REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 09 | 2019
   

Confabulario

Fragmentos de novela


Marco Aurelio Carballo

FRAGMENTO 10
Caso raro fue el Trepamadres, a quien le hubiera gustado poseer un billar. Ex coime, sin necesidad de empleo, de padre rico, habría seguido por ese camino, si no cae en la correccional… Se recibió de abogado por Papito Leo. ¿Cuántos lerdos trabajan agüevados en profesiones diversas? dijo Leo. Estorban y provocan el desempleo a quienes tienen vocación y voluntad genuinas. En el arte buscan fama o chamba por la chamba misma.
Los clasemedieros, lic, ambicionan casa en Cuernavaca y buscan habitaciones de tiempo compartido en la playa, y los hijos casa en colonias de nuevos ricos… Eso lo digo yo y, al decirlo, me parezco, sospecho, a Leo y a nuestra vecina, la Gandini. Ella Nos trataba como analfabetos recién llegados al DF desde la pampa mexicana, y él como recién llegados a su galaxia…
Los padres clasemedieros, lic, mueren por tener profesionista en cada hijo, ambiciosos o no. Como si bastara desearlo o aportar el dinero con o sin sacrificios. Como si el hijo no necesitara vocación o sueños a realizar. “Excepto mi madre”, quisiera decir. Mentiría.
El rico tiene el mal gusto de ostentar sus posesiones, dijo Papito Leo, aferrado a su cuba, y el pobre lloriquear su jodidencia. Sólo el rico avaro y mezquino, oculta su riqueza. El rico, cínico y el pobre incapaz de asumir, digno, la pobreza. Quejicosos y pedigüeños creen ser los únicos acorralados y suponen a la humanidad obligada a resolvérselos.
¿Por qué el discurso de Papito Leo? Quién sabe. Leía el periódico y yo una novela. Aguardé en silencio.
Pero no dijo más.

FRAGMENTO 11
Desde el momento en que la Rott, mi jefa, aprendió a darse cuenta de que un libro era denso, aburrido, desde el primer párrafo, desde la primera frase, temió estar saturándose de lecturas demasiado serias, dijo. Es decir, aburridas, desprovistas de la profundidad pretendida por el autor y de la nitidez necesaria. No quería ser como ellos. Cometer el peor crimen del escritor, aburrir. Un crimen impune debido a la cantidad de cómplices con los cuales contaba a lo largo del proceso. “Incluso aprendió a descubrir al autor aburrido desde el título”, presumía, batiendo la palma de las manos, como en un seco aplauso. “Desde ahí me las huelo”, dijo. “Entre más profundos pretenden ser más fallidos o pretenciosos resultan los títulos de los escritores autoerigidos en genios, la mayoría. El segundo crimen era no entenderles, releer dos tres veces una frase. A veces muchas más y abandonarlo sin haberlo entendido, y el tercero y no menos importante, es la falta de cohesión, de unidad, esto es, los cabos sueltos esparcidos a lo largo del texto.
Aunque para dictaminar originales y pedir su publicación, o vetarlo careciera de voz y voto, la Rott ejercía un pequeño poder en la supresión de erratas y de errores. ¿Dónde y con quién iba a ejercer su innata voz de mando si debía consultar a los autores toda modificación por diminuta que fuera o y sin aparente importancia?, el cambio de lugar de una coma o la sustitución de un punto y coma por un punto y seguido, y atenerse a las opiniones del autor, acataran o no las correcciones de ella. Un mando disminuido, menor, pero irrenunciable y, al contrario, disfrutable a plenitud y con suprema delectación. El triunfo del corrector sobre el autor, un narcisista sediento de admiración y de fama, de lectores aplaudiéndole como focas, diría el talentoso Rafael Cardona.

