REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 07 | 2019
   

Confabulario

Octavio Paz


Roberto López Moreno

No vio nacer al mundo,
mas se enciende su sangre cada noche…

No vio nacer al mundo
mas se incendia su sangre cada noche;
desde ese palpitar otea el día,
lo descifra, traduce,
lo acomoda en todo lo que nombra.
El día aquí
es una herida por donde fluye
un motín de buganvilias.

Baja la fecha a nuestro somos,
recorre litorales de barro y nube.
Asombros.

Ometecutli –huitzillin amarillo-
(bujía de mis más rotundos desconciertos)
eleva
sobre nuestros destinos
la sed del fósforo
y nos convierte en la patria
de su penacho incandescente.

Cisne y nahual se ciñen a esta fecha
(éste es un cisne que sí conoce
su peso en el paisaje,
nahual que sabe su embrujada brasa)
cucharada de azúcar,
cucharada de sal.

En la pupila azul de la memoria
se dibujan los perímetros del viento,
descienden hasta el cisne y el nahual
que laten en la sangre
-adentro del gran árbol de su sangre-.

A la menor provocación
salta la sangre a ver el mundo,
a encontrarse con los líquidos
de la tierra de la que fue hecha árbol.

En el profundo cielo se refleja el mar.
El mar es un tumulto de agua estancada
en el que apenas cabe el huracán de la palabra.
El reflejo brama.

En el centro del espejo
un relámpago verde, fluido verde, manantial
verde, verdad verde de alegría
y alegría de verde,
arquitectura de los siglos verdes,
verbo verde
con todos los caminos inventados
para vivir sus construcciones verdes.
La vida, tocada por su mano verde,
arriba y abajo, a los lados,
adentro del tigre curvo
rayonado de años luz. Verdes.

El ansia bracea a contra-río,
va asumiendo la pequeñez de su distancia.
Bracea.
Hay valles y planicies en el recorrido
que se habían encuclillado
en algunos rincones de sus células.
Bracea río arriba.
Redescubre paisajes despintados
por un tiempo a la inversa.
Reconstruye paisajes.
Bracea hasta ovillarse, diminuto,
en un principio de agua mansa y misteriosa,
laguna de sombra y de sustancia eléctrica.

El ansia regresa a conocer la fuente.
Volvió a su centro,
a empaparse de la primavera incógnita;
está ahí, ovillada,
segundos antes de que haga saltar
en mil novecientas noventa y cuatro astillas
el cristal que la contiene.
Ahora el ansia bracea río abajo,
asumida otra vez a la corriente.
Ahora es una fuerza más verde que nunca.

Ya creó de nuevo el día.
No vio nacer al mundo
pero lo está inventando
al encender su sangre cada noche,
al arder en la inmensa y silenciosa noche,
al alzar la noche
reposo de Dios,
oración del Diablo,
sacerdota y poetisa,
fruto derramado desde el cosmos,
oscura sabihonda,
cuna de la próxima ecuación verde.

(Abecedario Ave se diario Abecedario
A veces sedario
A veces sed… a río…)

Ya está aquí el día y su azul memoria. Verde.
Es un libro que no cesa,
Bracea. Prende.
Delata mis basfemias.



*El 31 de marzo se cumplió un aniversario más del natalicio del poeta Octavio Paz