REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
05 | 12 | 2019
   

Clave de sol

La Traviata a ciento cincuenta años de su estreno


Edwin Lugo

La Traviata, célebre ópera de Guiseppe Antonio Verdi nació hace más de siglo y medio; y debe su argumento a la pluma del escritor francés Alejandro Dumas hijo, autor de la no menos famosa novela intitulada La dama de las camelias.
Alejandro Dumas Jr. nació en Paris el 24 de Junio de 1824 hijo del fecundo novelista del mismo nombre, autor de Los tres mosqueteros, Veinte años después, La dama de Monsoreau, El Vizconde de Bragelonne y El Conde de Montecristo entre otras novelas, su madre fue María Catalina Lebray, una de las famosas cortesanas de la época; y como tal, fue hijo natural, siendo reconocido por su padre cuando contaba quince años; padeció una niñez infeliz víctima de las burlas de sus condiscípulos en el colegio, debido a su triste condición de hijo ilegítimo; durante su juventud llevó una vida disipada ignorando las rigurosas normas de comportamiento que regían en ese tiempo, lo que motivó que su futuro se presentara sombrío y poco halagador. Endeudado, sin herencia y sin profesión, optó por incursionar en la literatura aunque inicialmente sin mucho éxito, hasta que amparado por su padre y en su compañía hizo un viaje a España y a Argelia del cual retornó a Paris en l847.
Tiempo después publicó su narración Aventuras de cuatro mujeres y un papagayo con la que obtuvo su primer reconocimiento, ya que la obra se situaba dentro de un realismo documental, basado en la observación de su propia persona y de los hechos que lo rodeaban, intentando plasmarlos tal y como los percibía.
Perseverando en esta técnica innovadora escribió su más leída novela La dama de las camelias, la cual es en realidad un retrato autobiográfico, que revive el intenso amor que el joven Dumas prodigó a Alfonsina María Duplesis -Margarita Gautier en la novela y Violeta Válery en la ópera La Traviata- muchacha que en realidad era lo que en su tiempo despectivamente se definía simplemente como “una entretenida”, si bien de un elevado rango que le permitía tener como amantes a hombres del llamado demi-monde.
La obra fue muy pronto trasformada en un drama de cinco actos, que consagró al novelista como dramaturgo, y fue estrenada en 1852 con un éxito aún mayor que el de la novela, ya que actrices prestigiosas como Sara Berhnardt y Eleonora Duce anhelaban protagonizarla.
Dumas, ya considerado como autor profesional, escribió y publicó novelas históricas tales como Tristán el pelirrojo en 1849, Henri de Navarre y Tres hombres fuertes en 1850 y Diana de Lys en 1851 llevada también al teatro a pesar de la censura.
Ya famoso, en 1855 obtuvo el premio Faucher con la novela Medio Mundo, cuyo tema es una pintura de las costumbres de la época; y en 1857 apareció Cuestión de dinero.
Dumas fue uno de los fundadores de lo que podríamos llamar novela moral, postura que su autor adoptó, por cierto muy opuesta a la vida desenfrenada que había llevado durante su alocada juventud; su obra por lo tanto posee un contenido ético y social que propone un nuevo enfoque frente al controvertido tema de los llamados “niños o hijos naturales”.
Otros libros de su autoría son La dama de perlas publicada en 1854, Le boit D’ Argent en 1855, El amigo de las mujeres en 1867, Una visita de bodas y La Princesa Georges, en 187l y La mujer de Claude en l873.
El 11 de febrero en 1875 el ya respetado escritor Alejandro Dumas hijo, fue elegido miembro de la Academia Francesa, galardón que su padre nunca consiguió. Para entonces gozaba de una gran fortuna, producto de sus jugosas regalías que aumentó con el cobro de derechos de la obra paterna.
Meses después, en el pináculo de la riqueza y de la fama murió repentinamente, debido a un fuerte resfrío que contrajo durante la inauguración del monumento Augier, el cual le degeneró en una mortal pleuresía.
