REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
22 | 09 | 2019
   

Arca de No茅

La propuesta de un comunismo ecologista, austero y autoritario de Wolfgang Harich II


Mauricio Schoijet

Continuaci贸n...
La contribuci贸n de Harich
En tanto que admite estar influido por varios autores contempor谩neos, como Iv谩n Ilich, Ignacy Sachs, Ren茅 Dumont y E.F.Schumacher, un aspecto muy importante de su propuesta radica en la reivindicaci贸n del mencionado revolucionario franc茅s Gracchus Babeuf. Aunque se puede identificar a los Diggers de la Revoluci贸n Inglesa del siglo XVII como proto-comunistas, Babeuf fue el organizador del primer movimiento comunista pol铆tico claramente definido, que oper贸 brevemente durante el per铆odo termidoriano de la Revoluci贸n Francesa, y que fue ilegalizado y liquidado con la ejecuci贸n de 茅ste. En opini贸n de Marx y Engels propon铆a un tosco igualitarismo. Una diferencia fundamental entre Babeuf y los fundadores del socialismo cient铆fico residi贸 en el hecho de que nunca se plante贸 la necesidad de un gran desarrollo previo de las fuerzas productivas como precondici贸n para establecer una sociedad comunista.
Harich afirma que la influencia ideol贸gica fundamental sobre Marx y Engels la ejercieron los pensadores precedentes de la burgues铆a, como Voltaire, Condorcet y Saint Simon, quienes se ubicaban dentro de una ideolog铆a del progreso centrada en el desarrollo de las fuerzas productivas. En tanto que Babeuf no fue realmente un te贸rico sino un propagandista y organizador, Harich sostiene que su pr谩ctica pol铆tica se insert贸 dentro de una l铆nea definida en lo ideol贸gico por Rousseau y en lo pol铆tico por Robespierre, en particular con la propuesta del primero de un 鈥渞etorno a la naturaleza鈥. En relaci贸n a esta consigna niega que representara una tendencia regresiva, ya que Rousseau habr铆a propuesto una cultura de la igualdad y de la convivencia arm贸nica entre el hombre y la naturaleza.

La supervivencia de la especie humana
Harich fue el 煤nico autor que se identific贸 como comunista y que apoy贸 la propuesta de 鈥淟铆mites鈥︹. En el libro mencionado Harich fue m谩s all谩 que los autores de 鈥淟铆mites鈥︹ en tanto que plante贸 que la cat谩strofe ecol贸gica pronosticada por 茅stos pod铆a poner en peligro la supervivencia de la especie humana.
En 1982 el autor estadounidense Jonathan Schell reinvent贸 esta propuesta en relaci贸n a un hipot茅tico 鈥渋nvierno nuclear鈥 que podr铆a producirse como resultado de una guerra nuclear (Schell, 1982). A fines del a帽o siguiente Carl Sagan, Richard Turco y otros publicaron un art铆culo en el que preve铆an la posibilidad de que una guerra nuclear causara un 鈥渋nvierno nuclear鈥 debido a que el polvo generado por las explosiones e incendios podr铆a causar un enfriamiento de la atm贸sfera, que podr铆a desatar una hambruna en la que perecer铆an centenares de millones (Sagan, 1983). En 2007 Richard Turco et al publicaron un trabajo que planteaba que incluso una guerra nuclear entre dos pa铆ses con un n煤mero menor de armas nucleares, como ser铆a el caso de India y Pakist谩n, en que explotaran s贸lo cien bombas nucleares, de una potencia igual a la de Hiroshima, ser铆a suficiente para producir un enfriamiento de la atm贸sfera y reducciones significativas de la precipitaci贸n, que durar铆an a帽os (Turco et al., 2007).
En 2005 los climat贸logos estadounidenses Kump, Pavlov y Arthur le dieron una fundamentaci贸n cient铆fica a la posibilidad de extinci贸n de la especie humana y de muchas otras como resultado del calentamiento global (Kump, 2005). Este causar铆a un desequilibrio en la relaci贸n entre organismos aerobios y anaerobios de los fondos marinos, que resultar铆a en la emisi贸n de 谩cido sulfh铆drico, que envenenar铆a a la atm贸sfera. Varios cient铆ficos apoyaron esta propuesta, o la de un brutal retroceso por disminuci贸n de 谩reas habitables y cultivables, por ejemplo el brit谩nico James Lovelock; aunque recientemente Lovelock cambi贸 su posici贸n, declarando que ante la complejidad del problema se defin铆a como agn贸stico.
