REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 08 | 2019
   

Confabulario

Memorias del exilio interior (II)


Roberto Bañuelas

Iluminado
Estoy corriendo y volando sobre la orilla de un sueño en el que tú me invitas a la fuga de un esperado encuentro. Tu cuerpo, con saltos de gacela, cancela las palabras ociosas para este canto prolongado del placer.
El horario del deseo se desgrana, de la noche al amanecer, en el éxtasis profundo de las cuatro estaciones de tu entrega lunar y cenital.

Serenata extraviada
Cuando se oyó la canción de cuna para despertar a los instrumentos bien temperados, el eco, en la soledad, se inscribió en la memoria del olvido.
La navegación, alrededor de nosotros mismos, nunca terminó.

Espontánea
Nuestro vecino, un amable protestante doctorado en teología, nos invitó a que viésemos las diapositivas proyectadas en una pantalla de su más reciente viaje a España.
Después de castillos, paisajes, parques y bailaoras, sorpresivamente, debido a una confusión que escapaba al orden de su vida, en la pared de la sala se proyectó el cadáver amarillo de una anciana casi calva.
-Es mi suegra, un día después de muerta -dijo con serena aceptación.

Los largos días de Hamburgo
El U-Bahn (tren subterráneo) para en cada estación menos de un minuto, tiempo suficiente para expulsar viajeros de tarifa digerida y absorber impacientes en espera. Desde las escaleras, los estudiantes corren y entran de un salto cuando ya comienzan a cerrarse las puertas, ignorando la voz frustrada del despachador que grita en el micrófono: “Zuruck bleiben, bitte!”
Algunos ancianos tratan de correr, consiguiendo acelerar un poco el ritmo sincopado de su andar habitual y abrir mucho los ojos, sabiendo con angustiosa antelación que llegarán junto al tren un instante antes de que parta. Dentro de cinco minutos vendrá otro tren y les conducirá al mismo sitio donde suelen cultivar su solidaria soledad.

Aclaración testamentaria
Si yo muero antes que tú, recuerda que nunca te has interesado por mis proyectos y que no sabrás qué hacer con todo el material acumulado e inédito; también estoy seguro, cuando llegue el momento sin continuidad, que evitarás todo el trabajo penoso de separar los aciertos dorados de la paja mediocre y, despectiva y victoriosa, lo arrojarás todo al fuego para destruir cualquier vestigio de mis intentos apasionados por llegar a ser un autor reconocido. Sé, como si lo estuviese viendo, que iniciarás la pira con el manuscrito de mis memorias.
Por éstas y las otras razones que cavaron el abismo de nuestra incomprensión, te desheredo.

Diario de guerra
Mientras las campanas de todos los templos llamaban a las almas piadosas para prosternarse y agradecer la vida y sus dones, los propietarios de esas almas, a la misma hora, se hacían la guerra para la conquista de todo lo material y especulativo.

El día
El día, antes de abrir las puertas inmensas a la noche, celebra una ceremonia de confines y lejanías con fragmentos ígneos que lo coronan y purpuran en el cortejo transitorio del crepúsculo. Tú y yo, confiados en el amor, esperamos…

Higiene dental
Los perros nunca van al dentista y su dentadura, en violenta gimnasia contra sus víctimas, la carne que devoran y los huesos que roen, se pule a lo largo de su corta e hiperfértil existencia.

La expulsión
Cuando la bíblica pareja fue expulsada del Paraíso, éste se convirtió en un infierno donde proliferan los cactus y siguen reproduciéndose las serpientes.

Parte de guerra
Cuando llegamos con refuerzos y municiones, el enemigo ya se había retirado a festejar y contemplar con prismáticos cómo ayudábamos a los heridos y apilábamos a los muertos para regarlos con gasolina y quemarlos porque no había tiempo de oraciones -nuestro capellán se había quedado afónico- ni de cavar fosas para sepultarlos o de hacer los toques de honor con las cornetas abolladas y los tambores que parecían cedazos. Esa noche hubo tormenta. Al general lo mató un rayo que cayó sobre el árbol bajo el cual se guarecía.
Los oradores y los poetas oficiales han desvirtuado el hecho con metáforas y panegíricos, incorporando la verdad de tanto dolor y sacrificios a las estatuas del “Boulevard de la Paz”.

