REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Apantallados

Era el arte como una ciencia y viceversa


Francisco Turón

Son varios los pensadores y científicos que contribuyeron al desarrollo de las vanguardias artísticas. Einstein, y su teoría de la relatividad, fueron cruciales en el origen del cubismo. Marx contribuyó a la vanguardia constructivista, y las teorías de Freud y Jung, al nacimiento del Dadaísmo y el Surrealismo. Los hitos culturales van ligados a descubrimientos científicos. Por eso desde la antigüedad ha existido una gran influencia entre el arte y la ciencia, y en el siglo XXI se está acrecentando de manera especial. Explorar este seductor cruce de miradas, entre el uno y la otra, resulta apasionante y fundamental para artistas e investigadores, dedicados a documentar la historia, la teoría, y la práctica de las artes escénicas. Los científicos emplean el método científico como una forma planificada de trabajar. Sus logros son acumulativos y han llevado a la Humanidad al momento cultural actual. Por otra parte, las principales producciones artísticas en la actualidad parten de la puesta en práctica del método científico para enunciar sus leyes: investigar, observar, plantear el problema, formular una hipótesis, y antes de registrar datos, comprobar lo experimentado al someterse a “una prueba de la verdad” que consiste en que los descubrimientos puedan ser demostrados mediante experimentación, por cualquier persona, y en cualquier lugar. Así es como el laboratorio artístico se convierte en el sitio donde se lleva a cabo la investigación experimental (del arte del histrión), la relación actor-audiencia, y el aprendizaje de cada experimento encadenado a la resolución disciplinada y procedimental de problemas dramáticos específicos. Los dramaturgos, actores, directores, escenógrafos, teóricos, docentes, e investigadores aplican el método científico al arte dramático sistematizando un método que parte del discernimiento, dándole a la vez una estructura, una ética, y una estética, a un teatro que lleva siglos alimentando aportaciones y sentando sus bases. En la actualidad es irrefutable la búsqueda de una nueva concepción estética que sea capaz de sistematizar -mediante un método científico-, las “nuevas dramaturgias”, las técnicas de actuación, la enseñanza artística, y las formas de producción teatral, a partir de la institución del ser humano. En ese sentido, hay grupos artísticos inspirados y dispuestos a consagrar la segunda década del tercer milenio en materia dramática, con una tendencia por recurrir a un método creativo basado en el rigor científico (ética de trabajo), y en las diversas investigaciones de hombres de ciencia, encontrando conocimiento actoral en la neurociencia, en la universalidad de las emociones, y en estudios de la percepción de la realidad. Los innovadores teatrales están alentados por el éxito de los diferentes experimentos parateatrales del grupo, y por el poder de transformar como método creativo para utilizar provechosamente la imaginación, y adoptarla para producir ideas. Estos grupos se caracterizan por apostar por una actuación hipnótica, eliminar todo incidente accesorio para volver a comunicarse con sus raíces míticas, y por poner en crisis todos los valores escénicos que fundamentan el teatro contemporáneo.
En la búsqueda de este tipo de grupos artísticos que articulen un puente con propuestas escénicas de avanzada, encontré la puesta en escena de una coproducción entre la compañía reynosense Desde la Trinchera, y la española Neurodrama Atentados Escénicos. Así que en esta ocasión quitaré algunas barreras que obstaculizan las lecturas a través de lugares comunes para hacer una aproximación al fenómeno artístico hispano-mexicano titulado: Era el amor como un simio y viceversa de Enrique Olmos de Ita (un dramaturgo mexicano muy joven, pero con larga experiencia, y con una presencia importante en el exterior), y bajo la dirección de Martín Acosta, con actores españoles (Luis Miguel Molina, Gladys Guzmán y Izaskun Barroso). Se trata de una historia de amor en medio de una catástrofe. La temática, gira por una parte, en torno al amor y a la crisis por la existencia, y por otra, a lo políticamente incorrecto. El contexto sociocultural de la obra se refleja furtivamente en el personaje protagonista: un idiota “elegante” que habita un mundo decadente en medio de la España franquista asolada por el fascismo. Cabe mencionar que el relato está narrado por un personaje en primera persona, y a la vez el lenguaje de cada uno de los personajes es un arma afilada. La narrativa tiene unos brincos temporales y perspectivas, que le dan gran complejidad, y la hace conmovedora.
Olmos de Ita, propone en Era el amor como un simio y viceversa, que el derecho al amor entre la devastación de sentidos, depende de los simios del zoológico. Esta tesis pone en evidencia la influencia que el padre de la “Teoría de la evolución” Charles Darwin (1809- 1882), tiene sobre el dramaturgo mexicano. Recordemos que el naturalista inglés en El origen de las especies por medio de selección natural (1859), postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado “selección natural”. Y en El origen del hombre y de la selección en relación al sexo, habla de la expresión de las emociones en los animales y en el hombre. “Los jóvenes y los adultos de razas muy distintas, tanto humanos, como animales, expresan similares estados mentales con los mismos movimientos”. Las teorías de Darwin siguen siendo el acta fundacional de la biología como ciencia, puesto que constituyen una explicación lógica que unifica la observación sobre la diversidad de la vida. Sorprende la relación existente entre la ciencia y el arte que emana de su trabajo, realizado en su mayoría durante el viaje a bordo del HMS Beagle. Casi cinco años de estudios, observaciones, y anotaciones alrededor del mundo que fueron plasmados en dos mil ilustraciones, mapas, y dioramas, que componen el libro The zoology of the voyage of the Beagle. Desde esa publicación es indudable que la figura de Darwin a nivel global ha tenido una profunda influencia, no sólo en la biología y la historia natural, sino como también sucede en este caso, en el teatro contemporáneo
