REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 11 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto


Alonso Ruiz Belmont

La aguda crisis política que vivió México durante 1994 cambió radicalmente la percepción que se tenía en el exterior sobre nuestro país como una nación encaminada inevitablemente en la ruta de la modernización económica y la estabilidad social. Durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, su gobierno tuvo la astucia suficiente para ocultar las enormes limitaciones democráticas del tímido reformismo electoral que se llevó a cabo a lo largo del sexenio y que marginaron sistemáticamente a la oposición perredista. Asimismo, Salinas también tuvo gran éxito ante la opinión pública nacional e internacional para vender su política económica como un paradigma de prosperidad, ocultando hábilmente el escandaloso déficit social que arrastraba aquel modelo de desarrollo. La credibilidad con la que contaba el régimen hasta el último día de 1993 se había reflejado en la percepción de que México era un destino confiable para las inversiones extranjeras y un lugar muy productivo para los flujos de capital especulativo.
Si embargo, todo esto cambiaría abruptamente el primero de enero de 1994. El levantamiento neozapatista en Chiapas, así como los posteriores asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu marcaron el regreso de la violencia a la vida política en nuestro país y rompieron con el paradigma de estabilidad que el presidencialismo autoritario priísta había logrado mantener durante más de sesenta años. De igual modo, la crisis política también supuso un duro golpe a la credibilidad del sistema electoral. Los partidos de oposición exigieron rápidamente urgentes reformas que permitiesen garantizar condiciones mínimas de limpieza y equidad para las elecciones presidenciales que se llevarían a cabo en julio de aquel año.
La acelerada liberalización de la economía (que había incluido la reprivatización del sector bancario) y el proceso de apertura comercial hacia el exterior estuvieron apoyadas en buena medida en el establecimiento de un tipo de cambio fijo. Para mantener la paridad cambiaria frente al dólar, el Banco de México utilizó sus reservas internacionales. Sin embargo, hacia 1991 varias voces disidentes comenzaron a advertir que la estrategia gubernamental de no ajustar el tipo de cambio era inviable a mediano plazo y señalaron que una fuga masiva de capitales podría agotar rápidamente las reservas y traer consigo una devaluación del peso. Dichas voces mencionaban también que si ese proceso se efectuaba de manera gradual y ordenada se podría evitar el peligro de una nueva crisis económica al incrementar las exportaciones y fortalecer el mercado interno.
La crisis política de 1994 ocasionó una generalizada fuga de capitales, que se prolongó de manera intermitente a lo largo del año, las reservas internacionales del Banco de México se agotaban rápidamente. Pese a ello, durante su último año de gobierno el presidente y su gabinete económico decidieron aplicar una política fiscal expansiva para mantener el tipo de cambio. La estrategia implicaba un incremento del endeudamiento con el exterior. Asimismo, el gobierno convirtió deuda a largo plazo (cetes y ajustabonos) en deuda a corto plazo (tesobonos) sin tener la certeza de que se contaba con suficientes reservas internacionales para pagar esos instrumentos financieros. Paradójicamente, algunos economistas manifestaron que si la política devaluatoria se hubiese aplicado en febrero de 1994 se hubiese evitado la emisión de tesobonos, ya que en ese momento las reservas del Banco de México aún se encontraban altas. Sin embargo, las ambiciones políticas de Salinas iban mucho más allá del final de su sexenio. Temeroso de que aplicar el proceso devaluatorio a principios del año pudiera afectar su candidatura para presidir la Organización Mundial de Comercio (OMC), Salinas optó por diferir la devaluación hasta el segundo semestre de 1994, para entonces las divisiones al interior del gabinete económico eran ya evidentes sobre qué decisión debía tomarse.
El 20 de diciembre, unos días después de haber tomado posesión como presidente, Ernesto Zedillo anunció la devaluación del peso. Sin embargo, días antes, Zedillo se había reunido en privado con los más importantes empresarios de México para comunicarles la decisión que iba a tomarse. En unas cuantas horas estos hombres sacaron sus inversiones del país para proteger sus fortunas, agravando seriamente los efectos del proceso devaluatorio. La ampliación a la banda de la tasa de cambio en 15% no fue suficiente para que el gobierno siguiera controlando la demanda por dólares y a principios de 1995 el peso entró a libre flotación.
Las consecuencias de estos hechos son del todo conocidas. México vivió una de las peores recesiones económicas en más de cincuenta años. Tanto la devaluación como los brutales efectos del ajuste que efectuó el gobierno ante la emergencia económica tuvieron un costo social incalculable. Esto se tradujo en una profundización histórica de los niveles de pobreza, desempleo generalizado y una pauperización acelerada de la clase media que ha llevado a ésta al borde de su desaparición.