Villancico
Al llegar la Navidad, pensé que la paz y la alegría reinarían en el hogar; pero ahora hay guerra entre mis hijos y contra el que distribuyó equivocadamente los juguetes electrónicos.
¿Será cierto lo que dijo el general? “La guerra es el estado natural del hombre, y si nos pagan por hacerla, ¿de qué nos quejamos?”

Futuro vencido
Si consideramos el asunto llamado vida con una momentánea seriedad, llegamos a la conclusión de que los que mueren son siempre los demás y los contamos, restándolos, diciendo que ya no están entre nosotros, que han pasado a mejor vida y que sólo se han anticipado para mostrarnos el camino que recorreremos con los ojos cerrados.

Sinceridad
También el sacrificio de mis soldados cuenta para aumentar la colección de condecoraciones, colega. La vida es un vacío que tratamos de llenar con la muerte de los demás.

Estrategia
Enemigo que no huye tiene la ventaja de encontrarse con una bala dirigida al que venía a su lado y de no perderse en un camino que lo lleve a toparse con la retaguardia y decir que viene a dar parte y si usted no ordena lo contrario, mi general, debemos correr para salvar a los bravos que ya tienen inflamado el dedo de tanto dispararle a tantos que nadie sabe de dónde salen pero vuelven a aparecer en fila como los soldaditos de plomo de las ferias en el juego de tiro al blanco.

Testigos ausentes
Pocos asisten al parto del horizonte cuando alumbra la aurora el silencio cortado por el canto y el vuelo de pájaros que dividen el peso nocturno y la distancia de un día marcado por las barcas de los pescadores rechazados por sirenas menopáusicas.

Desesperado recuerdo
El largo camino de tu ausencia está bordeado con estatuas que a diario son esculpidas por la nostalgia, el deseo, los insomnios y el vacío que mis manos encuentran en las formas huyentes de tu cuerpo.

Su seguro servidor
De día o de noche, las focas hacen siempre el amor con el foco prendido.

Dama de compañía
¿Quién pasea a quién? ¿La dama -suponiendo que sí lo sea- al perrito -suponiendo que no sea hembra- o el perrito a la dama? Ambos caminan por un trayecto conocido también de otros viandantes sin perro y de algunos perros sin placa que los identifique ni amo que ratifique que el perro es el mejor amigo del hombre cuando éste tiene en pésima opinión a los congéneres que no pagan a tiempo sus deudas, porque visten como deben aunque deban lo que visten.

Anonimato genial
A pesar del poco espacio que quedaba en la bodega para sus ocupantes, monstruos mecánicos que exigían su liberación, su autor -agobiado inventor- padecía el doble horror de temer a sus creaciones y de poder dejar de inventarlas.

Contra la ilustración
Los grandes filósofos, representantes del análisis histórico de la sistemática injusticia, no han dejado de ser peligrosos para la clase en el poder del despojo; pero ésta, sin tener que disminuir su fortuna afinada en los contubernios, combate a los grandes pensadores con el recurso infalible de reforzar el analfabetismo y las supersticiones en todo tiempo y en todo lugar.

Sardónica venganza
Murió joven y amargado: siempre había querido ser un artista de teatro de variedades. Contra el egoísmo y la incomprensión de sus parientes, cada semana les hacía una visita para turbar la paz de su vida gris. Su aparición de fantasma nebuloso era acompañada con la risa procaz y desdentada de un cómico en el apogeo de su decadencia.

Las buenas maneras
Desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII, la incomodidad de los trajes obligaba a los hombres elegantes a una serie de movimientos grotescos para desplazarse: de ahí proceden las buenas maneras y algunas ceremonias rituales que se han extendido al servilismo y la abyección en los usos y costumbres de las democracias.

La noche y los búhos
La noche cabalga sobre una oscura yegua salpicada de estrellas. La Luna, moneda en el aire que nunca cae, se asocia con el vuelo preciso de los búhos que con ojos ardientes queman la densa oscuridad de los matorrales.

