REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto


Alonso Ruiz Belmont

Medios de comunicación y poder: democracia y libertad de expresión en los Estados Unidos
Alonso Ruiz Belmont

El perseverante activismo que durante años han encabezado amplios sectores de la sociedad mexicana para exigir el desmantelamiento de los monopolios en la industria de las telecomunicaciones y la radiodifusión en nuestro país, es una lucha que reviste una importancia crucial en la defensa de principios estratégicos para la consolidación de nuestra incipiente democracia: la libertad de expresión, la libertad informativa, la rendición de cuentas y la subordinación del poder económico al interés ciudadano. La reciente aprobación de la Reforma en Materia de Telecomunicaciones y Competencia Económica podría significar un avance histórico en este sentido; pero supone apenas el inicio de un difícil, largo e incierto proceso. El papel que debe jugar el Estado para garantizar que los agentes económicos ofrezcan a los ciudadanos servicios de calidad a precios competitivos, es también una herramienta fundamental para que en nuestro país se puedan aplicar políticas públicas eficaces que permitan abatir las enormes desigualdades materiales y generar así nuevas alternativas de progreso social.
Muchos darían por sentado que en los EE.UU., principios como la libertad de expresión, el derecho a la información y el respeto a los derechos ciudadanos por parte del Estado (consagrados en la primera enmienda a la Constitución de los Estados Unidos) gozan de cabal salud. De igual modo, tampoco sería exagerado pensar que en la economía más rica del mundo, la regulación de los monopolios y la libre competencia en los mercados se llevan a cabo de acuerdo a pautas elementales de transparencia. Sin embargo, la realidad es muy distinta y rebasa por mucho la más perturbadora de las ficciones. Durante los últimos treinta años, la escandalosa concentración en la propiedad de los medios masivos de comunicación (producto de las corruptas políticas económicas desregulatorias que iniciaron durante la presidencia de Ronald Reagan) ha propiciado el surgimiento de gigantescas corporaciones mediáticas, relacionadas a su vez con sectores estratégicos de la economía estadunidense (particularmente la industria armamentista). Las estrechas vinculaciones que operan entre el poder económico de estas grandes corporaciones, el complejo militar industrial y la clase política; han dañado seriamente el funcionamiento de los procesos democráticos en ese país (considerado por antonomasia, una de las grandes democracias liberales del mundo occidental) y lo alejan peligrosamente de un principio fundamental que se halla plasmado en su constitución: la rendición de cuentas. Esta peligrosa tendencia oligárquica se ha agudizado durante los últimos veinte años, sin que la mayor parte de los ciudadanos estadunidenses pudiese siquiera percatarse de ello. La institucionalización de un Estado orwelliano después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, ha agravado aún más esta peligrosa situación.
Hoy más que nunca en la historia de los Estados Unidos, las grandes corporaciones mediáticas de aquel país se han convertido en un instrumento de control social. Su función estratégica consiste en legitimar los intereses hegemónicos que comparten con la clase política, el mundo empresarial y el sector financiero estadunidense; así como en ocultar la inmensa corrupción que impera en dichas esferas. Para ello, propagan sofisticadas estrategias de manipulación informativa entre la opinión pública, a través de las cuales silencian (e incluso reprimen) toda manifestación de disenso político.
La cinta documental Shadows of Liberty (2012), de Jean-Philippe Tremblay, retrata el panorama antes descrito con particular lucidez y dramatismo. El filme de Tremblay ofrece un recuento histórico de las políticas que llevaron al surgimiento de las grandes corporaciones mediáticas norteamericanas; sus estrechos vínculos políticos con presidentes, senadores y congresistas, así como el nocivo poder que ejercen actualmente sobre el periodismo independiente.
Shadows of Liberty muestra que el surgimiento de los primeros monopolios mediáticos en los EE.UU tuvo su origen en la aprobación de la Ley de Comunicaciones de 1934. Las tres mayores radiodifusoras privadas (ABC, NBC y CBS) comenzaron la venta de espacios publicitarios durante sus transmisiones. A partir de entonces, la publicidad desplazó a la información como la principal fuente de ingresos para estas compañías. Años después, todas acapararían la televisión comercial aplicando la misma política de comercialización. Las “Tres Grandes” como se les conocía popularmente, dominaron la mayor parte del mercado televisivo y la radiodifusión en los Estados Unidos hasta principios de los años noventa.
