REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 10 | 2019
   

Arca de Noé

La UNAM: sparring de criminales


Benjamín Torres Uballe

El doctor José Narro Robles, rector de la UNAM, posee un gran prestigio no sólo en el interior de la propia universidad, sino en el mundo de la academia, cultura, política y de la opinión pública.
Sin embargo, en este año y a raíz de las cobardes agresiones de ciertos grupos de “estudiantes” que, de facto, son simples y viles delincuentes, ese tan bien ganado prestigio ha empezado a ser cuestionado por la sociedad debido a su silencio en los ilícitos cometidos por la pandilla de delincuentes encapuchados. El rector de la máxima casa de estudios en el país es, sin duda, un respetado líder de opinión en muy diversos temas, por ello es inadmisible que ante los ataques a los diversos campus universitarios que en este 2013 se han incrementado, guarde un muy inoportuno silencio -por llamarlo de una manera suave- ante la ola de salvajismo de parte de los rufianes del CCH Naucalpan y secuaces.
Tan sólo en lo que va del año, los planteles universitarios han sufrido seis agresiones de parte de los vándalos -de acuerdo con información de El Universal fechada el pasado 21 cuyo videorreportero, por cierto, fue asaltado por aquellos granujas- y en su momento Narro Robles ha permanecido a la expectativa sumergido en la inacción pero vasto, eso sí, en inútil palabrería. Los trogloditas, mientras tanto, continúan haciendo de las suyas en total impunidad. Ante la ausencia ominosa y sospechosa de la aplicación de la justicia, los salvajes pseudoestudiantes se solazan a sus anchas en la impunidad, invadiendo escuelas, agrediendo a empleados universitarios, destrozando mobiliario de las instalaciones y recientemente agrediendo y robando a miembros de los medios de comunicación.
La salvaje y estúpida invasión del pasado 6 de febrero a la Dirección General de los CCH, durante la cual el doctor Narro guardó una vez más silencio, sentó un peligroso precedente por parte de las autoridades universitarias al sentarse a negociar con los pillos la liberación de las instalaciones y retirar las denuncias presentadas a pesar de los destrozos y robos que realizaron la horda de malhechores encapuchados. Los daños ascendieron a 3.5 millones de pesos los cuales saldrán del presupuesto universitario que finalmente es aportado por todos los contribuyentes como usted y yo.
La autonomía universitaria no debe ser entendida de forma torcida, ya que ésta no es una patente de corso para delinquir con impunidad, es para manejar su presupuesto, sus planes académicos y de investigación, de tal manera que ante los allanamientos y agresiones, la cúpula de la universidad no debe dudar en aplicar la ley y dar entrada a las fuerzas del orden para el desalojo y aprehensión de los delincuentes que tanto daño hacen, ellos sí, a la máxima casa de estudios. Y desde luego que no se atenta contra la autonomía universitaria; lo que le hace un daño severo e irreversible es permanecer pasivo y en silencio sin tomar las decisiones firmes y correctas para, simplemente, aplicar la ley a quien violenta el orden y funcionamiento, como en el caso de los malandrines del CCH.
Ante las presiones de la sociedad y medios de comunicación, Narro Robles finalmente leyó un “tibio” comunicado de prensa. Frases como “No se atrevan a saquear una vez más el patrimonio de la nación” y “No responderemos a la provocación actuando con violencia” se escucharon muy lejanamente de la democracia. Es una verdadera vergüenza que el responsable de la conducción de la UNAM se esconda en demagogia pura. No es que se responda con violencia, señor rector, se responde y actúa con la aplicación firme de la ley. No debe usted justificarse en subterfugios. ¿O es que acaso se está cuidando políticamente en sus aspiraciones para llegar a la SEP?
La semana pasada y durante su presentación en el Senado para elegir la terna de la junta de gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), el maestro Gilberto Guevara Niebla cuestionó severamente la autonomía universitaria, de la cual dijo que no ha funcionado y sólo ha servido para aislarla socialmente.
Respecto a los 15 bandoleros enmascarados, es intolerable que permanezcan en total impunidad e imponiéndole condiciones a la UNAM, y surge de inmediato la pregunta: ¿Quién o quiénes son las manos que mecen la cuna? ¿Quién está tan interesado en generar anarquía en ella?
Por lo pronto, los delincuentes se han ganado el repudio absoluto de la comunidad universitaria y de la sociedad en su conjunto. El miércoles reciente un total de 115,664 universitarios, entre estudiantes, académicos y trabajadores, hicieron patente su condena y rechazo a la ocupación de la Torre de Rectoría y exigieron el desalojo inmediato.
Narro Robles dijo: “defenderé a la UNAM con inteligencia y apego a la legalidad”. Entonces que lo demuestre con hechos y no se esconda en “recursos demagógicos”, pues declaraciones como “tengo la convicción de que la universidad saldrá adelante de este trance y que su comunidad sabrá estar a la altura del desafío que hoy enfrenta”, sólo demuestran fehacientemente que el señor rector se está cuidando de no “dañar” su imagen a costa del daño que a la universidad le hacen desde hace meses esos grupos rapaces y lesivos.
La protesta social siempre será bienvenida en una democracia, aunque ésta sea frágil como la que hoy está sostenida con alfileres en nuestro país; sin embargo, es necesario que sea expresada dentro de los cauces de la legalidad, el diálogo, la tolerancia y primordialmente mediante la razón.