REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

La propuesta de un comunismo ecologista, austero y autoritario de Wolfgang Harich I


Mauricio Schoijet

Introducción
Wolfgang Harich (1923-1995) fue un filósofo, politólogo, historiador de la literatura y militante político alemán, que vivió la mayor parte de su vida en la desaparecida República Democrática Alemana, y que publicó sus textos que creo más significativos en la República Federal.
Fue un militante antifascista clandestino bajo el nazismo, miembro del partido gobernante de la RDA hasta 1956, en que fue encarcelado durante ocho años por tratar de organizar un movimiento que buscaba una liberalización del régimen con el fin de facilitar la reunificación alemana. Fue considerado un disidente de izquierda. En algún momento después de su liberación en 1964 comenzó a interesarse en la problemática ecológica, y es probable que haya sido la persona más enterada sobre este tema en todo el bloque de países del “socialismo realmente existente” en esa época. Su posición sobre esta problemática está estrechamente conectada a la crítica que formuló respecto a las posiciones de los partidos comunistas y a sus reflexiones sobre el futuro del movimiento comunista, formuladas en una larga entrevista con el periodista germano-occidental Freimut Duve, del semanario Die Zeit, y publicadas en 1975 en la República Federal (Harich, 1975).
Posteriormente publicó algunos artículos y otros textos en revistas de la República Federal, incluidos en la edición en español del libro mencionado.
Su importancia ha sido totalmente subestimada. Es un personaje casi totalmente desconocido, no por casualidad. Es una gran injusticia, producto de la lucha de clases. Por una parte los ideólogos y políticos del capitalismo no tenían interés en personajes que se pueden llamar disidentes de izquierda dentro del “socialismo realmente existente”. No cuestionaba la visión socialista, colectivista o igualitaria, sino que planteaba una versión más realista. Por otra parte divulgar sus posiciones hubiera seguramente llevado a difundir su coincidencia con importantes científicos soviéticos, con los que coincidía en considerar el irrealismo de propuestas sostenidas durante décadas por los aparatos ideológicos del “socialismo realmente existentes. Para los ideólogos del capitalismo los únicos comunistas que podían interesarles eran los renegados. Nada de cuestionamientos radicales sobre el futuro del capitalismo. Por otra parte los partidos Comunistas querían mantener la ilusión de un comunismo monolítico.
Las posiciones de Harich están estrechamente relacionadas con su aceptación de la validez de Límites del crecimiento. El punto esencial está en la relación entre problemática ecológica y futuro del comunismo. Como lo afirma Manuel Sacristán en el prólogo a la edición en español de Comunismo sin crecimiento, “(Harich) se caracteriza por poner en el centro de una revisión marxista revolucionaria el problema ecológico, el problema de la relación hombre-naturaleza” (p. 19).

¿Reivindicar a un comunista?
Fue un comunista marginado, el que tuvo la posición más correcta sobre un futuro probable para el movimiento comunista y el futuro de la humanidad. No estaba controlado por un Partido que le indicara qué podía escribir, y su posición comunista significaba que no estaba frenado por el obstáculo epistemológico de la ideología burguesa, que impedía a otros llamar a las cosas por su nombre y proponer medidas radicales.
En la medida en que algunos Partidos Comunistas participaron en la ola de histeria desatada contra Límites del crecimiento, esta participación fue una desgracia sin atenuantes.
Pero hay un problema mucho más fundamental, el de saber si la crisis ambiental y dentro de ésta el problema del calentamiento global tienen soluciones, si es correcta la percepción de una posible catástrofe ambiental causada por el crecimiento de la población, de las fuerzas productivas y de la contaminación, y si estas soluciones son posibles sin incluir medidas coercitivas, y en ese caso de qué tipo.