FRAGMENTO 12
Mi mami anhelaba, pues, verme de universitaria, lic, no de casada. Prefería mantenerme a ser yo la mantenida. Mas nunca lo fui y a cambio le tuve a Leo sus mojarras y le compré su ron y pecsis y lavé sus trusas. Pobrecita de mi mami, pues mis tareas no terminaban ahí. Le faltó enterarse de mi paseo desnuda. Criada y teibolera en casa sin que su yerno encajara nunca jamás un billete en mis chones... Ella era intuitiva y presintió mi desgracia. Así que le prometí que esperaría para tener hijos, una vez convencida yo de que… ¿de qué?, ¿del amor de Leo?, ¿de que ya no iba a llamarme fundillona?
Quiero tener nietos, dijo mi madre. Eres mi gran preocupación, pero si tienes hijos quizá ellos te desplacen.
Lo decía para estimularme a engendrarlos fuera quien fuera el padre, quise creer. Pobrecita, porque la profesora Natalia Ruiz Ruiz no conoció a sus nietas y no me hubieran desplazado. Mi madre iba a tener siempre un rinconcito para mí. Ay, lic, qué cursi.
Resultó fácil convencer a Leo de que esperáramos el encargo de nuestros hijos. De ninguna otra cosa logré persuadirlo durante algo así como un cuarto de siglo, ¿ajá? Esperemos la casa, le dije, y el inicio de tu carrera política. Mira nomás, Petacona, dijo él, debo reconocer que eres media lista. ¿Media?… Estábamos en La Mansión. Él pedía vísceras y papas a la francesa y yo lomo al jerez y ensalada de lechuga. Él media docena de cubas. Yo, limonada. Él, café, coñac doble y ate con queso. Yo, café. Si le robaba una de las seis porciones del postre, él pedía, otra orden.
Aunque Leo era quien trazaba los planes, le aporté la idea de aplazar la llegada de los hijos y le permití abrir un compás de espera, como dicen, mientras se le definía el porvenir. Su plan era avanzar de este a oeste, de la Narvarte a las Lomas, trepando deprisa las escalas sociales. No al nivel del Trepa, clase media media, sino de la gran burguesía. Fundir en su persona el poder político y el económico, ¿ajá?

FRAGMENTO 13
Después de vivir en las colonias Portales y Narvarte, Leo ambicionaba mudarse a las Lomas sin pasar por las colonias Del Valle o la Nápoles. Quería mudarse de casa, de clase social y de vieja. Cambiar de vieja cada tres años, digamos, como quien actualiza el modelo de su automóvil.
Estas ambiciones, ¿tenían qué ver con el propósito de empezar a escribir por fin su libro? Porque él también quería escribir, y voluminosos tratados, no ensayos. ¿Ya le conté?… A veces abordaba el tema, sin aportar mayores detalles. No por discreto. No porque se lo interpretaran como alarde ostentoso de su talento de escritor ensayista. “Avancemos”, dijo, “mientras podamos, mientras llegamos a nuestro límite”, dijo. “Porque yo todavía tengo camino por recorrer… Aunque los bárbaros ya están aquí. Bien pujantes, impertinentes los Igualados y Abusivos.” ¿De qué hablas?, le pregunté. “De los mercaderes ambulantes”, respondió. “Clasemedieros que torean al fisco y se entrenan con los inspectores y con la policía juanetuda y de pies planos”. Dales oportunidad, dije por decir. “No la necesitan los culéis. Vienen muy cabrones”, dijo Leo. “Ya invadieron los Sanborns, chancludos y en calzones”.
La jungla del asfalto, seguí hablando por hablar. ¿En qué te afectan?
No descarté el plan de que Leo pensara comprarle a su amante un palacete. Pero el segundo frente me decepcionó, lic. Quién sabe por qué una es así. Lo digo porque si ella tuviera estudios universitarios y fuera guapa y rica, sentiría menos rencor…
No, lic, Leo rehusó casarse por la iglesia y yo también. Mas recelé. No porque yo deseara casarme de blanco, sino porque detesto las mentiras. “Casarnos por la iglesia impedirá mi ingreso a la masonería”, dijo él. No es un impedimento, ¿verdad, lic?

FRAGMENTO 14
Está en la naturaleza del poeta vivir en soledad y, si no, soy la excepción. Incluso, si Leo hubiera pedido arrejuntamiento, acepto, pues tampoco creo en el matrimonio, lic. Es que para hacer cumplir la ley, no hay seguimiento, como dicen los burócratas.
El hombre puede llevar también una pesada carga. Lo sé. Pero me pregunto ¿cómo hacerle para que se cumplan los acuerdos?... ¿Se imagina, lic, a inspectores supervisando las uniones conyugales y evitar el abuso de uno sobre la otra, o viceversa? Al contumaz, ¿disuadirlo a cachiporrazos? ¿Dos gendarmes, aferrados a la cacha de la pistola, detrás de Leo, enmandilado, fruncido, lavando platos?
Mi madre aceptó mi boda al vapor sólo por lo civil. Puras decepciones para ella... No fui profesora. No cursé carrera alguna. Mi novio, abogado y catedrático, se decía izquierdista y librepensador. ¿Estaba desarmada ante él? ¿Debió mamá dotarme del armamento necesario? Leo era liberal respecto a los tragos y a la comida, y a cuanto le conviniera a sus amigos y a él. La criada debía mantenerse alerta, al alcance de la mano pero sin confiancitas y sin entrometerse. Sus cuatachos podían necesitar hielos, otra botella, un trapo húmedo porque derramarán el, ése sí, vital líquido. No es queja ni crítica, es recreación.
¿De qué escribiría yo de no haber llevado esta vida? Historia tengo, pero ¿será suficiente? Me preocupa hallar el tono nada quejicoso y menos criticón, chocantes para mí. Propios de Leo… Hay dos peores, el del chantaje sentimental y el autocompasivo. Reconozco la influencia de Leo en el habla, pero rectifico si me descubro quejicosa o criticona. “Ay, mamá”, dicen Alba Lilia y Yolanda, “hablas como Leoncito Bubú, que es como ellas, malvaditas, llamaban al padre a espaldas de él… Yo también repito palabrejas de doña Juanita. Pero de la Rott nada… Aunque Leo y yo nunca jamás hubiéramos terminado pareciéndonos en el físico, estoy segura, como les sucede a ciertas parejas, dicen.