Nuestra especie estuvo al borde de la extinci贸n en el pasado, lo que apoya la posibilidad de extinci贸n en el futuro. Para sustanciar lo anterior tenemos que explicar algunos datos provenientes de la vulcanolog铆a, de la paleoclimatolog铆a y la gen茅tica.
Los supervolcanes son volcanes que tienen una forma diferente, o sea menor altura, una llamada 鈥渃aldera鈥 m谩s ancha en vez de cr谩ter, con erupciones menos frecuentes pero mucho m谩s devastadoras. Hay pocos supervolcanes, unos veinte, contra unos dos mil convencionales. Ello explica el hecho de que s贸lo comenzaran a ser identificados a partir de la d茅cada de 1960. Una erupci贸n puede devastar un continente o m谩s. En los 煤ltimos cien mil a帽os hubo s贸lo dos. La del supervolc谩n Toba, en la isla de Sumatra, Indonesia, hace aproximadamente 72000 a帽os, habr铆a devastado a la India y la mayor parte de 脕frica (Ambrose, 1998).
Uno de los resultados m谩s importantes de la paleoclimatolog铆a es que el clima a nivel mundial puede verse como una sucesi贸n de glaciaciones y per铆odos interglaciales, que ocurren en tiempos de entre unos quince mil a帽os o m谩s. Actualmente estar铆amos viviendo un per铆odo interglacial. El tiempo de transici贸n de un per铆odo interglacial a una glaciaci贸n puede ser muy corto, del orden de s贸lo algunos a帽os, lo que podr铆a implicar un cambio dr谩stico en muchos ecosistemas, por consiguiente podr铆a afectar las posibilidades de supervivencia de muchas especies. Recientemente se plante贸 la de que la extinci贸n de los Neanderthales, los homin铆deos m谩s cercanos a nuestra especie, pudo haber ocurrido a causa de una transici贸n de este tipo.
Cada especie biol贸gica est谩 caracterizada por un 鈥渇ondo鈥 gen茅tico, o sea que exhibe una variabilidad gen茅tica cuantificable. Los genetistas pueden identificar 鈥渃uellos de botella鈥 en la historia de una especie, que muestran que por alguna causa el n煤mero de ejemplares estuvo en un m铆nimo, e identificar el n煤mero aproximado de ejemplares en este m铆nimo. No pueden identificar con certeza ni el n煤mero previo, ni la fecha.
Sabemos que la especie humana tiene 200000 o 250000 a帽os. Tambi茅n que durante la mayor parte de su existencia vivi贸 en 脕frica, y que s贸lo emigr贸 de este continente en las 煤ltimas decenas de miles de a帽os. Una estimaci贸n reciente plantea que la emigraci贸n de 脕frica a Asia ocurri贸 entre hace 50 y 60 mil a帽os (Mellar, 2013). La investigaci贸n gen茅tica permiti贸 identificar que en alg煤n momento de su historia pas贸 por un cuello de botella, en que su n煤mero se habr铆a reducido a una cifra entre los mil y nueve mil. El mencionado Ambrose y Curtis Marean est谩n de acuerdo en que hubo un cuello de botella o situaci贸n de borde de extinci贸n de nuestra especie, y en que sobrevivi贸 en cuevas costeras del este de Sud谩frica, que pudieron proveer una alimentaci贸n basada en mariscos. Difieren en cuanto a las causas y los tiempos. La propuesta del segundo es que ocurri贸 mucho antes, entre hace 123000 y 195000 a帽os, y que se debi贸 a una glaciaci贸n particularmente severa (Marean, 2010).
Lo anterior sugiere que la biosfera es un lugar m谩s peligroso de lo que se hab铆a pensado hasta ahora, y que la posibilidad de extinci贸n de nuestra especie es real y no producto de las mentes calenturientas de algunos catastrofistas.

Supervivencia y autoritarismo
Harich afirma que los males de la sociedad capitalista no desaparecer谩n con el crecimiento 鈥測 en cambio la base material de la sociedad (鈥) la rama en que estamos todos apoyados, se ir谩 al diablo, si no detenemos el crecimiento la biosfera terminar谩 destruida鈥. Afirm贸 que el Club de Roma problematizaba el valor del crecimiento y por ello era concebido como el enemigo ideol贸gico principal por personajes como McNamara y Herman Kahn, el futur贸logo mayor de los monopolios (p. 80-82, edici贸n en espa帽ol).
Harich plantea la limitaci贸n del consumo y de la poblaci贸n, lo que implica 鈥渓a redefinici贸n de la noci贸n de comunismo, la 鈥渘egaci贸n de la posibilidad de que haya una sociedad comunista en sobreabundancia (鈥) (en) una plenitud material鈥.
