REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

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Zacatecas y Michoacán: las candidaturas independientes


Benjamín Torres Uballe

ANDARES POLÍTICOS
El triunfo de Raúl de Luna Tovar como candidato independiente a la alcaldía del municipio Enrique Estrada, en Zacatecas, sin duda marca un importante y definitivo precedente en todo México.
El hecho de que al fin un ciudadano tenga la oportunidad de competir por un puesto de elección popular, sin la perniciosa obligación de pertenecer a partido político alguno, es un enorme avance en el aún intricado camino de la frágil democracia mexicana.
A esta buena noticia se suma la aprobación por unanimidad el pasado jueves, en el pleno del Congreso del estado de Michoacán, de las candidaturas independientes para el cargo de gobernador, diputados de mayoría relativa y miembros de los ayuntamientos. La modificación al Código Electoral estatal entrará en vigor a partir de las próximas elecciones.
Hay que precisar, sin embargo, que las candidaturas independientes de ninguna manera son la panacea para eliminar a los candidatos nefastos e indeseables que vía un partido político se adueñan y eternizan en el poder, y con ello todo lo que les beneficia: dinero, influencias y nepotismo.
Incluso, se debe estar consciente de los riesgos subyacentes, los cuales hay que ponderar con mucho cuidado. Entre ellos está que pudieran convertirse en refugio de tránsfugas y adictos a la política -léase, amigo lector, al presupuesto.
Estas candidaturas eran necesarias desde hace largo tiempo, pero habían sido contenidas mañosamente por la nomenclatura que no desea competidores en el apetitoso pastel que significan los cuantiosos fondos del erario.
Otro peligro que acechará a los candidatos independientes en el supuesto de obtener el triunfo es que, al no pertenecer a ninguna fracción política, se verán obligados necesariamente a lograr acuerdos para la aprobación de sus propuestas y, sobre todo, para obtener los recursos necesarios e imprescindibles para realizar una gestión exitosa.
¿Qué ha provocado la “generosidad” de la repudiada clase política para abrir un resquicio que busca equilibrar la hasta hoy monopólica contienda electoral?
La pregunta se profundiza luego que en la encuesta más reciente de la ONG Transparencia Internacional (TI) se dio a conocer que más de la mitad de la población en el mundo considera que los partidos son las instituciones de mayor corrupción. Dicha encuesta revela también que México es uno de los tres países que peor califica a sus partidos políticos.
Es cierto que las disposiciones legales incorporadas en años recientes al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales han ido acotando la opacidad e impunidad en el entramado político-electoral, sin embargo, éstas aún son insuficientes.
Pero la variable que ha incidido con mayor fuerza es la participación ciudadana. El escrutinio de la sociedad hacia los actores políticos y sus cuestionados métodos para hacerse del poder ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años, especialmente durante el sexenio pasado.
Una arista que debe analizarse exhaustivamente es que las candidaturas independientes, en un mediano plazo, alterarán por necesidad la correlación de las fuerzas políticas tradicionales en el Congreso, y en no pocos casos podrían convertirse en el fiel de la balanza en el trabajo legislativo y las prerrogativas que de ahí se derivan.
Ahora bien, desde ahora los candidatos independientes deben tener claro que su trabajo incide en la mejora sustancial de la democracia mexicana y, con ello, colaborar con firmeza a que la calidad de vida de sus conciudadanos salga de una vez y para siempre del paupérrimo nivel actual.
Es seguro también que los “cantos de las sirenas” se escuchen seductoramente alrededor de esos candidatos, buscando atraerlos a su redil, y dichos cantos pueden provenir de cualquier parte, de cualquier personaje. Así que a evitarlos y a trabajar con denuedo por su patria y sus compatriotas.
México es un país que ya no está para soportar más los abusos y excesos de los pillos enfundados en disfraz de “actores políticos”, quienes impunemente se enriquecen en cuanto llegan a un puesto público, para luego medrar infinitamente a costa de los recursos aportados en una abrumadora mayoría por la sociedad mexicana. No en vano el recién publicado Barómetro Global de la Corrupción, publicado por Transparencia Internacional, revela que México es de los países en el mundo cuyos habitantes consideran a los partidos políticos como las instituciones más corruptas.
Bienvenidas, pues, las candidaturas independientes a una democracia tan necesitada de ellas, como lo está de justicia, educación y empleo.
STATU QUO POLÍTICO
En días recientes, a México no le ha ido nada bien en el tema de las estadísticas. Primero, la ONG Transparencia Internacional, en su informe del pasado día 9, da a conocer que los habitantes consideran extremadamente corruptas a instituciones como la policía, partidos políticos y funcionarios públicos, y que la corrupción ha aumentado en los dos últimos años.
En tanto la firma de consultoría Ernst & Young, en su Informe Global Sobre fraude 2012-2013, señala que más del 60 por ciento de los directivos de las empresas en México estima que los actos de corrupción y soborno se han convertido en una actividad común, y confirma que con ello el país está ubicado como número uno en percepción de corrupción en América.

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