiado de la información, quien puede en verdad servirse de ella para transformar las realidades a que esa información alude, queda excluido de ellas por fenómenos que tiene que ver con esta hiperinflación informativa.
Pregunta: [...] Como nunca antes se cuenta hoy con una enorme riqueza, no sólo intelectual o científica, sino abiertamente monetaria y material. Sin embargo, la distribución social de esta riqueza no guarda un equilibrio social.
George Steiner: [...] Siempre ha existido injusticia, el mundo siempre ha estado dividido entre quienes tienen y no tienen. Lo que ha cambiado es que hoy tenemos más información que antes sobre esta inequidad. Hoy vemos, precisamente a través de los medios, todo lo que pasa de aberrante en el mundo: los niños muertos de hambre, la venta de esclavos, la tragedia cotidiana que diariamente viven millones de personas. Podríamos hacer mucho al respecto. Pero no lo hacemos. [...] Estamos tan ocupados con la belleza del pasado, con la gran literatura, con la filología, que nos olvidamos de la realidad que hoy vivimos [...] la clase termina y es como si saliéramos de un trance, un trance que nos ha marcado emocionalmente y nos acompaña de regreso a nuestra casa y estamos tan profundamente inmersos en la elocuencia poética, que no somos capaces de escuchar a los que desde la calle nos piden ayuda, nos piden ser escuchados, a quienes no participan de esas formas de belleza.

Las palabras de Steiner revelan un aspecto de la ética abordado frecuentemente por los medios desde un doble discurso: los temas humanos son empleados como bandera mediática, mientras permanecen políticas de difusión noticiosa que producen una desproporcionada concentración de los recursos económicos en grandes empresas. Oligopolios y dominancias de negocios mediáticos que inclusive deducen sus ingresos a través de programaciones de recolección económica para causas sociales. El Teletón y otros programas similares son ejemplos de esto que se apunta aquí, aun cuando sus propósitos no están exentos de un impacto positivo para determinadas causas, resultan insuficientes por el volumen informativo que manejan y parciales por los sectores que reciben sus beneficios.
No significa esto que los medios tengan entre sus responsabilidades y tareas la de la asistencia social, aunque en ciertos momentos su papel y responsabilidad se encuentran en el campo exacto de la ayuda social, pero sí representa un llamado a la conciencia para que las empresas de la información y de la comunicación mejoren sus nexos con las realidades humanas de nuestro mundo de hoy. Por otra parte cuando requerimos de una información oportuna, completa, veraz, comprensible, sucede que el inmenso volumen informativo dominado por la publicidad y por noticias de los más diversos orígenes que buscan seducirnos, incluso los chismes más intrascendentes del espectáculo, es imposible disponer de la información necesaria. La relación que establece el informador, individualmente, con su auditorio, es un reflejo de la relación que se genera entre los medios informativos y sus públicos. Por lo tanto, a partir de la conciencia de cada comunicador, de la manera en que se vincula con su comunidad, es que se forma su calidad moral y la autoridad que tiene ante la sociedad.
Se ha señalado que uno de los cometidos esenciales de los medios es informar, crear el debate público y vigilar a favor del ciudadano. En consideración con lo que hemos apuntado, la relación entre el público y los medios informativos precisa plantear tres aspectos: participación del usuario en los medios, definición de una autorregulación deontológica del medio frente a la sociedad y la elaboración de un esquema legal que proporcione validez tanto al usuario como al medio informativo.

Fondo de Cultura Económica. Agosto, 1998.

* Tomado de su libro Apuntes sobre ética periodística. Universidad Autónoma de Coahuila. Colección Siglo XXI. Escritores coahuilenses quinta serie. México, D.F. 2003. 122 pp. Por la temática y la actualidad de este libro, vamos a publicarlo por capítulos. Ahora presentamos a ustedes la Introducción.