Hay un aspecto inevitable del problema, en cuanto a si el derrumbe del “socialismo realmente existente” significa realmente el fin del comunismo como corriente política, si el hecho de que llegó a formar un poderoso movimiento internacional, que gobernó a países con una población de más de mil millones de habitantes durante más de medio siglo -sigue gobernando a dos, Cuba y la República Democrática de Corea- fue nada más un accidente histórico, una especie de aberración inexplicable, destinada a desaparecer. Eso se lo creyeron algunos autores panegiristas del capitalismo en los años que siguieron al derrumbe de la Unión Soviética. Es posible que en la historia ocurran fenómenos de este tipo, o sean eventos que tienen efectos de muy largo plazo, que parecen estar en el centro de la historia y que un buen día desaparecen o se extinguen sin dejar huellas.

La posibilidad de una refundación del comunismo
Para la sabiduría convencional la caída de la Unión Soviética significa el fin del comunismo. Sugiero que su toma del poder en Rusia en 1917, inesperada para toda la burguesía, sin embargo no tenía nada de casual, porque Rusia era uno de los países con mayores contradicciones dentro del capitalismo de esa época. El comunismo surge naturalmente cuando la sociedad burguesa alcanza cierto grado de contradicciones, y la evidencia histórica indica que la caída de la Unión Soviética no fortaleció a la dominación capitalista, al contrario de lo que opinaron incondicionales de éste.
El entusiasmo que suscitó la caída del “socialismo realmente existente” entre los ideólogos del capitalismo parece haberse disipado, y no por casualidad. En tanto que el problema merece un análisis más profundo, que no es el objetivo de este trabajo, hay aspectos que resultan evidentes: la caída del “socialismo realmente existente” no ha curado al capitalismo de sus aberraciones crónicas, que han venido ocasionando enormes sufrimiento a centenares de millones a lo largo de más de dos siglos, como las crisis económicas. Hubo un largo período, después de la Segunda Guerra Mundial, en que los ingenuos o los apologistas del capitalismo pudieron creer o hacer creer que éstas habían milagrosamente desaparecido. A partir de 2008 esta ilusión fue a parar al basurero de la historia. Al escribir estas líneas van siete años de crisis y en algunos países, por ejemplo España y Grecia, la situación de las masas parece ser tan desesperada como pudo haberlo sido después de desencadenarse la gran crisis de 1929. Ningún recurso retórico puede tapar este hecho central.
La evolución del capitalismo después de la caída del “socialismo realmente existente” constituye una reafirmación de su incapacidad para desarrollarse sin crisis económicas periódicas y destructivas. Existe además la posibilidad de que el irrealismo de la burguesía en cuanto a su negativa de percibir la gravedad y urgencia de la problemática ambiental, por ejemplo en el aspecto de agotamiento de recursos energéticos convencionales, genere políticas que podrían hacer a las crisis más destructivas y prolongadas. Vemos la reanimación por efectos de la crisis económica de un movimiento obrero largo tiempo dormido en Europa Occidental; el desprestigio de la democracia burguesa, sobre todo en América Latina; la emergencia de movimientos de resistencia de las masas campesinas e indígenas, también en esta región; la acelerada descomposición de la dominación burguesa -aún sin que el proletariado se mueva- en países en que era muy fuerte como México, en que se da el caso paradigmático, de toma de posesión de un candidato a la presidencia de manera casi clandestina, en lo que parece una especie de estado de sitio, y un acto público al borde de la clandestinidad, producto del temor de la burguesía ante el descontento de las masas.

Algunos antecedentes
La ideología del fijismo está implícitamente presente en los textos sagrados de las tres religiones monoteístas. Supone que las estructuras del mundo natural, como ríos, valles, montañas, etc., están y estuvieron en el mismo estado en que fueron creadas por la divinidad. La visión tradicional no incluía al clima o la posición de los continentes, pero la suposición de la invariancia de estos era una extensión natural. En el siglo XVIII los naturalistas, muchos de ellos sacerdotes, le agregaron la teoría de la armonía preestablecida en la naturaleza. Esta suponía que el número de ejemplares de una especie en un área determinada podía oscilar en torno a un cierto valor pero excluía la posibilidad de extinciones o de aparición de nuevas especies.
