REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

Quitaracsa, Macondo en los Andes, vive días de cambios


Francisco Carranza Romero

En estos días la comunidad campesina de Quitaracsa vive el momento de muchos cambios que afectan a los valores morales y a sus manifestaciones culturales. Otro Macondo, pero en los Andes.
Por el proyecto privado de la construcción de la Central Hidroeléctrica Quitaracsa ya llegó la carretera semiafirmada sin puentes y túneles que disminuye las horas de viaje y da comodidad al viajero. El río Quitaracsa, fuera de dar la vida a la comunidad, va a producir la energía eléctrica que tanta falta hace. Junto a la carretera han llegado centenares de trabajadores foráneos con sus buenas y malas costumbres. Ellos se comunican sólo en castellano.
Los vehículos que circulan diariamente transportan maquinarias, combustible, gente, víveres, ropas y muchas cajas de cerveza. La actividad comercial es la más beneficiada.
¡Kananmi qillayllaakuy! (¡Ahora es el tiempo de ganar dinero!), dicen sonrientes los jóvenes campesinos del lugar con uniformes anaranjados y botas negras. Sin necesidad de salir de su pueblo han sido contratados como mano de obra no calificada debido a su nula preparación técnica. Sólo los ancianos, los discapacitados y niños -fuera del horario escolar- se dedican a las labores agropecuarias, al hilado y al telar. Por ser del nivel de bilingüismo subordinado quechua y castellano uno me preguntó por el significado del calificativo “mano de obra no calificada”. Le contesté dándole su correspondiente en quechua: upa maki. El hombre se puso serio, luego se marchó cabizbajo.
Como tanta gente forastera necesita un lugar para dormir, las habitaciones de las casas han sido alquiladas, por eso ya no hay posada ni para los familiares que llegan de visita. ¡Kananmi qillayllaakuy! Han aparecido pensiones de comida y tienduchas que venden más cerveza que otras cosas. Muchos terrenos de cultivo han sido afectados por la construcción del campamento y de la carretera. La empresa indemniza a los supuestos dueños de los terrenos afectados. Y, precisamente, este negocio crea enfrentamientos y rupturas familiares: Los hijos avivados reciben el dinero y no rinden cuentas a sus padres. Surgen falsos dueños de chacras que, aprovechando la ausencia de los verdaderos dueños, estiran la mano para recibir el dinero. Las autoridades locales convertidas en cómplices callan y no ponen orden; son también obreros de la empresa. El dinero, la coca y el licor corroen los valores como la lealtad, la solidaridad y el sentimiento familiar. ¡Kananmi qillayllaakuy!
En los fines de semana, cuando se reciben los salarios, reina el ambiente de borrachera por todo lugar. La chicha y el aguardiente han desaparecido, sólo se bebe cerveza.
La modernidad y la civilización han llegado brutalmente a Quitaracsa. Los valores morales temblequean. Los quitaracsinos están viviendo dentro de un ambiente donde el dinero circula con facilidad. El dinero es el amo supremo.
Cuando se termine la construcción de la central hidroeléctrica, y cuando ya no se necesite tanta cantidad de “mano de obra no calificada” se verán los resultados. Entonces será necesaria la relectura de las condiciones del contrato.