Sin embargo, la lectura de la puesta en escena la hice pensando en que la forma de aprehensión de una obra se va modificando con el tiempo, y que no hay un modelo canónico de aprehender una obra, sino que la crítica se modifica con la manera de mirar, con el aprendizaje, y con las herramientas técnicas para el debate. Me parece muy interesante que estamos en un tiempo en donde hay una pluralidad de temáticas, de identidades, de generaciones, que están acercándose al hecho escénico haciendo propuestas atractivas. En otros momentos históricos existían corrientes muy claras y detectables, que daban una sensación de consistencia; mientras que ahora hay muchos autores coexistentes, con distintos lenguajes, distintos intereses, distintas posturas, que provocan una fragmentación. Y esa fragmentación por un lado da riqueza, y por otro, dificulta la visión de la consistencia del hecho artístico.
La generación de dramaturgos de Enrique Olmos de Ita, como Edgar Chías, o Luis Enrique Gutiérrez Ortiz y Monasterio (LEGOM), está especialmente interesada en sistemas de lenguaje, además de distintas formas de aproximación constructiva con la realidad mexicana, que antes con otras generaciones eran de carácter unívoco, y que ahora son tan plurales. Por eso me llamó la atención que la obra tuviera un entronque tan español. En México, que yo sepa, no ha habido estados de sitio. Todo el clima humano que se da en la obra es europeo. Sin embargo, la obra de teatro proviene de México, y habla de Europa desde Europa, para volver a México y encontrar sus referentes. Bien podría ser una analogía del gobierno de derecha mexicano que ha reaccionado en contra de los migrantes, de la xenofobia y de las preferencias sexuales. ¿Pero qué le atrajo al autor para escribir coyunturalmente la situación de esa realidad española como elemento de similitud con México? Tal vez la exégesis de la dramaturgia simbólica se debe simplemente a que Enrique Olmos de Ita se considera hispano-mexicano. Es evidente que estaba interesado en escribir una obra desde Europa con una acción no eurocéntrica. Su teoría es que los europeos siempre nos han venido a decir qué somos: qué es nuestro arte, cómo hay que ser civilizados, la filosofía es absolutamente europea, etc. La estructura dramática de la obra está hecha como lo han hecho en la narrativa mexicana muchos autores, que es escribir sobre ellos, desde fuera, teniendo un origen no europeo. Quizá Era el amor como un simio y viceversa ganó el premio nacional de dramaturgia “Marqués de Bradomín” (2012), gracias a que el jurado se asombró del lenguaje ambiguo, que no se sabía si era de un español que ha vivido mucho tiempo en América Latina, o de un latinoamericano que ha vivido en España. Uno de los elementos clave de la obra es la dificultad del lenguaje. Y cuando en un texto los personajes tienen dificultad para nombrar algo, es porque tienen dificultad para conceptualizarlo. Cuando tenemos dificultades para verbalizar es porque nuestro pensamiento no está acoplado. El idiota tiene problemas para nombrar esa realidad tan conflictiva. En resumen, es la dualidad de un latinoamericano que habla con un lenguaje europeo sobre problemas de carácter europeo, pero que tiene interés en confrontar la cultura mexicana con un público que tiene la necesidad de apropiarse un discurso muy veloz, con mucha apertura. Uno de los elementos interesantes de la dirección de Martín Acosta, es la presencia constante de la teatralidad de una manera directa en una puesta en escena casi minimalista, que tiene al teatro como tema fundamental.
Otro eje es la violencia explícita, no solamente del entorno, sino en la crueldad de la construcción misma de los personajes, que por un lado son sometidos, y por otro, son quienes someten. Es una situación de riesgo y contradicciones al interno, donde el personaje es llevado a otro nivel: hace una dinámica en la que agrede al público, y luego como recompensa, éste aplaude su propio sometimiento en una complicidad crítica de uno mismo. El público, en una escritura meta teatral, se convierte en el personaje dentro de un juego de contradicciones y provocaciones repulsivas. Sin embargo, no estamos hablando de un determinado personaje, sino de una circunstancia sociológica, y eso es interesante. Y en ese diseño está el dibujo de una crisis económica brutal, y no solamente ello, sino también una crisis de valores a la que conlleva una crisis política confusa. Todo esto me dio la sensación de un trampolín, es decir, me apoyo de aquí, para hablar de acá, y darle un sentido de pertenencia y actualidad a esta puesta en escena. Al final del día me quedo con una profunda reflexión: “La ciencia debe humanizarse tanto como el teatro debe volverse más científico”.