REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

Confabulario

Metamorfosis del encuentro


Roberto Bañuelas

Con el alba impaciente que logra desmanchar la oscuridad de los montes, heredamos las ausencias y la fatiga de las frustraciones de ayer, pero nos despertamos para soñar ficciones memorizadas en el insomnio turbio, acompañados de la rebelión con forma de gastritis incendiaria.
En el otro barrio, donde abundan los paraísos alucinados, el rock and roll aumenta de peso y se hipnotiza con los meteoros de proyectores lumínicos que trituran el movimiento de las sombras sufrientes.
Emancipada del juicio y la razón, cada pareja se mueve en el ajedrez de una soledad cambiante y poliédrica, sin más encuentro que la falta de identidad frente a los espejos perversos de la furia y la deformación.
Tránsfuga irredento del amor que corona al instante esperado, el hombre se hunde en silogismos y sofismas mientras el alba se transforma en la agresión de un sol dominante.
El camino de perfección deambula dentro de nosotros aunque tropecemos con el alma que se proclama guardiana de delirios, ensueños y extravíos frente al amor que tritura los segmentos de la hora esperada.
El rey de copas brinda para festejar el desfile cotidiano de los desertores que reptan y giran en círculos de niebla donde ululan los búhos y ya no anida la luz.
Todo mañana será mejor para vivir y, con más rigor, para morir. Héroe de mil batallas, emplearás tus vacaciones sabáticas en escribir la crónica cíclica de los mercenarios y los vencidos.
Aunque tropecemos con el alma doliente que se proclama guardiana de los delirios y extravíos del amor que carcome los segmentos imantados de la hora esperada, el camino de perfección deambula dentro del ser.

II
Las entrevistas de los medios de enajenación ratifican la traición a la palabra del hombre y al pacto celebrado con una dimensión de dignidad degradada por quienes la predican desde la cumbre de su vacuidad verbal.
El último aviso no es escuchado porque ya es sabido que mienten los profesionales de la caridad, la palabra salvadora y la redención.
El amor a los héroes fatigados se adormece en la declamación de actores muy agradecidos de que el público no se duerma ni haga comentarios con voz ríspida para eyacular ripios anémicos de posible concepto.
En el claro arroyo de la oscura fe, la identidad con los ángeles caídos encuentra la respuesta en un laberinto de afectos y silogismos con la telaraña del insomnio que propicia el original y la copia certificada del concepto.
Ululan y pululan las interrogantes de la existencia, advertidas por la muerte con su final irremediable.
El paisaje tirita con cada atardecer del otoño cobrizo, indiferente a la obstinación de las estatuas que prefieren perder la cabeza, las manos y los brazos antes que claudicar frente a la historia oficiosa y falaz.
Las sonoras meretrices acompañan sus danzas con risas afiladas en el albur y en el calambur contra clientes fatigados que pagan por ver.
El arrobamiento del espíritu comienza con el esplendor de la carne y las caricias que acompañan a las cumbres florecidas de los senos y la melodía ondulante del trasero que va de la pera a la manzana y a la mandolina, tejedora de la red melódica del encantamiento total.
Los sabios combaten el invento espontáneo de la soledad con fórmulas de ardiente invocación. El vegetarianismo circula por el sistema exacto de los rumiantes, futuras víctimas de carnívoros ilustrados en la previsión tecnológica del reparto equitativo de la pobreza.
Que no se os olvide, adoctrinados empresarios, que antes que el pan de cada día, primero está el imperio de este siglo promisorio del milenio y del reino de este mundo.
La propiedad privada se alimenta de la costumbre de privar de la propiedad a quienes se resignan a sobrevivir para lograr la salvación del alma. ¡Así sea!