La tesis que sirve como leit-motiv a La dama de las camelias es la reconstrucción de la sociedad y de la familia con base en el amor y no en el dinero. De ella se han hecho traducciones a muchos idiomas y por lo menos cinco películas, así como cientos de adaptaciones para el teatro y la televisión, no obstante que algunos analistas opinan que en la narrativa hay una abierta tendencia a la crítica.
En ella Armando Duval -que es Alfredo en la ópera- es el protagonista masculino que busca afanosamente a través de su amor sincero la recuperación moral y física de Margarita Gautier -Violeta en la ópera-. Su amada, ha vivido bajo el acoso de los burgueses y nobles ricos que pagaban bien caro sus favores y muestra una inocente obsesión por las camelias rojas y blancas, manifestando un carácter voluntarioso y fuerte, condiciones que se van a afianzar con el amor, sentimiento por el cual habrá de renacer su voluntad dormida, predisponiéndola para sacrificarse por el buen nombre de la hermana de su amado a punto de matrimoniarse con un joven rico cuya familia esgrime el honor y el vivir honesto, como una meta irrevocable; así, frente a la dureza de los prejuicios y el ruego del padre de Armando -Germont- en la ópera, la joven decide abandonar a su amado, acelerando con tan enorme sacrificio su decadencia física provocada por la tuberculosis que se agrava al retornar a su vida disipada; así la intolerancia de una sociedad implacable termina por hundirla, pagando con su propia vida el precio de los prejuicios y convencionalismos, mediante ese generoso comportamiento Margarita deja de ser una prostituta de lujo para convertirse como declarará después Armando al conocer la verdad, en el ser más noble de todos, la heroína que acepta con resignación y valentía la crueldad de su destino, aunque, amante de la vida y verdaderamente enamorada del impetuoso joven, capaz de redimirla, darle su nombre y convertirla en su esposa para toda la vida, acuda a la huidiza esperanza que nunca pierde ni siquiera en sus últimos momentos cuando agoniza en su lecho de moribunda.
En contraposición su amado, Armando Duval posee un carácter violento e irritable cuya dosis de acentuado romanticismo y exacerbada sensibilidad lo conducen a inesperados cambios anímicos, no obstante ser un joven mundano, sus cualidades morales lo han apartado de la perniciosa influencia del Paris disoluto, y ante el abandono de Margarita reacciona con una violencia nacida de la más incontrolable desesperación, así mientras para ella el amor se trasforma en algo tan sagrado, que permite la abnegación y hasta el perdón, para él va a significar el más cruel y espantoso sufrimiento.
En el caso del padre de Armando, su equívoco paternalismo y la falsa tabla de valores predominantes en la época, que lo inducen a proteger el buen nombre y el honor de su familia, lo transforman en el involuntario verdugo que si bien no condena a Margarita, al representar el conflicto entre el amor y el deber, no duda en inclinarse por este ultimo causando la desdicha no sólo de la infortunada joven, sino sumergiendo a su propio hijo en la más espantosa angustia que habrá de presidir por siempre el resto de su vida.
Literariamente La dama de las camelias es una joya invaluable, a pesar de casi dos siglos, en la literatura universal.
El público de su época estaba verdaderamente fastidiado de los temas clásicos e históricos extraídos del pasado griego y romano, y repetidos en las obras del inglés Walter Scott, por ello acoge complacido esta nueva literatura donde predominan el sentimiento y la fantasía apartándose del brutal racionalismo.
La obra de Dumas precipita la terminación de los tiempos de la novela por entregas que solía publicarse en forma de episodios en los diarios, con un suspense que aseguraba de antemano la compra del periódico al día siguiente.
Con su pluma el autor enfrenta con valentía los prejuicios sociales frente al ímpetu arrollador de las pasiones amorosas, y su audaz postura le valió ser uno de los más reputados escritores de Francia.