La ideología del progreso fue formulada por los filósofos Francis Bacon y René Descartes de manera independiente hacia la segunda década del siglo XVII. Planteaba que la dominación de la naturaleza, que sería facilitada por el avance de la ciencia, sería la clave para la grandeza y felicidad del género humano. Fue absolutamente dominante durante el siglo XIX, en que fue promovida por ideólogos como Spencer y Comte. Las Guerras Mundiales del siglo XX minaron su influencia. Probablemente su error más grueso fue que suponía de manera implícita que el crecimiento de la población y las fuerzas productivas no tendrían mayores efectos sobre la naturaleza.
El historiador mexicano Carlos Antonio Aguirre Rojas ha intentado definir la ideología del progreso en términos de que inevitablemente, todo hoy es mejor que cualquier ayer y todo mañana será obligatoriamente mejor que cualquier hoy. Entonces, la humanidad no puede hacer otra cosa que avanzar y avanzar sin detenerse, puesto que (…) lo único que ha hecho hasta hoy es justamente “progresar”, (…) avanzando siempre desde lo más bajo hasta niveles cada vez más altos (…) estaría prohibido volver la vista atrás, salirse del recorrido ya trazado, o desandar aunque sea un solo paso (…) y no cambia demasiado la cosa, si esta idea es afirmada por los apologistas actuales del capitalismo, que quieren defender a toda costa la supuesta “simple superioridad” de este sistema, o si es afirmada por los marxistas vulgares (Aguirre Rojas, 2004).
La teoría de la población de Thomas Malthus, publicada en 1798, representó un ataque contra la ideología del progreso, en tanto que suponía un crecimiento exponencial de ésta, que sería más rápido que la producción de alimentos.
Cabe mencionar que el economista británico John Stuart Mill planteó en 1857 la necesidad de un estado estacionario de la población y las fuerzas productivas, por lo menos para los países más desarrollados en esa época, por razones que nada tenían que ver con las sugeridas por Malthus, sino en términos de lo que actualmente llamamos calidad de vida.
El comunismo como corriente política fue fundado por Gracchus Babeuf (1760-1797) en la época de la Revolución Francesa. Babeuf planteaba la implantación inmediata de una sociedad igualitaria.
Carlos Marx y Federico Engels plantearon una versión más elaborada, en la que a la toma del poder por el proletariado le seguiría una primera etapa, cuyo objetivo central sería el mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Una vez logrado éste, en una segunda etapa se establecería una sociedad comunista, en que se daría una distribución de los recursos de acuerdo al principio de “a cada quien según sus necesidades”.

Límites del crecimiento
El teórico socialista checo-germano Karl Kautsky planteó en 1910 que la propuesta de Malthus había sido prematura, pero que llegaría el momento en que efectivamente podría darse una situación malthusiana. Los economistas Alfred Marshall y John M. Keynes se pronunciaron en términos similares.
La degradación de suelos ya había sido observada en la Antigua Grecia. A partir de la década de 1860 el economista inglés Stanley Jevons y el físico alemán Rudolf Clausius plantearon la posibilidad de agotamiento de los recursos de carbón mineral. Otros autores sugirieron el posible agotamiento de los minerales de fosfatos, utilizados para la fabricación de abonos para la agricultura. En 1923 el geógrafo alemán Herman Wagner sugirió que el agotamiento de los acuíferos podría constituir un límite al aumento de la población. En 1929 el estadunidense D. F. Hewett hizo el primer intento de un análisis matemático del agotamiento de recursos no renovables. El geólogo M. King Hubbert desarrolló en 1969 una teoría matemática para el agotamiento de los recursos de petróleo y gas natural en el territorio metropolitano de Estados Unidos, es decir excluyendo a Alaska y Hawai. Tal como lo había sugerido este autor, la producción de estos combustibles llegó a un máximo en la década de 1970.
Durante la Segunda Guerra Mundial, como producto de la colaboración de la Fuerza Aérea de Estados Unidos con varios científicos, se desarrollaron modelos matemáticos para el estudio del futuro, que serían posteriormente analizados con computadoras. El investigador Jay Forrester, considerado el fundador de la Dinámica de Sistemas, creó un grupo de Teoría de Sistemas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, que intentó aplicar estos métodos a problemas no militares, a partir de la publicación en 1961 de un primer libro sobre este tema (Forrester, 1961).
