REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

De nuestra portada

Dos prominentes escritores polacos: Kusniewicz y Gombrowicz


Edwin Lugo

Aunque distantes para nosotros por el tiempo y la geografía, la obra de estos dos extraordinarios novelistas permanece vigente no sólo por su indiscutible mérito literario que no se menoscaba con las traducciones, sino por la penetración humanística y psicológica con la que tratan a sus protagonistas y los múltiples mensajes que se desprenden de su comportamiento. No cabe duda que la condicionante para ser considerado un ameritado escritor está en relación con el grado de conocimiento que posea acerca de lo complejo y contradictorio que es el hombre.
Otro autor connacional altamente ameritado y además extraordinario políglota es el meticuloso y erudito traductor Sergio Pitol cuyo loable esfuerzo nos ha permitido acercarnos a su colega polaco Witol Gombrowicz, del que nos dice, nació en Meloszyce, Polonia en l904 y que inició su carrera literaria cuando contaba 29 años con un libro de siete cuentos publicado en su país natal y en el que presentaba una fascinante galería de personajes extraños enredados en complejas tramas psicológicas, titulado: Memorias del Período de Inmadurez fue posteriormente ampliado por otros relatos escritos entre l933 y l944 con el título de Bakakai y que vio la luz hasta l957.
Bakakai contiene l0 relatos: “El Banquete”, “La Rata”, “Acerca de lo que ocurrió a bordo de la Goleta Banbury”, “En la Escalera de Servicio”, “La Virginidad”, “El festín de la condesa Kotlubaj”, “Crimen Premetitado”, “El Diario de Stephan Czarniecki” y “El bailarín del Abogado Kraykowsk”.
El trazo y las situaciones de los personajes no son fáciles de asimilar y si en ellos campea una desbordante imaginación, una vez que se analiza el texto se descubren esos profundos recovecos que yacen en el fondo de nuestro psiquismo y que se traducen en comportamientos extraños, aunque de ninguna manera divorciados de esa madeja indisoluble de acciones aparentemente disparatadas, pero que indudablemente forman parte del desarrollo conductual humano. Bakakai no es un libro fácil de leerse y su correcta asimilación precisa de varias lecturas, donde se detecta que a la par que se va reafirmando el oficio del autor también se va consiguiendo poco a poco esa comunicación virtual con el lector, objetivo primordial de la literatura.
Gombrowics es un ameritado cronista de su época y su estirpe puramente europea delata la huella de las dos terribles conflagraciones mundiales, en medio de las cuales vivió el escritor, quien finalmente reconocido, murió en Vence ciudad cercana a Niza en l963. Después de haber vivido durante 25 años en Argentina, ya se supone exiliado y huyendo de la masacre que desató el nazismo; y como otros escritores, que si bien logró salvar la vida, debió pasar hambre y miseria en el país sudamericano que lo acogió. Otro tanto, aunque en circunstancias diferentes aconteció con el judío-austríaco Stephan Zweig refugiado en Brasil donde terminó su fructífera existencia suicidándose, inmensamente horrorizado y decepcionado de la naturaleza de algunos hombres criminales capaces de desatar todos los horrores inimaginables en aras del racismo, una de las peores lacras de la humanidad, de la que nosotros mexicanos, pese a los cacareados avances de algunos dirigentes mundiales, fuimos y seguimos siendo víctimas.
Gombrowicz es sin duda uno de los novelistas más singulares del siglo XX. En l938 escribió su novela Ferdydurque en la que describe un retrato -acaso casi grotesco- de la Polonia de entreguerras y que posteriormente los críticos la han llegado a considerar como una de las obras capitales de la literatura contemporánea. A ella le siguieron Trasatlántico publicado en l953, el drama El matrimonio, producido en el mismo año; Cosmos, que vio la luz en l956 y resultó galardonada con el Premio Formentor en l967 y Opereta un drama que fuera su última obra, escrita en l966.
El prolífico polaco dejó también a la posteridad un breve pero sin duda instructivo Curso de Filosofía en seis horas y cuarto.