La dama de las camelias fue escrita por Alejandro cuando contaba solamente con 23 años y es una descarnada apreciación de la puritana sociedad en la que vivía, donde a su vez proliferaban la concupiscencia y el vicio que cobraba sus víctimas entre las jóvenes campesinas que se aventuraban a venir en busca de una existencia más deshogada, al Paris hipócrita y depravado; su audaz innovación dio principio al movimiento denominado naturalismo que años más tarde habría de desembocar y reforzarse con la obra del autor de Naná Emilio Zolá y de la condesa Pardo Bazán, principales impulsores de una nueva tendencia literaria más real y humana. Dumas no es sólo el precursor, sino además es un psicólogo nato, un sociólogo, y un cronista de su tiempo, si bien su tesis tiene un antecedente en la Manon Lescaut del abate Prevost.
Su paso atrevido lo habrán de seguir Leon Tolstoi con Resurrección y el mexicano Federico Gamboa con su inolvidable Santa.
Pero antes que otorgar las palmas a tan ilustre intelectual y egregio artista, debemos precisar en la identidad de su musa María Duples, a quién alguno de sus admiradores u ocasionales amantes sugirió que su apellido fuera Duplesis por considerarlo más mundano y aristocrático.
Ella fue una sencilla muchacha que llegó a Paris procedente de Normandía, hija de un padre avaro y huérfana de madre, como muchas jóvenes demasiado humildes, ignorantes y analfabetas, vino a trabajar de modistilla, pronto aprendió a leer y escribir, consiguiendo arribar a una escala social cuyo precio era el libertinaje, no obstante, mediante una educación a cuyo desarrollo contribuyeron entre otros, el músico Franz Liszt y el propio Dumas, dicho acercamiento propició que el novelista en ciernes, se enamorara de aquella joven que aún tenía corazón.
Y esto era verdad, María no hizo jamás escándalos, ni propició duelos, ni arruinó a nadie, ni ocasionó suicidios; fue siempre discreta y murió -como Margarita Gautier o Violeta Válery en Traviata de tuberculosis cuando contaba sólo con 23 años. Dumas se sintió profundamente afectado desahogándose de un sincero dolor, en la creación de la obra que lo haría inmortal.
María Duples era bella, de piel muy blanca y mejillas matizadas de rosa, propio de las tuberculosas, poseía crenchas negras y largas y un refinamiento y elegancia excepcionales, le fue presentada a Alejandro por su amigo Déjarat -Gastón en la ópera- en el teatro Variedades, cautivando al literato en ciernes al instante. La infortunada joven murió el 5 de febrero de l847 cuando Dumas viajaba por España y Argelia con su padre.
La obra es real, con su dosis de imaginación y fantasía.
La versión dramática en febrero de 1852 fue actuada por la Sra. Doche y Charles Fletcher como Armando; y se han hecho de ella 200 versiones en francés, 60 en inglés, 35 en italiano y 12 en español. La primera edición castellana fue editada en 1856 en Barcelona.
Pero una ópera es ante todo la creación de un músico y el autor de Traviata es nada menos que el reputado compositor y trascendente patriota Antonio Guiseppe Verdi, quién nació el domingo l0 de octubre de l813, en pleno otoño; su padre de nombre Carlo, era posadero y su madre Luisa Uttini hilandera, el pequeño villorio, llamado Roncole, donde vio la luz primera pertenecía al ducado de Parma que estaba bajo el poder de los franceses desde cuando Napoleón el grande, había invadido Italia; alrededor de la modesta vivienda y posada proliferaban viñedos y se fabricaban quesos, producto de la actividad pastoril; el poblado limitaba con Módena y con los Estados Pontificios, y el pequeño fue registrado en la cercana villa de Busseto.