El llamado Club de Roma fue creado en 1968 como grupo informal de investigaciones interdisciplinarias por el empresario italiano Aurelio Peccei, integrado por científicos, educadores y políticos de varios países, con el objetivo de estudiar diferentes aspectos de la problemática global. Este encargó al grupo de Jay W. Forrester, un estudio sobre la evolución futura de la población, producción industrial, producción agrícola y contaminación. El grupo, que podríamos llamar FM, integrado por Dennis y Donella Meadows, Jorgen Randers y William Behrens elaboró un complejo modelo matemático, que fue analizado utilizando computadoras. Los resultados fueron publicados en 1971 y 1972 en dos reportes, el primero de un carácter más técnico; el segundo, titulado Límites del crecimiento, era un libro de divulgación. El resultado más importante fue la aparición de una corriente que llamaríamos un Malthusianismo Generalizado, que planteaba que no sólo habría límites al crecimiento de la población, sino también determinados por el uso de recursos no renovables y por el aumento de la contaminación. Planteaba que de continuar las tendencias existentes en ese momento de aumento de la población, uso de recursos y contaminación, ello causaría una catástrofe ambiental a nivel global, con descenso de la población, para mediados del siglo XXI o antes.
Los autores sugerían limitar un mayor crecimiento al sector servicios, como educación y salud; menor uso de recursos no renovables, necesidad de productos fabricados para usos más prolongados y posible reparación, transición a energías “limpias” (Meadows, 1972).
Un punto sumamente importante formulado por Harich en un texto escrito después de 1975, e incluido en la versión en español, fue que Límites… representaba “la investigación futurológica de base ecológica” y que sería por lo tanto “la ciencia más avanzada de nuestra época (…) tempranamente anticipada por Karl Marx y Friedrich Engels en una serie de manifestaciones esporádicas” (p. 297). Coincido totalmente en que es la ciencia más avanzada de nuestra época, y que representa una continuación del materialismo histórico en un aspecto que hubiera sido muy difícil de percibir en el siglo XIX.
La que podríamos llamar crítica de las fuerzas productivas fue comenzada décadas antes por autores estadunidenses que cuestionaron el papel del automóvil, y que sólo tenían un conocimiento empírico. En el de la tecnología nuclear autores como Walter Patterson y Kristin Shrader Frechette tenían un conocimiento sofisticado de la tecnología, pero parecería que eran totalmente ignorantes del materialismo histórico o de las problemáticas de las ciencias sociales. Con Harich la crítica de las fuerzas productivas implica una actualización y reformulación del materialismo histórico, iniciada por Herbert Marcuse, y que no pudo haberse planteado en el siglo XIX porque no había aparecido sobre la escena histórica la promoción de las necesidades ficticias.
Cabe mencionar que en relación a la problemática del calentamiento global, por una parte la burguesía plantea, por ejemplo en el caso de la aprobación de la Ley de Cambio Climático en México, que las medidas a aplicarse no representen una disminución de sus ganancias. Por otra, las personalidades y organizaciones que se mueven dentro del marco de la ideología y políticas de la burguesía, pretenden que se pueden tomar medidas de defensa del ambiente que no representen costos o que estos resulten relativamente livianos, pero como no hay milagros resulta que las medidas de bajo costo no pueden ser efectivas. Esta posición en algunos casos raya en el absurdo. Una demanda fundamental e irrenunciable de cualquier movimiento ambientalista es la reducción del uso de los combustibles fósiles, lo que implica grandes pérdidas por desvalorización de oleoductos, gasoductos, refinerías, buques tanque, etc. No reconocer lo anterior significa caer en el irrealismo.
Por ello vale la pena referir que el economista de la Universidad de Utah Minqi Li hizo una estimación del costo de una transición a energías renovables a nivel mundial, con lo que llegó a una idea que en mi opinión sería coherente con las de los autores de Límites…, y con los datos sobre el peso de los combustibles fósiles y la industria del automóvil, en el sentido de que implicaría una disminución del producto bruto (Minqi Li, 2003).
