REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Proust: 100 años de Por el camino de Swann (1913-2013) pequeña historia de una novela


Roberto Bravo

Como se entra a una orden religiosa después de una decepción, Marcel Proust, arribó a la literatura después de la muerte de su padre, y del verdadero y único amor apasionado que tuvo, su madre. El dolor de estas pérdidas le hizo hombre y escritor. Lo abandonó la etapa infantil donde ellos eran el soporte de su vida y la existencia empezó a girar en torno a En busca del tiempo perdido (A la recherche du temps perdu) y de su primer volumen Por el camino de Swann (Du coté de chez Swann).
El protagonista de este primer volumen es un niño sensible que crece consentido y un día cuando tiene ya treinta años come un panecillo (magdalena) remojada en té. “Tan Pronto como el líquido caliente con el pedazo de pan me rozó el paladar, me estremecí impresionado, concentrado por los cambios que ocurrían en mi |…| ¿De dónde había podido llegarme este gozo tan intenso? Yo me daba cuenta de que iba unido al sabor del té y del panecillo, pero lo trascendía infinitamente, no podía, sin duda, ser de la misma naturaleza. ¿De dónde provenía? ¿Qué significaba? ¿Dónde podría aprehenderlo? |…| Y tan pronto como reconocí el sabor del trozo de magdalena mojado en la infusión de tila que mi tía me ofrecía |…|, la vieja casa gris con fachada a la calle, donde ella tenía su habitación, surgió inmediatamente como un decorado de teatro para unirse al pequeño pabellón del jardín…, hasta convertirse en flores o casas o personas consistentes y cognoscibles, así aparecieron entonces todas las flores del jardín y las del parque de M. Swann, y los nenúfares del Vivonne, y las buenas gentes del pueblo y sus pequeñas viviendas y la iglesia parroquial y Combray entero y sus alrededores, adoptando su forma verdadera y adquiriendo sustancia, tanto el pueblo como los jardines, de mi taza de té.”
A lo largo de la obra el narrador tendrá otros recuerdos que serán placenteros y que describirá como acontecimientos dentro de ella pero que no conocerá su significación hasta que al final del libro donde se da cuenta que todas estas experiencias son artísticas y empieza a escribir la novela. La primera parte de ésta es su infancia en Combray. La segunda parte de este primer tomo, trata ya no de impresiones, sino de recuerdos que determinaron su concepción del amor: El señor Swann (amigo de su familia), rico, distinguido, inteligente, aficionado a las artes se enamora de una cocotte (una aventurera) y termina casándose con ella. La mala reputación de ésta (Odette) lo obliga a frecuentar otras familias, y aparecen en la historia los Verdurin, nuevos ricos que buscan ascender socialmente a través de su desprecio hacia los aristócratas y su inclinación al arte. Del matrimonio de Swann y Odette, nace Gilberte a quien el narrador solía encontrarse en los Campos Elíseos y que después de un largo período de amistad se distancia de él.
La novela es la historia de un ser extremadamente sensible e inteligente que desde su infancia emprende el camino hacia su felicidad, y mientras la mayoría la busca en el amor, el reconocimiento ajeno y la trascendencia, él la busca en un absoluto ajeno al mundo y el tiempo: El arte.
En 1911, cerca de terminar Por el camino… inicia Proust su búsqueda de editor. Para el autor de Swann no fue fácil publicar sus textos, sólo a través de amistades accedió a el Figaro, (donde sus lectores lo confundían con Marcel Prévost) para dar a conocer sus primeros escritos. La Révue de París y Les temps, los habían rechazados. Proust esperaba que este mismo amigo Calmette quien lo había ayudado antes, intercediera con el editor Fasquelle para que imprimiera el libro. Empezaron las negociaciones, hizo intervenir a Jean Cocteau, quien escribió a Edmond Rostand, autor de éxito de la editorial para que ejerciera su influencia sobre Fasquelle, quien no rechazó el libro pero exigió retoques. Proust llevaba seis años retocando la novela.
Paralela a esta gestión, Proust, que conocía a Gastón Gallimard, le envió el texto; éste, a su vez, lo dio al consejo de Nouvelle Revue Francaise para que la dictaminaran. André Gide, a quien incomodaron sus incorrecciones lingüísticas, y el “aura de duquesas” que exhalaba el manuscrito, emitió una opinión desfavorable. Al conocer el rechazo, inmediatamente Proust aceptó hacer las correcciones que pedía el editor Fasquelle, pero éste, para entonces, le responde que no puede encargarse de editar la obra.