FRAGMENTO 15
En cuanto al tono me gustaría obtener para mi libro un tono equilibrado, lic. Al escribir poesía ni lo busqué ni lo practiqué. Lo determinaba mi estado de ánimo a la hora de escribir. Mas la narrativa funciona de manera distinta, según me he dado cuenta en mis prácticas. Me pregunto ¿quién dijo que el narrador debe tener un diamante de hielo en el corazón al escribir? ¿Flaubert? ¿Diamante o gota de hielo? ¿Las habrá de hielo? Mejor perlas… Puede haber gotas de sangre helada, no cubos de sangre. En la época de Flaubert había hielo, pero ¿cubos como los del trago de Leo?
Perdón por estas lucubraciones.
Debiera hacer ejercicios para mantener el espíritu en paz y obtener ese equilibrio, lic. Mas ¿cuáles ejercicios? La caminata es imposible debido a la falta de tiempo, también debido a los vendedores ambulantes y al tránsito. ¿Recuerda a los pájaros cayendo muertos por el esmog?... Ahora están muriendo las abejas... Muchos fuman mientras escriben y otros beben y se inyectan o inhalan. Yo, nada. Aunque siento ganas de intentarlo, ¡je! ¡je! Ojalá todo eso resulte innecesario. Café o té, sí… Bueno, me he echado mis palomas, je.
El matrimonio pudo haber sido de prueba para Leo, no para mí. De haberse enriquecido como funcionario público o como abogado, se divorcia, o me lleva de criada a la casa chica, o nos lleva de criadas a su segundo frente y a mí a las órdenes de ésta a un tercer frente... Muerto de risa. Me abandonó, o nos abandonó, por otra clase de muerte, je je... La de a devis.
Mamá debió creer que con marido yo iba a pasarla mejor que ella, madre soltera. Ella había trabajado en casa de un finquero como ama de llaves mientras estudiaba la escuela normal.
Años después viajó al DF embarazada, triste y con vergüenza, imagino, porque si no se hubiera quedado o regresado a Comitán con mis abuelos.

FRAGMENTO 16
Cuando yo le preguntaba de su último año en Tuxtla Chico, mamá guardaba silencio. Embarazada, mi padre se desentendió de ella, lucubro. Él pudo haber sido un hijito de papá, mas igual el patrón y casado y con hijos y con varias amantes. Si mi padre era un cacique y mamá no quiso abortar, qué escalofrío, lo mejor para nosotras fue que ella se esfumara.
Habría sido fácil atropellarla en una calle desierta de haber reclamado equis derecho y mi padre fuera de entrañas diabólicas. Mi madre debió considerarse afortunada con su mudanza a la gran urbe. Las plazas de maestro, como los cambios de plaza, están al mejor postor en el mercado negro. Mi padre, en tanto buena onda, podría haber efectuado el trámite pagando con el consentimiento de mi madre, o sin su consentimiento, presionándola, acosándola.
Ella me llevó al registro civil del DF. No sé más. Mi nombre completo, lic, es Rosacruz Ruiz Ruiz. Son los dos apellidos de mi madre, doña Natalia. Ella murió sin revelar mayores detalles de su vida.
Mi única pariente pues, mi madre, está muerta. De mi padre supe vaguedades. Ni siquiera por presunción, mi madre admitió que él fuera alemán o español. Los hay en el Soconusco. Han poblado la región desde aztecas hasta chinos, japoneses, italianos, alemanes, árabes, franceses. También orientales, si bien de ellos no tengo nada en el físico. Aunque me encanta la comida china. Yo soy idéntica a una hermana de mi madre, según ella. Muchos huyen hacia el sur y se arraigan en el Soconusco atrapados por la feracidad de la región y por sus mujeres, según cuentan, o se siguen, avanzan más allá del sur del sur.

*La novela tiene el título de: El último protomacho, creativo y perfeccionista, en el país de las colas sin fin y las narices de mango.