REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Confabulario

La palabra domesticada


José Juárez

Para el hombre la palabra está domesticada, porqué desde que el individuo normal comienza a hacer uso de la palabra, desde su tierna infancia, hasta alcanzar su madurez intelectual, va dominando la pronunciación de las palabras a la medida que su educación le va permitiendo desarrollar su aparato reproductor de sonidos, de esta manera va corrigiendo la articulación de cada una de las palabras; las aprende y probablemente llegue a domesticarlas plenamente, en sentido figurado. Lo que nos proporciona una imagen de la realidad, o mejor dicho, nos proporciona la esencia de cosas particulares o de fragmentos que forman parte también del receptor como una unidad inseparable. Ello implica que a través de la poesía y de los símbolos —lingüísticos— el humano intenta incorporar todas las dimensiones que lo integra a la realidad del mundo, porque al igual que él, el símbolo participa de esa dimensión múltiple que es también la realidad del hombre, porque la hipótesis del trabajo debe ser una constante crítica, para poder comprender el conjunto de palabras e ideas que conforman un texto. Ya que el poder del ser humano, como decía el sofista Protágoras de Abdera, en su libro Acerca de la Verdad, “el hombre (y su capacidad lingüística ordenada) es la medida de todas las cosas”.
“En un gran número de idiomas, la composición se limita a lo que podemos llamar la “función delimitadora”, esto es, que a uno de los dos o más elementos componentes le es conferida una significación más precisamente determinada por los demás, los cuales no contribuyen con nada a la estructura formal de la frase”.1 Es decir, de acuerdo con su naturaleza, con los elementos que entran en la composición y el orden en que se colocan las palabras, esto nos recuerda que toda lengua es en sí misma un arte colectivo y que todo artista o escritor tiene la obligación de aprovechar los recursos estéticos de su propio idioma o lenguaje para ornamentar su creatividad.
El privilegio que el ser humano adquiere, es un ejercicio fantástico, el dominio de los órganos bucales: la lengua, adquiere en consonancia con la ayuda de la cavidad bucal. Más sorprendente puede parecernos si reflexionamos cómo el cerebro ordena y habilita a la lengua a moverse con tanta agilidad y cómo ésta recibe esa orden comandada a distancia, y logra producir todo ese conjunto de sonidos musicales, digámoslos así, que unidos entre sí y sujetos a un concepto de unidad armónica, producen las palabras según el tipo de idioma que cada individuo tiene.
Quienes hacen uso de la palabra hablada o escrita, producen discursos de todo tipo que logran elaborar una belleza sinfónica que puede sorprender al común de los mortales, su dominio es tal, que podemos compararlo con un cantante de ópera, cuya expresión potente y armonizada produce sonidos o palabras agradables al oído, tal es el caso del poeta que mediante la métrica o la rima producen magnificas obras de arte.
Aquí podemos también, hacer hincapié en la participación del oído que sin él no podríamos con facilidad articular las palabras, tal es el caso de los sordomudos, que no logran pronunciar las palabras porque tienen estropeado el oído que no pueden articular palabras ni les permiten modular los sonidos. Sin este sentido, según el grado de pérdida del oído, el hombre no podría articular las palabras. Para el ser humano la voz y la palabra es el eco de nuestra conciencia.
Para el hombre que escribe la palabra está en estado salvaje. Respecto a esta otra metáfora, podemos darle diferentes connotaciones e interpretaciones. Cuando hablamos del estado de la palabra que se encuentra en estado salvaje, entendemos que anda por ahí como un brillante sin ser pulido, en estado natural o como un animal abandonado a su suerte en un estado salvaje sin ser domesticado. La palabra es como una fiera salvaje, si desde pequeña tiene contacto con el hombre puede controlar su agresividad y volverse una fiera domesticada como el león del circo, que puede convivir en contacto con su domador. Una de mis actividades practicadas anteriormente fue la cetrería, en la que llevé una relación admirable con mis halcones que adquirí, en estado salvaje.
Mediante el conocimiento y práctica de la “cetrería”, el hombre ha adquirido la habilidad de domesticar y cazar con aves rapaces, especialmente con halcones, azores y otras presas, para capturar especies de aves de vuelo o de tierra.
Biológicamente, se trata de una simbiosis (entre hombre y animal) en que ambos se benefician. Como lo afirma uno de sus mayores expertos mundiales, Félix Rodríguez de la Fuente, él la definió como una actividad en la que por 'primera vez el hombre no sometió al animal al yugo y al látigo'. El cetrero captura, liga el ave al propio hombre por reflejos condicionados, y la entrena para la caza y para la fidelidad.
Así como es indispensable una buena gramática para aprender un lenguaje, también para la cetrería es indispensable un buen halcón peregrino, uno de los más veloces de su especie. En estado salvaje el halcón peregrino puede dar alcance a casi todas las aves que vuelan en nuestras latitudes, aunque en rigor, se alimentan de pájaros medianos y pequeños. Rodríguez de la Fuente nos dice que: “Algunas aves, precisamente las más apetecibles por el halcón, como las diferentes razas de palomas, las tórtolas, ciertas pequeñas zancudas, los alaúdidos y otros pequeños pájaros, dotados de gran velocidad y poder acrobático, llevaría al peregrino demasiado lejos en la persecución, esquivando una y otra vez sus ataques”2. Cuando eso sucede tarde o temprano el halcón atrapará su presa fuera del alcance de la vista del cetrero y éste se perdería en la distancia. En estas circunstancias similares o cuando pasaba un halcón hembra, llegué a perder excelentes especímenes.
Con mis halcones tuve una convivencia armónica y, una interrelación de afecto indescriptible, de la misma manera que lo hago en la actualidad con mis cotorros, los que me gritan cuando me oyen llegar: ¡Papá Pepe, Papá Pepe!...
