REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 07 | 2019
   

Confabulario

Memorias del exilio interior (II)


Roberto Bañuelas

Globalización
En la máquina trituradora del tiempo, las muchedumbres de todas las razas eran absorbidas en la oquedad abovedada de una puerta tan alta como la torre hipertrofiada de una catedral inconclusa.
Al otro extremo de la inmensa estructura, después de recorrer un túnel luminoso que dictaba órdenes para inaugurar una nueva conducta social, marchaban en procesión simétrica los nuevos individuos, programados como factores de alto rendimiento y sin los lastres de los ideales, los sentimientos y las esperanzas de la reivindicación.

Conclusión
La muerte no necesita anunciarse ni ser esperada: como los piojos y las larvas que devoran al cadáver, está siempre invisible y latente durante la vida de cada penitente.

La guerra urbana
Aunque ignoremos sus nombres, todos los que integran la semoviente y ubicua muchedumbre, pertenecen a la clasificación de predadores que libran la guerra de cada día antes de regresar con el pienso a la cueva de interés social.

Abolengo fanático
Los rebeldes contra la justicia y la igualdad se parapetaban, equivocadamente, tras los muros de códigos jurídicos y anales históricos que consagraban el poder y los privilegios con el derecho a la posesión del derecho y al derecho de la posesión…, und so weiter.

Continuidad
Y cuando la Revolución se hizo gobierno, la reacción seguía poderosa y dominante en nombre de la Revolución.

Espíritu constructivo
Cuando todos se hubieron ido, vacíos de odio y rencor, después de haber lapidado a la mujer adúltera, el marido ofendido -ahora viudo febril- recogió y trasladó pacientemente todas las piedras y echó los cimientos de una nueva casa para otra mujer.

Antes del viaje
Se agota la existencia oyendo y padeciendo el culto a la muerte que, entre veneraciones y exorcismos, el temor heredado devoraba al escaso encanto de la vida.
Después de varias enfermedades que comenzaron con el contagio de la pobreza, padeció la tortura de tres intervenciones quirúrgicas: la torva agonía, producida por los dolores postoperatorios de la última tentativa de rescatar la vida sufriente, en una institución social poblada de resignados derechohabientes, escuchó la voz tranquilizadora de la Muerte: Yo soy la paz y la continuidad de la contemplación. Irás conmigo a una región donde los justos caminan entre la luz y verás pasar, de un regreso sin fin, a los réprobos y a los malvados que tiran siempre de una carreta donde cargan las frustraciones, los odios y las venganzas, tratando de apoderarse de un monte luminoso que se aleja de ellos sin desaparecer. Yo no soy la negación de la vida, sino otra dimensión que concentra en río armónico de la energía lo que fue inútil, corrupto y destructivo en el sueño siempre perturbado de la existencia.
Cuando la enfermera llegó a cambiar el vendaje en el vientre del paciente de la cama 22-A, encontró a un hombre inmóvil, pero iluminado con una sonrisa de serena felicidad.

Inadvertido diluvio
Ella llegó huyendo de la lluvia cruel. Hicieron el amor emparentado con la tormenta que reventaba el cielo sobre la ciudad. A las palabras consoladoras de fingido amor, ella expresó la urgencia de retornar a la oficina y de pasar al baño; se despidió con un “hasta pronto, amor” musitado desde la puerta que ella cerró mientras él se hundía en el sueño fiel de la fatiga del post-coitum-circuito. Hacía más de una hora que el aguacero había terminado, pero el cumplido amante se despertó convertido en un náufrago sobre su cama-balsa en el apartamento anegado porque ella, en su prisa y ansiedad, había olvidado cerrar los grifos cuando se aseaba para borrar las sombras luminosas de la pasión vespertina.

Alpinismo recurrente
Alguna melodía, sin flauta y sin pastor, ondula en la inevitable quietud del atardecer, y, otra vez, en ensueño de aquella caricia que se deslizó por la piel imantada de tus brazos, cruzados bajo el busto erguido, cuando yo, más alpinista que poeta, decidí ascender hasta la cumbre de tus senos con una oración de besos y palabras que fundían la locura y la razón en una dimensión insustituible.
Ignoro si en ese instante, prolongando el éxtasis de la contemplación hacia el convulso mundo interior, remonté el vuelo o caí en un abismo de luz. La noche, siempre puntual a su cita con el misterio, me envolvió y trasladó en un viaje sin fronteras y sin fatiga con los ensueños y plenitud de la dicha conquistada.

