REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Arca de Noé

Arte y medicina


Martha Chapa


Desde que existe sobre la faz de la Tierra, el ser humano ha tenido un encuentro inevitable con la enfermedad. Para mitigar estos dolores, ha desplegado toda su creatividad para concebir diversas prácticas paliativas y curativas y, con el tiempo y el avance de la civilización, a través de investigaciones, la creación de técnicas de diagnóstico y curación y la formulación de medicamentos.
Desde tiempos inmemoriales nació también la inquietud de enlazar el arte y la medicina, ya que muchas de las imágenes, petroglifos o pictogramas pertenecientes a las culturas originarias hacen alusión a este tema.
Ha sido incesante el empeño del hombre por entender los misterios que entraña la existencia y los episodios que le dan sentido a cada uno de los ciclos vitales, de manera especial los sucesos que desencadenen la enfermedad y la muerte, que en los primeros tiempos tenía un sentido mágico-religioso.
Recordemos que en la antigüedad casi todas las culturas eran politeístas y por tanto aferradas a sus creencias, en el sentido de que consideraban a la enfermedad como castigo de determinada divinidad por quebrantar una prohibición o alguna regla sagrada. Así pues, tenemos que en los pueblos del antiguo Egipto, Mesopotamia, entre otros, la concepción de la enfermedad tenía una carga mágica y por lo tanto el diagnóstico y el tratamiento también requerirán medios y ritos de ese tipo.
En esos casos la medicina mágico-religiosa explicaba el conocimiento sobre los males y los remedios por medio de la “revelación”, una verdad sagrada que recibía directamente el líder religioso del grupo. Esas “revelaciones” variaban de un pueblo a otro, pues, por ejemplo, los demonios que “provocaban” una enfermedad en la antigua Asiria no eran los mismos que la causaban en la India.
Por fortuna, la enfermedad dejó de considerarse como un fenómeno sobrenatural con Hipócrates de Cos (460-332 a.C.), médico de la Antigua Grecia, quien afirmó que los padecimientos sí pueden comprenderse debido a que sus causas se encuentran en el ámbito de la naturaleza. De ahí que a Hipócrates se le considere padre de la medicina moderna.
Sin embargo, aunque parezca increíble, aun hoy, en pleno siglo XXI, hay manifestaciones de aquella mentalidad arcaica, pues sabemos que existen infinidad de referencias a enfermedades causadas por el “mal de ojo”, por un “castigo divino” e incluso “posesiones demoníacas”. Justo aquí en México y otros países latinoamericanos hay personas que se niegan a ponerse en manos de médicos profesionales y cuando buscan remedio para sus padecimientos solo admiten ser tratados por brujos y curanderos.
Pero volvamos al arte: En el devenir de mi vida como pintora he constatado que el mensaje plástico, además de comunicar evocaciones artísticas, nos aporta gran información, que en muchas ocasiones pasa inadvertida. No hemos sido educados para, a través de la contemplación de una obra de arte, valorar su belleza, apreciar su significado, situar la época en que fue realizada y comprender su contexto. Todo un mensaje en verdad importante se soslaya porque la mayoría de las veces no tenemos los conocimientos para analizar el contenido de algún lienzo. Por ejemplo, los que expresan temas relacionados con la medicina.
Guiada entonces por mi pasión hacia el arte visual y apoyada en mi relación con estos temas, pues soy hija de médico, me he percatado de que la pintura a través de los tiempos ha servido, además de para proporcionarnos gusto estético y develarnos muchos misterios, como un registro de las enfermedades. Hay una cantidad tal de pinturas sobre estos temas, que bien podría elaborarse una enciclopedia gráfica de la enfermedad. Así que en este espacio abordaré en algunas ocasiones aspectos de esta galería, donde podremos ver esas alteraciones del cuerpo y de la mente.
Lo cierto es que muchas obras pictóricas están relacionadas con el tema de la medicina y es una lástima que no haya tenido la divulgación suficiente, a pesar de tratarse de obras geniales y estar expuestas en grandes museos. Quizá las hemos soslayado porque nos subrayan el dolor y el sufrimiento humanos o incluso la muerte, que no suelen ser temas de nuestro agrado.
En todo caso, me parece que hay que apreciarlas estéticamente y reconocer su carácter aleccionador.