El niño nació como francés, creció bajo el dominio de Austria y murió en el pináculo de la gloria -según afirma su biógrafo Fernando Toledo- consagrado como uno de los símbolos del país que ayudó a forjar. Al respecto debemos consignar que durante esa época Italia estaba dividida entre los llamados estados que gobernaba el papado, y el dominio de otras naciones como Austria, España y Francia. Verdi con su gran prestigio artístico ayudó a restaurar la nacionalidad, consiguiendo la unidad de los dispersos territorios de la península, cuyo movimiento se llamó risorgimiento. Los jirones de aquella patria no tenían ni siquiera una lengua común, ya que en cada región se hablaban dialectos diferentes, tales como el toscazo, antecesor del italiano de hoy, el cual era considerado como un idioma culto que terminó por instalarse en la mayor parte del territorio del dividido país y como tal fue adoptado como el lenguaje de la ópera.
El arte lírico surgió en los palacios en el año de 1630; y las obras de Monteverdi, Paiselo, Palestrina, Scarlati, y posteriormente autores tan importantes como Bellini, Rossini, Leoncavallo, Cherubini, Donizeti, fueron un poderoso lazo de unión entre los toscanos y piamonteses.
La ópera pasó a formar parte de la comedia del arte en el siglo XVIII, pero las 32 óperas compuestas por Verdi, dejaron de ser la expresión lírica de una nación para convertirse en patrimonio de la humanidad.
Pero en los años que nuestro biografiado jugaba en el campo como todos los niños, Parma había sido anexada a Francia desde 1799 y el único estado con gobierno propio era el Piamonte bajo la autoridad de los reyes de Saboya.
Verdi nació en el mismo año que Wagner, pero con una suerte distinta, si bien su padre, aunque rústico y casi miserable al descubrir las facultades musicales de su vástago, cuando el pequeño cumplía apenas 7 años solicitó al organista de la iglesia Pietro Baistrocchi que le diera las primeras clases de música, pronto las descomunales facultades del alumno superaron al maestro y siendo muy joven, escapado por suerte de la leva, gracias al ingenio de su madre que lo escondió en la torre de la iglesia, ocupó el puesto de maestro capilla, pobremente remunerado, ya que el pequeño poblado apenas contaba con 200 habitantes.
En 1823 su padre recurrió a Antonio Barezzi presidente de la Filarmónica de Busseto, y ambos acordaron pedir al cura Sletti que enseñara al muchacho de l0 años de edad: latín, literatura e historia de Italia, la instrucción requería que el alumno recorriera a diario, descalzo, para ahorrar zapatos, los 8 o 9 kilómetros que mediaban entre las dos poblaciones, finalmente un zapatero de la localidad aceptó recibirlo en su casa y por 30 céntimos diarios le proporcionaba comida y habitación. Otro benefactor, de nombre Rarezzi, lo recomendó a Fernando Proversi quién le enseñó música y composición, mientras el muchacho se iba aproximando a Shakespeare, leía la famosa novela Los novios de Manzoni, los sonetos de Tetrarca, los poemas de Fóscolo y de Giacomo Leopardi y por supuesto La Divina Comedia de Dante Alighieri.
Pero estaba claro que su verdadera vocación era la música y su primer trabajo fue escribir una obertura para la ópera El Barbero de Sevilla de Rossini, ya que en esa época era permitido que otro autor escribiera la introducción, poco tiempo después escribió una cantata para barítono; y más tarde su padre solicitó a la duquesa residente en Parma una beca para que su hijo ingresara al conservatorio de Milán en 1833, Verdi encontró Milán descuidado, sucio, aunque era la capital de Lombardía-Venecia, la ciudad tenía l50,000 habitantes y el arte giraba en torno al teatro de La Scala construido en l788 sobre un terreno que pertenecía inicialmente a la iglesia llamada de La Escala, existían también los teatros Dall Verne Daña Canobiana y el Filomatrici, en tanto que el conservatorio había sido fundado por el propio Napoleón en 1807, cabe aclarar que los italianos solían nombrar a los teatros con el nombre del barrio al que pertenecían, el cual a su vez tenía un santo patrono.