Sacrist谩n reconoce el autoritarismo de Harich, resultado de ver en el 鈥減roblema ecol贸gico el dato hoy b谩sico del problema de la revoluci贸n (鈥)(por lo que) se ve obligado a revisar la noci贸n de comunismo鈥.
Harich plantea que como resultado de este igualitarismo se resolver谩n autom谩ticamente los problemas de deformaci贸n burocr谩tica y arribismo, porque no habr谩 beneficios materiales para quienes ejerzan el poder (pr贸logo de Sacrist谩n a la edici贸n en espa帽ol, p. 21-26).
Aunque no cita a John Stuart Mill, algunos de sus argumentos hacen recordar las posiciones del 茅ste. Por ejemplo, que no ser铆a conveniente para una sociedad socialista el aumento de la poblaci贸n m谩s all谩 de ciertos l铆mites, no s贸lo por la preservaci贸n de valores est茅ticos sino por el estr茅s que producir铆a una alta densidad de poblaci贸n. Critica la irresponsabilidad de la mayor parte de los gobiernos, que no ven que el aumento de la poblaci贸n represente un problema, as铆 como la hipocres铆a del chino, que en tanto que promov铆a severas medidas de control natal, se opon铆a en forma demag贸gica a que fueran aplicadas a nivel internacional, calific谩ndolas como supuesto producto de la influencia imperialista. Menciona favorablemente a Karl Kautsky, aprobando la posici贸n de 茅ste acerca de la necesidad de una s铆ntesis del marxismo con las 鈥渧erdades parciales del malthusianismo鈥, lo que habr铆a sido finalmente aceptado por Engels (presumiblemente se refiere a una carta de Engels a Kautsky de 1881), reconociendo al mismo tiempo que la pr谩ctica malthusiana, propagada en el mundo capitalista sin una exigencia paralela de transformaciones sociales, oper贸 como instrumento de la reacci贸n (铆dem, p. 35-38).
Harich sostiene que tanto Engels como Marx, as铆 como tambi茅n autores contempor谩neos como Barry Commoner, percibieron las ra铆ces del problema, aunque obviamente los primeros no se ocuparon del tema en forma sistem谩tica. Hace asimismo referencia al texto de Engels sobre 鈥淟a humanizaci贸n del primate por el trabajo鈥, en el sentido de que los resultados 煤ltimos del desarrollo de las fuerzas productivas, que tuvo grandes 茅xitos iniciales, podr铆a tener resultados finales contrarios a 茅stos, planteando de forma impl铆cita que representar铆a un paso en la direcci贸n correcta. Tambi茅n cita la alusi贸n de Marx, en 鈥淟a ideolog铆a alemana鈥, al car谩cter destructivo de las fuerzas productivas鈥攏贸tese que Marx se refer铆a a las crisis de sobreproducci贸n鈥攔asgo que, sostuvo Harich, se acentuar铆a en la actualidad, ya que las fuerzas productivas moldeadas por el capitalismo ser铆an en gran medida destructivas. Propone que los comunistas deber铆an apoyar las tesis de Commoner, en el sentido de que 鈥渓a econom铆a privada, la econom铆a libre (es decir la libre empresa) no es totalmente privada, en tanto que cualquier empresario privado utiliza un bien colectivo: la biosfera鈥 (citado por Harich, p. 43).
En relaci贸n al libro del ge贸grafo Karl Fraas de 1847鈥Klima und Pflantzenwelt in der Zeit鈥, Marx en carta a Engels de 1868 lo mencion贸 como animado por 鈥渢endencias socialistas inconscientes鈥. Fiodorov les aplica esta etiqueta a los Meadows en 1974. Acepta que los comunistas de Europa Occidental y RDA los consideran agentes de sus enemigos de clase.
Ejemplo de la falta de percepci贸n de la problem谩tica de la energ铆a por algunos comunistas, Harich menciona una incre铆ble tonter铆a publicada en Deutsche Volkszeitung, aparentemente vocero oficioso de los de la Rep煤blica Federal, de que las empresas petroleras est谩n en la misma posici贸n de 鈥淟铆mites鈥︹ al limitar el consumo de petr贸leo por v铆a de los aumentos de precios (p. 71-76). Aparentemente a los autores de este disparate no se les ocurri贸 que los aumentos no los impusieron las petroleras sino los pa铆ses productores.
