REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

Confabulario

Abril


Roberto López Moreno

Abril es el mes más cruel,
criando lilas de la tierra muerta,
mezclando memoria y deseo,
removiendo turbias raíces
con lluvia de primavera…

Y enfrente, y atrás, y por donde se mire la tierra baldía esperando que sus esqueletos vuelvan a tomar forma y se pongan de pie. Que los huesos roídos por las ratas empiecen a brotar parches de calcio para saludar el agua que han de beber las cosas para que existan, que se han de filtrar por poros de lo que ha sido una cadena de decesos. Visto así, ¿y de qué otra manera de mayor provecho para el entendimiento que se eleve sobre la señora desolada, la de los silencios profundísimos? ¿Habrá que morir ahogado para renacer limpio de tanta historia, Jerusalén, Atenas, Alejandría, Viena, Londres? El hombre en busca de su sentido. De qué otra manera para intuir que el latido que se espera viene ya maculado por las estrías de luz que conforman este mes que me atrevo a nombrarlo de esta manera: “abril el mes más cruel”.
Entonces por qué acepté en papeles y telas luminosos la compañía de Wyndham Lewis, durante todo este transcurso que nos va a depositar directamente al inicio de las entrañas de este abril que arrojará luz, una vez concluido el viaje, pero una luz que por venir de los antros empieza en la superficie por el intento de eludir la acechanza timorata que me obliga a ser un compañero de viaje poco convencido; uno, cargando en un costado de su equipaje a este Wyndham tan estricto todo él para sus miedos. El asunto ahora es cumplir con lo propuesto y abril es el plazo estipulado. A su debido tiempo le escribí a Quinn diciéndole que no estaba del todo convencido en portar esta carga de colores y explosiones geométricas pero Ezra insistió y no ha quedado otra que cumplir con la carga… y cumplir con abril.
Abril es el mes más cruel, removiendo las turbias raíces, creando lilas de la tierra muerta, abril y todo ese significado de la espiral surgiendo de los antros, de los antros de abril. Es el abril que pretendo equilibrar desde mi muy adentro, un abril con esta carga explosiva de colores y estallidos geométricos. Me preocupa la salud de Vivien pero al mismo tiempo tengo que cruzar con este “esqueleto en el armario” como él mismo se dice, a menos de que el esqueleto sea el papelerío de Blast, con el que vamos a hacer, o ¿estamos haciendo? que abril sea el mes menos cruel, aunque el sello de su crueldad lo traiga de origen como una marca adquirida del mismo y en el mismo nacimiento.
Abril es la meta para que luego, como vórtice salte Lewis sobre la tierra y Ezra sienta contento que su misión está cumplida. Dije Ezra, bueno… el maestro, que tanto empeño ha demostrado en que dobleguemos el océano. Si los torpedos de algún inesperado asedio trataran de hacer de las suyas, lo que fuere, para que no llegáramos a abril, entonces, lo que fuere estaría más que justificado, no ante ninguno de nosotros, ante los hados.
-Nada sucederá estando sucediendo todo, lo digo yo, Tiresias, el que con sus ojos ciegos reúne las edades: Los muertos ya fueron mucho antes, cuando Adolphe Thiers arrasó París, digo. Cuando la Comuna fue arrasada por Thiers, una semana después de que le habían puesto fuego a Troya los micénicos y Aquiles había arrastrado el cadáver de lo que había sido un héroe.

