REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos de Bracho


Carlos Bracho

TRANCO I
En este Tranco, el maestro Bracho nos habla de sus tristezas, de sus dolores que son profundos, de la pérdida de los valores republicanos y el olvido, traición a postulados juaristas, o a las puñaladas que los actuales gobernantes le dan a la Constitución del 17, o a la burla, que no es otra la palabra, que le hacen a Los Sentimientos de la Nación de Morelos. Y qué decir de la venta y entrega indiscriminada que del petróleo hacen los sátrapas que están sentados en la mesa del poder. Así que el año que ha pasado, el año primero del presidente en turno es para llorar, es para provocar la indignación más profunda. Si, ahora el año que empieza, empieza como el clima: frío, desangelado, con aires helados y sin rumbo, con la represión y el castigo a las protestas sociales a la orden del día, con las macanas y los gases y los castigos a los estudiantes que se atreven a cuestionar la política infame; los culatazos para los maestros que alzan la voz por haber sido agredidos en sus derechos laborales y en la pérdida de la soberanía en la Educación; y las luchas de los pocos intelectuales que en el país quedan, esas luchas son acalladas por la vocinglería oficial. Y cómo los campesinos y los dueños originales de las tierras se ven cercados por soldados y policías para que no eleven su voz ante el despojo de sus bienes ancestrales y que son callados a fuerza de balas y cárcel para que no ofendan a los poderosos intereses trasnacionales a los que se les han entregado, además, el petróleo, el gas, el agua, el oro, la plata, los minerales todos, las playas y los mares.
Pero dejemos que fluya el sentir de don Carlos y que al leer sus líneas, muchos de nosotros, muchos mexicanos que todavía creemos en esos valores patrios, la indignación y el coraje acompañen a nuestro escritor. Veamos:
Benito Juárez señalaba que “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”. Palabras que en el México de hoy son eso, palabras echadas al viento, son ideas y propuestas que no valen nada en el entorno político que se vive en la república otrora mexicana. Y aquello de recibir un salario pequeño, modesto, que sirviera para vivir honestamente, provoca la risa de diputados y senadores, de cualquiera de los partidos políticos reinantes. Juárez, para los miserables que están en la esfera superior del poder, esos deseos son de un iluso y trasnochado paladín. Para ellos los autos de lujo, los millones de pesos en sus cuentas bancarias, los hoteles de muchas estrellas para sus francachelas. Los aviones particulares para viajar a donde el antojo rastrero los empuje. Los ranchos en donde caballos y ganado y perros y animales y agua abundan y toda la propiedad es comparable a un Edén terrenal. Y los relojes finos y dignos de sultanes y príncipes juglarescos son adornos imprescindibles en las muñecas de los muñecos de la política. Y qué decir de los finos vinos y las viandas cardenalicias que lucen en sus mesas, mesas con cristales y copas y platos maravillosos, con cubiertos de oro y plata adornando y relumbrando ante los ojos de los comensales. Y claro, los campesinos, los obreros, las amas de casa, los jodidos de siempre, a seguir siendo eso, jodidos. A comer tacos de frijoles, a echarle harto chile a la sopa de fideo, y allí en mesas destartaladas, en donde abunda el hambre y las moscas, abunda, sonriendo maquiavélicamente, la escasez. Mesas en donde las niñas sacian su apetito con las legumbres más baratas que pueda hallar la madre en el mercado. Hogares de los jodidos en donde el padre no puede protestar so pena de ser apaleado por los policías y acusado inmediatamente de actos terroristas. Hogares mexicanos en los que los hijos, estudiantes pobres, no pueden pedir pan, ni pedir libertad, ni pedir un mendrugo, ni pedir paz, ni pedir justicia, ni pedir reparto equitativo de la riqueza, y que se atreven a tal desacato, si lo hacen, si protestan, entonces, granaderos, policías y soldados los someterán, golpeándolos y los mandarán a la cárcel por andar provocando disturbios.
Así es la realidad, la vivimos, así fue el pasado y triste año peñista.
El gobernante es lo que ha hecho, no lo que va a hacer. ¿Y qué hizo el presidente actual? Vender los valores que son propiedad de la nación, entregar las propiedades del pueblo al mejor postor, entregar la soberanía a los intereses de los poderosos. A traicionar a Juárez, a Morelos a Lázaro. No veo otra realidad. Por eso no brindé por nada, no celebré nada, no bailé de gusto, no hice aspavientos nulos de patriotismo barato, no reí, no, no puedo sumarme a los que ofenden la historia de la nación, no puedo agregarme al coro de aplaudidores profesionales -que lo hacen porque reciben su mochada, su lana- que dicen a los cuatro vientos que todo marcha bien, que el México de hoy se mueve. Yo digo que se mueve de ese coraje, de esa rabia en la que lo tienen sumergido los dichos polacos mexicas. En fin. Como las leyes todas están diseñadas para el castigo a los pobres, para no permitir la protesta, y como todo el poder ha criminalizado la ira popular, pues no me queda otra que calmar un poco los ánimos y esperar a que el pueblo de México reaccione ante las brutales embestidas de los gobernantes en turno y diga ¡Ya basta! Pero mientras eso ocurre, y antes de que las balas, de narcos o de soldados me alcancen yo me iré como siempre -y no es graciosa huída sino apasionada entrega- a Mi Oficina, sí, a mi democrática cantina de barrio y allí, si traigo en la bolsa algunos de los devaluados pesos pedirle a mi María del alma, a la María de los ojos de capulín, a María la de las piernas venusinas y pechos afrodisíacos, María la de la sonrisa turbadora y manos lúdicas, María la de la boca que es un volcán de deseos, María la de la piel canela, la de la piel suave como agua del arroyo de mi pueblo, María la de los brazos que abrazan como tentáculos de pulpo hambriento, María la que me deja huellas profundas en el alma amorosa, María la que con sus besos de mujer sabia me trastorna todavía más que la entrega de los peñas y sus nietos, María la que con su voz suave me susurra palabras que me hacen olvidar las hórridas palabras de mando castrenses, esa María es por la que vale la pena vivir. Así que no brindo por el año nuevo, no. Brindo por todas las Marías que por mi México vernáculo siguen enhiestas y que siguen caminando y “empitonando la camisa” plenas y portadoras del Juárez olvidado y del Morelos ninguneado. Viva María. Vale. Abur.