Harich deslind贸 posiciones tanto con los disidentes de derecha del 鈥渟ocialismo realmente existente鈥, como el f铆sico ruso Andrei Sakharov, a quien calific贸 como tecn贸crata y fetichista del crecimiento, deslumbrado por los 茅xitos cient铆fico-t茅cnicos del capitalismo y por su alto nivel de vida, como con el partido comunista franc茅s, por su apoyo a la energ铆a nuclear y al avi贸n Concorde, sugiriendo que en este 煤ltimo caso la clase obrera francesa entendi贸 el problema mejor que el partido que pretend铆a representarla, puesto que el 贸rgano partidario Humanit茅 Dimanche admiti贸 que la mayor铆a de los trabajadores estaba convencida de que este tipo de 鈥渁delantos鈥 (鈥Errungenschaften鈥 con comillas en el original) traer铆a m谩s desventajas que beneficios (铆dem, p. 76).
Sugiero que Harich estaba criticando al Partido Comunista Franc茅s por apoyar un proyecto por el cual el proletariado deb铆a aprobar el uso de recursos para el consumo suntuario de la burgues铆a. Para el comunismo, sostiene este autor, ni la producci贸n tradicional aut贸ctona, ni la alta tecnolog铆a, ni la eficiencia son valores absolutos (p. 161). Frente a una objeci贸n de su entrevistador Freimut Duve, de que el abandono del proyecto del Concorde liquidar铆a 48000 puestos de trabajo, sostuvo que 茅stos no son un fin sino un medio para que los trabajadores satisfagan sus necesidades, pero que pueden darse casos, el m谩s obvio es la carrera armamentista, en que producen productos antisociales, o sea que tienen efectos negativos para la sociedad, por lo que parecer铆a obvio que no pueden ser defendidos, y que los trabajadores deben exigir que se creen empleos que representen beneficios para 茅sta.
Harich caracteriz贸 al Club de Roma como representativo de una fracci贸n marginal dentro del campo de la burgues铆a, sosteniendo que las hegem贸nicas estuvieron totalmente en contra. Habr铆a estado inspirada por una preocupaci贸n leg铆tima por el futuro de la humanidad, a partir de la cual propuso la tesis del crecimiento cero. Pero la ideolog铆a burguesa de sus miembros constituir铆a un obst谩culo, del que ser铆an prisioneros, para percibir y aceptar las consecuencias anticapitalistas de sus advertencias. 鈥淓l capitalismo鈥濃攁firma鈥斺渘o va a salvar la base natural de la sociedad, (sino que) quiere salvarse a s铆 mismo, y para eso necesita al crecimiento, es decir la acumulaci贸n de capital鈥 (p. 104). La din谩mica del capitalismo ser铆a incompatible con el crecimiento cero, y por ello solamente 鈥渆l comunismo tiene la clave para resolver la crisis ecol贸gica鈥 (p. 63). El punto esencial percibido por Harich, es que en una sociedad de crecimiento cero se plantear铆a inmediatamente como problema central el de la redistribuci贸n. Este replanteo lo lleva a reformular el proyecto de una sociedad comunista, en varios aspectos, tales como el de las necesidades, del ulterior desarrollo de las fuerzas productivas y del papel del Estado.
Respecto de las necesidades, sostiene que hay necesidades que no podr铆an ser satisfechas, porque ser铆an antisociales, por chocar contra restricciones ambientales, poniendo como ejemplo la generalizaci贸n del uso del autom贸vil, en detrimento de otras formas de transporte. Ser铆a imposible para cualquier sociedad generalizar el uso del autom贸vil para todos sus miembros, porque crear铆a problemas insolubles. El comunismo s贸lo podr铆a realizarse en lucha contra las necesidades de este tipo (p. 165). En lo referente a la propuesta de Marx de que una sociedad comunista implicar铆a un desarrollo de las fuerzas productivas que las llevar铆a mucho m谩s all谩 del nivel alcanzado bajo el capitalismo, se帽ala que experimentaron un enorme desarrollo desde la 茅poca en que fue formulada, hasta el punto que su continuaci贸n chocar铆a contra l铆mites naturales, por lo cual鈥攑or lo menos para los pa铆ses de capitalismo avanzado鈥攕er铆a poco aconsejable continuarlo. Se podr铆a sugerir que reinventa cien a帽os m谩s tarde la propuesta de John Stuart Mill, a quien parece no haber le铆do.