Al principio el muchacho se deslumbró con Milán. Las luces, fachadas suntuosas, tiendas, escaparates, el gentío elegante en los vestíbulos de los teatros lo arrebataron; aturdido por el bullicio presentó los exámenes en el Conservatorio, del cual, al igual que su homólogo Georges Bizet fue rechazado, según los ignorantes maestros porque el candidato adolecía de una mala posición de la mano izquierda en la prueba del piano, más tarde algún músico debió haberle sugerido que se dedicara a la composición y Verdi convenció al clavecinista Vincenzo Lavigna, director del Teatro de la Scala para que lo tomara como alumno, el mentor exigió que el aspirante asistiera sin excusa a todas las representaciones de ópera y por supuesto a las tertulias de los músicos, determinando su destino de convertirse en autor musical para la escena.
Su talento se manifestó muy pronto escribiendo su primera partitura que tituló Rocester lamentablemente inédita y hoy perdida. Pronto estuvo apto para dirigir La Creación de Haydn consiguiendo el nombramiento de Director de la Filarmónica a los 24 años.
Con la estabilidad económica llegó el amor y se casó con Margarita Barezzi, mientras se estrenaba su primera ópera Oberto, Conde de San Bonifacio con libreto de Temístocles Solera, la cual se presentó en el Pío Instituto Teatrale, poco después la soprano Guissepina Strepponi interpretó el papel protagónico y la obra fue ofrecida en el Teatro de la Scala el l7de noviembre de l839, el éxito fue extraordinario y la obra se representó l4 veces, la editora Ricordi compró los derechos y el empresario Merelli le solicitó escribir tres óperas más que resultaron ser: El Finto Estanislao con libreto de Felice Romani, y Un Giorno di Reno que se estrenó el 5 de septiembre de 1840, obra que no fue del agrado del público, y cuyo fracaso se sumó al inmenso pesar de Verdi, que había perdido a sus dos hijos procreados en su matrimonio, hundido en la tristeza declaró que no escribiría más óperas, pero Merelli insistió en otro libreto de Temistocle Solera, sin ánimo, tremendamente dolorido por la pérdida también de su esposa, y los fracasos recientes, apenas entreabrió el libreto, descubriendo las palabras: Va pensiero sul lli dorate, que era el lastimoso quejido de los judíos en su penoso cautiverio de Babilonia, en ese mismo momento se puso a escribir la ópera Nabuco, que la Strepponi interpretó con enorme éxito el 9 de marzo de l842, en el Teatro de la Scala.
El éxito de este coro Va pensiero, se aplicó a los italianos ansiosos de sacudirse el yugo extranjero en su ardua lucha por la unidad y fue convertido en un himno nacional que aún a la fecha suele cantarse de pie por todo el público. Verdi convertido en héroe nacional fue llamado veinte veces a escena a recibir la más calurosa ovación tributada a un artista, el compositor se contagió de un patriotismo que desafortunadamente frenaban la religión y la censura, no obstante escribió y presentó L’lombarda a’ lla prima cruciata, La gesta de los Lombardos en las cruzadas también con libreto de Solera.
Por esos años Verdi tuvo a tres importantes competidores: Vincenzo Bellin autor de la Sonámbula, Los Puritanos, Los Piratas y la más famosa ópera Norma que contiene la preciosa aria “Casta Diva”; Donizeetti con más de 60 títulos entre otros: Don Pasquale, Lucia de Lamermour y Elixir D’Amore y Rossini con óperas como La italiana en Argel, Guillermo Tell, La urraca ladrona, Semiramis y un bellísimo Stabat Mater.
