REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Pío Baroja el escritor menos leído del mundo


Edwin Lugo

Con esta lapidaria frase el editor norteamericano Paul Knopí, al no conseguir el éxito comercial que pretendía, calificó así al importante autor de la generación del 98, quien en unión de la condesa Emilia Pardo Bazán, Pérez de Aya, Blasco Ibáñez, Gabriel Miró y Ramón del Valle Inclán forman parte de una irrepetible pléyade de notables escritores españoles de la primera mitad del siglo XX.
Pío Baroja nació en San Sebastián en 1872, en territorio Vasco. Si tenemos en cuenta que los Pirineos y los Alpes son lo más europeo de la vertiente occidental del continente, esta región mediatiza con los grandes continentes que tiene a su lado: Asia y África.
Inicialmente los vascos fueron muy adictos a la brujería y aceptaron tardíamente y con mucho trabajo la región cristiana hasta el siglo XIV.
Ortega y Gasset en su libro Miseria y Esplendor de la Tradición afirma que la lengua vasca olvidó incluir en su diccionario un vocablo para designar a Dios, sustituyéndola por el vocablo Janguinkis que significa Señor de todo lo alto.
Paradójicamente uno de los más prominentes santos del catolicismo es el vasco Ignacio de Loyola.
Los vascos -decía Pío Baroja- me son simpáticos, pues poseen la auténtica sencillez y hasta oscuridad de los hombres del campo, en ellos es casi común la falta de dogmatismo y por lo general carecen de la tendencia a la afectación y la pedantería, como tal vez la tengan otros pueblos europeos.
Sus antecesores fueron los caristios, vádrulos, berones y autrigones en la época del imperio romano; por lo tanto es posible suponer que los habitantes de esta región de España pudieron haber estado unidos con los conquistadores más por lazos históricos que por motivos raciales.
De allí que los elementos filológicos de su lengua sean caucásicos e ibéricos.
De este país vasco Baroja gustaba su ambiente casi siempre húmedo, sus cielos grises, sus neblinas consecutivas, los valles estrechos, los helechos proliferando en las paredes verdes, sus numerosos robledales y bayados que se pierden en una infinita red de caminos hundidos, donde pululan los caseríos solitarios pintados de negro y hundidos en un solemne silencio apenas interrumpido por el lejano mugir de algún buey.
Generalmente el vasco no destaca como orador y en cuanto a inteligencia, Miguel de Unamuno es una excepción extraordinaria, ya que representa al hombre de aldea que se convierte en ciudadano y que anhela y logra convertirse en un destacado escritor hasta convertirse más tarde no sólo en autor universal, sino en el brillante intelectual cuya fama y prestigio lo llevaron a ocupar escaños tan destacados como la Rectoría de la célebre Universidad de Salamanca, dentro de cuyas aulas el insigne Fray Luis de León enseñó y más tarde cuando fue confinado por el tenebroso tribunal de la Santa Inquisición y enjuiciado por sospechas, envidias y tonterías, regresó a las aulas después de once años, totalmente rehabilitado para pronunciar ante su sorprendido auditorio la célebre frase. Decíamos ayer.
La nobleza vasca es una lógica consecuencia del aislamiento y ostenta dentro de la propiedad rural, una semejanza con la aristocracia feudal inglesa, francesa, alemana o eslava, predominando una hidalguía no exenta de cierta tendencia racista, aunque más bien se sustenta en un orden social y decorativo, como suele suceder en el resto de España, donde las grandes extensiones territoriales respaldan la llamada aristocracia.
Pío Baroja nació en un pueblo cercano a Peña Cerrada. Fue un muchacho atrevido, impetuoso y sumamente individualista. Al principio estudió medicina, disciplina en la que llegó a titularse, ejerciéndola alternativamente con una temprana actividad periodística de la que nunca desistió. Es posible que la premura con la que se escribe una nota para los diarios, propicie cierto descuido que al volverse costumbre, seguramente habrá de denotar falta de pulimento en el autor de novelas, cuyos textos siempre están en el ojo de la crítica.
Si pudieran existir algunas pequeñas fallas en la prosa de Baroja, éstas no debieron haber sido graves, y por lo tanto no fueron obstáculo para que este prolífico autor se convirtiera en Académico de la Lengua.
Baroja, como muchos apasionados por las letras, terminó por renunciar a su profesión de Médico, para dedicarse exclusivamente a la Literatura, actividad de la que
con muchas dificultades sobrevivió cortas temporadas de su vida, víctima como otros autores de la desenfrenada voracidad de sus editores, cuya lista de abusos es interminable al grado de que en muchas ocasiones le fue absolutamente negada la corta remuneración derivada de los derechos argumentando, como se continúa repitiendo incesantemente que se le dispensaba un gran favor con publicarle, al que debía de estar inmensamente agradecido.
Pero al menos, el escaso rendimiento de sus artículos le aseguró un pedazo de pan y la relativa tranquilidad indispensable para leer a Dostoievky, Poe, Balzac, Henry Boyle conocido como Stendhal y al inglés Dickens, quienes eran sus autores preferidos.
A lo largo de su vida, Baroja produjo una amplia obra, principalmente entre los años de l900 a l9ll. En ella, al igual que Dickens reseña la época en que se inicia la industrialización en su país. Poco después publica Camino de Perfección, que es una de sus novelas más leídas, y en la cual con habilidad de quién domina el oficio describe las peregrinaciones de los devotos por tierras de Castilla, criticando duramente el fanatismo local.
Pío Baroja en 1904 inició la trilogía que comprende: La lucha por la vida, en 1909 vio la luz Zalancaín, el aventurero y culmina con Egolatría en la que se detecta cierto tono autobiográfico.
Otro de sus relatos importantes es La ciudad de la niebla en la que hace un excelente reportaje de la capital inglesa vista a través de los ojos de un español. Las inquietudes de Shanti Andía fue publicada en 1911y al igual que muchos autores ingleses narra las múltiples peripecias de los viajes en mares procelosos y tierras exóticas.
Baroja dejó de escribir un tiempo y sólo hasta 1938 apareció su última obra Comunistas, judíos y demás ralea donde pone de manifiesto sus arraigadas ideas derivadas de su educación y trayectoria, incapaces de aceptar nuevas doctrinas políticas.
Con su barba rojiza, su sombrero hongo, su figura de luchador, Baroja personifica al colaborador de publicaciones, frecuentemente exaltado, al crítico de su época, y al sociólogo intuitivo, que con su empecinamiento de vasco escribió, discutió y arengó no sólo en los diarios sino en los cafés. No obstante ser extemporáneo, Baroja es un autor que todavía hoy, vale la pena ser leído.