Descartados Fasquelle y la N.R.F., Proust, descorazonado, se resolvió a editar el libro por su cuenta. “No solamente pagaré los gastos, sino que además interesaré al editor en los beneficios, no por generosidad, sino para que él desee que el libro triunfe…”
No aceptando esta forma de publicar la novela por parte de Proust, su amigo Louis de Robert le envió el manuscrito a Ollendorf de la casa editorial del mismo nombre. Quince días después le llegó la respuesta del director editorial de la empresa en los términos siguientes: “Quizá sea yo muy cerrado al mérito, pero no comprendo que un señor emplee treinta páginas en describir cómo da vueltas en la cama antes de encontrar el sueño. Me he llevado las manos a la cabeza…”
Toda la correspondencia de esta época es conmovedora por la dificultad con que topa Proust para imprimir su obra maestra.
Tras este fracaso decidió publicar el libro por su cuenta. René Blum, hermano de León, conocía a Bernard Grasset, un editor con poco dinero, joven, inteligente y apasionado por su trabajo, e intervino para que él fuera el impresor. En febrero de 1913 el manuscrito fue entregado a Bernard Grasset. Después de dudar en varios títulos como: “Antes de amanecer.”, “Las intermitencias del corazón”, “Las palomas apuñaladas”, “El pasado intermitente”, “La adoración perpetua”, “El séptimo cielo”, “Jardines en una taza de té”, “La edad de los nombres” y otros, el 12 de noviembre de 1913, a petición de Proust, y por mediación de un su amigo, Le Temps, en un largo artículo anunció para el día siguiente la publicación de la primera parte de La busca del tiempo perdido con una entrevista a su autor.
El Fígaro, que en un principio no publicó nada de la novela, poco después sacó tres notas, una, en primera plana de amigos queridos de Marcel, de la misma manera aparecieron artículos en otros diarios de diversos amigos y en todos ellos se alababa a “Swann” sobre todo por su minuciosidad. Proust decía al respecto: “Mi obra no es microscópica, sino telescópica.”
Aunque los amigos lo elevaron a la categoría de genio, los lectores no acudieron a comprar el libro. Quienes apenas lo conocían y leían aquellos artículos elogiosos comentaban: “¿Marcel Proust? ¿El Marcelito del Ritz?” Otros opinaban que había escrito un libro enmarañado, inextricable, para el que encontró un bello título. Los aplausos de amigos a quienes Proust había enviado “Swann”, demostraban en sus cumplidos que no la habían leído.
A pesar de todo, con este primer volumen, Grasset, apoyado por Louis de Robert, trató infructuosamente de obtener para él, el Premio Goncourt.
Casi un año después, el 11 de enero de 1914 Gide, escribía a Proust: “Hace días que no suelto su libro y me sobresaturo de delicia; me cebo en él. ¿Por qué me será tan doloroso el que me guste tanto? El haber rechazado ese libro constituirá el más grave error de la N.R.F. (en lo que me avergüenza ser muy responsable) y uno de los remordimientos más punzantes de mi vida… ahora no me basta amar ese libro. Siento por él y por usted un afecto, una admiración, una predilección singulares…”.
En junio-julio de 1914, Gallimard renovó con insistencia la oferta de reeditar aquel libro y todos los siguientes. Fasquele manifestaba su arrepentimiento. En agosto estalló la guerra, que entre otras consecuencias, tuvo la de hacer cerrar temporalmente la Casa Grasset, y “Swann” emigró a Gallimard De esta manera, el autor rechazado por tantos editores se tornaba en el autor que todos los editores se disputaban.
La edición original de En busca del tiempo perdido, a cargo de Grasset en 1913, iba a componerse de tres volúmenes: Por el Camino de Swann, Por el camino de las Guermantes y El tiempo recobrado, con alrededor de 1500 páginas. Cuando acababa de ser presentada esta edición se vio interrumpida a causa de la guerra. La edición de hoy en día completada en 1924 por la N.R.F., consta de dieciséis volúmenes y de unas cuatro mil páginas.
Por el camino de Swann, “Atrae nuestro sentido de asombro y se gana nuestro homenaje por su velada grandeza. No creo que haya existido jamás en toda la literatura un ejemplo semejante de poder de análisis” (Conrad).

Bibliografía

Beckett, Samuel. Disjecta, Arena Libros, Madrid, 2009.
Bloom, Harold. El canon occidental, Editorial Anagrama, Barcelona, 2001
Connolly, Cyril. Cien libros claves del movimiento moderno 1880-1950, Fondo de Cultura Económica, México, 1993.
Gide, André. Diario, Ediciones Folio, 2004.
Maurois, André. En busca de Marcel Proust, Espasa Calpe Argentina, Buenos Aires, 1958.
Navokov, Vladimir. Curso de literatura europea, RBA, Barcelona 2010.
Proust, Marcel. En busca del tiempo perdido, Valdemar, Madrid, 2007.