Mi propia investigaci贸n sobre la historia de la ciudad de Los Angeles constituye una confirmaci贸n del car谩cter antisocial del autom贸vil. En efecto, es la ciudad capitalista por excelencia, en la virtual inexistencia de transporte colectivo, y en la monstruosa expansi贸n del espacio urbano, que implica una mala calidad de vida, en cuanto maximiza el uso del autom贸vil, luego la contaminaci贸n, el derroche de energ铆a y materiales, y el tiempo de traslado de los trabajadores a sus lugares de trabajo; los beneficios de la industria automovil铆stica y de la energ铆a, as铆 como del capital inmobiliario. Mi investigaci贸n se basa en una lectura a contrapelo de las intenciones de su autor, del libro 鈥淟os Angeles and the Automobile鈥, del historiador conservador Scott Bottles (Bottles, 1987). Un corolario de lo anterior ser铆a que una tarea central de una sociedad comunista en Estados Unidos ser铆a una reconfiguraci贸n del espacio urbano, la liquidaci贸n de ese aspecto nefasto del 鈥American way of life鈥, que obviamente llevar铆a d茅cadas.
Para Harich esta nueva situaci贸n ser铆a incompatible con la idea de los cl谩sicos marxistas de una eventual extinci贸n del Estado, que considera 鈥渦n 煤ltimo residuo del anarquismo鈥. Para terminar con el consumo suntuario, asociado al prestigio de las clases dominantes, ser铆an necesarias medidas de reeducaci贸n y convencimiento, 鈥減ero tambi茅n, en caso necesario, rigurosas medidas represivas, tal vez el cierre de ramas enteras de la producci贸n, acompa帽adas de curas de adicci贸n de las masas prescritas por v铆a legal鈥 (p. 161-179).
Sin embargo corresponde mencionar que hay un hueco en la argumentaci贸n de Harich, en que no considera el problema de las relaciones internacionales. En efecto, en relaci贸n a la problem谩tica del calentamiento global, la mayor parte de los gobiernos se la pasan esperando que sean otros los que tomen las medidas para frenarlo. Parecer铆a dif铆cil lograr que todos los gobiernos se pongan de acuerdo acerca de criterios para limitar las emisiones de gases y part铆culas de invernadero, y adem谩s desde el punto de vista 茅tico hay que admitir que la cuesti贸n es compleja (Lever-Tracy, 2010). Por ahora lo m谩s que se puede afirmar es la necesidad de conformar un poderoso movimiento de masas a nivel mundial, y la decisi贸n de tomar medidas contra los gobiernos que se nieguen a colaborar, por ejemplo boicots econ贸micos.
La imposici贸n de medidas como la restricci贸n del uso de automotores, o las de abandono o restricci贸n dr谩stica de la generaci贸n de energ铆a por centrales el茅ctricas de combustibles f贸siles que est谩n lejos de haber terminado su vida 煤til, quebrar铆an un aspecto esencial del orden jur铆dico burgu茅s, o sea que podr铆an ser consideradas como una forma limitada de dictadura del proletariado, aun en el supuesto caso en que el partido, partidos o fuerza social que las apliquen no se pongan la etiqueta de comunistas. Tambi茅n impondr铆a a algunas de las econom铆as m谩s poderosas una nueva configuraci贸n del poder econ贸mico, en la que podr铆an salir perdiendo.
Ninguna experiencia previa ha preparado a los partidos de la burgues铆a para aplicar pol铆ticas contrarias a los intereses de la clase que representan, y es por ello que un movimiento comunista sustancialmente renovado tendr铆a que jugar un papel importante en la soluci贸n de esta problem谩tica. Hasta ahora los mayores cambios en la sociedad han ocurrido venciendo por la fuerza o la amenaza del uso de 茅sta, a los sectores sociales que perder铆an poder pol铆tico o econ贸mico, y lo diferente en este caso reside en el tama帽o de lo que est谩 en juego.
Harich est谩 proponiendo una reformulaci贸n radical del proyecto comunista, fundada en la ciencia, que propone mantener la b煤squeda del igualitarismo pero renunciar a la idea de sociedad de la abundancia. El comunismo de Harich representa un cambio dr谩stico respecto al de Marx. El de Marx propon铆a una sociedad igualitaria de la abundancia. El de Harich sigue proponiendo una sociedad igualitaria, pero no la abundancia sino una sociedad austera, que promete hacer todo lo posible para salvarla de desastres incubados por la irresponsabilidad del capitalismo.
Fue Engels el que propuso la etiqueta de 鈥渟ocialismo cient铆fico鈥 para el proyecto comunista, para diferenciarlo del socialismo ut贸pico de Fourier y otros autores. Esto significa que era un proyecto pol铆tico que tomaba en cuenta los datos de la ciencia, no en cuanto la ciencia puede proporcionar un esquema de futuros posibles o deseables, sino que puede identificar tendencias en la sociedad actual y en el pasado, y apuntar hacia los sectores sociales que pueden ser movilizados.
