REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

La muerte


Carlos Bracho

Ido el placer, ¿la muerte, a quién aterra?
Ignacio Ramírez


Empujado por los miles y miles de mexicanos “fallecidos”, me aventuro a señalar lo
siguiente:
Si lanzo la pregunta -a boca jarro- con el que he estado bebiendo caballitos de tequila en una cantinucha del centro histórico:
-Tú, René, dime, ¿le tienes miedo a la muerte?
-Ni madres, a mí la muerte me pela los dientes.
Será la respuesta dada sin titubeos y apurando el último sorbo con expresión de quien está libre de ser tocado por la guadaña de la Parca. Y como René, o sea el Capitán Lujuria lo es, muchos hay por allí que piensan lo mismo y que responderían de la misma manera tan categórica.
“No le tengo miedo a la muerte porque es una mujer”
Emilio Fernández

Y José Alfredo Jiménez decía convencido que en León, Guanajuato, “la vida no vale nada”. Sí, vaya que tenía razón -la tiene todavía-, pues en este nuestro Mexicalpan de las Ingratas por cualquier cosa, por una nimiedad, lo despachan a uno al otro mundo, a saber:
1) Por ser luchador social; 2) por ser de izquierda, no como los de PRD, sino de los de a de veras; 3) por revelarse contra los designios del supremo gobierno; 4) por decirle sus verdades al líder charro; 5) por ser zapatista; 6) por admirar a Juárez; 7) por querer cambiar las políticas neoliberales; 8) por señalar los errores de diciembre, de enero y de todo el año; 9) por organizar una huelga contra una trasnacional o defender el petróleo como bien nacional; 10) por ser estudiante y pedir que no se privatice la educación popular; 11) por no ser católico, apostólico y remono; 12) por mirarle las piernas a la hija del mero mero; 13) por acusar a los presidentes de salir inmensamente ricos y que violan, con desfachatez, la Constitución. Y así, señoras y señores la lista crece hasta el infinito; de todo esto, de todo lo expuesto, se deduce que éste es un campo fértil ya que por cualquier motivo los balazos suenan con singular alegría y las balas acaban con vida, honra y casa. Por eso está bien dicha la frase categórica de mi amigo René, o la aseveración de José Alfredo; sí, porque la Calaca viaja con uno, pegada como lapa, va, solidaria que es, con nuestra personita por todos lados, anda con nosotros hombro con hombro, codo con codo, pegadita como si fuera a bailar una zambada lujuriosa, y la muy endina, la muy recanija Muerte, sabiendo de lo que somos capaces los mexicas -de matar, de asesinar-, nos pela los dientes a cada paso, o sea que nos sonríe a carta cabal, nos los pela porque no quiere que la abandonemos, quiere que le sigamos enviando mexicanitos a destajo. Sí, es claro como el agua que la condenada Muerte sabe lo que tiene entre manos, por eso nos estima tanto a los mexicas todos, por eso está feliz de su estancia aquí en estas tierras broncas y tequileras.

Sin la esperanza de la inmortalidad,
nadie afrontaría la muerte por su patria.
Cicerón.

La Muerte está contenta porque aquí, milicos, judas, polis, ratas, asaltantes, desquiciados, chavosbandas, entre otros barriobajeros de sus surtidores natos de almas a los que hay que agregar a los otros marchantes de Ella y que son los narcos que tienen mil y un motivos para cegar la vida de todo aquél que rompa sus reglas: porque no ha pagado su deuda, o porque es soplón, o porque es agente encubierto, o porque ya le cayó mal al Jefe, o porque ya le perdieron la confianza, o porque se quedó con la plata, o porque quiso desaparecerse, o por lo que sea, los gatilleros, los ejecutores, los verdugos de la mafia, están prestos para despachar al otro mundo al “agraciado” -y la Calaca, feliz como lombriz.
Y estos surtidores espléndidos de la parca, ejecutan, no nada más a un tipo o a dos, o a tres, no, qué va, se echan al pico a toda una familia, incluida la abuela y el niño recién nacido. La Doña, pues, la singular Muerte, ante este panorama maravilloso -lista y oportuna que es- ya está preparando -dicen las buenas lenguas- una olimpiada mundial para otorgar medallas de oro a los ganadores, ya está por lanzar la convocatoria respectiva en donde se establecen las bases para obtener tan preciado trofeo. Por este nuestro México lindo y querido, por esta patria pripanista, por estos lares dominados por curas y santurrones de domingo, por esta patria que era antes muy mexicana y por otros miles y miles que ya están lo suficientemente entrenados en todas las disciplinas: 1) tiro por la espalda; 2) corre y te doy chance cien metros y luego te descargo mi cuerno de chivo; 3) ráfaga de M1 sobre tu auto en marcha; 4) tiro de gracia; 5) disparen todos a la voz de Viva México; 6) balazos en un mitin de polacos priístas; 7) balazos libres sobre quien sea de esos campesinos pobres; 8) disparos a discreción sobre los nacos y obreros despedidos y estudiantes rijosos; 9) fusilamientos sin juicio a indios ladinos y pedinches; 10) carga de fusilería sobre maestros protestantes; 11) bazukazo sobre puertas escolares; 12) dos balazos en el corazón del líder campesino; 13) lo que se acumule en la semana.

