REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 12 | 2019
   

De nuestra portada

Actores políticos y relaciones de poder en los medios de comunicación


Octavio Aristeo López

Introducción
El concepto de cultura política se estructuró en México con la participación de la sociedad civil en hechos significativos como el terremoto de la Cuidad de México en 1985, las elecciones de 1988 y sus manifestaciones, las explosiones en la Cuidad de Guadalajara en 1992, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, las elecciones de 2006 y sus inquietudes sociales, La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca 2006-2011, las manifestaciones ahora por la reforma energética y la reforma educativa. Estos fenómenos sociales han sido y son abordados por las ciencias de la comunicación y por otras áreas de las ciencias sociales.
El concepto fue formulado por los politólogos estadunidenses Gabriel Almond (1911-2002) y Sidney Verba (1932) 1 como las creencias, actitudes, valores, ideales, sentimientos e interacciones. En ellas se ejerce la política por los sujetos, instituciones y organizaciones que mantienen o modifican el orden, de acuerdo a las decisiones políticas de los actores que utilizan el poder al fin de obtener el objetivo deseado de proyección social y político. También se habla de personalidad, temperamento, costumbres, carácter nacional o conciencia colectiva.
Entonces, de acuerdo con estos planteamientos, la cultura cívica es un tipo particular de cultura política, basada en la aceptación y adhesión de la autoridad política, las relaciones de poder entre los actores políticos y de autoridad gubernamental.
Los ejes en los cuales se estructura la vida política de los actores políticos y sus relaciones de poder en los medios de comunicación, pueden ser varias, menciono sólo dos: 1) las creencias en las posibilidades de influir en las decisiones políticas gubernamentales, y 2) adquirir la confianza de los ciudadanos a través de los medios de comunicación.
Existe ya un imaginario colectivo en los mexicanos, en los actores políticos y sus relaciones de poder, construido en torno a los asuntos del poder, sujeción, sometimiento, obediencia, resistencia y rebelión desde la época prehispánica. Por ello, ahora tenemos una mayor preocupación por comprender de qué forma la población organiza y procesa sus creencias, imágenes y percepciones sobre su entorno político, y de qué manera éstas influyen tanto en la construcción de las instituciones y organizaciones políticas de una sociedad como en el mantenimiento de las mismas, los procesos de cambio y sus épocas revolucionarias.
Existen preguntas de los actores políticos que tratan de dar con soluciones, entre ellas: cómo perciben los mexicanos el universo de relaciones que tienen que ver con el ejercicio del mandato y la obediencia, y cómo las asume, qué tipo de actitudes, reacciones y expectativas provoca, y de qué manera éstas tienen un impacto sobre el universo político.
También, cuál es la cultura política de los actores políticos y sus relaciones de poder con los medios de comunicación, que va más allá de una actitud política, conducta o comportamiento político activo, del juego político de los actores y de la Teoría de Juegos. El finte, el engaño, la amenaza fanfarrona, el asalto a las arcas nacionales, el patrimonialismo de los puestos públicos que señala Max Weber, etcétera.