Sostengo que la propuesta de Engels era incompleta, porque s贸lo tomaba en cuenta las ciencias sociales, porque en el momento en que fue formulada la ciencia de la relaci贸n sociedad-naturaleza no se hab铆a desarrollado a煤n o estaba en una etapa embrionaria, en obras como las del mencionado Karl Fraas, del tambi茅n ge贸grafo cr铆tico estadounidense George Perkins Marsh, y del qu铆mico alem谩n Justus von Liebig. Es con la publicaci贸n de 鈥淟铆mites del crecimiento鈥 que alcanza un estatuto de ciencia desarrollada. Por consiguiente ahora la noci贸n de socialismo cient铆fico tiene que ampliarse, tomando en cuenta la relaci贸n sociedad-naturaleza, y eso es precisamente lo que Harich intenta.

鈥淟铆mites del crecimiento鈥, la cat谩strofe de l铆mites y las cat谩strofes clim谩ticas
La aparici贸n en el primer plano de la escena hist贸rica de la problem谩tica del calentamiento global implica una ampliaci贸n de las medidas que se hab铆an propuesto para frenar la cat谩strofe ambiental de l铆mites. El planteo fundamental hab铆a sido la necesidad del estado estacionario. Con el calentamiento global aparece la necesidad de una disminuci贸n dr谩stica del uso de combustibles f贸siles. Por un lado ello implicar铆a la disminuci贸n del uso del autom贸vil y su reemplazo por el transporte p煤blico. Por otro, limitar el uso de los combustibles f贸siles a un sistema de generaci贸n de energ铆a de respaldo de las fuentes renovables, dado el car谩cter intermitente de la generaci贸n de las energ铆as solar y e贸lica. Tambi茅n se pueden proponer otras posibilidades, por ejemplo reemplazar el transporte a茅reo por trenes de alta velocidad para las rutas continentales de mayor tr谩fico; tambi茅n disminuir la velocidad promedio del transporte a茅reo para viajes relativamente cortos, en funci贸n de disminuir el consumo de combustible por pasajero-kil贸metro transportado.
Ser铆a natural la ampliaci贸n de este tipo de medidas a procesos productivos que son ecol贸gicamente destructivos y requieren una gran cantidad de energ铆a. Por ejemplo la miner铆a del oro, particularmente a cielo abierto, en que la baja ley del mineral determina este gran derroche de recursos energ茅ticos. El oro se aplica para la fabricaci贸n de objetos suntuarios, que son prescindibles, o para los que se podr铆an usar otros metales, y para depositarlo en las b贸vedas de los bancos. El sistema monetario podr铆a funcionar sin estos dep贸sitos.
Uno de los aspectos cient铆ficos m谩s complejos e insuficientemente aclarados dentro de la problem谩tica del calentamiento global es el de posibles cat谩strofes clim谩ticas futuras. Justamente porque se trata de un problema muy complejo, que requiere de la comprensi贸n de aspectos cient铆ficos que incluso son poco comprendidos por cient铆ficos naturales que no son climat贸logos, no es posible dar en este texto m谩s que una explicaci贸n somera.
Sostengo que la aparici贸n del calentamiento global antropog茅nico como caso paradigm谩tico de l铆mites del crecimiento, y la percepci贸n de posibilidades catastr贸ficas en el sistema clim谩tico, tienden a reforzar la validez de la propuesta de Harich.
El sistema clim谩tico, formado por la atm贸sfera, los oc茅anos y los continentes, es posible representarlo como un sistema de la clase que los f铆sicos llaman no lineales. Los lineales fueron los primeros en ser estudiados, porque el estudio de los no lineales es notoriamente m谩s dif铆cil. Una caracter铆stica de 茅stos 煤ltimos es que pueden estar integrados por subsistemas no lineales acoplados, en este caso los hielos de la Ant谩rtida, de Groenlandia, el sistema de las corrientes marinas, etc. Una de las caracter铆sticas de 茅stos es la existencia de los llamados puntos de transici贸n (tipping points) en los que puede producirse cambios cualitativos incontrolables e irreversibles en tiempos relativamente cortos. Estos cambios, en los casos mencionados de Groenlandia y la Ant谩rtida, no pueden predecirse con exactitud, porque involucran fen贸menos insuficientemente comprendidos, como el deslizamiento de unas capas de hielo sobre otras. Pueden causar el aumento del nivel del mar, con lo que se inundar铆an centenares de ciudades costeras, incluyendo a algunas muy pobladas, como Londres, Nueva York, Miami, Nueva Orleans, Shanghai y Mumbai, y la mitad de Bangla Desh, uno de los pa铆ses m谩s poblados y pobres del mundo, lo que crear铆a centenares de millones de refugiados. Los climat贸logos est谩n de acuerdo en que algunas de estas cat谩strofes podr铆an producirse en menos de un siglo.