Como ha ocurrido en otros casos en la historia de la ciencia, cuando surge un planteo revolucionario es improbable que no contenga errores u omisiones. En este caso las omisiones incluyeron una insuficiente percepción de las posibilidades de aumentar las superficies cultivables, por ejemplo en el caso de Brasil, y la falta de mención de los trabajos de Hubbert sobre agotamiento de los recursos de petróleo y gas. Tampoco tocaba el tema de los acuíferos, ni el del calentamiento global, en ese momento confinado dentro del ámbito de los climatólogos.
Límites del crecimiento tuvo una difusión masiva. La última cifra mencionada fue de doce millones de ejemplares en 37 idiomas (Parenti, 2012). Este éxito editorial estuvo paradójicamente acompañado por un alud de críticas, algunas peor que injustas, incalificables, incluyendo a las publicadas en publicaciones prestigiadas, como los periódicos New York Times y Times, y revistas como The Economist, Newsweek y Village Voice. Se publicaron más de veinte libros para refutar a Límites...; los artículos en el mismo sentido seguramente llegan a varios centenares. Los críticos incluyeron a dirigentes políticos e ideólogos estadunidenses, como el ex ministro de Defensa y entonces Director del Banco Mundial Robert McNamara; al vicepresidente Nelson Rockefeller; al futurólogo conservador Herman Kahn, con notorios lazos con el aparato militar. En la República Federal Alemana jugó un papel protagónico el organismo empresarial más importante, cuyo vocero, un tal Gottfried Kludas, pudo atacar en términos injuriosos en el tiempo de mayor audiencia a los autores de Límites… en la televisión de Berlín Oeste, episodio sin precedentes desde los ataques nazis contra Freud y Einstein.
Los que apoyaron a Límites… fueron algunas pocas personalidades pero de considerable peso intelectual. Además de Harich incluyeron a algunos muy destacados científicos soviéticos, como el físico Piotr Kapitza, el meteorólogo J. K. Fiodorov y el climatólogo Mikhail Budyko; al filósofo español Manuel Sacristán y al economista también español Ramón Tamames; al crítico cultural británico Raymond Williams; y al político socialdemócrata holandés Sicco Mansholt, ex ministro de Agricultura y en ese momento importante funcionario de la Comunidad Económica Europea. En Gran Bretaña hubo un pronunciamiento a favor de 38 científicos prestigiados, que incluían a los biólogos Julian Huxley y Peter Medawar, el segundo Premio Nobel.
La posición oficial soviética fue expresada por varios autores como V. Kosolapov (Kosolapov, 1973 ) y Elena D. Modrzhinskaia (Modrzhinskaia, 1980 ). La segunda dirigió una Comisión de la Academia de Ciencias que estudió el tema. También manifestaron posiciones similares el publicista checo Radovan Richta, y autores pertenecientes al Partido Comunista Francés (Richta, 1975). En Estados Unidos los más visibles críticos de Límites… fueron varios economistas, por ejemplo Robert M. Solow y William Nordhaus; otro economista que atacó a Límites… fue el británico Wilfred Beckerman. Cabe mencionar que Solow obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1987. En el caso de Nordhaus, profesor de Yale, rozaba las teorías conspirativas que caracterizaron a escribidores de menor cuantía, al referirse a un “misterioso” Club de Roma (Nordhaus, 1992). En México se publicaron por lo menos dos cortos libros de autores poco conocidos y bastante ignorantes, César Sepúlveda (1973) y Rafael Cardona (1975), probablemente escritos por encargo del gobierno del presidente Luis Echeverría, que también se manifestaron en contra. Así mismo apareció en internet un texto sin fecha del académico mexicano Modesto Seara Vázquez “La crisis mundial y los modelos de sociedad internacional”, que tocaba el tema. En Argentina se publicaron textos de los científicos Oscar Varsavsky y Amílcar Herrera, que condenaban a Límites… desde posiciones que podría llamar tercermundistas.