El joven, genio ya desde el amanecer, contaba con un asistente, más joven aún, pero que de seguro le iba a ser de extrema utilidad para el viaje “sugerido-impuesto” por Ezra Pound y John Quinn, viaje que debía tener su cumplimiento total en el próximo mes de abril (día primero). De alguna manera, los dos y sus circunstancias estaban siempre atiborrados de la antipresencia de Tiresias, quien siempre se atrevía a ver mucho más allá de lo que presumían los ojos normales.
El joven asistente -Natarén se hacía llamar- de rasgos faciales que denotaban provenir de latinoamericanenses; estaba pasmado de escuchar el fluido manejo que el joven maestro tenía del español. Toda la gente que trataba al escritor sabía que además de su lengua madre, el inglés, pronunciaba a la perfección el francés y el italiano, pero Natarén nunca imaginó aquel español tan lleno de giros metafóricos y sapiencias lingüísticas.
¿Abril es el más cruel…? Atrevió a consultar Natarén. El joven maestro respondió con silencio pétreo.
Así pasaron largo rato viendo la inmensidad del espacio que debían cruzar antes de que llegara abril a los calendarios. Después, el joven maestro, como llegando de muy lejos le dijo a su joven asistente: “Estamos entrando en el siglo XX, Natarén, todo es confusión; estamos apenas tocando el abril del siglo”.
En el continente los pintores cubistas ya habían iniciado su trabajo; los teorizantes ya habían empezado a hacer también el suyo. Una olla hervía con corrientes, teorías, propuestas, acomodos políticos, amenazas financieras, industrializaciones naciendo, ciencias que surgían, fanatismos que se derrumbaban. “En tu tierra qué dicen de todo esto” -adelantó a preguntar el joven maestro mostrando cierto interés-. “El maestro Cuéllar Valencia -respondió Natarén- sostiene que estamos en los preámbulos de los grandes acontecimientos, que nada es tan de primera vista como muchos lo pretenden ver, que todo está lleno de profundos significados”.
-¿Le has hablado de mi visión de Abril?
-Le he escrito sobre estas cosas y me ha respondido que él ve en usted una profundidad de simbolismos; que finalmente todos los meses del año son abril y que al final la expresión trata de una trama de hondos significados en la que se entrevera la historia del mundo.
Escuchado esto el joven maestro, volvió la vista al mar.
El silencio del joven maestro fue largo, lo que dio oportunidad al joven asistente de ver cómo en torno de ellos cruzaban estrías como relámpagos, lascas y lampos salían impulsados hacia todas las direcciones, y sintió por primera vez que no estaban en piso firme, que ellos, y los demás, estaban parados sobre una alfombra de símbolos, en donde se juntaba, con sus lenguajes hermenéuticos, el pulso de muchas civilizaciones. Que estaban parados sobre una larga alfombra movediza que sólo Tiresias podría descifrar…
-El hombre que viene de matarse y va para matarse -se oyó como un eco lejano, como un rumor que se desprendía del silencio de Tiresias.
El ciego se atrevió en Natarem: “Vivimos sobre una movediza alfombra de signos, algo que se mueve hacia todas las direcciones hacia todos los tiempos, en el lugar de donde vengo, por ejemplo, habrá alguien que hablará de algo a lo que denominará “poemuralismo”. Volviendo hacia Tiresias, de donde venían tales pensamientos, se atrevió: “El joven maestro quedaría como coincidente si es cierto que tantos años después el “poemuralismo planteara, como efecto de la alfombra llena de signos que se mueven bajo nuestros pies, el siguiente pensamiento que ya no sería suyo sólo aunque siguiera siéndolo: “Qué necedad la de la primavera, / insiste en sembrar flores en donde fue la muerte/ a la orilla de las platabandas trilladas por el frío. Qué dolor de la canasta cromática/ fraguada en el hondo fondo de los ataúdes. Más. Menos. Por. Entre./ el tren viene bufando de las polvosas estaciones/ y éstas tienen nombres, carcomidos por el humo, sí, tienen nombres.” “Dice el maestro Cuéllar que todas las estaciones son abril. Se vislumbran entre el humo, entre el polvo y el humo”.
Pero la salud de Vivien, su esposa, le preocupa al joven maestro, Vivien Haigh- Wood, quien se ha dispuesto a apoyarle hasta que él alcance el doctorado en Oxford. Sigue viendo hacia el mar, sabe que el peso encomendado por Wyndham Lewis, impuesto por Pound en complicidad con John Quinn, tiene como plazo para llegar a New York el inicio de abril. Pareciera que está pensando en ello, en las nuevas amenazas bélicas que cada vez están más cerca. De pronto se voltea y dice a Natarén (Jesús de Natarén le ha dicho de broma más de una vez):
-En la parte de América de donde tú eres, deberían crear el poemuralismo, con los signos que nos anteceden, con los que nos esperan; tienen todo para hacerlo, todos ustedes tienen algo de iguana y de colibrí y mundos por hacer. Y luego… y luego rescatar la vida de lo que ha sido la muerte y luego empezar a sumar, a sumar…”
El ciego Tiresias lo ve, pero no lo ve, esta vez el ciego, ha preferido no verlo aunque lo ve hondamente.