Las circunstancias en las que la sociedad mexicana vivió la crisis política y financiera de 1994 son un tema que es abordado en la cinta El efecto tequila* (2010) de León Serment. El nombre del filme alude a las repercusiones que tuvo la crisis devaluatoria en las economías de otros países de America Latina, las cuales fueron conocidas en la prensa con ese sobrenombre. La cinta de Serment narra la historia de José Fierro, un ingenuo e inescrupuloso asesor financiero de una exitosa casa de bolsa que opera en la Ciudad de México. Con la complicidad de Ángel, su compañero de trabajo, Fierro, manipula los fondos de inversión de sus clientes y sin autorización de estos utiliza el dinero que se hallaba en los fondos a tasa fija para comprar acciones en la bolsa de valores, tomar riesgos y posteriormente regresar los recursos a dichos portafolios quedándose con las utilidades obtenidas, las cuales comparte con Ángel. Con el dinero de los fraudes cometidos, José es capaz de dar rápidamente a su joven esposa y a su hija un buen nivel de vida. Él se halla convencido de que los mercados financieros continuarán su tendencia a la alza y que la política del gobierno llevará al país por la senda de la prosperidad. A diferencia del joven Fierro, su padre, un pequeño y honesto empresario textilero, desconfía del verdadero estado que guarda la economía nacional y aconseja de manera infructuosa a su hijo para que gaste menos y ahorre su dinero ante la eventualidad de una crisis futura. Corre el mes de marzo, tres días después del asesinato de Luis Donaldo Colosio en la ciudad de Tijuana.
Rápidamente, el Licenciado Garcés, jefe de José y gerente de la casa de bolsa, descubre las irregularidades de su empleado. Es entonces cuando Fierro se da cuenta de que Garcés es parte de otra red de corrupción que opera también al interior del negocio. Mediante información privilegiada que les proporciona el Doctor Pérez Salgado, líder de la red y poderoso miembro de la tecnocracia financiera, estos delincuentes especulan en los mercados financieros con el dinero de los inversionistas obteniendo utilidades millonarias. Garcés extorsiona a Fierro y lo obliga a asumir los riesgos de las operaciones fraudulentas para poder tener acceso a las ganancias del grupo y no denunciarlo ante las autoridades. Asimismo, le pide a José que obtenga más recursos para montar un nuevo fraude. Para reunir el dinero necesario, el joven profesionista engaña a su padre y comienza a pedirle dinero prestado a varios pequeños empresarios amigos de éste.
El mecanismo que utilizaban los hombres que encabeza el Doctor Pérez Salgado para consumar sus ilícitos consistía en pasar el dinero de los fondos de inversión, de cuentas fijas a cuentas variables sin autorización de los clientes, el monto que aportaban los nuevos inversionistas que eran engañados se usaba para que los defraudadores se repartiesen las ganancias, y en ocasiones, para pagar a los viejos inversionistas. La estrategia le permitía a José y a sus cómplices ofrecer a los clientes intereses y rendimientos superiores a aquellos de los de un banco.
Es entonces cuando Fierro conoce personalmente al Doctor en una reunión. A espaldas de Garcés, Pérez Salgado le pide a José que se convierta en su prestanombres para manejar unos portafolios de inversión de su propiedad y le ofrece a cambio una comisión por las ganancias. Para no verse comprometido, el Doctor utiliza a un intermediario suyo cuyo apodo es “Babalucas”. A través de éste, Fierro recibe instrucciones precisas de qué hacer con el dinero de los portafolios de Pérez. Mientras que la sociedad mexicana recibe noticias falsas acerca del estado de la economía y de las repercusiones que la inestabilidad política estaba ocasionando en los mercados financieros, el Doctor cuenta con información privilegiada que le permite saber que una devaluación está cerca. Con el dinero de los fondos, José recibe órdenes de especular con el peso antes de que se devalúe el tipo de cambio y obtener la mayor cantidad posible de ganancias para el poderoso funcionario. Con las comisiones que recibe de parte de Pérez Salgado, la prosperidad de José se transforma rápidamente en opulencia.
Sin embargo, a finales de noviembre comienza a desplomarse el precio de todas las acciones en la bolsa de valores debido a la creciente fuga de capitales. José Francisco Ruiz Massieu ya ha sido asesinado y su hermano Mario se dedica a encubrir la autoría intelectual de Raúl Salinas en el crimen dirigiendo las investigaciones del homicidio. Ante el desplome de las acciones, los amigos del padre de Fierro comienzan a exigirle a José la devolución de sus inversiones junto con los intereses acumulados. El desplome de la bolsa hace que el joven pierda todo el dinero de esos clientes y para poder pagar la inmensa deuda que había contraído se ve forzado a utilizar el único capital con el cual contaba que era el del Doctor Pérez Salgado.
El 10 de diciembre, Fierro recibe órdenes de “Babalucas” para convertir todo el dinero de los fondos y comprar futuros en dólares, pero Garcés se le adelanta y roba el dinero que le quedaba a Fierro para comprar los futuros antes que él. Éste se ve entonces en la necesidad de huir y esconderse para no ser apresado.