Los halcones en estado salvaje son terriblemente agresivos y, pueden atacarte con violencia, a tal grado que llagaron a rasgarme la piel, antes de ser domesticado. Pero después de sacarlo de su estado salvaje llegamos a tener una relación de amistad intensa que cuando los perdía, mi pena era tan grande como si hubiese perdido a un familiar cercano.
Estos ejemplos particulares sobre los animales en estados salvajes, sirven para ilustrar el tema sobre las palabras que están en estado salvaje, antes de caer en las manos del poeta o del escritor. Además podemos considerar al lenguaje como un instrumento capaz de responder a diferentes empleos psíquicos, que van fluyendo paralelamente al contenido de la conciencia, lo que suele generalmente llamarse razonamiento. Por otra parte, tenemos entendido que la palabra aislada expresa un concepto simple o bien una combinación de conceptos vinculados entre sí que forman una unidad psicológica; es decir, unidad con elementos radicales de palabras susceptibles de análisis con la influencia modificadora o formativa de conceptos subsidiarios. Porque todo humano tiene que aprovechar los recursos estéticos de su propio idioma.
Las organiza y estructura, utilizando todas las reglas gramaticales, y las organiza para producir sonidos hermosos.
Pero también, podemos decir que en la gramática tradicional, una palabra es como una cadena de filigrana engarzada por eslabones literarios o dicho de otra manera, son los segmentos limitados por pausas o espacios en la cadena del habla o de la escritura, que puede aparecer en otras posiciones, y que está dotado de una función: la de comunicar; en la que queda inscrita la iconicidad. El icono está entre la presencia y el nombre, entre el ver y el decir, entre el mostrar y el decir. Por lo tanto el icono no es un nombre como el de José; el icono es una figura, en cambio el nombre es una palabra y la palabra procede de operaciones manuales coordinadas por la vista. Por ejemplo, el icono me sugiere las pinturas rupestres de Altamira, ésta sería la fuente del propio significado de la palabra. Cabe señalar que el icono, lo icónico, la iconicidad “viene desde la prehistoria.3”
Por otra parte, podemos decir que en la gramática tradicional, una palabra es como una cadena de filigrana engarzada por eslabones literaria o dicho de otra manera, son los segmentos limitados por pausas o espacios en la cadena del habla o de la escritura, que puede aparecer en otras posiciones, y que está dotado de una función: la de comunicar.
—Mi amigo, el premio Nobel de Literatura (1972), Miguel Ángel Asturias, al contemplar una de mis obras, me preguntó: ¿qué o cómo le haces para obtener la idea de un cuadro?
—Yo le contesté, eso es lo más difícil y también lo más traumático, cuando me enfrento al lienzo vacío; pero esa capacidad se obtiene con la práctica y el ejercicio mental constante: recordar e imaginar ideas, formas soñadas, vividas, leídas o imaginadas que organizo y ordeno en una estructura o composición armónica y bella, que esté en relación con el espacio del soporte o del cuadro. Estas ideas o formas icónicas son poseídas por las actividades intelectuales antes señaladas; sabemos que quien expresa un rostro en una obra, representan emociones que él (su autor o creador) quiere transmitir, pero también expresan sensaciones que el espectador percibe en el momento de la contemplación, y que obtiene de la obra, dependiendo de su estado anímico; es decir: es la lectura del símbolo icónico representado en la obra y que obedece según el nivel de instrucción, y sensibilidad que tiene el espectador. Esta lectura es la voz, es la cuna de la música de sus pájaros dormidos; son sus propias palabras silenciosas que se van haciendo palabra en el corazón del individuo receptor.
―Él agregó: “yo me levanto muy temprano todos los días a cazar palabras y cuando llego a encontrar una palabra que me es útil para mi texto me doy por bien servido.
Hablando lingüísticamente, podemos también decir, que el concepto de palabra es mucho más problemático de lo que la definición anterior sugiere. Determinar qué constituye fonéticamente o morfosintácticamente, una palabra es un problema abierto, así por ejemplo junto a los morfemas ligados y las palabras léxicas existen los clíticos 4 cuyo estatus de palabra es discutido. La rama de la lingüística que estudia la composición y estructura interna de las palabras es la morfología. Pero esto quizás pueda sea útil como una herramienta que sirve para llevar a cabo un trabajo o una actividad mucho más especializada, pero es una herramienta que hay que saber cómo agarrarla para dar un buen acabado al trabajo u obra literaria que un escritor debe ejecutar. La palabra debe estar en consonancia con el discurso o el texto escrito, es decir, hay que domesticarla. Ya que el lenguaje es en sí mismo el arte colectivo de expresión, y la suma de miles y miles de intuiciones individuales. Además, porque sabemos que las distintas lenguas no se dan independientemente de la raza, la cultura y la lengua; esto es del conjunto de costumbres y creencias que constituyen una herencia social que determina la contextura de nuestra vida.

México, D.F. octubre 24 de 2009

1 Spir, Edward. El lenguaje. FCE. México. 1954. P. 79.
2 Rodríguez de la Fuente, Félix. El arte de la cetrería. Librería Noriega. ISBN 968-18-2226-9. México, 1986 P. 91.
3 Bueno Días, Gustavo. La funesta manía. Conversaciones con catorce pensadores españoles. Barcelona España 1993. p. 21.
4 Un clítico es un elemento gramatical que se escribe como una palabra o partícula átona independiente Ejemplo: en español son clíticos los artículos el, la, lo, los, las; que también fungen como pronombres clíticos de un verbo. En el análisis generativo se ha propuesto que los sintagmas con un clítico al frente son sintagmas determinantes (SD) más que sintagmas nominales ya que es el clítico el que debe considerarse núcleo de dicho sintagma.