III
Esta ansiedad estética de cumplir cada día con el sueño incompleto de la Creación, es casi siempre una ceremonia de alto riesgo frente a la compartida incomprensión de aquellos que prefieren creer en todo antes que penetrar en el desafío de saber o de dudar.
Con dos docenas de mitos bañados con sangre se ha hipnotizado al género humano para someterlo y esclavizarlo a favor de los dueños del poder.
Las calles soportan el estruendo y la afrenta del reparto de promesas, lamentos, aullidos, sollozos y afirmaciones reiterativas de la primera persona, anulada en la multitud, tan definida en la confusión como alejada del vértigo de un vals vienés.
El parto del horizonte se practica sin dolor, a todas horas y en todo valle, sin reproches de infidelidad o de adulterio crepuscular. Toda confidencia se anula entre el secreto y la delación contra la ruta del cautivo de tus encantos y tu arte misterioso de mentir.
En la altura que propicia la germinación de los abismos, la rebelión y la venganza se organizan contra la plaga de almas, dolientes e incompatibles frente a la legión de madres solteras y dolorosas en las aguas estancadas de la angustia familiar.
El antagonismo de un De Profundis marchito resulta estéril contra un Réquiem venerado por los herederos de la ausencia, coronada cada día por un presente inconcluso.
Junto al árbol caído de los testimonios sinceros, la envidia isa su bandera triunfante y se ríe del boicot organizado contra su inconfesada membrecía. El presente hace su visita persistente para dar ánimo a los incomprendidos que ya no cuentan con el sacrificio deseado de los demás.

IV
Los adversarios, los rivales y los enemigos, disfrazados de leales competidores, navegan armados de subterfugios y silogismos afilados en las cabezas de los aspirantes menores.
En el camino peligroso de ser yo, de ser tú, nos comprometemos con el acto de crear y de celebrar el amor, tan cerca del instinto y tan lejano de tu alma, espejismo mutante en cada primer aniversario de ausencias.
Nos hacemos cazadores de quimeras y pescadores de sueños sobre una barca sin velamen y sin remos, frente al sol calcinante y la amenaza que cumplirá cada tormenta.
Si los héroes hablaran nos harían el relato del primer motín y de las batallas ganadas por el enemigo con mejores armas, la voluntad infinita y parcial de un dios vengador.
Entre la noche de pétrea oscuridad, el buque fantasma es el más sólido de todos los espectros, y, entre el temor y el desamparo, deseamos que la nave y su tripulación nos confundan con los espíritus errantes de remotos pescadores.
El número final de la fiesta lo realiza el amor que dijo ser sincero. Las hormigas y las cigarras se disputan el prestigio de los fabuladores sin empleo. La mejor curación no vendrá del desencanto de un vals, sino del nocturno amor prolongado hasta la lumbre del nuevo amanecer.
El hombre se hace creyente de la felicidad en la redención amorosa del duplicado sin mácula de otro asedio matriarcal.
Las voces del árbol tienen horario fijo de pájaros canoros que sintonizan sus trinos a pesar del estruendo del planeta. La identidad repetida de mis delirios amorosos sustituye al trono vacío de tu partida.
Yo también, como sabio entusiasta de la renovación sideral, me inscribo en un curso intensivo de castidad en un instituto para desinhibidos militantes, del cual soy expulsado después de la tercera lección.
En la premonición de un final circular, me agrego a la peregrinación de viajeros solitarios y agnósticos tensos cuya única salvación se presiente en el templo lejano de la mujer amada.