Pero los empresarios de toda Italia habían empezado a fijarse en el joven compositor, entre otros, el conde Moncenigo, director del Teatro de la Fenice -Fénix en español- en Venecia, donde inicialmente presentó Los Lombardos y posteriormente Hernán basado en la novela de Víctor Hugo. Entonces apareció el escritor veneciano Francesco María de Piave con quién Verdi hizo una estupenda mancuerna que llevó a músico y literato a producir nueve óperas, utilizando por vez primera el leitmotiv, que no es otra cosa que una frase musical que identifica a un personaje y se repite frecuentemente en toda la obra, se introdujo además el recitativo, que es un estilo de composición vocal, en el cual la melodía, el ritmo y el metro se pasan por alto, para reproducir las intenciones naturales en la forma de hablar.
Para esos tiempos todos los coliseos de Italia solicitaban al compositor el honor de estrenar sus obras, al mismo tiempo que los círculos aristocráticos se disputaban su asistencia en las recepciones más elegantes, el sencillo pastorcillo de Roncole se había vuelto un personaje cuya intensa actividad precisaba un secretario que atendiera las múltiples invitaciones y compromisos del maestro, entonces apareció Munzio un joven músico que era su más ferviente admirador.
En 1846 estrenó Atila y su consagración en el teatro de Venecia, provocó que al terminar la función fuera conducido en hombros hasta su hotel por un público delirante que no cesaba de alabarlo arrojándole flores, a este estrepitoso triunfo se sumó Macbeth, y una gira a Londres que lo recibió con honores no sólo del pueblo sino de la realeza.
Después de tan sonados triunfos Verdi quién había enviudado y deambulaba solitario por media Europa, aunque solicitado y objeto de distinciones y homenajes, se trasladó a Paris, donde en un encuentro reanudó su amistad con la soprano Strepponi, allá Los Lombardos se pusieron con el nombre de Jerusalem con una traducción y adaptación de los poetas Alphonse Royer y Gustave Váez, la obra se presentó en la Academia Real de Música el 26 de noviembre de 1847 con la asistencia y beneplácito del rey Luis Felipe quién condecoró a Verdi, felizmente para entonces el maestro que había enviudado y la célebre soprano habían decidido unir sus vidas.
Pocos años más tarde Verdi escribió El Corsario la cual fue dirigida en Trieste por su secretario Munzio. La obra no gustó y Verdi prefirió olvidarla.
Al finalizar 1848 terminó de escribir La batalla de Legnano cuyo estreno fue dirigido por él mismo en Roma en el Teatro Argentina en Enero de l849, los romanos se encontraban en un estado de exaltación patriótica y pensaban convertir los estados pontificios en república, lo que consiguieron poco después. En la lucha por el territorio, el papa decidió declararse prisionero voluntario en la ciudad eterna, y el conflicto sólo se resolvió a mediados del siglo pasado mediante el concordato que incluyó la creación del Estado Vaticano.
Después de representarse La Batalla, Verdi escribió Luisa Miller que se estrenó en el Teatro de San Carlo de Nápoles, le siguió Stifffelio que resultó otro fracaso, pero esta vez el compositor se sobrepuso y empezó a trabajar sobre un asunto español cuyo resultado fue la conocida ópera El Trovador, con libreto de Caramano, pieza del repertorio de toda compañía de ópera que se precie de serlo, se trataba de la tragedia del poeta Antonio García Gutiérrez, casi en el mismo periodo el prolífico autor había escrito otra obra, sobre un texto de Víctor Hugo titulado El rey se divierte y con dramaturgia de su cercano colaborador el comediógrafo Francesco María de Piave, una de sus óperas cumbres Rigoleto cuya presentación fue obstaculizada al principio por la censura terminando por presentarse el ll de marzo de l852, el éxito fue coronado por la famosa aria del tenor: La donna e mobile. Y otras arias como Tutte le feste altempo de la soprano y Parmi veder le lagrime también del tenor.
Cansado de ensayos, estrenos y compromisos, Verdi quién añoraba su vida campesina se retiró a Santa Agata, donde compró una propiedad rural al pie del río Po.
