REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Confabulario

Imagen trasladada


Yurazzy

. Un trasatlántico verde de finas nieves cubren una mitad de su hombro donde descansan las fantasmales manos de uno que dos suburbios habitados por musas equívocas… a la tercera llamada, las lenguas secas de diálogos paganos invierten sus océanos en aras de diáfanas escenas que viajan merced a las ruedas de su tabla.
Los cantos perseguidos por un monitor que persigue tatuajes eternizados sobre su espalda. Se buscan señales en su oído izquierdo y el guión está vivo.
. Entre las colillas encendidas de las farias respiran furiosas las asombrosas flamas de los cortes que hicieron en mi pecho tus garras, esos cortes que han quedado entre y dentro de mis seres asustados. Estupefactos egos.
. Descendía como abejas que salen del enfurecido panal, entre el agua, donde crecía la hierba, asomaba las pestañas y se le caían las pestañas por docena; el miedo.
De sus pasos se llenaban los caminos lodosos, el eco desde las montañas bajaba como hormigas enrojecidas en hilera; cuando su pelo era encandilado por la niebla, el árbol incrédulo se mecía y torpemente morían las hojas. No se conocía con certeza su sexo pero su cuerpo era robusto. Se hablaba de que les cantaba por madrugadas a las lechuzas y que le molestaba que imitaran el parpadeo de sus ojos, así de la nada, igual de sanguíneos. Cuando se le abrían las mangas caían hilos de rocío y se perdían, se perdían. El brazo izquierdo ponía atrás del derecho y sus piernas ya no le debían nada. Mañana ya habría desaparecido en los frescos arbustos. De existencia se frenó.
. Transitaba por la rambla pintada, repentinamente el olor a musgos de cristal invadieron el sitio. Una sílfide de ojos de coral a lo lejos danzaba multiplicando sus alas. La música se tronaba paralela a aquel paraje irónico mientras le daba soplos inerrantes al arco iris e iluminada por voces sonrientes su entero cuerpo se esparcía sobre terrestres algas.
. Un ramillete de luces que baja por la cordillera de tus mejillas es mi alimento. Miré por primera vez la falda de la alegría que se resumía en una sola sonrisa. Era la de una letra.
. Vi entre las cejas de dos cuadrados perderse una sangre amarrada, en corriente de arroyo se amedrentaba el color indino de esas incontables perturbaciones.
Asiduas lamentaciones editadas, puestas sobre tus desvíos y tragedias mojadas con la blanquecina miel de esas luces que sin sedar eran intervenidas en un nuevo quirófano.
. Siguen tomando su cauce mis palabras, se desvían hacia charcos de llamas ácidas, escapándose del mundo de los designios de mi túnel, de tu voz de cuero inicuo.

¿ERES MUJER? O ¿SU EVOLUCIÓN?