Hacia el fin del esplendor
El salón de fiestas resplandece con los cristales, los cubiertos, los collares, las vajillas, los anillos, los vestidos de las propietarias de busto grande y las luces de las arañas con cristales prismatizados; también brillan las miradas de admiración, de censura y de envidia. Por debajo de los ostentosos vestidos y coruscante joyería, todos están desnudos y contagiados de la sarna del tiempo que se va sin dejar de permanecer. En el sustrato de la parlante vanidad, frente a un infalible futuro, una calavera desdentada espera.

Instinto de otro idioma
Frente a los retratos sin parecido de su madre con atuendos de marquesa sin corte, Carolina se inclinó y, sin renunciar a su manía de soltar frases en algún dialecto europeo, me dijo entre exhalación y jadeo: je t’adore.

Solterón y viudo
El Popocatépetl huma y arroja algunas cenizas porque ya está tediado de esperar a que la compañera de al lado siga haciéndose la bella durmiente. Al otro lado de las fatigadas fumarolas, varias familias de pinos crecen y mueven durante el día sus ramas y sus sombras.

El almanauta
Al paciente optimista, una semana después de la operación, cuando le mostraron las radiografías de su tórax restaurado, no quiso ver en ellas la sombra de la muerte, pero sí contempló con veneración al alma que un día se quedará sin cuerpo.

Delito no perseguido
En contraste con el resplandor y la resolana de la calle, una cuchilla de sombra, en el interior de la fonda, decapita a los clientes que se espantan el hambre y la sed de cada día.

Homenaje prolongado
Me distinguieron con su premeditada incomprensión. Para sobrevivir les hice creer que sí eran lo que pensaban de sí mismos, fórmula propiciatoria para que continúen tranquilos y sedados, como enanos espirituales disfrazados de respetables hombres mediocres.

El muy respetable guía de turistas
-Les ruego, muy encarecidamente y por el bien de sus seres queridos, que todo el recorrido que hagamos se cumpla tal y como lo establece el programa contratado. Queda prohibido, sin excepción ni uso de privilegio, aceptar el cruce de la laguna Estigia. Si alguno de los turistas, por su cuenta y riesgo, acepta la oferta de alguno de los remeros mercenarios, nuestra agencia no se hace responsable de ese viaje sin regreso.

Sabia previsión
Hizo el bien para formar un ejército contra sus enemigos y el mal para no traicionar la esencia del género humano.

Bodas de buena plata
Entre la suma de lustros y la resta de celebraciones habían llegado a viejos. Muy lejos, entre desmadejados recuerdos, quedaban los celos y las discusiones amargas en las que ninguno cedió ni dio la razón al otro aunque se tratara de la más cotidiana estupidez. Pero era con las fruslerías y las bagatelas que alimentaban y envenenaban su vida normal de animal de dos cabezas. Los hijos (la hija de él y el hijo de ella) desde que se casaron y se multiplicaron, casi se habían perdido de vista.
Pero no sólo las derrotas tienen sus heraldos. Don Simón, que por ocio y fastidio de jubilado compraba un billete semanal de lotería, una mañana tuvo que limpiar sus gafas empañadas para convencerse de que su número ganaba más cientos de miles que los latidos de su corazón enloquecido a las 12:30 horas de ese día tan diferente a todos los de su vida.
Mensajeros invisibles anunciaron por igual el arribo de la fortuna, de amigos y parientes, afectados repentinamente de optimismo y bonhomía. Los nietos, sabiamente domesticados, recitaban ternezas y representaban pantomimas grotescas de amor recién salido del horno.
Don Simón, filósofo pragmático y espontáneo, se deja querer. Su salud, que nunca ha sido mala, ha entrado en una fase de vigor. La digestión le funciona con regularidad y la lujuria con una frecuencia que él ya ni soñaba en los últimos años de pobreza administrada con prudencia. Los días en que su mujer se tiñe el pelo, él corta el césped del pequeño jardín, lo que aumenta su vigor y sus apetitos. Se asea con esmero y viste con elegancia. Sus frecuentes compromisos le impiden presenciar la repetición obstinada de las muestras de afecto de la creciente parentela.
Por falta de tiempo, don Simón da la razón a su mujer, otra vez celosa y con fuerzas para discutirlo todo.
-Ten paciencia, madre -la aconsejan los hijos.
-Abuelito es el mejor hombre del mundo -recitan a coro los nietos amaestrados, todos con zapatos nuevos.