El artista se había aproximado a través del romanticismo español a esa exaltación emocional y sentimental, mezcla de melancolía, tristeza, y euforia. La dama de las camelias había llegado a sus manos conminándolo a decir en música la tragedia de aquella infeliz muchacha devorada en su juventud por la tuberculosis, y aún en medio de su desgracia física valiente y resignada, dispuesta a sacrificar su corta vida en aras del único amor que había conocido, mientras Francesco María de Piave terminaba el libreto, la madre del compositor agonizaba agudizando su sensibilidad, sólo mediante el sufrimiento se puede expresar la más profunda tristeza implícita en el preludio del tercer acto de La Traviata. Un viaje a Paris con la Strepponi por compañera lo terminó de aleccionar sobre la contradictoria burguesía francesa, Piave realizó una magnífica adaptación operística de la novela; y el tema, aunque peligroso para la época, que podía acarrear cierto escándalo, no constituyó ningún obstáculo. Y la obra se empezó a proyectar para el Teatro de La Fenice en Venecia.
Pero los tiempos eran malos, la rebelión contra la dominación austriaca se agudizaba y la masa enardecida asaltó una fortaleza defendida por 100,000 austriacos y aunque el intento de Mazini fracasó sobrevino un cambio de táctica bajo la orientación del nuevo monarca piamontés Víctor Emmanuele.
En medio de la violencia El Trovador se estrenó en Roma en el teatro Apolo el l9 de enero de 1853, la crítica objetó que había demasiadas muertes en la obra, pero un periodista afirmó: “que la muerte es lo único que hay en la vida”.
Y Verdi volvió a reconcentrarse en la agonía de la muchacha muerta precisamente en la flor de la vida, y dejándose dominar por el sentimiento y la tristeza como fuentes de inspiración concluyó abatido las conmovedoras páginas de su ópera más popular, según sus biógrafos Verdi compuso La Traviata en 7 semanas trabajando arduamente con su libretista.
Traviata se estrenó el 8 de marzo de 1853 en el Teatro de La Fenice de Venecia, fue cantada en el estreno mundial por la soprano Fanny Salvini Donatello y se repuso al siguiente año en el Teatro de San Benedeto, revindicando la indiferencia con que inicialmente el público recibió la obra, aunque la crítica resultó benigna.
Traviata, décima octava ópera de Verdi estaba destinada para la perennidad.
En medio de la lucha el patriotismo de Verdi acabó de consolidarse pues El Trovador concordaba con la unificación de Italia y la retirada definitiva de los invasores, en ese tiempo, después de vivir en concubinato l6 años se casó con la Strepponi en un acto religioso íntimo celebrado sin ostentación alguna en la humilde iglesia de Collonges, Saboya, perteneciente al ducado parmesano.
Pese a que el maestro se obsesionaba con el campo, Verdi fue designado miembro de la asamblea de Parma, con este carácter se entrevistó con el Conde Cavour líder y principal promotor de la unidad italiana quién proclamó rey de Italia a Víctor Emmanuelle al cual en su visita a Buseto, Verdi le compuso una cantata para recibirlo.
Más tarde, inaugurado el parlamento, el rey fue proclamado el soberano legítimo de toda Italia, después de muchas batallas, finalmente unificada.
Era hora de que el compositor atendiera la insistente invitación de presentar en Rusia alguna de sus múltiples creaciones, el maestro eligió Don Alvaro o la Fuerza del Sino con libreto de Piave, la cual se estrenó el l0 de Noviembre de l863, con tal motivo el Zar le impuso la orden San Estanislao y la obra fue repuesta siete años después en el teatro de la Scala de Milán.
Otra de sus óperas, Don Carlos, fue estrenada en Paris el ll de Mayo de 1867 con la asistencia de Napoleón III y la emperatriz Eugenia de Montijo.
Ansioso de tranquilidad y añorando siempre sus labores en el campo por las que siempre se sintió atraído el compositor regresó a Italia, ahí fue enterado con inmenso pesar de que Piave, su fiel colaborador había sido víctima de una parálisis de la que desafortunadamente jamás se recuperó muriendo ocho años después.