El estudio de la evoluci贸n futura del clima se ha caracterizado por dos rasgos centrales, la complejidad y la incertidumbre. El climat贸logo australiano A.Barrie Pittock ha planteado que 鈥渓as incertidumbres son inevitables, pero el riesgo es cierto鈥. Una raz贸n adicional para las incertidumbres est谩 en nuestra limitada comprensi贸n de la f铆sica de los procesos involucrados, ya mencionada en el caso de las masas de hielo; en otros casos, con nuestro desconocimiento o conocimiento incompleto de las caracter铆sticas de algunos sistemas naturales, por ejemplo los llamados clatratos, dep贸sitos submarinos que contienen metano, que es un poderoso gas de invernadero. Un efecto inesperado fue la observaci贸n en 2008 de la liberaci贸n de grandes cantidades de metano provenientes del permafrost, tierra congelada bajo el lecho del Oc茅ano 脕rtico, frente a las costas del noreste de Siberia. Podemos decir que el calentamiento global conlleva posibilidades espantosas, pero no sabemos lo que podr铆amos llamar la trayectoria del calentamiento global, o sea ni el n煤mero de cat谩strofes clim谩ticas, si una o varias, ni el orden en que se producir铆an, ni los tiempos. Tampoco cuando se producir铆a la cat谩strofe de l铆mites, si antes o despu茅s de las clim谩ticas.

Especulaciones sobre la posibilidad de crear un movimiento pol铆tico para defender medidas radicales para prevenir las posibles cat谩strofes
Cuando Harich public贸 su valoraci贸n de 鈥淟铆mites del crecimiento鈥, el problema del calentamiento global estaba confinado en el 谩mbito de los climat贸logos, y s贸lo hasta 1981 y gracias al climat贸logo James Hansen se public贸 el primer art铆culo sobre el tema en un medio de difusi贸n de masas, por James Sullivan en el peri贸dico New York Times.
En 1975, a帽o en que Harich publica su libro en la Rep煤blica Federal, el bloque de pa铆ses del 鈥渟ocialismo realmente existente parec铆a s贸lido, no se ve铆an indicios del derrumbe que se producir铆a quince a帽os m谩s tarde. Cuando hizo su propuesta pudo haber tenido la ilusi贸n de que podr铆a lograr apoyo dentro de ese bloque. Si fue as铆, obviamente se trat贸 de una ilusi贸n. La posibilidad de lograrlo se demostr贸 inexistente, no s贸lo porque 鈥損odemos suponer鈥攍os gobiernos del 鈥渟ocialismo realmente existente鈥 no lo dejaron circular, sino porque todos los pa铆ses de ese bloque, con la excepci贸n de la Rep煤blica Checa, y el caso menos claro de la Rep煤blica Democr谩tica Alemana, en gran parte regi贸n menos desarrollada de Alemania, hab铆an sido y segu铆an siendo pa铆ses pobres en relaci贸n con los pa铆ses desarrollados de Europa Occidental, luego la propuesta de frenar su desarrollo econ贸mico hubiera encontrado menos apoyo que en los segundos.
Si Harich plantea la necesidad de un r茅gimen autoritario, que adem谩s de perjudicar a poderosos grupos capitalistas tambi茅n afectar铆a a segmentos de la clase trabajadora, a los que por ejemplo les limitar铆a el uso de sus autom贸viles en los pa铆ses en que los tienen, y adem谩s podr铆a incluso afectar negativamente sus posibilidades de consumo, porqu茅 habr铆an de apoyarlo las masas? Supongo que la respuesta est谩 en que las alternativas podr铆an ser peor que malas, espantosas. Por supuesto que no podemos estar seguros, porque dadas las incertidumbres acerca del problema del calentamiento global, no sabemos si incluso medidas radicales podr铆an detenerlo. Pero suponiendo que efectivamente se pudiera, en una sociedad futura, probablemente comunista, aunque podr铆a haber menor disponibilidad de bienes materiales, ello no ser铆a incompatible con una mejor calidad de vida, ni con una sociedad creativa y menos alienante.
En cuanto a la justificaci贸n de un r茅gimen autoritario, supongo que la posibilidad de extinci贸n de la humanidad, o de creaci贸n de centenares de millones de refugiados, necesariamente implica que un r茅gimen de este tipo ser铆a un mal menor.

