REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 09 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Benjamín Torres Uballe

Frenesí
Libre y virginal
pariendo está la noche.

Tu piel es constelación de dos
que refulge en el presente.

En lo inédito del tiempo
renace el cielo con tu cuerpo.

Manos que son aterciopelado fuego,
cobijo y claustro donde estoy contigo.

Un sendero magistral lleva… parte,
a la cumbre del silencio fuerte.

Azulado es el resplandor,
embelesada la Luna calla.

Tus ojos: aromáticas centellas,
dos luceros,
dos tormentas.

Piernas de nardo, me habitas,
trenzan las horas,
las magníficas.

Afluente de vida
y la vida ya eres.
Esparces con ansia
rumor de laureles.

¡Ah!, Tierra, Tierra, tu piel es ceniza,
el viento canta dos odas,
almas aladas que son
indómitas, pausas y rimas.

Desbordada virtud impetuosa,
¡angelicales niñas del mármol!

Cautiva, la luz palpita
tibia y blanca por tus pupilas,
mece el edén la claridad,
la llanura es infinita.

Frenética la vida
se entrega aquí;
eres plácida mujer,
mezcla de pasión y niña.

Poema No.60

Bajan el viento y el cielo
montados en los jazmines.
Buscan las llamas perdidas
de los veranos sin flores.

Despiertan aves silvestres
nacidas en otros sitios.
Por el caudal de los ríos
tañe el macizo de verdes lirios.

Rumor de aniversario,
el alma apacible despierta.
Está mirando la vida,
resuenan risas de fiesta.

Hojas traviesas desnudan
aromas de la memoria.
El Sol viste de anillos las piedras
mientras sollozan maternas.

El coral de las horas son ninfas primeras.
Ecos despiertan los sueños sin miedo.
Vienen perdidos, aún siguen dormidos.
Ojos de luna cansada se rinden en la batalla.
Nardos de invierno que lloran al alba
las soledades de las estrellas.

Aves silentes buscan su tiempo,
jaulas de agua que son alimento.
Fragua el rocío los pasos del llano,
y en el páramo eterno (tus ojos)
prontas raíces de olvido.

En las sienes clavadas de sombras
cuántos murmullos retumban.
Necios silencios blasfeman
cuando provocan la duda.

La niña pobre de la artemisa
hoy tiene pechos de seda.

Flechas de luces rondan
el mural de bronce fraguado
en el oscuro yunque de mi pecho.
Ellas quieren llevarse hacia el cielo
los sonidos broncos de mi silencio.

SANTUARIO

Nunca le pareció la vida tan hermosa
ni tan remota la maldad.
Oscar Wilde.
El crimen de lord Arthur Savile
Capítulo III, página 25.

Me quedo solo, igual que hiedra perdida en el traspatio.
El ruido se ha marchado al miserable infierno.
Cuánto disfruto obscenamente del silencio.
Acaricio entonces la vida amplia… de los geranios. /


En la suntuosidad de las calladas horas,
mis manos inquietas ya reposan, en la nada.
Los rostros flotan sin remedio, en el recuerdo.
Viajan desbordados mis ojos al pasado. /


Relumbra el alma en libertad.
Los colibríes visten perfumados.
El mundo se contiene; curioso mira sonriente
la inminencia del verano.
La rosa dormita abrazada con la tarde púrpura de mayo. /


Suspira el viento en la avistada senda cierta
de los años ya marcados.
Muere abandonada en mis brazos la monótona sequedad de la zozobra,
y bebo yo, en lentos sorbos, cada día, cada letra, cada hora. /

EL OLVIDO

Para Juanito y todos los años de su equipaje.

Es la noche del alma ausente,
moribunda y triste, en girones (inexistente).

Abismo que abraza el infierno,
en la negrura brutal de sus ojos perdidos,
vencidos, como parias, sin caminos, sin vidas.

Las manos, desesperanza rastrera, hiedra cortante.
Áspera piel sentida, llanto suplicante, errante.
Sordos y mudos, todos; miseria llorada en la sangre.

Taciturno el tiempo se agolpa en el agónico silencio.
Presteza que olvida, el espejismo, la vida, el esplendor,
viento interminable, ramillete inconsolado, espacio silente.

Es lo triste, lo aciago, la pena; es el hombre… llorado, olvidado.
Desventura en el andar gastado: de la luna, del dolor, de Dios.
Perversas horas de ilusión, aprendizaje innecesario
.
Vano el corazón del páramo vivido, tristeza, pena, trituración.
Es el hombre, arrumbado, defenestrado, muerto… en el olvido.

Llegan puntuales las aves de mayo en su carruaje dolido;
son mudas, alas atadas; difuminadas horas perdidas.
Apura una tumba, inmensidad que aclama;
conciencias que dudan, maleadas, forjadas.

Almendro, ¿dónde estás?, mi alma dice que engañas.
Contemplación, mortaja abandonada, tu alma ajada con vida, vaga.