Desde 1992, año en que el citado Nordhaus publicó su mencionado texto deplorable en ocasión de los veinte años de Límites…, aparentemente nadie tocó el tema en los siete años siguientes. Pero en 1999 publiqué un primer artículo en el que se reivindicaba a Límites del crecimiento y se apoyaba la interpretación de Harich sobre éste (Schoijet, 1999). En el año 2000 se publicó un artículo de Matthew Simmons, banquero texano ligado a la industria petrolera, en que también se defendía la validez de Límites… (Simmons, 2000). Entre 2008 y 2011 se publicaron un libro y cuatro artículos, que comparaban datos recientes de producción industrial, producción de alimentos y contaminación con las predicciones de Límites…. Todos coincidieron en que estos sustanciaban su validez (Bardi, 2011; Turner, 2008; Hall, 2009; Hecht, 2008; Peet, 2010).
El trabajo del físico australiano Graham Turner es particularmente importante. Repitió el estudio del modelo original del FM tomando en cuenta los datos para el período transcurrido después de la publicación de Límites… y obtuvo resultados coherentes con los publicados en 1972, lo que representó una validación de Límites….
En Alemania se publicó un libro que reseñó la recepción de Límites… (Van der Straeten, 2009), y un manuscrito de la extensión de un libro, sobre la recepción en Italia, fue publicado en internet (Piccioni, ¿2012?). El primero contiene una larga lista de artículos publicados en los medios de prensa más importantes de la República Federal, como Spiegel, Welt, Zeit, Frankfurter Allgemeine Rundschau y Süddeutsche Zeitung.
En 2012 aparecieron dos artículos sobre Límites… Uno fue publicado en Foreign Affairs, del desacreditado espadachín negacionista del calentamiento global Bjorn Lomborg. El otro de Christian Parenti en The Nation. El de Parenti lo reivindicaba como científicamente válido y creíble, aunque contenía una afirmación apresurada sobre las posibilidades del gas de esquistos.
En el caso del mencionado Simmons, publicó además un libro sobre el agotamiento de los recursos petroleros de Arabia Saudita, el mayor productor mundial, aspecto particular de la mayor importancia. Sus resultados concuerdan con los planteos de Límites… (Simmons, 2005).
También cabe mencionar a algunos conocidos economistas que aceptan que las presentes tendencias de la economía mundial son insostenibles, lo que los coloca dentro de la perspectiva del FM, como el Premio Nobel Joseph Stiglitz y el conocido economista Amartya Sen.

La ubicación de Límites del crecimiento dentro de la historia de la ciencia
Límites del crecimiento se ubica dentro de los mayores avances en la historia de la ciencia, en una línea que incluye a Giordano Bruno, Galileo, Newton y Darwin, aunque el primero podría ser llamado un proto-científico, dado que publicó una conjetura sobre sistemas planetarios que sólo pudo ser confirmada varios siglos más tarde. Los avances en la astronomía, la mecánica y la biología, en todos los casos contribuyeron a minar la visión del mundo natural heredada de las burocracias religiosas, barriendo con el geocentrismo; contribuyeron además a sentar las bases para avances tecnológicos, incluyendo el diseño y operación de todo tipo de máquinas. Y en el caso de la teoría de la evolución de las especies por selección natural de Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, contribuyeron a la fundación de la genética, de gran importancia para la medicina y para la historia de la especie humana.
En todos los casos desde Giordano Bruno hasta Darwin, estos científicos fueron hostigados y perseguidos por las burocracias religiosas, parte de los aparatos ideológicos del Estado, y por los ideólogos de las clases dominantes, incluyendo el encarcelamiento de Galileo y el mencionado caso menos conocido de Giordano Bruno.
Límites del crecimiento es una obra científica que prevé que de continuar las tendencias existentes en cuanto a población, uso de recursos no renovables, producción de alimentos, producción industrial y contaminación, se producirá una catástrofe ambiental con descenso de la población, luego mina los fundamentos ideológicos del capitalismo, en tanto que muestra que las operaciones normales de éste (business as usual) llevan a la humanidad al desastre. El crecimiento económico es imprescindible para la acumulación de capital, que es un elemento central de la ideología y la política del capitalismo. De alguna manera la ideología del crecimiento es una “religión” del capitalismo, parte esencial de su visión del mundo.