Especulaci贸n sobre organizaciones que podr铆an contribuir a la formaci贸n de un movimiento comunista rojo-verde
Por supuesto que incluso el calentamiento global que se ha producido hasta ahora ha perjudicado incluso a sectores de la burgues铆a, por ejemplo las compa帽铆as de seguros. Pero en la medida en que algunas personalidades provenientes de la burgues铆a han tomado posiciones ante el problema, por ejemplo el pol铆tico estadounidense Al Gore, han sido propuestas insuficientes en relaci贸n a la gravedad y urgencia del problema.
Los candidatos naturales para apoyar medidas pol铆ticas radicales son los partidos comunistas. Dos de 茅stos gobiernan sus pa铆ses, el de Cuba y el de Corea del Norte. Del segundo no tiene mayor sentido ocuparse, ha vivido y persiste en un gran aislamiento y parece una especie de residuo de 茅pocas superadas. Para quien quiera tomarse el trabajo, se encuentran en internet datos sobre decenas de organizaciones que llevan la etiqueta de comunistas.
Una inspecci贸n somera de algunas de las caracter铆sticas de 茅stas muestra un panorama sumamente complejo. Algunas no son m谩s que membretes. Otras, como el Partido Comunista Chino, y podr铆a ser tambi茅n el caso del vietnamita, aunque conserven la etiqueta se han pasado al campo de la burgues铆a. Otros se han vuelto partidos socialdem贸cratas. Los dos m谩s importantes parecen ser el Partido Comunista Ruso, que ha logrado ganar el 20% de los votos y que plantea el restablecimiento del r茅gimen comunista en Rusia, y adem谩s con aspectos nacionalistas; y el japon茅s, que obtiene cuatro millones de votos, y parece ser un partido democr谩tico radical y no comunista, ya que se limita a pedir la independencia respecto de Estados Unidos y el control de los grandes consorcios. Y finalmente est谩 el caso de los que siguen consider谩ndose partidos del proletariado, y que en algunos casos tienen un considerable apoyo de masas. Es posible que un partido de estas caracter铆sticas no tenga una pol铆tica revolucionaria sino reformista. No discutir茅 este problema porque necesitar铆a m谩s informaci贸n y nos llevar铆a demasiado lejos. Pero corresponde mencionar que entre aquellos que se siguen considerando partidos del proletariado est谩n por lo menos tres sudamericanos 鈥揹e Argentina, Chile y Uruguay--, varios europeos, como los de Gran Breta帽a, Espa帽a, Portugal, Grecia y Sud谩frica. Hay por lo menos dos pa铆ses que tienen partidos trotskistas de cierto peso, Argentina y Francia.
Pero lo que parecen en com煤n todos estos partidos, es un gran atraso, porque el 煤nico en cuya prensa se encontramos dos art铆culos sobre el calentamiento global es el de Gran Breta帽a, y son recientes.
Ya mencion茅 que Marx se interes贸 en la obra del primer ge贸grafo cr铆tico, Karl Fraas; tambi茅n en la de Justus von Liebig, fundador de la qu铆mica agr铆cola; y que Engels conoci贸 una considerable cantidad de avances de la ciencia de su 茅poca. En la 茅poca de auge del 鈥渟ocialismo realmente existente鈥 los partidos comunistas tuvieron algunos cuadros cient铆ficos de alto nivel, lo que no impidi贸 las aberraciones del lysenkismo. Pero lo que parecer铆a caracterizar a los Partidos Comunistas actuales es no s贸lo el hecho de que no incluyen a cient铆ficos ni probablemente tampoco a periodistas cient铆ficos, aparentemente ni siquiera se dan cuenta de que los necesitan.
Finalmente corresponde mencionar que dos militantes, el estadounidense Joel Kovel y el franco-brasile帽o Michel L枚wy publicaron un manifiesto ecosocialista con el que estamos casi totalmente de acuerdo, y adem谩s convocaron a dos reuniones de ecosocialistas, con participaci贸n de algunos centenares de militantes.

Reflexi贸n final
Durante siglos la humanidad vivi贸 en la ilusi贸n del progreso indefinido. Ahora vivimos la 茅poca del ajuste de cuentas con la naturaleza. Mantengamos la esperanza en que el da帽o puede a煤n ser contenido, que la humanidad podr谩 sobrevivir a las terribles amenazas, m谩s fuerte y m谩s sabia, m谩s consciente de sus limitaciones y m谩s atenta a los peligros, m谩s respetuosa de la naturaleza, mejor preparada para pruebas futuras.

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*Departamento El Hombre y su Ambiente, Universidad Aut贸noma
Metropolitana-Xochimilco.