Hacia 1986, Ronald Reagan autorizó la fusión de General Electric (GE) y RCA. Comenzaban así las políticas desregulatorias. La Ley de Telecomunicaciones de 1996, firmada por Bill Clinton, rebasó los límites de lo imaginable y resultó crucial para dar paso a una nueva oleada de alianzas empresariales bajo un régimen de propiedad cruzada en la industria de la comunicación. Aparecieron nuevas corporaciones mediáticas cuya influencia política y financiera ha cobrado proporciones monstruosas. Comenzaba la era de las “Seis Grandes”: Time Warner, The Walt Disney Company, Viacom, News Corporation, CBS Corporation y Comcast. En conjunto, estas poderosas compañías controlan prácticamente la totalidad de los medios de comunicación más importantes en los Estados Unidos (cadenas de televisión abierta y restringida, periódicos, radiodifusoras, editoriales, estudios cinematográficos, revistas, la industria de los videojuegos y los más importantes proveedores de internet en aquel país).
Estas grandes corporaciones necesitan continuar expandiéndose para incrementar sus utilidades en un competitivo entorno globalizado y gastan millones de dólares en cabildeo para convencer a los legisladores de aprobar nuevas fusiones. A su vez, los políticos estadunidenses necesitan la exposición mediática y las generosas contribuciones de los medios para financiar sus campañas. El intercambio mutuo de favores y las relaciones públicas desplazan a la información. En dicho contexto, el periodismo independiente no tiene cabida alguna en ninguna de esas corporaciones.
En el filme de Tremblay destacan dos casos paradigmáticos que ilustran claramente la crisis que viven la libertad de expresión, el derecho a la información, los procesos de rendición de cuentas y la división de poderes en los Estados Unidos.
En 1996 Kristina Borjesson, productora de la CBS, realizaba un reportaje sobre el accidente del vuelo 800 de TWA. El avión había explotado sobre el Atlántico el 17 de julio de aquel año minutos después de haber despegado del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy en Nueva York. Los 230 ocupantes del Boeing 747 perecieron. Borjesson habló con numerosos testigos, así como con algunos expertos que pudieron examinar una parte de los restos. Todo sugería que la aeronave pudo haber sido derribada por un misil antiaéreo. El FBI presionó a la CBS para que detuviera inmediatamente su investigación y la empresa le ordenó a Borjesson que abandonase la historia. La periodista confrontó a sus superiores pero fue despedida poco después. La versión oficial (cuestionada por numerosos expertos) atribuyó el siniestro a una falla mecánica: la chispa de un cable en mal estado había producido una explosión en el tanque central de combustible. Poco después del accidente, un ex policía llamado James D. Sanders y su esposa Elizabeth, quien trabajaba como aeromoza en TWA, comenzaron a recabar información sobre la tragedia. Desde 2003 Sanders ha escrito tres libros acerca del vuelo 800. En 1997 publicó The Downing of TWA Flight 800 (Zebra), el autor planteaba que el avión había sido derribado accidentalmente por misiles antiaéreos que habían sido disparados durante una serie de ejercicios navales que la marina estadunidense llevaba a cabo en el área el día de la tragedia. El 17 de julio de 2013, Sanders publicó una segunda edición actualizada de The Downing of TWA Flight 800 (Pinnacle Books) en donde confirma sus hallazgos iniciales y sustenta todas sus afirmaciones con reportes oficiales sobre las actividades navales en la zona el día de los hechos, peritajes de todo tipo, registros originales de las imágenes de varios radares y fotografías. En la segunda edición del libro, el autor señala que el día del siniestro la marina probaba un nuevo sistema de misiles antiaéreos, en aquel entonces ultrasecreto. El sistema de navegación de uno de los proyectiles falló y alcanzó a la aeronave. Por otra parte, es importante precisar que en 1996 CBS era propiedad de Westinghouse, una corporación cuya mayor fuente de ingresos provenía de sus contratos de defensa con el gobierno. A su vez, el presidente Clinton se preparaba para buscar un segundo mandato en las elecciones de aquel año y no permitiría que un escándalo acabase con su carrera política. Con la ayuda del FBI, la CIA y la Marina, montó una operación de encubrimiento. El reportaje de Borjesson resultaba tan peligroso para los intereses de Westinghouse como para los de Clinton.