No veo en mi entorno, sólo siento, siento el bufido del que está al lado mío agarrado como yo de un remo que no tiene dirección ni descanso. La nave ha sido lanzada sin dirección para perderse en el gran océano, para despedazarse entre los riscos. Nadie se percata de la inmensa masa azul, porque nadie está para ello; el que rema lo hace por un acto puramente mecánico, no hay por qué ni para qué lo haga. Soy mi vista perdida y sé que es inútil mi mano agarrada con fuerza del remo. Aquí, en el centro de esto que darán en llamarle con los años: la Edad Media, me toca la compañía de los que no vamos a volver a tierra firme. El timón desierto. Somos los pasajeros del terror, del espanto, somos los que remamos sin ningún motivo, sin un para qué. A algunos les asaltan momentos de lucidez, peor para ellos, es cuando gritan, aúllan, vociferomanotean, ululan largamente como si las distancias estuvieran para escucharlos. Todo será inútil. Lo que nos espera es la muerte más espantosa… Las sirenas…
…Las sirenas que escuchó Homero desde sus ojos cerrados, que se las hizo escuchar a Ulises, esa aguda expresión de las aves endiabladas que revolotean por todas partes, en medio de estos seres abandonados, como gozando marítimas el placer avernario de anunciarnos nuestra segura muerte.
Las sirenas aletean con furor en torno del mástil y los de la lucidez momentánea se lanzan sobre las sogas húmedas, podridas, sobre las velas rasgadas y las mordisquean con desesperación, los demás sólo deambulan sobre la cubierta, y otros, sin sentido alguno toman los remos y reman y reman y nada más reman. Estamos a bordo de la terrífica Nave de los Locos, de la sin salida. Somos el nuevo envío que los cuerdos lanzan al mar para que no contaminemos sus creencias, sus propiedades, la recolección de sus sembradíos, somos los malditos, somos los que llenamos esta nueva versión de La Nave, los que vamos a morir, irremediablemente en el centro solitario del océano.
Tenemos que llegar a Nueva York con esta geometría que parece que gritara estruendosamente dentro del equipaje. “Oh Tierra, y tu duelo de antaño./ ¡A la madre de los dioses, a la Naturaleza ,/ que todo lo abarca…” “Holderlin, pensó Natarén. Luego pensó ¿y si la suma a la inversa hiciera ver al primero en tiempo como el plagiario de los diez versos coincidentes en el momento en el que por razones de supervivencia empezáramos a recorrer el tiempo al revés?
-¿Qué es el plagio Tiresias? ¿Existe?
-Es un asunto extremadamente difícil de definir
-¿Cuáles serían los pasos para la definición? ¿es un asunto legal? ¿es un asunto estrictamente moral?
-Es todo ello. Por eso es difícil.
-Iniciemos un acercamiento sobre el asunto
-Las leyes de algunos países establecen reglas, pero si todos somos hijos de todos y las ideas de las ideas, las reglas que se establezcan resultarán de una rigidez tan mecánica que tendrán que convertirse en inhumanas.
-¿Un poeta puede citar a otro anterior a él?, ¿es un plagiario?
-Un poeta puede reforzar su dicho con el anterior al de él; puede al citar, hacer un elogio a su poeta admirado; pretender que la palabra del anterior continúe vigente con la aportación de la suya…
-¿Citar la fuente quitaría cualquier mal entendido?
-Si alguna vez, en suma de palimsestos llegaran a crearse los poemurales… ahí se plantearía claramente este renglón…
-Los poemurales ya se crearon porque se crearán dentro de algunas décadas; los he tenido en mis manos, allá en el sur.
-¿Tú también ves lo que Tiresias?
-Es que de aquellas tierras es que vengo.
-Valga. En tal caso, lo que se propone es que se cite al poeta anterior sin citar fuentes, pero como una asimilación del primer poeta a los nuevos tiempos. Cómo decirle que ya es carne de la carne de todos.
-¿Cómo se podría evitar una interpretación de mala fe a este proceder?
-Tú lo debes saber puesto que vienes de esas tierras; pero te lo voy a decir. Los pensamientos escogidos deben ser de manejo cotidiano hasta para quienes sólo oyen y no leen; esa sería la manera de alejar la mala fe del hecho.
-Pero sí hay casos de abierta mala fe…
-Fuentes. Fuentes hay que aguas envenenadas son para que de ahí lerme a buches desaforados la impudicia y la indignidad.
El joven maestro hace de cuenta que no ha escuchado a Tiresias, le da la espalda a la tierra baldía con la vista en el mar; piensa en las discordias provocadas ya a estas alturas por Wyndham Lewis.

