REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 10 | 2019
   

Arca de Noé

Carta a Bracho


Cruz Villanueva Loscertales

México DF, Diciembre 2012.

El avión procedente de Madrid aterrizaba por fin, con dos horas de retraso, entrada la noche mexicana. Olores nuevos durante el vuelo, comida picante; miradas cruzadas con rasgos indios, orientales, hispanas; mismo idioma, pinceladas de un amoroso mestizaje.
Fueron largas las charlas entre nosotros, que si la crisis se arreglaría si..., que si yo me esfuerzo pero no veo que la administración tome las medidas más importantes… que si… Perdone, quiere usted Lasagna o pollo… Alberto, José, ¿damos un paseíto hasta la cabina del fondo para estirar las piernas?
Después, largas colas de aduana, documentación: Todo en regla (figurativamente hablando claro)... y al abrirse las puertas de salida, allí estaba el amigo Carlos, su figura destacada, su ropa negra, su coche negro, todo él prestando elegancia a la noche destemplada, llenando con su voz inconfundible el silencio de sus amigos durmientes: ¡Hola!, ¿Cómo están sus Mercedes?
¡Qué enormidad me pareció el D.F.! Estaba advertida, pero no calculé bien lo que los mapas mostraban. No sabía que ya circulaban incluso en el tercer piso, esto es, por el cielo. Su ritmo acelerado de ciudad monstruosa nos tragó enseguida, pero la tenue luz del apartamento prestado nos devolvió a un tiempo pasado; también presente, una sala silenciosa; una cocina con fruta, un café intenso, un caldo preparado por MªLuisa, fotos, mucho Bracho, ¡un elefante¡ ¡Una chica que no deja de mirarme!; y en el baño, huy, allí me quedo inmóvil, pensando... Hasta ¡La Victoria siempre! ¡Comandante! Me sube el ánimo esta casa, creo que me permite ya salir allí fuera y conocerte, México.
A la mañana siguiente nuestro anfitrión y el amigo Alberto vinieron a buscarnos para comenzar la visita. Antes, una charla en la salita, recordando toda una vida, los esfuerzos, los éxitos, los sinsabores.
Don Bracho Villa, luchador social incansable, Partido Socialista, Partido Revolucionario Mexicano, pensador de la solidaridad y la igualdad años y años; actor de larga trayectoria, Quijote de la declamación popular, atravesando montañas, contemplando la prosa de las quimeras. Intolerante con el factor humano corrupto, entrañable y cálido con el amigo próximo. Voz respetable y respetada por su ejemplo, por su tesón en la lucha.
¿Y esa foto del elefante de larga trompa?
¿No sabes lo que me pasó una vez aquí en DF?, me contestó. Se escaparon dos elefantes del Zoológico y llegaron al centro de la ciudad. La gente corría delante de los animales asustados y el cuidador que les siguió corriendo, apurado, me pidió ayuda al verme pasar: ¡Sr Bracho! coja por favor a la elefanta que yo me ocupo del macho. ¿Quien yo? Sí, yo. Así que tuve que hablarle con voz fuerte y convincente: ¡Venga elefantita! ¡ven por aquí!, al tiempo que le tocaba suavemente para llevarla conmigo. ¿Te imaginas qué pudo haber pasado con mi persona de haber movido bruscamente su trompa enorme?…
Bueno, hay que comenzar la visita. En marcha. Fuimos al Centro. Bellas Artes; Correos; Casa de los Azulejos; Zócalo, plaza de la Constitución, grandiosa plaza; inmensos tesoros en las esquinas, en los Palacios. Contrastes de la vida, joyerías de oro nuevo para el que compra, Monte de Piedad para el oro ya vivido, de aquél que no tiene más remedio que vender.
¿Y si tomáramos un café señores?, allí en La Blanca, con sus bollitos, con zumo de mandarina. Y en nueva tertulia entramos, esta vez de México, de sus costumbres. ¡La dueña quiere saludar a Don Carlos, tan conocido! unas fotografías, copias de otras antiguas, así era esta ciudad. ¡Pero qué rico está el zumo!,
Y fue entonces, cuando todos miraban al personaje famoso, se abrió la puerta de la cocina. La señora de blanco, gorra delatora de su actividad, avanzó con paso decidido hacia nosotros. Lentamente abrió sus brazos deseando ofrecer su entusiasmo, y esperando recibir el abrazo soñado: ¡Por favor Don Carlos Bracho, venga y abráceme como abrazaba Vd a Amparo Rivelles!

¿Te das cuenta Carlos lo que te dijo la dama de manos curtidas y sonrisa cálida?, te brindó su corazón a cambió de una emoción, de un sentimiento. Eso es más fuerte que nada:
“es la esencia de las cosas simples,
ya que no está en su naturaleza
sino en su evocación,
y preserva nuestra memoria”
.

(Jorge Ruiz Dueñas)

Ya estoy de vuelta a casa, reviso las fotografías y acordándome de todo, me rindo ante esta escena, unos ojos conmovidos ante el recuerdo del personaje humano, suspirando ante un beso intenso de la vida, quizá con fragancias de Mandarina.
Agradecidos estamos por vuestra compañía, vuestros abrazos, esos gratos momentos, son un buen equipaje de vuelta. Hasta siempre, un placer.

Cruz Villanueva Loscertales
Enero de 2013, Madrid, España