REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Apantallados

Belleza Ambigua


Francisco Turón

La puesta en escena Beauty Free Helena, escrita y dirigida por David Hevia, a partir de la obra de Eurípides, tiene varios ejes temáticos: uno que considero crucial es el tema de la mujer y vamos a analizar desde qué perspectiva ha sido planteando. Otro es el tema mítico que en este caso es el de Helena de Troya. Está también el tema del espacio-tiempo convencional, del cual me parece interesante la propuesta escenográfica del Duty Free de un aeropuerto egipcio que articula posibilidades de lecturas múltiples, y a su vez, incorpora un espacio vacío con una estética que es absolutamente contemporánea, y otra estética que es brumosa, es decir, de incorporación de antecedentes. Son éstas las bases para construir el discurso de la obra.
A estos elementos habría que agregar los antecedentes de Eurípides, ya que el autor clásico griego no se puede separar de la propuesta dramatúrgica de Hevia. Sabemos que Eurípides (484-406 a.C.) fue alumno de Anaxágoras, Protágoras, Arquelao y Diógenes de Apolonia. Otro dato curioso es que tenía una amistad con Sócrates, quien sólo asistía al teatro cuando se representaban sus obras. Todo mundo le reconoce porque es considerado, junto a Esquilo y Sófocles, uno de los tres poetas trágicos griegos de la antigüedad. Sin embargo, la concepción trágica de Eurípides está muy alejada de la de Sófocles y Esquilo, por satirizar muchos héroes de la mitología griega, centrándose en la vida interna y las motivaciones de sus personajes (aparecen esclavos inteligentes, rufianes, prostitutas, cocineros, el fanfarrón, el enamorado, el parásito, los viejos cómicos, etc.). En sus obras la parodia de los mitos desempeña en ellas un papel importante y cada vez va incorporando más elementos propios del drama burgués, la tragicomedia, y la onomasti komodein. Por eso Eurípides es conocido principalmente por haber reformado la estructura formal de la tragedia ática tradicional. Los rasgos diferenciales de su obra son: la innovación en el tratamiento de los mitos, la complejidad de las situaciones, la humanización de los personajes, la crítica de la divinidad tradicional, la discriminación del papel del coro, y la parábasis. Uno de los mecanismos más discutidos es el Deus ex machina, que en la obra de Helena lo hace a través de los Dioscuros (en la mitología griega hijos de Zeus, eran dos famosos héroes mellizos de Leda, hermanos de Helena de Troya y Clitemnestra, llamados Cástor y Polux) para calmar al rey Teoclímeno. Un éidollon enviado por los dioses que sustituye a la verdadera Helena quien había sido trasladada a otro Egipto, (sin que hubiera adulterio), algo semejante a sus Ifigenias.
Eurípides odiaba la política, por lo que la Comedia Media, ya no es una producción destinada exclusivamente a Atenas y no es fundamentalmente política. En la estructura dramática, especialmente en la distribución del reconocimiento y la intriga, Eurípides rompe con la vieja concepción de lo trágico, abriendo nuevas vías a la creación literaria. Sus obras tratan de leyendas y eventos mitológicos anteriores al siglo V a. C. de Atenas, pero adecuadas al tiempo en que escribió sobre todo de las crueldades de la guerra. Y el recurrente tema de la guerra en la obra euripidiana se debe a que siendo un niño tuvo que emigrar rumbo a Atenas a causa de la Segunda Guerra Médica, y ahí vive el resto de su vida decepcionado de los acontecimientos de la interminable Guerra del Peloponeso. Frente a la versión mítica usual de que Helena fuera la causante de la Guerra de Troya, y de todas las desgracias ulteriores, varias voces literarias se levantaron entre los griegos, pero sólo Eurípides es quien muestra su pacifismo con la pieza de Helena, quizás como alegato literario contra las calamidades de la terrible Guerra del Peloponeso. A través de sus tragedias nos convencemos que son del todo inútiles en las guerras, las discordias sin fin entre ciudades, y la efusión de la sangre humana.
De las 92 obras dramáticas que se le atribuyen, se conservan 19, de las cuales Helena, es de los pocos dramas euripideos de data conocida (412 a. C.) gracias a unos escolios de las Tesmoforiantes de Aristófanes, en donde parodió alrededor de 72 versos la obra de Helena, de los cuales cita 12 versos textualmente y 10 parcialmente. Estosícoro en su Palinodia dice que no fue Helena, sino un “simulacro” de ella, lo que llegó a Troya. Herodoto recoge la noticia de que Helena había permanecido en Egipto con el rey Proteo que se la devuelve intacta a Menelao cuando éste regresa a Troya. Eurípides asume parcialmente esas versiones míticas y aporta muchos elementos propios. Helena, en resumidas cuentas no ha ido a Troya, sino que se ha quedado en la corte de Proteo, rey de Egipto. Ha disfrutado de su protección 17 años, pero muerto tal rey, su hijo Teoclímeno la asedia y requiere en amores. Se ve obligada a refugiarse en la tumba de Proteo. En tal punto comienza la obra con el prólogo que inicia Helena. Vive en el palacio de Proteo a donde la llevó Hermes envuelta en una nube.
