REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 07 | 2019
   

Apantallados

Norestes


Dalia Maria Teresa De León Adams

El teatro El granero del Centro Cultural del Bosque mediante la producción del INBA, Argos-Teatro y Caja Negra presentó en su periodo agosto-septiembre la obra Norestes, original de Torsten Buchsterner, bajo la dirección de Ignacio Flores de la Lama.
La trama surge en torno al incidente suscitado un miércoles 23 de octubre del año 2002, en el cual fueron tomados 80 rehenes, tras interrumpir una función de teatro por un grupo formado por 42 chechenos.
El teatro se llamaba Dubrovka y se encontraba ubicado en el centro de Moscú.
La finalidad de los chechenos consistía en hacer valer la petitoria del retiro de las diversas tropas, que en aquel momento histórico, habían penetrado en la región de Chechenia.
Dichos momentos de angustia, muerte y desolación, tendrían una duración de tan sólo 57 horas. Empero a la aparente brevedad del suceso, la toma de rehenes cobró la cifra de 170 víctimas que murieron en aquel percance.
Es en base a ello que esta obra fuera titulada de manera muy ad-hoc, bajo el apelativo de Norestes, ya que de algún modo, fuera el punto estratégico territorialmente hablando, que desencadenara el penoso siniestro.
La manera en que el director escénico Ignacio Flores de la Lama, describió la naturaleza de dicha masacre difícil de poner en escena es en sí interesante, pues presenta solamente a tres jóvenes actrices quienes fungen como portavoces del suceso en Rusia.
Cada una de ellas representa a los grupos en conflicto, ventilando el sufrimiento y las razones bélicas que cada bando, bajo su propia idiosincrasia cultural e inquietudes políticas e incluso religiosas, les llevará a ser autores de las circunstancias vividas.
Por un lado, la dramaturgia muestra un conflicto registrado por la lucha por obtener la independencia Chechenia; por el otro lado se explica la postura del gobierno del primer ministro ruso, Putin, quien se resistió a perder parte de lo que aún consideraba debía continuar siendo parte del poderío ruso.
La obra, por supuesto, tiene un trasfondo histórico, pero más que eso, permite infiltrar al espectador en el sufrimiento de ahora, dos pueblos distintos, no sólo por la disputa ante la lucha territorial, sino por haberse mantenido durante muchos años separados por diferencias socioculturales, que el autor intenta explicar mediante los monólogos que cada actriz presenta en esta trágica historia y que se logra mediante la técnica del recurso dramatizado de la narración.
La obra, pese a ello, no es una lectura. Cada actriz precisa de la modulación del habla y de los movimientos corporales, para hacer creíble la sicología de cada uno de los personajes femeninos.
En el reparto estelar se encuentran Claudia Ríos, Aurora Gil y Paula Watson. Junto con ellas se presenta un músico, Alberto Rosas, que toca el acordeón. Ello permite ambientar la trama con un toque de melancolía que la música en vivo le infiere y que es ocasionalmente acompañada de imágenes fotográficas, ampliadas en uno de los muros que constituyen el foro.
Ello, como parte de la creatividad escenográfica de Antonio Valle y la iluminación con un toque tenue de Mauricio Ascencio.
La última función de esta emotiva obra, tuvo lugar en reciente 29 de septiembre.