Venerable y aborrecida ciudad
A la dueña de la tienda, siempre segura de una clientela con prisa que pide, ordena, paga y a veces dice “gracias” o “hasta luego”, y que ella no contesta porque ya atiende a otro cliente, sólo le importa lo que va acumulándose en el cajón del dinero mientras camina sobre una pierna de palo en busca de tal o cual mercancía.
Afuera de la tienda, la ciudad gime y humea a distintos niveles contra la desigual resignación de los millones de cautivos que cotidianamente, para vengar a todos los que día por día la limpian, la vuelven a ensuciar en un acto solidario que borra todas las diferencias de clase, de credo, de ideología e idiocia.

Oración fúnebre
Por culpa del caótico tránsito, llegó cuando ya se disponían a bajar el ataúd. A cambio de no encontrar una sola cara conocida, vio que todos los asistentes al sepelio vestían con elegancia y se conducían como actores experimentados. Seguro de su voz timbrada y resonante, declamó una oración fúnebre que a todos conmovió; pero cuando preguntó quién le iba a pagar el servicio, un caballero, a tono con esa hora de dolor y de decencia, le aclaró que se había equivocado de muerto y de sección.

Lejana y difícil perfección
A su modo, es una mujer extraordinaria: disimula su ternura y disposición de entrega con una ironía unida al constante buen humor que ejercita para provocarse el optimismo necesario entre personas que todo lo ven triste y caótico y diseminan la depresión en forma generosa.
También, es de justicia aclarar, que sería una mujer hermosa si tuviera las nalgas tan grandes como los senos.

Lógica conclusión
Si la religión, como afirmó el patriarca don Karl Marx, es el opio de los pueblos, todos los sacerdotes y ministros de los diversos cultos y sectas pueden ser acusados de narcotraficantes del espíritu.

Guerrillero en el parque
En aquel viaje a Cuernavaca que hiciste con aquella señora, ella se asombró y escandalizó (pero no renunció a ti, que era lo que intentabas) cuando, intrépido jinete, montaste en aquel caballo de madera. Como caudillo de otra lucha armada, hundiste tu mirada en las turistas gringas que pasaban moviendo el abundante caderamen.
-Ya puede bajarse, joven -dijo el fotógrafo.
Quince minutos después, te entregó una fotografía en la que apareces visionario y fiero, altivo y conquistador. El único defecto es que el caballo era para niños y, burla vera registrada en la historia, te ves como decepcionado guerrillero montado en un pony.
-Luego, para atenuar tu enojo, la señora te invitó a comer cabrito y demostrar, una vez más, aquello de que el pez grande se come al chico.

Faltas a la moral
Habitante silencioso o visitante asiduo de la Alameda Central, el cansancio y la borrachera lo arrastraron a un sueño profundo junto a una estatua desnuda de mujer. Un policía lo despertó para acusarlo de faltas a la moral por dormir, abrazado, a la mujer de mármol.

Nuevo residente
-Y, finalmente, ¿por qué ha decidido residir en México?
-Porque México es un país maravilloso en el que no se necesita trabajar para ser pobre.

Solista solitario
Aquel cantante de ópera sólo asistía a sus propias representaciones, pues se concentraba tanto en llegar a la excelencia, que ya no le quedaban fuerzas para oír cantar mal a los que decían ser sus colegas.

Cruce de caminos
Aburrido y casi inmóvil, conectado a un delgado tubo de plástico que terminaba en una vena del dorso de mi mano derecha, y de sondas para drenar humores, residuos de anestesia y sanguaza, me sentí sustraído de la cama y corriendo hacia atrás como succionado por una poderosa corriente de aire que alternaba el frío congelante con un ardiente calor de fragua. De espaldas, como iba, sentí que mi carrera se detuvo porque choqué contra un muro de metal: era la puerta del Infierno.
Con un esfuerzo próximo a la asfixia y al infarto, me di vuelta para escapar de ahí, caminando o corriendo de frente. Alcancé a oír que alguien ordenaba que, mientras llegaba el doctor, me colocaran una mascarilla con doble flujo de oxígeno. Aunque a veces resulte rápido, en otras ocasiones, morir se torna muy complicado.