. Ponen las constelaciones enteras las Diosas del Amanecer sobre tus pestañas.
Cual polvo cósmico resplandecen desde lo alto, a 14200 años luz.
¿Es un sonido de tu garganta lo que vence al silencio y se hacen excavaciones celestes con los ecos inerrantes?
¿Y no se cuentan los destellos de los ojos centrales de tus ojos principales?
En sí, la suma total es un ramillete de nítida confusión que con tu menor refocilación el agro galáctico se satura de azucenas plateadas que exhalan por un casco el pensamiento de la bonanza donde vives.
¡Y eres!
¿Sílfide?...
Con tus cuerpos, y tus alas, y tus tentáculos, y tus bocas; con la música profana en el pantano aromático habitas y ¿vives?, y eres cien féminas, cien ninfas.
. Y voltear la vida y ver cómo es su espalda y girar a 80 grados los ángulos de los días y arriesgarse a caminar en uno recto para ver cuán alta es la dificultad, no importa caer, el agua será el cuerpo, los pies el rocío, la piel ligera, dejar el ombligo al aire y mirarse y mirarse… saber con antigüedad que no me mostrará el ojo izquierdo el sol cuando sea madrugada, cuando las bestias febriles andan en la venturanza y se obliguen a darle la vuelta al resplandor del sólo reflejo inocuo de la luna sobre la laguna yerma… en donde realmente nadar sea rebosante y las canoas violentamente felices propalen con su ruido lo que les murmuró un pez gordo que corría en las piernas de una corriente que desemboca de mañana en las venas de un montón de piedras donde reside oculta la Hyla arecnicolor, que comparten las cuevas con el Glossophaga soricina, el dueño verdadero de la sangre de los que pensando en la vida desaparecieron por el designio providencial del homicida víctima.
. Los gritos latentes de los recuerdos cotidianos atropellan mi memoria, cual nieve derretida está mi mente, paralela a la vida de afuera, mis pies de jirafa comestible van nadando en el frío. Tan inusual es el orden en que marca el reloj los segundos después de los segundos de muerte, los de vida y los míos que viven en prisión, en el pasadizo existente entre ambos… déjame verte, camarón inicuo, ¿eunuco?, no se ven tus órganos, me hablas con las orejas petulantes. No te acabes las sardinas de vestido rojo, están padeciendo por el cruel silencio, ¿otalgia? No parece que tus dientes se crucen como líneas verticales y formen geometría ridícula. Entonces se perdió la conclusión, ¿Dónde estamos?, ¿cómo puedo finalizar esta maraña? Está por besarme la montaña aquella y las aónides nocturnas me dirán que recoja; recolección de kummel, elixir.
. Antes que despierte la flor, Evilt, abre los ojos y grita, menciona tus números desnudos. Despierta y nunca parpadees; las cosas aun desordenadas estarán listas para que imagines cosas contrarias a lo contrario. No sé si has visto cuando las lechuzas abren sus alas y caen, se extienden a las nubes rojizas que nos han de buscar hasta poder encontrarnos y volearnos los párpados al humo que causa pudor y pérdida del pestañeo asiduo.
. El miércoles por la noche escuché el susurro de los vientos que me dijeron tu nombre: Arkd, pareciera como si estuvieran ordenadas en escalas del 0 al 5, pareciera como gorja y pintando sus colores les hubieran diagnosticado algunos quinientos síntomas ya caducados… las nubes gritan tu nombre: Arkd, tu nombre se torna en lo celeste, en brújulas estelares. Los colores nos pintan la cara de los colores secundarios. Aunque los mezclen no podremos volver a encontrarnos en color.
. El caer de las hojas diurnas me traen memorias absurdas, y, cuando mis ojos amanecen caigo en los algodones colosales de mi diván.
Me parece que las venas de mis aguas se dilatan, se detienen con el ritmo plúmbeo de la música drum-drum. Cuánto deseo mover las mentales melodías picarescas que resuenan por un hilo delgado. Si las luces neo-oscurecidas pudieran penetrar mis ventanas estaría ocultando mi rostro roto. Ella disfrazada con mi piel cruda, me hace reír en el destello de su sonrisa tunante. Disimulada con velas y listones luminiscentes, con pétalos sonoros olorosos que oculta debajo de un vestido nebular que se eleva cada amanecida.
. Nunca antes había observado que los ojos ajenos eran cuadrados y que sus pestañas estaban separadas por segmentos según calidad y tamaño, era toda una subordinación colosal. Corrían los ojos ajenos tras una singular araña gigante color marrón que agudizaba su pensamiento periférico. Ojos ajenos, cuadrados y cuadrados. Ojos ajenos parlantes, que hacen sentir cadáveres, que me convierten en medusa misántropa, toda una estúpida jerarquía.
En el lado derecho de los ojos ajenos se agruparon a los ojos intrincados y fusilados, en la inferior se agruparon a los ojos parlantes y reencarnados en narices, en el lado superior se pusieron agrupadamente a los ojos psicópatas y homicidas. Por último en el lado izquierdo de los ojos ajenos se subordinaron a los ojos perplejos y cándidos. En fin, pude darme cuenta que los ojos ajenos son el universo que circunda y vigila al universo mayor donde constelaciones reinan. Los ojos ajenos tienen fotografías de nuestros órganos.
. Un par de hongos se vestían rápidamente en el fondo del océano. Se murmuraba que acudirían al “festival del vértigo”. Deberían de estar distintos radicalmente.
Los hongos congéneres tenían una extraña sensación permaneciendo en aquel lugar abarrotado de bonanza, escuchaban un canto fabril y tétrico.
. Las trompetillas guardan en sus bolsillos caramelos que causan temblor mental… las trompetillas taciturnas aguardan veinte rincones dentro del corazón y lo hacen ahí porque la gélida melancolía que brota en el lugar es interminable.
. No sé si ustedes hayan escuchado de las hierbas sonoras, ésas que como órganos vegetales tienen trombón, acordeón, bandoneón y violín. He ido descubriendo un poco de la historia de las hierbas sonoras, una de las cosas que sé es que cantan con la vagina cerrada y que su grito se hace externo a través de una cortada en la hoja derecha… descubrí después de meses, incalculables orgias que suelen tener, donde del reino fungi y animal son parte.
Si se trata de decir sus funciones, probablemente pueda terminar hasta que ya no existan lunas ni números pero tangan por sabido que las hierbas sonoras resuenan en los rincones iluminados de nuestros cerebros.