La escena tiene lugar en una amplia galería de la ciudad de México. Ante un público numeroso la pintora tabasqueña Leticia Ocharán, también informada crítica de arte, habla acerca del grupo de pintores ingleses conocido como “Los Vorticistas”. Tiene extendidos varios papeles sobre una mesa de Guanacaste.
“En realidad -dice- este grupo que proviene muy directamente de posiciones de “vanguardia” sustentadas en su momento por movimientos como el “Cubismo” y el “Futurismo” recibe directamente su nombre del poeta Ezra Pound y se tiene como a su cabeza principal al pintor Wyndham Lewis, artista de personalidad inquieta que siempre se vio envuelto en polémicas y fuertes controversias con el resto de su compañeros.
“Posteriormente -agrega- iba a quedar demostrado que el “Vorticismo” tenía ciertos orígenes con el “Cubismo”, sí, pero que ligarlo con el “Futurismo” de Tommaso Marinetti y su “amor por la máquina” había sido un abuso, sobre todo ante el abierto coqueteo de éste con las posiciones políticas de Mussolini. En esos términos el gobierno de Estados Unidos iba a recluir al gran poeta Pound. Nada de eso evitó al provocador Wyndham Lewis gritar irresponsable que “Hitler era la paz”.

Oh Dios, joven maestro, cómo encontrar a Dios, en estos momentos sin Dios, en los que pareciera que Dios no es el Dios de la vida sino el Dios de la muerte. Subiendo la tercera escalera Señor, no soy digno Señor, no soy digno.
El inasible. Definida la cosa pasa a ser la siempre exacta inexactitud.Materia y universo nos transforman raudos. Lo mutante es vertical. Sin embargo, intentaré nuevamente la definición de Dios, cuenta inconclusa en los miles de años de las civilizaciones (este jugar con tiempos sin relojes y matrices que son aire). Empezaré por la denominación de la cosa: Pentakismyrioexquisquilioletracosiohexacontapentagonalis con sus 56 potencias extrapoladas en haces interactivos de protémolos y bacihas pitagóricos. Tensiones cósmicas. Piedra que piso y ya no es la misma. Hálitos. Para mantenerme dentro de los estrictos imperativos de la hipopotomonstrosesquipedaliofobia, sólo enunciaré: fuerza que si déica, preparanticonstitucionalísimamente se diluirá, atómica nictemídeca, en las cinco vocanadas (bocaciones) del murciélago. Las consonantes las pone el mundo.
Oh, otra vez mi salto al vacío.
Tirecias volteó a ver con sus ojos mudos. Vio al hombre en el cepo. Vio al hombre en el potro. Herido por cilicios. Despellejado con los filos satánicos de los crucifijos. Lo vio en el centro de hogueras que llegaban al cielo mismo. Los vio con las vértebras cervicales deshechas por el garrote vil. Vio la ametralladora reciente y los gases tóxicos en las trincheras devastando seres. Vio la bayoneta destrozando a los hijos de Dios. ¿Quién plagó de tanta ternura y amor por los hombres al Antiguo Testamento? Cae la bomba en Hiroshima y contamina de uranio la feliz ecuación. El viento se pudre en llagas. Hipatia es desollada en las calles de Alejandría por el fanatismo del patriarca Cirilo. Las calles de New York son caminadas por muertos todos los días.
Tiresias advierte en voz alta: parece como si estuviéramos siendo manipulados por otro que estuviera fuera de la escena, como si fuéramos personajes escritos por alguien en otro tiempo, como si los aquí citados sujetos fuéramos de un cuento que está empezando a ser escrito ahora por alguien, pero que no tendrá para nunca acabar.