V
La caza mayor de afectos se trocará en trampa para solitarios extraviados en busca de sí mismos. El amante, amurallado de olvido, es un infausto navegante proclive a las invocaciones celestes.
¿Cómo identificar el amor que no sea locura?
En defensa de la breve existencia, recurrimos a la metamorfosis de ser un ángel caído que ya conoció a Dios.
Aceptamos la confusión del comienzo de la agonía con el siempre profetizado fin del mundo.
Cada generación inventa y pule sus mitos. La excepción de la regla, solitaria por diferente, se refugia en el difícil vértice de la grandeza. La ronda de sicarios cambia eslabones por monedas. El cazador furtivo, con armadura de silencio, prefiere la laguna de la noche en su lento viaje al conocimiento de su otro yo.
Al reino lejano, vigente e inaccesible, lo acercamos al espejo interior de los ensueños. La naturaleza es el campo fértil de la ficción marchita.
La verdadera fe se afirma en tolerar tanto a los demás como a nosotros mismos, en el placer y en el dolor.
La nueva interpretación de todo ceremonial y encantamiento, no se debe a la asamblea de soñantes despiertos que se celebró en la cumbre del mensaje místico, sino a la metamorfosis cíclica que hace de la evasión otro encuentro en la galería abigarrada del descontento.
Ni los demagogos ni los aprendices de demiurgo pueden hacer nada contra el mal de crisis, herencia siniestra que envenena la diaria misión de vivir. Cada ministro ejemplar cumple su misión de pronosticar soluciones lejanas, pero sin omitir las advertencias fatales en tercera dimensión.
Los caminos de ceniza son círculos falaces que, por fatiga o descontento, nos conducen a ser testigos con la firma de un derecho cósmico que no evitará el castigo para los almanautas fanáticos.
Los encantos de la ciudad se muestran solidarios con aquellos que pueden sufragar la fragua del placer, y cuando todo se llene de ausencia y nostalgia, llegarán los elegidos a rendir culto a las nereidas mientras algún idealista suicida retoca el peinado de Medusa.

VI
A pesar de los anatemas dispersos para el rebaño, los noctívagos de vocación siguen en espera del sol de medianoche.
No hay mayor castigo que la equivocación de sentir como pequeñez la diaria plenitud de la vida y el gozo de la vibrante libertad de ser.
Inútil la oratoria que pretende la salud de los prejuicios. Aceptemos, de una vez y para siempre, que todos los milagros que integran la civilización y la cultura son fruto de la imaginación, la inteligencia, los sueños y el trabajo del hombre.
Las almas gemelas deben ser de la misma edad. En la verdadera pareja amorosa el sentimiento es el espejo de su mutua convergencia que transita en la diaria conquista del esplendor.
La sabiduría de la mujer deshabitada anhela la destrucción de Utopía porque el rescate del amor resultó tardío.
Matrimonio y sepulcro son dos vacíos custodiados por un fantasma que prefiere la tierra firme al diagnóstico marino de un naufragio superado antes del alba.

VII
Sólo el desierto circundante permanecía incorruptible e ignoraba los escudos y las banderas del individualismo filantrópico para ofrecer, a cambio de unas trovas, morada a los juglares fatigados.
Nadie está obligado, por ley, mandato o anatema, a ser un desadaptado de los espejismos perpetuos.
Los días son peregrinos de otro otoño incierto a la par que las muchedumbres arracimadas se inclinan ante el misterio y se someten a los poderosos en turno.
El viaje de la existencia no tiene retorno: deambulamos sobre dunas mudables de rescoldo rebelde, desafiando con máscaras sonrientes la ausencia de humor de la muerte que cuando habla, sólo dice: “Ya”.

VIII
Nos inundan de información para ser convertidos en comparsas sin posible comunicación. Si logramos flotar a la deriva del torrente de idiocia, nos reincorporamos al torbellino de la vida soñada y vamos, con loca insistencia, a recuperar el misterio agredido de la creación que da legitimidad a la razón de ser.
La esperada fuga de la tarde se acompaña de un lejano canto pastoril condicionado por la repetición de una lectura idílica.
La genética circunstancial no es la culpable de la invención cotidiana del maligno. El tiempo, poliedro cristalino, aglutinante con diversa luz de las miradas, se divierte sepultando famas y prestigios frente a la nada y el todo de la eternidad.
La equitación es equivocada y negativa si se practica sobre pegasos nostálgicos. El dolor sigue siendo el presente del amor que se fue.
Rindamos, pues, otro homenaje al silencio preñado de ansiedades; aquí está, a título de desamparo, mi ofrenda de canto y gratitud.
La civilización, con insignias reiteradas, practica el doble juego de seducción y esclavitud.
Ante la visión alterna de fulgores y tinieblas, los profetas fatigados ya no refutan el dominio avasallante del reino reconocido: toda profecía será postergada.
El cíclope se despierta y se asusta con los ojos de la noche; pero recupera su identidad cuando tritura la evasión concreta y flota en el río melódico de una luminosa ficción lunar.
Entre la difícil dignidad de una existencia sin tributos y el letargo planetario de los fósiles marinos, la celda de la memoria propone la biografía de imágenes dispersas que padecen por la ausencia de armonía y de una tregua indefinida.
La interminable calle es insuficiente para contener el tropel de los náufragos del tedio. Consumado el sacrificio del desamor, la naturaleza sin intérpretes espera, como cambio, el que se cumple siempre con el cambio de las estaciones.
La espera puede alargarse cada día en un íntimo pacto de evasión. La longitud del tedio se rompe con un esperado reposo en la fuga del domingo con el cortejo que oró y cantó en el memorial de los delirios.

