REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Edwin Lugo

LA OFRENDA

Cuando el sol de tus ojos se detenga
en mis versos que son mi imploración,
no te enojes mi niña, no te ofrendan
que han nacido a pesar de la razón.

Demasiado me ha dicho el pensamiento
que debía callar mi inmenso amor,
¿Mas qué quieres mi bien si este tormento
ha obligado a gritar al corazón?

Mejor que al deber me acojo diestro,
a la cauda sin fin de tu bondad,
mi miedo y mis angustias dejo presto
¡Cómo ofrenda a los pies de tu piedad!



LA INDECISIÓN


Conmovido por tu alma limpia y pura
que el dolor fue incapaz ya de empañar
me tientan con denuedo tu hermosura,
tu porte de sultana, el ritmo de tu andar,
los rasgos de tu cara, tu gracia y donosura
tus ojos almendrados que me hacen suspirar.

Y en loco desvarío no acierto ya a encontrarme
ni sé ya qué es más bello, más fácil de adorar,
si el cuerpo que es trofeo capaz de enamorarme
o el alma que es promesa de una eternidad

¡Ay señora, tan dama!
tan digna y reposada en su lugar.
te veo cómo a la Virgen soberana,

Y aún muriendo de ansias por tu cara
no oso levantarte la mirada
¡Y me quedo temblando ante tu altar!





SIN QUE TÚ LO SUPIERAS

Sin que tú lo supieras
he mirado tus manos:
pequeñitas, graciosas,
como dos tiernos tallos.

Sin que tú lo supieras
he admirado tu boca
donde perlas y rosas
mil suspiros provocan.

Sin que tú lo supieras
me he perdido en tus ojos,
y sus áureos reflejos
son cual soles radiosos.

Sin que tú lo supieras
me he asomado a tu alma,
desde entonces, amada,
he perdido la calma.



EL RUEGO

Hechizado ante la magia de tu porte,
no debiendo y sin dejar de hablar,
sin osar pronunciar nunca tu nombre
me pregunta el corazón si puede amar.

Bien veo, que soy indigno de quererte,
también que nada tengo que esperar
y aunque sé que jamás he de tenerte
busco al menos el consuelo de llorar,

Que llorar por amor es buena suerte,
y aun si sufro por ti es ya gozar.
mas quiere mi ternura complacerse

en el blando confín de tu piedad,
y te pide que antes de la muerte
tu nombre me permitas pronunciar.




ODA A TUS VESTIDOS

Con el vestido lila que tu cuerpo agracia,
¡Cual una violeta florece tu gracia!

En tu vestido blanco como de paloma
es una camelia tu linda persona.

En un vestido verde como la esperanza
mis ojos se pierden allá en lontananza.

En un vestido rojo como la pasión
enciendes la hoguera de una ilusión.

En un vestido azul como un plumaje
eres del poeta su ansiado miraje.

En un vestido negro como la amargura
se torna un misterio tu fina figura.

En un vestido rosa cual una fragancia,
eres niña hermosa ¡Delfina de Francia!



EN EL JARDÍN

El otro día en mi jardín
se proclamaba una rosa:
¡Soy reina de este confín
y no hay otra más hermosa
que se parezca a mí!

Las demás flores vencidas
sin discutir asintieron
y en torno a la flor reunidas
en elogios compitieron.

Pero llegaste tú al fin
y al ver tu cara radiante,
se quedó mudo el jardín
y le dio por suspirarte
¡La rosa reinó hasta allí
y empezó a marchitarse!


*Del libro inédito Brisas del caudal. Episodios poéticos.