A la fecha, son innumerables las versiones libres, adaptaciones y obras escritas de “Helenas”. De las más sobresalientes que existen están las obras del cínico Diógenes de Sínope, quien hizo una parodia del tema literario. Goethe tomó diversos motivos en su Fausto. A principios del siglo pasado (1901) E. Verhaerens le sacó partido literario. Richard Strauss escribió en 1928 su famosa ópera sobre el mito. Por eso me llama la atención que un dramaturgo mexicano apueste por crear su propia elucidación dramática. ¿Pero qué nos dice esta obra más allá de la lectura no unívoca que nos cuenta una historia que sugiere otro final? Hay que tener diferentes aproximaciones para confrontar esta puesta en escena más allá de una explicación etiológica: Helena tras morir, será una diosa, y Menelao pasará a la isla de los Bienaventurados. Al final del día, toda obra es una tirada de ideas sobre lo personal y lo social. En ese sentido, las personas tenemos un amplio poder de decisión sobre quiénes somos. Pero la estructura social condiciona muchas veces más allá de la voluntad. Recordemos que en el Egipto actual hay fundamentalistas con una visión clásica de la mujer.
Acá Helena (Marina de Tavira) es un personaje que es una semidiosa que se combina con los dioses. Helena, una figura pública como lo es una modelo o una actriz de cine. ¿Pero qué significa hoy una semidiosa? ¿Una mujer que gracias a los embates publicitarios vende productos con su imagen? ¿Helena es la diva reproducida hasta la náusea en millares de ejemplares cumpliendo la maldición de la copia?
En el programa de mano el autor escribe (basado en la teoría de Estosícoro), que Helena es un simulacro, y eso significa que la ausencia subyuga. La Helena de Eurípides nunca estuvo en Troya, sino en Egipto, aquello en Troya era una imagen, una nube. ¿Qué Helena? La que todos creemos conocer…” Y esto es lo que lo hace contemporáneo: Todas las mujeres son como Helena, es decir, un simulacro de ellas mismas. El epítome de que la belleza es poder. Esto se refleja no sólo con el personaje de Helena, sino también en el personaje de Teónoe (Diana Sedano) hermana de Teoclímeno (Miguel Ángel López), al hacer un desnudo que evoca en el contexto del mundo clásico, un sentido relacionado con la belleza divina. En la era romana, a diferencia de la griega, no se permitía que hubiera desnudos al menos que se tratara de atletas o dioses. Por otra parte, mucho se puede escribir respecto a si estamos ante una verdadera tragedia. Como género teatral lo considero más bien un melodrama. Hay que puntualizar que en la obra de David Hevia, en verdad, la unidad trágica se resiente: los motivos míticos se amontonan, hay un exceso de la narración en donde la ironía trágica es evidente, los dioses aparecen pero su intervención en la acción dramática es mínima. Es el hado, la fortuna lo que ocupa un lugar primordial en el curso de la acción. El hombre no es víctima de los designios divinos, sino más bien es un juguete del azar.
Toda obra teatral es símbolo de un entorno. Como mencionaba hay muchas posibilidades de acercamientos a esta puesta, y una de ellas es el espacio. La Helena de Eurípides está en un puerto. Menelao llega en barco casualmente a la playa donde está ella. Es un lugar de tránsito, arribo, y partida. Es una zona de frontera donde la puerta sirve tanto para un lado, como para el otro. La Helena de David Hevia, se ubica en un aeropuerto, ya que por excelencia es el lugar del desencuentro absoluto y de la dispersión. Un área en el que en vez de confluencia, hay difusión. En definitiva nos está mostrando un espacio de fronteras que no sólo se limita al nivel físico de un aeropuerto. Hay espacios de frontera en relación al concepto de la mujer, y a la reacción histórica. Uno de los temas que desarrolla la obra es: ¿Qué pasa cuando te quedas congelado en una frontera? Y ése es un tema fundamental en nosotros, porque la migración tiene que ver con los que desean cruzar y no pueden. Ni para acá, ni para allá. Un territorio de nadie donde las fronteras del pensamiento, las culturales, las físicas, las temporales, y sobre todo, las de la articulación de la mujer como un espacio de frontera, son elementos especialmente interesantes para una lectura fértil. Y esta apreciación a su vez abre varias preguntas: ¿Qué significan las culturas locales en un espacio de destrucción cultural? ¿Por qué ubicar la historia en un espacio libre de obligación? ¿Qué es la cultura en un Duty Free? En ese sentido Beauty Free Helena es el espacio de la dualidad.
