REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 07 | 2020
   

Arca de Noé

Reelección de por medio


Martha Chapa

Si bien se anunció oficialmente y ante el mundo entero la muerte de Osama bin Laden, las dudas y especulaciones que han rodeado su caso parecen revivirlo día con día.

Desde el momento mismo en que se informó que el cadáver del líder terrorista se había tirado al mar, de acuerdo con el rito musulmán, el asunto llamó la atención, pues muchos se sorprendieron de esa respetuosa actitud del gobierno estadunidense, que persiguió sin tregua a Bin Laden e irrumpió con violencia en su escondite en Pakistán, donde le dio muerte. No se le capturó vivo, se dijo primero, pues opuso resistencia y estaba armado. Sin embargo, esta versión fue negada posteriormente.

Las contradicciones también afloraron cuando corrieron versiones de que una de las hijas del líder talibán, que supuestamente había sido testigo presencial del asalto militar en su residencia, aseguró que se lo habían llevado con vida.

Hasta ahora nadie ha visto el cuerpo del terrorista y, ante las dudas que esto ha generado, el gobierno de Washington ha reiterado que todo el operativo en Pakistán quedó grabado, pero que no serán difundidos tales testimonios para no provocar mayores reacciones de Al Qaeda. Como si estos grupos fundamentalistas, digo yo, supieran de gradualidad, máxime que sus declaraciones más recientes son de odio y venganza sin límite.

Con o sin pruebas que corroboren la muerte del líder talibán, ya se registraron las primeras represalias: más de 80 personas –la mayoría reclutas de las fuerzas de seguridad de Paquistán– resultaron muertas este jueves debido a un doble atentado suicida en un centro de entrenamiento militar en el noroeste de esa nación. Los talibanes-paquistaníes reivindicaron el ataque y dijeron que había sido realizado en venganza por el asesinato de Osama bin Laden.

Las complicaciones siguen, además, con las íntimas revelaciones de videos domésticos encontrados en la casa que habitaba Bin Laden, aunque también desconocemos su contenido.

En fin, una serie de condiciones que se contraponen, pierden lógica y sobre todo, cuestionan la veracidad de las afirmaciones de Estados Unidos.

Falta, pues, que aparezcan de una vez por todas las pruebas de que Bin Laden efectivamente fue liquidado, en esta tan celebrada pero polémica decisión de la administración del presidente Obama.

Una maraña que con seguridad irán destejiendo los republicanos y también en los grupos terroristas pertenecientes a la organización que lideraba Bin Laden –al parecer, ya mermada desde antes de su deceso–, así como grupos fundamentalistas afines y el propio gobierno de Paquistán, con su sospechosa dualidad de “aliado desleal” de los Estados Unidos.

Imposible desligar todos estos acontecimientos de los desesperados afanes del presidente estadunidense para lograr su reelección en los comicios del próximo año.

De hecho, los más suspicaces piensan que el asunto puede responder a una estrategia de los demócratas para crear mayores expectativas y en su momento mostrar pruebas de incuestionable contundencia para conseguir esa credibilidad absoluta en los electores que en definitiva mantenga a Obama otros cuatro años en la Casa Blanca.

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