En el siglo XX ya era imposible la operación de aparatos inquisitoriales, por eso la campaña de hostigamiento y confusionismo la llevaron a cabo operadores políticos, economistas, y periodistas; en los países del “socialismo realmente existente” lo hicieron personajes como los mencionados Richta, Modrzhinskaia y Kosolapov; y organizaciones patronales, como la Confederación de la Industria de la República Federal Alemana.
Los argumentos más utilizados incluían el carácter todopoderoso de la tecnología: cómo no iban a poder resolver un problema de agotamiento de recursos si habían mostrado que el hombre podía llegar a la luna? El otro sofisma estaba supuestamente relacionado con predicciones erróneas sobre el agotamiento de recursos, como si en alguna parte los autores de “Límites…” hubieran afirmado que podían producir predicciones exactas. La infamia llegó hasta publicaciones empresariales como la revista Forbes, en que se publicó un ataque personal del periodista Ronald Bailey contra Jay Forrester en 1989.
Como obra científica “Límites del crecimiento” es más importante que cualquiera de los grandes avances de la ciencia anteriormente mencionados, porque toca el tema más importante para la humanidad, el de su supervivencia.
Por el momento la única réplica a las publicaciones mencionadas que reivindicaron la validez de “Límites…” después de 1999 sería la de Lomborg. En el caso de Nordhaus se encuentra una lista de publicaciones en internet, que muestra que no volvió a tocar el tema. El gran público aún no se ha enterado de esta revaloración de “Límites…”-
Antecedentes de la posición de Harich
Es sabido que Marx siempre tuvo una visión positiva del desarrollo de las fuerzas productivas. Estaba implícito en ésta que siempre se movían de acuerdo a una racionalidad técnica y económica, y que al proletariado le bastaría apropiarse de las existentes para utilizarlas para sus propios fines.
Esta posición de Marx fue también central durante décadas para los ideólogos del “socialismo realmente existente”, materializada en propuestas como la de “alcanzar y superar” al capitalismo, y de una supuesta “revolución científica y técnica”. Para los ideólogos del capitalismo y del “socialismo realmente existente” la energía nuclear representó la posibilidad de una provisión ilimitada de energía barata, que sería la clave para una más rápida expansión de las fuerzas productivas. Hacia comienzos de la década de 1960 los datos de operación de reactores nucleares experimentales y de los primeros reactores comerciales ya habían mostrado que se trataba de una quimera. La aparición en 1976 del libro “Nuclear Power” de Walter Patterson, fue seguida por los de varios autores como Daniel Ford y Kristin Shrader Frechette, que cuestionaban la viabilidad de la tecnología que fue considerada como la cumbre del desarrollo tecnológico.
El primer paso hacia una crítica de las fuerzas productivas aparece en 1890 en un texto del socialista británico William Morris (1834-1896), considerado por algunos como anarquista o próximo al anarquismo y fundador o precursor del ecosocialismo, para quien a la clase trabajadora no le bastaría con apropiarse de las fuerzas productivas existentes, sino que debería decidir “qué se produce, cómo se produce y cómo se distribuye” (Morris, 1890). También cuestionó la ideología del progreso el marxista germano Walter Benjamin (1892-1940) en sus póstumamente publicadas “Tesis sobre filosofía de la historia”.
En “El hombre unidimensional” del filósofo marxista Herbert Marcuse (Marcuse, 1964), éste plantea que un rasgo fundamental del capitalismo tardío es la promoción de necesidades ficticias. Marcuse se mantiene en un considerable nivel de abstracción. Intenté aplicar la propuesta de Marcuse al caso de la emergencia del automóvil como medio dominante de transporte, y la influencia de este proceso sobre la configuración del espacio urbano de la ciudad de Los Angeles (Schoijet, 1998 y 2009). Hacia el año 2005 pensé que el calentamiento global antropogénico constituiría el caso paradigmático de “Límites del crecimiento”. El acuerdo sustancial con Harich reside en que coincidimos totalmente en que la problemática ecológica, en tanto que central para la humanidad, debe constituir el eje de una refundación y de la práctica política del comunismo del siglo XXI.

Continua...