REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
10 | 12 | 2019
   

Apantallados

Epígrafe inútil


Francisco Turón

“La libertad de la fantasía, no es ninguna
huida de la realidad, es la creación y la osadía”
Eugéne Ionesco

El charco inútil es un drama sobre la “lo-cura” como vía de escape. Por lo demás es una historia de misterio, amor, angustia, y soledad, donde los personajes buscan en la demencia algo que se asemeje a la felicidad. David Desola, el dramaturgo español más montado en México, escribió esta obra ganadora del premio Lope de Vega 2007, con el título original La charca inútil, en la que retrata a seres atormentados, víctimas de un entorno opresivo, y de una sociedad que hurga en el dolor ajeno. Sobre su texto el dramaturgo catalán argumenta: “Escribí esta obra en 2006, cuando todavía eran muy recientes los atentados del 11 de marzo en Madrid, y España parecía reponerse de los momentos más oscuros de su reciente democracia. Hoy mirando hacia atrás, uno añora ese sentimiento generalizado de esperanza que ahora se ve truncado por la dura crisis económica y la política de recortes que asola al país”.
Con la meritoria dirección de Carlos Corona, El charco inútil, es una puesta en escena que cuenta con la proyección de videos que contextualizan los sucesos más emotivos de esta historia que se desarrolla durante un frío invierno en España. La obra sitúa al espectador en dos escenarios; una banca de madera rodeada de arena, localizada en el parque cerca de un lago congelado en donde Óscar (Tomás Rojas), un profesor cobarde, inseguro, pesimista, sensible y desilusionado de la vida, tiene encuentros “extraños” con su antiguo profesor (interpretado magistralmente por Miguel Flores), un doctor cínico y sabio, que a través de pruebas le hace ver que es un títere de sus propios miedos, y le da consejos para que logre superar su cobardía. En ese desolado lugar, el doctor también le da clases para sobrevivir en una sociedad enferma y perversa. Convence a Óscar de que no es necesario evitar la realidad, o vivir sufriendo por los traumas de un accidente en la escuela en donde daba clases (ya que uno de sus alumnos al ser sorprendido fumando lo arroja por las escaleras); sino que “se debe tener confianza en uno mismo y comprender que de alguna manera todos estamos locos y cuerdos a la vez”.
Y al mismo tiempo, el otro espacio que está dibujado con gis, es la casa de Irene (Úrsula Pruneda), una mujer anclada al recuerdo de su hijo Diego (Assira Abbate); muerto en el atentado de la estación de trenes de Atocha, y a quien asegura ver todos los días.
Irene al conocer a Óscar se enamora de él y lo contrata para darle “sorprendentes” clases de gramática y de francés a su hijo, con la idea de que de esta forma podrá hacerlo más inteligente, y quizá hasta revivirlo; ya que “las cosas suceden y ya”, y que “cada persona es la imagen que se hace de sí mismo”, por lo que “nadie es capaz de decir quién existe y quién no”.
Fui a ver la puesta en escena, sin ninguna tentativa de que un autor español hablara del atentado llevado a cabo por terroristas yihadistas, conocido también por el numerónimo 11-M, y por otra parte, que hablara del fenómeno del bullying, que en las preparatorias de España es especialmente violento. Confieso que en realidad no me interesa tanto lo que está sucediendo en España. Acá el terrorismo extremista no tiene funcionamiento, y respecto al tema del bullying, me atraería más saber lo que está sucediendo con ese fenómeno entre nosotros. Entonces la obra me produjo cierto distanciamiento, hasta que vi sorprendentemente, que tanto el atentado a los trenes en la estación de Atocha, como el bullying, son elementos preferenciales hacia otros ejes temáticos que son los que realmente importan. Es decir, los elementos preferenciales pueden ser ajenos, pero los ejes temáticos, pueden ser leídos dentro de una estructura de pertenencia. Y esa estructura de pertenencia tiene que ver con los que pasa en la realidad, cuando ésta es muy agresiva.
Según Ionesco, en la dualidad fantasía-realidad, la fantasía a través de la creatividad, no es una huida de la realidad, sino un derecho. Yo creo que ahí Ionesco es un tramposo, porque está haciendo el análisis de lo que tiene tras de sí para la creatividad. Indudablemente cualquier artista piensa que la creatividad no es una fuga, sino una visión de otra realidad alternativa que puede ser interesante. Los artistas son creadores de realidades alternas que están cabalmente vigentes a través de su obra. Sin embargo, lo que se está planteando aquí, no es la creatividad fantasiosa, sino las patologías perversas de una sociedad. El personaje de Irene, una mujer anclada en el recuerdo de su hijo muerto, está respondiendo de una manera huidiza a una situación violenta de extrema gravedad. La mujer que pierde a su hijo, crea a un hijo imaginario. Eso no es nada creativo. Simplemente es una incapacidad de poder asumir, que la realidad determinó a través de una situación de violencia, (en este caso el atentado terrorista), la pérdida de un hijo. Crear a un hijo alterno e imaginario, en una estructura fantasiosa, establecida por un individuo que intenta sustituir la realidad, y justificarla para no sufrir tanto, deriva en una mentira, porque sufre el doble. El golpe de esa realidad, con esa fantasía, es insoportable.
Insisto en que el hecho de que Irene no pueda tolerar que su hijo haya muerto, es un asunto patológico, y por supuesto, es un huir de la realidad frente a la dureza de la situación. Creo que no es un discurso donde terminen diciendo que podemos convivir los tres: tú, yo, y el niño. Ninguna persona puede crecer, desarrollarse y funcionar en una sociedad, si no es aceptando primariamente cuáles son las estructuras que contiene. Por otro lado, hay una situación más optimista de parte de Óscar, en tanto que él es quien determina sorpresivamente -inserto con un golpe de efecto de novela policiaca- que el personaje del profesor, no existe. Un recurso dramático que me parece muy inteligente, ya que no me esperaba que el personaje del profesor tampoco existiera. También es interesante como dos vueltas de tuerca, porque en definitiva Óscar como personaje conductor, no acepta, más que transitoriamente, la invención fantasiosa para huir de la realidad. Él crea al profesor, igual que la mujer crea a su hijo, porque no puede tolerar tanta humillación, y tanto dolor, como el que ha sufrido. Acepta temporalmente esa situación, pero termina por decirle a Irene que su hijo no existe, así como le dice al profesor: “usted tampoco existe”. Es decir, en última instancia, él sí hace una apelación a la madurez, y a la recuperación de la sanidad, a través de cambiar una realidad que hay que reconocerla, porque si no, de lo contrario, no se puede modificar. Por eso me resulta rara la ambigüedad del planteamiento del dolor y la fuga, en contraste con la superación de esa fuga, aceptando una realidad para poder transformarla. La cita de Ionesco, que aparece en el programa de mano, resulta contradictoria porque pareciera decir que en realidad, tanto Irene, como Óscar, tienen razón en inventar un mundo imaginario, justificando que el mundo real es insoportable. Y la obra no dice eso, sino que para que el mundo sea soportable, tenemos que aceptar lo insoportable de la realidad, para poder transformarla. Y eso sí es una visión mucho más interesante y estructurada entre el plano de la realidad, el plano angulado, y que es móvil, de la ficción, y que está incluso escenográficamente enmarcado, y el plano de intermediación, que hay entre la realidad y la ficción.
El charco inútil. De David Desola. Dirección: Carlos Corona. Lunes y martes. 20:00 hrs. Sala Xavier Villaurrutia. Unidad Artística del Centro Cultural del Bosque. Reforma y Campo Marte s/número. Fin de temporada: mayo 2013.