Por eso no hay que perder de vista que la naturaleza del mito es ambigua y funciona como una catapulta para poder hablar de varios temas. Está la lectura del tema del doble: la importancia del amor y de la vida individual, la separación de los amantes, que si raptaron o no a Helena, la princesa prisionera y luego liberada, la mujer alejada de su esposo, en suma, estos son motivos literarios de un elevado rendimiento, tanto en la literatura helenística e imperial, como bien puede comprobarse en los temas dilectos de la novela moderna.
En la actuación hay un manejo de las connotaciones del aspecto físico y la mutación, coordinado por el director y autor David Hevia, sobre el acompañamiento de la creación de personajes de los actores que invadieron con su pensamiento la obra en el plano de una ambigüedad que todos vemos en los resultados finales. De hecho hay dos tipos de ambigüedades: una dual por parte de los personajes arquetípicos, y otra que convive en la obra permitiendo diferentes acercamientos muy atractivos por parte de los actores. Aunque no se termina de dibujar el bosquejo mitológico en el que hubo una guerra de diez años por la mujer más bella del mundo que fue infiel, y se fugó con otro. Y la otra Helena que nunca estuvo en Troya, ya que permaneció en Egipto, y es una mujer fiel. Incluso el mito original también es ambiguo: Agamenón sacrifica a su hija para que haya vientos favorables al comienzo de la guerra, sin embargo, luego se dice que no la sacrificó, que los dioses se la llevaron a Áuride, y allí sigue viva. En paralelo hay otro horizonte en el que está la guerra en la cual se urdió un plan para atacar a Troya con otro interés. En cualquier caso, la historia de Helena es un pretexto para hablar de algo más. Pero lo que importa en esta puesta en escena es el discurso que Hevia intenta instrumentar a través de este trabajo en un espacio-tiempo etéreo como lo es un Duty Free del Cairo, incidiendo ya no sobre la mujer, sino en “el hombre roto” en una estructura de carácter social. El tema central del cual se derivan los demás, es el conflicto oriente-occidente, y esto le da a la obra un sentido actual, mítico, filosófico, político y social. Recordemos que Troya era el parte aguas cultural de dos civilizaciones y de dos miradas: la griega y la oriental. Y esas miradas históricamente tienen una gran influencia. Hoy existe un modelo egipcio en donde confluye occidente. Una lectura no es excluyente de la otra. Las posibilidades de lecturas son múltiples y complementarias, y no necesariamente evitan las contradicciones, sino por el contrario, juegan con ellas para potenciar las lecturas. Puedo hablar también de una construcción hiperrealista de la puesta y de una visión estética del producto, y extenderla a una cuestión sociopolítica en donde Helena es una bisagra de un punto de articulación que permite las distintas lecturas a partir de un ordenador axial.
Llegando a este punto me pregunto: ¿Cuál de las lecturas es la pertinente? ¿La de género, la histórica, la mítica, la espacial, o la social? Una de las vertientes que me resultaron más interesantes es el reajuste del tema que plantea Eurípides, y el marco referencial del mismo, mucho más que el discurso contemporáneo, o que el de la puesta en escena. El reto consiste en integrar el mito de Helena en un contexto inmediato evitando el exceso narrativo en el que la estructura se fracciona y se pierde lo acumulado junto con el hilo conductor de ese discurso. El valor de la obra consiste en la apuesta intelectual de jugar con el doble mito de Helena que hace David Hevia, a partir de su relación con Eurípides y su entorno, y la actualización que de él se tiene. Y esta lectura le da un peso excesivo a: ¿qué significa la obra hoy? Las relaciones con el teatro clásico y con todas las conclusiones que éstas tienen a través de Eurípides, es una de las tendencias, pero el discurso actual es lo que importa para enriquecer una ética y una circunstancia contemporánea. Si no se volvería un juego erudito en donde estaríamos viendo un teatro arqueológico para especialistas. Si bien la obra tiene un caudal de información que implica que el espectador debe tener un conocimiento previo, no es excluyente a una posibilidad de apropiación del espectador. Cuando uno elige un tipo de teatro, está eligiendo a la vez, a su público.