Viejo edificio
Hace unos días, cuando la niña cumplió catorce años, restableciendo los usos y costumbres de México, hicimos una reunión a la que vinieron parejas de jóvenes. Después de partir el pastel, del que todos dejan la mitad de la segunda rebanada, pusieron discos y comenzaron a bailar; nosotros hicimos lo mismo. Cuando más contentos estábamos, antes de la media noche, llamaron por teléfono del apartamento de abajo, aclarándonos que además de la hora inapropiada y el ruido que hacíamos, la lámpara amenazaba con desprenderse y con ella parte del techo: “Wiessen Sie, dieses ist schon ein altes Gebaude, seit vor dem Krieg”. (“sabe usted, este es un edificio ya viejo, de antes de la guerra”.)

Herencia: la soledad
El Sol se hipnotiza porque cumple la sentencia de ser el centro de planetas que giran generando su helada soledad.
Los árboles, escasos, separados, son manos implorantes y enjutas que atrapan por la noche a las tribus de ángeles perdidos.
El páramo, suma de la soledad, de la distancia, del polvo y de la luz, rodea el espacio en que un pájaro marca la hora picoteando sobre la cabeza abatida de un reptil.

Milagro no repetido
Y Dios multiplicó a los hombres para que se comiesen las montañas de pan y los peces que ya no cabían en los ríos.

Final de conferencia
La Creación es la imagen y semejanza de Dios: el universo, eterno e infinito, es a la vez su obra y su prisión sin puertas.

Diletantismo puro
El tenor acarició la cabellera de la hermosa peluca que vacilaba sobre la cabeza de la soprano que, en esos momentos de supremo éxtasis, se concentraba en combinar la afinación de sonidos plenos con la correcta dicción y la expresión dramática que continuaran impresionando al público impaciente por aplaudir el lejano final del dúo que, al dilatarse, aumentaba en cada espectador el deber histórico del instante de ovacionar y celebrar a los renombrados cantantes, sin importar ni poco ni mucho la calidad de la obra o la excelencia absurda de su arte exquisito. Alguien había afirmado que “para ser inmortal no hay necesidad de ser eterno”.

Opúsculo de la intimidad
Transcurridos los primeros días del matrimonio, la mujer trata de sorprender la primera flatulencia sonora del marido enamorado y poder, a su vez, liberarse de la propia incomodidad gastrense. El primer cuesco franco es comentado con risas y besos que se prolongan por dos o tres días; luego, ya en la senda libre de la expresión, se establece un diálogo que suele tomar las proporciones de un discurso académico.

El bosque y la fauna
Hay una fauna diversa que integra las ramificaciones de un tronco común para la descendencia del hombre, lo cual puede comprobarse cuando las personas llegan a la edad provecta y los monos, los zorros, los asnos y las cacatúas pugnan por abrirse paso a través del rostro que, en algún grado, domina el lenguaje articulado.

Fidelidad paralela
Con tintes que van del rubio al castaño y al negro, las canas huyen cada semana del fatigado cráneo; pero las arrugas, fieles a sus dueños, se han quedado en el rostro con la seguridad de crecer en número y profundidad.

El artista de la palabra
En torno al hombre que describía con insólita hermosura todos los bienes soñados por los seres humanos, los asistentes pedían, insaciables y embelesados, la repetición de los pasajes impregnados de magia o los coronados con rimas fulgurantes. Más adelante, estremecidos por la revelación de verdades olvidadas, musitaban a coro el fervor de superarse. Contritos y al borde del llanto, todos pensaron en la necesidad de regresar a casa con su nueva carga espiritual, pero ninguno se acordó de ayudar con una moneda al orador, que se había quedado sin voz y con las manos extendidas.

Entre el informe y el amor
Ayer llegó tu voz y un comunicado con palabras que sustituían a la respuesta de mis ensueños. Me informabas de la urgencia de que fuera a firmar el acta del concurso del que fui parte integrante del jurado. Recordé los tres días en que entregaste las listas de los concursantes y la lectura que dabas a los resultados después de cada jornada y, sobre todo, cómo ibas vestida para el marco mítico de tu hermosura. Ni siquiera supe si eres casada o soltera, si vives con un hombre o defiendes tu soltería contra el vilipendiado machismo que ha servido de pretexto y justificación a tanta lesbiana que con agresividad profesional ha desplazado a tantos hombres de un puesto de trabajo para sostener a su familia o para quitarles la novia del año.
Hoy, muy temprano, salí a caminar para estimular mi energía corporal. De regreso y frente al espejo, observé mis canas y el pelo que no requería de nuevo tinte; tomé un largo baño sin dejar de pensar en el pronto encuentro; elegí la combinación más apropiada de pantalón de franela y chaqueta de gamuza, camisa fina, corbata de seda y loción de discreto aroma.
El tránsito, como maldición cotidiana, estuvo nefasto; pero como no había una hora precisa para la cita, sino el curso de la mañana, conduje sin histeria hasta llegar al centro de la ciudad. Dejé el auto en un estacionamiento cercano (aparcamiento, coño) y me dirigí a la oficina donde tú trabajas, donde estás, donde imagino tus pasos de un escritorio a otro en tu diario desempeño para que el país haga historia. Llegué a la oficina y pregunté por ti. “Hoy no vino la señorita”, me informó una robusta secretaria, al momento en que me mostraba el acta con los nombres de los triunfadores para que yo firmara.
Adorable Isolda: considera esta misiva como una declaración del amor todopoderoso que me inspiras, y acepta estas palabras que no pude pronunciar ante tanto testigo canoro:
El largo camino de tu ausencia
está bordeado con las estatuas de tu cuerpo
que en los insomnios la nostalgia esculpe.
Sin ti, me despierto con las manos y el alma vacías.

