REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Fragmentos diarios


Hugo Enrique Sáez A.

Quino es un filósofo que dibuja. Hay críticas que sostienen una falsa hipótesis: sus personajes no son niños sino adultos chiquitos. No lo entendieron. Tienen la mirada de niños que los adultos estamos perdiendo con cada arruga el rostro, y desde allí señalan las incongruencias cotidianas que muchos se niegan a reconocer. Esas historias nos ayudan a comprender lo miserable del mundo que han construido individuos tan serios como los políticos, los militares y los empresarios. No me refiero a ellos como personas. Me preocupa la función que cumplen en la sociedad: controlar rebaños de ciudadanos, matar a otros seres humanos y acumular fortunas muy por encima de sus necesidades individuales.
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Leí una anécdota de Sartre, inventada, por supuesto. Se hallaba el incansable escritor existencialista en su café preferido de Saint-Germain-des-Prés, Les deux Magots; se acerca la mesera a su sitio y le pregunta qué le va a servir. Responde Sartre: “un café sin crema”. Se retira la muchacha y regresa algo preocupada: “Señor, se nos acabó la crema, pero, ¿podría traerle un café sin leche?” Me huele al absurdo de Ionesco. Sin embargo, yo viví una situación real absurda, tirando a surrealista, aquí en México.
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Ahora les cuento la experiencia del absurdo. En un pequeño restaurante de pueblo en Michoacán entré a comer ¿y a quién me encuentro acompañado de una mujer? ... ¡a Chava Flores! Por supuesto, no perdí la ocasión de saludarlo y confesarle mi admiración por sus canciones urbanas en las que retrata una realidad desbordante de gracia. Entonces me dijo en tono de consejo: 'Tenga paciencia con el servicio, no es muy bueno.' Las mesas eran atendidas por una niña de unos doce años. 'A esta muchachita le pedí cebolla picada y regresó con un cuchillo y una cebolla en la mano. Me explicó que no tenían cebolla picada pero que si yo quería podía hacerlo con el cuchillo que ella traía.' Me quedé esperando la canción del genial Chava Flores que relatara esa anécdota.
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La oración tiene sujeto, verbo y predicado. ¿Quién hace algo? ¿Qué es lo que hace? ¿A quién se lo hace? Lenguaje de primaria. Sin embargo, los adultos a menudo no sabemos distinguir quién es el sujeto de una acción determinada. Hoy en el diario El País se titula 'México eleva su apuesta por recuperar la paz en Michoacán'. Yo me pregunto: ¿quién es 'México'? ¿un dios todopoderoso? En todo caso, la información se referiría a una orden del poder ejecutivo mexicano, o a una iniciativa de las fuerzas armadas para intervenir con mayor intensidad en dicho estado. Otro caso de confusión gramatical. Una diputada del PRI aseguró que 'en Campeche es pobre el que quiere'. Una versión muy sofisticada del principio de causalidad: la voluntad individual es la culpable de la miseria. Entonces, en este mundo también es válido el juicio “imbécil es el que quiere”.
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Parafraseando a alguien que se refirió a la agricultura, el problema del mundo actual es que no está habitado por seres humanos sino por bancos, y sólo se piensa en cómo reproducir sus ganancias, aun a costa de la vida de millones de animales medio racionales. Y en el hormiguero de la megalópolis México habitan casi cinco millones de automóviles.
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“¡No a la privatización! ¡Sí a la reforma energética!” Es una de las frases centrales en la propaganda oficial para privatizar el petróleo. Según Sloterdijk la fórmula del cinismo político dice así: “ellos saben muy bien lo que hacen, pero aún así, lo hacen”. En este caso, saben que están privatizando a Pemex, pero tienen que enmascararlo para confundir a la opinión pública. La cobertura moral al servicio de la inmoralidad.