Por su temática apasionante, imprevisto desenlace, clímax estupendamente logrados, recomendaría leer Los hechizados. En ella el autor mezcla con asombrosa habilidad temas como la hechicería, el mediumnismo, la extravagancia de una Varsovia que no desmerecería al lado del París de la belle époque y un conocimiento de un mundo pequeño aunque no menos interesante: el de los jugadores de tenis. En el relato uno de sus personajes, devela la intimidad femenina en toda su amplísima dimensión de pensamientos, sentimientos, reacciones y acciones que nos llevan de sorpresa en sorpresa; se diría que los personajes de Gombrowics se vuelven casi transparentes, y el lector puede penetrar hasta sus recovecos y obsesiones, entonces el novelista no omite describir una obscenidad casi malsana encubierta en una aparente banalidad existencial.
Andrzej Kusniewiccz nacido en el mismo año, l904, vio la luz primera en Galizia, -región de Europa situada entre las estribaciones septentrionales de los Cárpatos y en los altos valles del Vístula y del Dnieper, y que luego pasó a formar parte del reino de Polonia- dentro de una aristocrática familia, lo que le permitió estudiar holgadamente Derecho, Arte y Ciencias Políticas, ocupando al término de sus estudios importantes puestos en la diplomacia principalmente en Francia lo que le motivó a sumarse a las fuerzas de la Resistencia durante la segunda guerra mundial. Detenido por los alemanes en l943 fue deportado a Mathausen.
Concluida la guerra fue nombrado en 1945 Cónsul General polaco en distintas ciudades francesas, regresando posteriormente a Polonia. Es posible que su actividad política y diplomática le impidiera dedicarse a su tercera carrera: autor de novelas, actividad en la que destacó pues dos de ellas resultaron galardonadas con el Premio Nacional de Literatura en Polonia. Estas dos obras, por cierto ampliamente difundidas por sus múltiples traducciones son: El Rey de las dos Sicilias y La Lección de la Lengua Muerta que recrean con amenidad el hundimiento del imperio Austro-Húngaro, a partir del asesinato del príncipe Fernando de Habsburgo ocurrido en Sarajevo y el cual dio pie al inicio de la primera guerra mundial. En dicha novela el protagonista es el teniente Kicheritz o Kiekeritz, un ulano en cuya persona se funden: un ferviente adorador de la belleza, gustador de las más refinadas expresiones del arte, y un insensible militar capaz de las crueldades y vilezas más atroces; estas características virtualmente contradictorias permiten albergar al sibarita capaz de admirar, sentir, y valorar con sincero deleite los colores y las líneas de un cuadro u objeto de arte, pagando sin dudar por su adquisición cualquier precio, para enviarlo -con avidez de coleccionista- al lejano hogar húngaro habitado por la solitaria madre que vive anhelando el retorno del único hijo, quien a su vez anhela volver principalmente para acariciar con codicia de avaro los primorosos objetos robados, saqueados o comprados, y que ya constituyen un pequeño museo; a la par que ejecuta con sangre fría a un inocente prisionero ruso, cazándolo como a una fiera salvaje y sin otro motivo que el placer de matarlo. Lamentablemente el anhelado retorno no llega a consumarse, pues el mílite fallece precisamente el día en que al fin termina la conflagración, a causa de una irremediable y progresiva tuberculosis.
No obstante el relato de los pavorosos crímenes del señor Kiekeritz será apenas el pálido preámbulo de la espeluznante suma de horrores, aún más espantosos -si cabe tal posibilidad- de los asesinatos masivos en los temidos crematorios nazis.
Si bien es posible que el lector se identifique por momentos con tan extravagante personaje, terminará por sentirse apesadumbrado al constar que el estetismo no ha conseguido siempre frenar la bestialidad de los humanos sino más bien exacerbarla. Kusniewicz escribe más que una novela, -donde seguramente no escasea el ingrediente fantástico, elemento primordial en toda obra del más maravilloso género literario- una biografía que desgraciadamente conlleva también un espantable y espantoso realismo.