Actores políticos en los medios de comunicación
De aquí que la cultura cívica de los mexicanos se defina como parroquial, asistencial, paternal, la que se da en las sociedades tradicionales y subdesarrolladas como México, de aquí que se acepte un gobierno central autoritario hasta llegar al despotismo; los actores políticos, las instituciones y las organizaciones no consideran a los ciudadanos como mayores de edad sino como menores, los consideran incapacitados e inadaptados a las reformas para incidir en el desarrollo de la vida política.
Los ciudadanos como actores y sus relaciones de poder están vagamente conscientes de la existencia de un gobierno central autoritario y aceptan el despotismo; no les interesa participar en el desarrollo de la vida política, en la estructuración de decisiones políticas y en la formulación de políticas públicas, esto ya lo observa el pensador político francés Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu (1689-1755), en la sociedad europea de la época de la ilustración: “Lo peor en las democracias es que se acabe el apasionamiento , lo cual sucede cuando se ha corrompido el pueblo por medio del oro: se hace calculador, pero egoísta; piensa en sí mismo, no en la cosa pública; le tienen sin cuidado los negocios públicos, no acordándose más que del dinero; sin preocuparse de las cosas del gobierno, aguarda tranquilamente su salario”. Esta referencia se encuentra en su libro El espíritu de las leyes publicado en 1748, hace 364 años, y no quiero decir, que los actores políticos y sus relaciones de poder tengan una cultura política atrasada o retrasada, pero el mexicano se considera subordinado más que participante en el proceso político.
Todavía no existe una cultura política participativa como actores políticos de la sociedad mexicana para relacionarse con el poder a través de los medios de comunicación, de aquí que la democracia en México siga en su evolución primaria.
Rescato un comentario de Porfirio Díaz en la entrevista que le hiciera el periodista norteamericano James Creelman (1859-1915) en marzo de 1908: “Los indios, que son más de la mitad de nuestra población, se ocupan poco de la política. Están acostumbrados a guiarse por aquellos que poseen autoridad, en vez de pensar por sí mismos. Es ésta una tendencia que heredaron de los españoles, quienes les enseñaron a abstenerse de intervenir en los asuntos públicos y a confiar ciegamente en que el gobierno los guíe. Sin embargo, yo creo firmemente que los principios de la democracia han crecido y seguirán creciendo en México”.
Entonces, la democracia es parte de la participación activa de los ciudadanos como actores políticos en la toma de decisiones y en la elaboración de las políticas públicas.
De aquí la importancia de los estudios científicos y políticos del norteamericano James David Barber, publicados en su libro El ciudadano político: relación entre la cultura y la actitud política, influido por el libro de otro intelectual norteamericano teórico de la ciencia política y de las teorías de la comunicación, Harold Dwight Lasswell (1902-1978) Psicopatología y Política (1930), contribuyeron para que el psicólogo mexicano Francisco González Pineda escribiera un libro pionero El mexicano: psicología de su destructividad, en 1973, que estudia y describe la agresividad del mexicano como parte de la realidad psico-social del país, la influencia del cacique, del líder y de los operadores de la mercadotecnia financiera, sin olvidar los estudios del sociólogo mexicano Antonio Delhumeau Arrecillas: Los mexicanos frente al poder: participación y cultura política de los mexicanos, además del investigador mexicano de origen español Rafael Segovia (1928), El gran teatro de la política y La política como espectáculo. Podemos señalar otras lecturas, como El Laberinto de la soledad de Octavio Paz y El Perfil del mexicano de Samuel Ramos, y por supuesto los textos publicados en varios periódicos de circulación nacional de nuestro amigo René Avilés Fabila y que este año, en especial, ha recibido innumerables homenajes a su actividad intelectual, su trayectoria como escritor, literario y conocedor de la cultura política de nuestro país, sus actores políticos y sus relaciones de poder con los medios de comunicación.
Tenemos una lengua hegemónica dominante que posibilita comunicarse entre los actores políticos y sus relaciones de poder en los medios de comunicación: el castellano, además de aproximadamente 69 lenguas indígenas que se mantienen vivas mediante un gran esfuerzo. Entonces la diversidad lingüística es importante, porque en México existe una diversidad cultural de grupos indígenas con una peculiaridad y una complejidad multilingüística y multicultural; en México también existen comunidades diferenciadas como los migrantes europeos, asiáticos, africanos, norteamericanos, sudamericanos, centroamericanos, entre otros, que tienen sus comunidades dentro del territorio mexicano. Los casos más notorios son los judíos, españoles, italianos, argentinos, cubanos, franceses, ingleses, brasileños, hondureños, alemanes… Todas estas comunidades tienen sus actores políticos y sus relaciones de poder en los medios de comunicación, lo que les permite manifestarse contra políticas públicas que les afectan y para que sean respetados sus derechos humanos como ciudadanos universales; las comunidades españolas e italianas se han integrado plenamente y no son aisladas ni están encapsuladas como las comunidades inglesas y alemanas. Se comunican, vinculan, interactúan diariamente, se ponen de acuerdo para realizar acciones conjuntas. Expresan sus valores y conciencia individual condicionada a sus relaciones sociales y al lugar que ocupa en la sociedad. Esto es lo que hacen los actores políticos y las relaciones de poder con los medios de comunicación en las zonas rurales y urbanas de nuestro país.

Relaciones de poder en los medios de comunicación
A partir de estos estudios, de estos libros y del modelo de Almond y Verba se han diseñado en México encuestas de cultura política realizadas por el INEGI y la SEGOB, para clarificar las relaciones de poder en los medios de comunicación que deben tener los actores políticos, por ello las variables se centran en la percepción sobre instituciones, confianza y eficacia política, democracia y autoritarismo. Otras investigaciones, como el Barómetro Latinoamericano, se basan en estos temas, la elaboración de indicadores sobre el Estado y la democracia. Una de las investigaciones más sobresalientes que se debe consultar es la del programa de Naciones Unidas para el desarrollo en América Latina, que presentó en 2006 el informe del periodo 2001-2005 denominado “La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas”. Por lo tanto, podemos decir que existen democracias electorales en el que la sociedad desorganizada y organizada sacrifica la democracia por un mejor nivel socioeconómico y que el desarrollo de la democracia es a partir de la lucha contra la pobreza y la desigualdad y que solo entiende el ciudadano que la democracia es el sistema de gobierno no como un sistema de vida, en el que los partidos políticos se encuentran en severa crisis social. Entonces, desde los medios de comunicación se trata de fortalecer a la ciudadanía para promover nuevos proyectos colectivos viables, pero la representación de grupos poblacionales es baja y la asistencia a las urnas irregular, existe apatía en tratar los asuntos públicos.
Ésta es la relación de poder en los medios de comunicación entre ciudadanos, los actores políticos y el sistema político en términos de eficacia política; sólo evalúan las coyunturas electorales, funcionamiento de la democracia, y el deber ser de ésta para poder actuar.

* Ponencia presentada en el Foro “LA CULTURA POLÍTICA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN”. Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. Sala Fernando Benítez. Jueves 29 de agosto de 2013.
1Almond Gabriel, y Sidney Verbe, The civic cultura revisited, Boston, Little Brown. 1984. Y The civic culture: political. Attitudes and democracy in five nations, Nueva Jersey, Princeton University Press, 1963.