Sigue Leticia Ocharán:
-Los artistas más destacados de este movimiento “Vorticista” (cuya pretensión era alcanzar el desplazamiento de la materia por medio de líneas y colores discordantes) fueron CRW Nevinson, William Roberts. Lawrence Atkinson, Edward Wadsworth, Cuthbert Hamilton. David Bomberg y Frederick Etchells. También participaron en él los escultores Henri Gaudier-Brzeska y Jacob Epstein y el fotógrafo Alvin Langdon-Coburn.
“Llegados a este punto -apunta la conferencista- no sé si recuerden ustedes el mito de Tiresias. Bueno, existen varios, pero ahora me refiero al que recurre T. S. Eliot en Tierra Baldía. Me refiero al Tiresias convertido en mujer por encontrarse a dos serpientes apareadas y separarlas. La diosa Heras lo vuelve mujer por siete años, pero a cambio Zeus le da el don de la videncia. Tiresias conocía entonces, particularizadamente, el sentir masculino y el femenino. Por lo tanto, si Tiresias hubiera vivido en la época de Eliot, que era la del grupo “Vórtice”, y pudiera haber tenido voz y su voz peso; bueno, la tenía para Eliot, porque éste estaba en el centro de todos los tiempos, pero no tanto para los vorticianos. Retomando, Tiresias hubiera dejado bien claro que en el grupo no sólo participaban los pintores mencionados, sino las pintoras Helen Saunders y Jessica Dismorr, a las que el sexismo de la época minimizó.
“Se trató de un movimiento abstracto del arte inglés, en el que también estas mujeres aportaron su talento y su genio pero el machismo las anuló. Es más, dentro del movimiento llegó a participar en alguna exposición la mismísima esposa de Ezra Pound, la señora Dorothy Shakespeare a quien tampoco dieron sitio destacado en el ‘Vorticismo’.
“En la revista Blast, que editaba Lewis, se publicaban los trabajos del grupo ‘Vórtice’ junto con textos de Pound y Eliot así como de Hulme y Ford Mados Ford. No se imprimieron los trabajos de las mujeres. Desde ahí y en otros foros Lewis, el polemista, aseguró ser el creador único del Movimiento, hecho que provocó una gran molestia en el resto y que en gran medida causó la desintegración del grupo que habrá durado de tres a cuatro años apenas. Ya en 1956 se presentó en la Tate Gallery una exposición titulada Wyndham Lewis and the Vorticists, en la que, obvio, el héroe histórico del movimiento era Lewis y nadie más”.
Ahora el joven maestro ve el mar y piensa en el encargo de Ezra Pound y John Quinn para que la obra de Wyndham Lewis no llegue a Nueva York en un solo barco por el peligro de los bombardeos y que la parte que a él corresponda transportar arribe exactamente el primero de abril. Lleva bajo el brazo un libro sobre Pitágoras. A su lado un poeta originario de la tierra de su joven asistente, Hernán León, escribe, en ese choque de tiempos que Tiresias ha previsto desde el principio: “El Sauce-Cristal, el chopo de agua se encuentra con Eliot y platican del cántaro de abril en el mes citado para que nos cuente en horas, sus febosegundos equilibrados y equidistantes y en el umbral de abril, en Europa se atisba una ráfaga de luz en Londres y un incendio voraz en el trópico de América con sus llamaradas de colibríes. ¿Qué es abril?”
El joven maestro ve hacia el mar. Pero no es cierto, está viendo hacia los mares. Atrás queda la tierra baldía, pero tampoco es cierto, quedan las muchas tierras baldías. Tiresias insiste: “es como si alguien nos estuviera moviendo desde la escritura de un cuento, como si nos estuvieran escribiendo ahora mismo en un cuento”.
Memoria de Tiresias hacia adelante y hacia atrás:
Sentados en torno al Rey Arturo el prisma cintila, en el centro, el destellante juego de cristales retorna y adelanta los tiempos al capricho del reflejo. Arameo, griego, hebreo, pueblan el 66 para que el 126 hispano líe su haz de tinta. T. S. Escribe en el rebote de la luz, la punta de la lanza apunta sínople; el rostro enjuto y el cuerpo -convexo de milandes-, conversan. Inversión de espejos. Un yelmo yace sobre el punto muerto de la extremidad de enfrente. En el centro de la mesa hay un parpadeo de hablas, “un abstracto caballero se endebla sobre su hética montura…” Pasan Dante, Pushkin, pasa Shakespeare, pasan Homero, los García, Dostoievski, pasa Goethe, la pupila periodista los observa del 1 al 10, del 10 al 10. El Rey Arturo adivina la lejana historia. Adivina al manco que nacerá en Alcalá de Henares. Adivina al fébrido vindicativo y al redondo su escudero. Se abre el libro en XXI. Se abre la letra de lo siempre.
La guerra.
Todo se cumple. Natarén le escribe a su maestro Nandayapa diciéndole que él, el joven asistente y su joven maestro, que ellos, lo han logrado, en abril, como estaba previsto -¿Estás loco? ¿Se te trastocaron los tiempos? ¿Leer tanto a Eliot te sorbió los sesos? ¿Abril? ¿Cuál abril? Me preocupas. ¿No tienes un calendario cerca? Sí, lo hay en el muro del pasillo que conduce a la salita de estar en el departamento de New York. Natarén se dirige hacia él e inquisitorial, en exagerado extremo le clava los ojos. La voz de Nandayapa se escucha bisbiseando inútilmente en el aire. El auricular es un péndulo sin diálogo. Natarén ve el fechario. Está a 42 años del 1900, exactamente a once golpes de mar. Entonces, faltan todavía muchos años para que él, Natarén, el joven asistente, nazca en los signos del sur, Faltan décadas para que se enfrente al “poemuralismo”. Eliot bebe un café cargado frente a una mesa en la que comparte con Natarén Aquino, Hernán León Velasco, Mario Nandayapa y Ricardo Cuéllar, se reparten una cálida tarde vegetada. Tiresias los observa desde un rincón del tiempo. Hace como si no los estuviera viendo. No, no los ve. Pero los está viendo.