Si me han de matar mañana, que me maten de una vez…

En fin a la lista anterior se agregará lo que se le antoje a las altas autoridades; sí, siempre hay cosas nuevas, siempre la imaginación de los cómplices de la Parca endemoniada están trabajando para no deteriorarse. -Esto que hemos acotado, tiene a la Muerte feliz, contenta, pues participarán una cantidad suficiente de hombres y mujeres duchos en la materia como para obtener un medallero más que respetable en esa futura y espléndida justa olímpica que está planeando la susodicha Muerte-. Por cierto, fuentes generalmente bien informadas, me dicen que el título o lema de la olimpiada será: “En México, la vida no vale nada” o “¡Viva México, para tener muchos muertos!”. Claro, yo no quiero meterme en líos con nadie y voy a enviar un Email a quien corresponda para protestar por tan denigrante lema que no hace justicia a este nuestro país, sí, porque una cosa es una cosa y otra cosa es ponerle San Benitos a nuestro terruño, y todo porque aquí unos cuantos muertitos diarios pasan a poder de doña Macabra…

El muerto al pozo, el vivo al gozo…

Arriba, yo humildemente señalaba que en estas tierras sacrosantas y benditas, tierras de Dios y de la Virgen Morena y a pesar de estos insignes personajes, la señora Muerte está archicontenta, se siente a gusto, está a partir de un piñón con todos los honorables ciudadanos que deambulan por los rincones patrios. Y cómo no va estarlo, digo yo, ya arriba apunté que aquí tiene los motivos suficientes para no ser desplazada a otro lugar en donde el trabajo sea escaso -o sea, donde no haya tantas muertes- y por lo tanto ese lugar no tiene atrayentes mayores. Aquí, en donde espantamos al enemigo con el sonoro rugir del cañón, aquí en donde traigo mi cuarenta y cinco con sus cuatro cargadores, aquí en estas regiones del globo en donde “no le temo a la muerte, más le temo a la vida”, aquí en mi patria dolorida en donde si me piden la bolsa o la vida, doy la vida porque lo único que tengo es la bolsa, aquí donde me como mi propia calavera de azúcar y le pongo un precioso altar al muertito, aquí, digo, la entrañable y nunca bien ponderada Muerte reina con mano firme, domina con amplios poderes todas las instancias relativas, y que aquí tiene trabajo de sobra, trabajo a mañana, tarde y noche, sí, de veras, la Señora no sale de una aventura cuando ya está metida hasta la guadaña con otra, sí, aquí tiene y ha tenido tareas enormes que le han dejado pingües ganancias: La decena Trágica, la huelga de Cananea, la huelga de Río Blanco, la masacre del dos de octubre, la masacre de Aguas Blancas, la masacre de Acteal, la muerte de Jaramillo y su familia por los soldados, la represión y eliminación de la Liga 23 de septiembre, las balas sobre Genero, las descargas sobre Lucio. Verdad es que -en un juicio sereno y simple- la honorable Muerte tiene motivos suficientes para no irse a otro país en donde la vida si valga mucho y por lo tanto se vea con un negro y magro futuro y quede con su guadaña oxidada y tenga un desconsolado presente.

Quiero morir cuando decline el día...
M.G. Nájera

En vía de mientras, y antes de que nos lleguen las balas expansivas y destrocen nuestro vientre impoluto, mientras estemos dando guerra en este mundo bailador y retrechero, yo empezaré a comprar mis calaveras, mis zempazúchitls, mis dulces, mis bebidas etílicas, y a juntar todas las cosas que le agradaban a mis muertos y ofrecérselas el día dos del mes de noviembre y platicar largamente con su espíritu, comer con ellos, prender veladoras y velas y charlar con los que ya se fueron, y recordar los días felices que algún día tuvieron y cantar y bailar...
Vale. Abur.