El 28 de febrero de 1995, el presidente Ernesto Zedillo ordena la detención de Raúl Salinas de Gortari, quien es acusado de ser el autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. La bonanza salinista ya había terminado. Unos días después, Ángel, quien también es cómplice del Doctor, se reúne con Fierro y le aconseja entregarse. Lo persuade de confesar los ilícitos y cooperar con la justicia a cambio de purgar una condena breve en prisión. Este último accede pero luego de otorgar su confesión ante las autoridades, éstas le comunican que su denuncia no prosperará ya que, paradójicamente, los hechos que acaba de revelar no se hallan tipificados como delitos. Los hombres del Doctor atrapan a José, Pérez Salgado lo amenaza con matar a su esposa e hija si no firma una confesión en la que se declara culpable de otros delitos financieros que no cometió y lo obliga a regresarle todo el dinero de sus portafolios. José Fierro pasa seis años en prisión.
Al salir de la cárcel, Fierro utiliza una pequeña herencia que le dejó su padre antes de morir y monta un bar para ganarse la vida al que bautiza como “El Efecto Tequila”. En 2008, estalla una nueva crisis financiera en los Estados Unidos que rápidamente se propaga por todo el mundo. En ese momento, José se entera a través de la prensa que el Doctor ha regresado a la tecnocracia financiera y decide vengarse pidiéndole una cita para hablar con él. Pretende grabar la conversación con Pérez Salgado para obtener una confesión de los ilícitos del funcionario y denunciarlo. El Doctor accede y da un paseo por la ciudad en su camioneta junto con sus cómplices y Fierro. Como era de esperarse, el Doctor revela su participación en los millonarios fraudes de la casa de bolsa y los fondos de inversión, pero descubre la grabación de José y “Babalucas” lo ejecuta. Sin embargo, la conversación también ha quedado copiada a control remoto por los amigos de Fierro en otro celular que se hallaba en “El Efecto Tequila”. La confesión es filtrada a la prensa y el Doctor Pérez Salgado va a prisión.
Las consecuencias de la corrupción en el sistema financiero mexicano registradas durante el sexenio salinista dañaron irreversiblemente el patrimonio de millones de mexicanos y muchos de estos delitos quedaron impunes. En dicho periodo, los bancos recién reprivatizados comenzaron a operar de forma desordenada al igual que varias casas de bolsa. Como resultado de la gran competencia que se registró en los mercados financieros, los bancos otorgaron un alto número de créditos con riesgos elevados. Las carteras de dichas instituciones se deterioraron rápidamente y en 1994 la fuga de capitales, producto de la crisis política, ocasionó la devaluación de la moneda. Las tasas de interés se dispararon y una gran cantidad de los créditos otorgados se volvieron impagables. Para evitar el desplome de la economía nacional, en 1995 el Estado debió rescatar a la banca mexicana. No obstante, el proceso distó de ser transparente. El Fondo de Protección al Ahorro Bancario (Fobaproa), creado en 1990 para enfrentar eventuales dificultades financieras de carácter extraordinario, se utilizó durante el sexenio del presidente Zedillo para absorber las carteras de los bancos quebrados. El Estado asumió el control de dichas instituciones, cubrió sus pérdidas y le pagó a sus ahorradores.
Sin embargo, muchos banqueros corruptos aprovecharon el Fobaproa para cubrir sus pérdidas y comenzaron a meter en él numerosos créditos incobrables y autopréstamos con los cuales habían endeudado a sus propias instituciones. Tres de los casos más conocidos en este aspecto fueron los de Ángel Isidoro Rodríguez Sáez (acusado de fraude a Banpaís por 38.93 millones de dólares), Carlos Cabal Peniche (acusado de fraude a Cremi-Unión por 700 millones de dólares) y Jorge Lankenau Rocha (acusado de fraude a Banca Confía y Ábaco Grupo Financiero por 170 millones de dólares). Las autoridades mexicanas no pudieron probar la culpabilidad de Rodríguez Sáez ni de Cabal, ninguno de los dos fue encarcelado. Lankenau estuvo ocho años en prisión y posteriormente recuperó su libertad, murió en 2012.
En 1998, las bancadas del PAN y del PRI en el Congreso de la Unión acordaron la disolución del Fobaproa y la creación del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB). Las deudas privadas debieron ser convertidas en deuda pública, la cual debió de ser financiada con los impuestos de los contribuyentes y con reducciones al gasto público. Con la creación del IPAB, los accionistas de los bancos mantuvieron su posición de mando en estos y posteriormente los vendieron a precios que sobrepasaban su valor real. Un informe de la Auditoria Superior de la Federación mostró que un 80% de los ilícitos del rescate bancario quedaron impunes por dilaciones u omisiones de las autoridades fiscales y de la Procuraduría General de la República (PGR).
El filme de Serment muestra cómo un sector financiero deficientemente regulado puede llegar a ser operado por individuos sin escrúpulos que terminan destruyendo el patrimonio de ahorradores honestos. El manejo de la crisis política y económica durante 1994 mostró a una élite gobernante irresponsable, mezquina y corrupta que en un momento definitorio de la historia nacional prefirió asegurar su futuro político antes que actuar en pos del interés colectivo.

aruizbelmont@gmail.com
* El efecto tequila, México, 2010. Dirección: León Serment. Guión: Reyes Bercini, Patricio Saiz. Producción: Adriana Rosique, León Serment. Elenco: Eduardo Victoria, Karla Souza, José Alonso.