Tuyo desde ahora,
Tristán.

Simulación olímpica
Cuando el templo quedaba vacío, pequeños demonios organizaban feroces competencias de natación en la pila de agua bendita.

Canis demonicus
La melancolía siniestra de los perros bull-dog se transformaba en la meta de llevarse en las fauces una libra de uno de tus preciosos muslos. A pesar de que le digan “ya suéltala, cariño”, no puede obedecer porque las mandíbulas se le traban. Las protestas y las exigencias por daños físicos serán tan conflictivas como inevitables las inyecciones antirrábicas en un doloroso tatuaje alrededor de tu ombligo, cíclope mudo del vientre atormentado.

El ciclo de las luces
Por las noches, cuando el fuego de las hogueras se extinguía, los hombres salían de las cavernas a contemplar las brasas que ardían en el cielo con un fuego azul que se anulaba con la aparición de un fuego circular que emergía desde atrás de los montes escarpados y giraba al otro confín donde era esperado por un mar de tinieblas.

Iluminado
Estoy corriendo y volando sobre la orilla de un sueño en el que tú me invitas a la fuga de un esperado encuentro. Tu cuerpo, con saltos de gacela, cancela las palabras ociosas para este canto prolongado del placer.
El horario del deseo se desgrana, de la noche al amanecer, en el éxtasis profundo de las cuatro estaciones de tu entrega lunar y cenital.

Serenata extraviada
Cuando se oyó la canción de cuna para despertar a los instrumentos bien temperados, el eco, en la soledad, se inscribió en la memoria del olvido.
La navegación, alrededor de nosotros mismos, nunca terminó.

Espontánea
Nuestro vecino, un amable protestante doctorado en teología, nos invitó a que viésemos las diapositivas proyectadas en una pantalla de su más reciente viaje a España.
Después de castillos, paisajes, parques y bailaoras, sorpresivamente, debido a una confusión que escapaba al orden de su vida, en la pared de la sala se proyectó el cadáver amarillo de una anciana casi calva.
-Es mi suegra, un día después de muerta -dijo con serena aceptación.

Los largos días de Hamburgo
El U-Bahn (tren subterráneo) para en cada estación menos de un minuto, tiempo suficiente para expulsar viajeros de tarifa digerida y absorber impacientes en espera. Desde las escaleras, los estudiantes corren y entran de un salto cuando ya comienzan a cerrarse las puertas, ignorando la voz frustrada del despachador que grita en el micrófono:
“Zuruck bleiben, bitte!”
Algunos ancianos tratan de correr, consiguiendo acelerar un poco el ritmo sincopado de su andar habitual y abrir mucho los ojos, sabiendo con angustiosa antelación que llegarán junto al tren un instante antes de que parta. Dentro de cinco minutos vendrá otro tren y les conducirá al mismo sitio donde suelen cultivar su solidaria soledad.

Aclaración testamentaria
Si yo muero antes que tú, recuerda que nunca te has interesado por mis proyectos y que no sabrás qué hacer con todo el material acumulado e inédito; también estoy seguro, cuando llegue el momento sin continuidad, que evitarás todo el trabajo penoso de separar los aciertos dorados de la paja mediocre y, despectiva y victoriosa, lo arrojarás todo al fuego para destruir cualquier vestigio de mis intentos apasionados por llegar a ser un autor reconocido. Sé, como si lo estuviese viendo, que iniciarás la pira con el manuscrito de mis memorias.
Por éstas y las otras razones que cavaron el abismo de nuestra incomprensión, te desheredo.