IX
La obligación de reír frente al bosque de las altas torres, el espectro inventado de la victoria y el retrato de grupo con almirante, convoca y convence a los antagónicos de que el hombre es el mejor amigo del perro.
¡Solidaridad! ¡Cuántas rupturas se celebran en tu nombre!
Al rey ignorado de la selva ignota le importa un hueso roído el control de la natalidad celeste. Contra la fértil semilla del engaño se hará otro pacto para neutralizar el parto con dolor de aullidos de sirenas.
Todo pensionado del tedio abominará del craso erotismo de arriesgar el peso del alma para caer, voluntario, en el vértice oscuro de tus piernas.
El infinito y la eternidad depositan sus esporas en el campo imantado de los poetas inéditos.
En el último cumpleaños de Diógenes, este encorvado varón recibió una linterna que se alimenta con el mejor combustible privatizado de PEMEX.
En el obligado retorno a la estación madura de tus encantos, el poder y el infierno se marginan ante el obligado retorno de tu atardecer de vendimia esplendorosa. La madrugada se torna estéril después de un insomnio de catástrofe pronosticada en un ciclo ritual de esperanzas renovadas.
De nada sirve festejar las bodas de plata de un inútil sacrificio de amor para alcanzar el precio de la fábula de la gloria.
De todo bibliófilo mortis se puede elegir al padre pródigo de una fuga total.
Triunfar o no triunfar: he ahí el camino que conduce al retorno inclemente de ser por haber sido.
Vale más amar apasionadamente que creer en la locura de un amor eterno que se desvanece en el éxtasis fugaz de una íntima celebración entre el fuego y el adiós.
El eterno incomprendido es un estilista de la emigración que huye, con exacta premonición, antes de que lleguen a conocerlo y a clasificarlo entre los malditos que se refugian en una poesía que aúlla rimas melladas en el frío de la madrugada.
Emigrante de todas las tentativas amorosas, la libertad de expresión se celebra por haber pasado la prueba de fuego en el infierno de la verdad.

X
La espera puede ser larga para partir o para iniciar el retorno a un tiempo pasado de raíces calcinadas y campanarios derruidos.
La fiel acompañante es una perra famélica o la muerte que se nutre de tiempo consumido de los que en vida ostentan el estandarte de signo contrario contra un futuro que llegará disfrazado de presente.
Que se acerque la ninfa cazadora y, en frágil barca de bambú sonoro, nos invite a cruzar el proceloso río para llegar a la otra orilla a cazar fantasmas translúcidos de unicornios errantes.
Las consignas contra el ocio amordazan a los escasos apóstoles de la poesía, empecinados en rescatar una imagen sonora del turbio torrente de la publicidad.
El guardián del éxodo cierra la puerta con el vacío de la esperanza. La apoteosis de la decadencia es celebrada por una sociedad asna y alérgica a la cultura.
El desfile de aniversario para festejar el éxito de haber puesto la ignorancia al alcance de todos, contrasta con la memoria del doliente amor.
La noche de paz en los sepulcros es una tregua inútil, antes y después de la guerra.
Nadie invierte sueños en calcular el peso de la noche.
La fatiga del guerrero no encuentra sitio de reposo con la ira trepidante sobre la tierra gris.
El bosque de minotauros queda en la cima inaccesible donde pacen y rumian el retorno del presente que se nutre de apetecido porvenir.
Después de organizar la noche en el ojo ciego de la cerradura lunar, llega el alba impaciente y comienza a desmanchar la oscuridad de los montes.