REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
26 | 05 | 2019
   

Confabulario

Sonámbulo Disidente


Roberto Bañuelas

Me aferro a la ilusión de estar perdido y con la esperanza de descubrir la cristalización de otro nuevo mundo para fraguar sueños inéditos. Las verdades que han engañado al hombre en la suplantación de cada generación, se han transformado en piedras enmohecidas en la lujuria renovada del tiempo presente.
La historia, con sus estratos de ruina sobre ruina de ciudades abandonadas, ha hecho siempre fogatas con las ideas renovadoras y el hombre vuelve a postrarse ante el altar de los mitos y los prejuicios contaminados de terror y brujería.
Las ramas nudosas de estos árboles no sirven para elaborar lanzas ni violines y sólo quedan sus troncos tatuados de epitafios de seres que soñaron con el amor.
El hombre corre cada día hasta llegar al refugio de sesenta metros cuadrados de angustia renovada. Afuera, bajo el pozo y el peso de la noche, el viento ensaya sus espirales de aullidos que no alcanzan la verdad elemental de la melodía de la flauta de un pastor resignado al final de la tarde.
La noche arrastra su cuerpo de lamentos mientras espera el grito que inaugura la fiesta y la lucha de otro día que comienza.
Los dioses, engendrados por docenas con el miedo de los hombres, se dispersan en busca de creyentes que cambien sus hábitos de pedir por los de dar.
La noche sin nubes ostenta las estrellas como fantasmas fieles de la luz. Abajo, a la altura del fuego, al nivel de la nieve, el hombre habla, gime, llora, y, contra el viento y las estaciones, también maldice, incendia, mata y destruye.
A la mitad del día, la luz se vuelve un ojo de cíclope en el centro de lo que creemos el firmamento, y nosotros, mientras caminamos, buscamos la compañía de la propia sombra que se esconde bajo el ritmo angustiado de nuestros pasos.
El rebaño camina en busca de otra luz que no existe, pero la luminosidad variante que nos envuelve, a pesar de las esperanzas rotas, ayuda al hombre a querer destruir a todo lo que creía amar.
Algunos hombres, acorazados de ensueños, presienten y expresan las artes para encontrarse a sí mismos y, a veces, consiguen huir de la grey que sólo exige la sobrevivencia.
Las antípodas del mundo son de hielo y el hombre llega a esos confines a fraguar su ardor de conquista. A veces muere y otras queda mutilado, pero vive para narrar el esplendor de sus locuras.
También emerge de las cenizas para encender otro sueño de nueva vida, la que sigue ocupando la eternidad en la sucesión infinita del instante presente.

Noviembre 29 de 2012