Poco después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, Sibel Edmonds, una agente del FBI que realizaba tareas de inteligencia como traductora de farsi y turco, descubrió una importante red de espionaje. Edmonds confirmó que Marc Grossman, un funcionario de alto rango en el Departamento de Estado, había vendido secretos militares sobre el arsenal nuclear estadunidense a agentes de inteligencia turcos e israelíes. La agente informó a sus superiores del hecho, pero se le ordenó guardar silencio. Luego de pedir una explicación fue cesada inmediatamente. Edmonds demandó a la agencia por despido injustificado. El gobierno de George W. Bush solicitó una orden judicial para impedirle revelar todo lo que sabía, alegando razones de seguridad nacional. Pese a que las actividades de Grossman (un destacado neocon) constituían un delito grave, los más importantes periódicos y cadenas noticiosas estadunidenses no hablaron jamás sobre el escándalo. En cambio, la historia fue seguida con atención por la prensa europea. Periódicos como The Sunday Times, Le Figaro y The Guardian (por mencionar sólo algunos) dieron amplia cobertura al caso. Grossman jamás fue investigado por las autoridades y continuó su carrera diplomática. El 22 de febrero de 2011, Barack Obama designó a Marc Grossman como su enviado especial en Afganistán y Pakistán, en sustitución de Richard Holbrooke. Grossman se retiró del cargo el 14 de diciembre de 2012. Desafiando las amenazas del FBI y el rechazo de todas las casas editoriales en su país, Edmonds publicó por su cuenta Classified Woman. The Sibel Edmonds Story (2012). En el libro, la ex agente revela que la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado mantuvieron estrechos vínculos con militantes de Al Qaeda hasta meses antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, traficando drogas y armas en Asia Central como parte de varias operaciones encubiertas.
Shadows of Liberty también muestra los peligros que surgen cuando la desinformación y el fervor patriótico nublan por completo la objetividad y la conciencia critica. Durante la invasión a Irak en 2003, las grandes cadenas noticiosas como CNN y FOX enviaron corresponsales que viajaban como “periodistas asignados” (“embedded journalists”). Todos estos individuos viajaron con entusiasmo en los convoyes militares estadunidenses para cubrir el inicio de la ofensiva militar y grababan sus reportes únicamente cuando los oficiales les autorizaban a hacerlo, sin cuestionar jamás las indicaciones que recibían. Este férreo control informativo tenía el claro propósito de evitar que dichos periodistas no emitiesen opiniones críticas en el transcurso de sus transmisiones. Lo anterior no habría sido posible si aquellos corresponsales no hubiesen creído ciegamente en los argumentos de un gobierno que justificó una larga y sangrienta guerra a base de mentiras.
En The Structural Transformation of the Public Sphere. An Inquiry into a Category of Bourgeois Society (The MIT Press: 1991), el filósofo alemán Jürgen Habermas planteó que el desarrollo de múltiples fuentes independientes y alternativas de información, es el único modo de salvaguardar los procesos participativos y críticos de la democracia liberal ante las presiones totalizadoras que emanan del poder económico y político.
El caso estadunidense nos muestra que la monopolización de los medios masivos de comunicación puede ejercer efectos devastadores para la calidad de un régimen democrático. Ése es el desafío que enfrenta nuestro país de cara a la discusión de las leyes secundarias que definirán el éxito o fracaso de la Reforma en Materia de Telecomunicaciones y Competencia Económica. Hacer que el mercado sirva a los individuos y que el Estado proteja nuestras instituciones democráticas.