Corría el año l868 cuando se repuso en el teatro de la Scala La Forza del Destino, esta vez con la participación en el estelar de la soprano checa Teresa Stolz, la bella diva era una de las más cotizadas cantantes de Europa y con ella Verdi sostuvo una amistad íntima, que algunos de sus biógrafos califican de romance, sea cual haya sido la situación el hombre hogareño de arraigados hábitos caseros continuó fiel a su esposa y a su tierra que cultivaba, alternando la labor agrícola con la composición, y los ensayos.
Para la inauguración del canal de Suez, cuya construcción fue encomendada al primo de la emperatriz Eugenia el conde Fernando de Lesseps, Verdi fue contratado para escribir una ópera, el resultado fue Aida con libreto de Antonio Ghislanzoni. La obra fue presentada en el Cairo de forma espectacular alcanzando inmediatamente un éxito descomunal, pero como aconteció frecuentemente en la vida del compositor este triunfo fue ensombrecido por las muertes de su progenitor, de Piave, de Rossini así como la del Rey Víctor Emmanuel, del Papa Pio IX y de Mazzini en honor de quién el compositor escribió un Réquiem.
Otelo fue escrito con libreto de Arrigo Boito y estrenado en el Teatro de la Scala el 5 de Febrero de l867.
En Febrero de 1891 fue estrenada en Paris su última obra: Falstaff cuando Francia había retornado a un gobierno republicano, el acontecimiento motivó que el presidente francés le otorgara la Gran Cruz de la Legión de Honor.
Verdi rico y famoso se retiró a su casa de campo preocupado por la suerte de los músicos ancianos que morían en la miseria, entonces se dio a la loable tarea de crearles un asilo en Milán que llamó La casa del Riposo, cuya humanitaria función aún continua vigente.
El 4 de Noviembre de 1897 Guiseppina Strepponi murió en sus brazos dejando al maestro desolado, cuatro años después en 1901 fue asesinado el Rey Humberto, en ese mismo año el celebrado autor fue víctima de un ataque cerebral del que no logró reponerse, descansando finalmente al lado de su esposa.
Una multitud se congregó en los funerales entonando el Va Pensiero de su ópera Nabuco, el inmortal compositor, autor de la preciosa música que acompaña la muerte de Traviata entró en los ámbitos de la inmortalidad.
Sin menoscabo alguno por la enorme contribución de estos dos genios del arte, el novelista Dumas y el compositor Guissepe Verdi, concluyo que la auténtica autora de Traviata, es aquella dulce muchacha muerta cuando apenas se asomaba a la mañana de la vida; porque sin la mujer, sea cualesquiera su oficio, no hay vida, ni amor, ni obra de arte, ni belleza. La música, la literatura, las artes plásticas, se han alimentado siempre de ese eterno femenino del que nos hablaba la escritora mexicana Rosario Castellanos. Sin mujer no hay Traviata, ni Santa, ni Manon Lescaut, y estoy seguro de que si en el mundo no hubiera mujeres, la vida no sólo sería estéril y tediosa, sino carecería en absoluto del maravilloso ingrediente de la belleza. Y si se ama la vida se ama también la belleza.
Y es sólo la mujer quién proporciona los dos elementos que hacen soportable y aún atractiva la existencia, ella es la suprema dadora no sólo de la vida física, sino la hacedora espiritual del hombre, así se trate de un genio o de un gran artista.
En mi obra literaria, yo como la mayoría de los escritores hemos incurrido en el tema de las mujeres de la vida alegre, que diría más bien es triste, una de mis novelas: Carne de hombre lleva por prólogo las palabras del ilustre filósofo y poeta inmortal: Amado Nervo, con las que deseo concluir dice Nervo: “la mujer es la sola colaboradora de Dios, su carne no es como nuestra carne, en la más vil de las mujeres hay algo de divino. Dios ha encendido las estrellas en sus ojos irresistibles y si el amor de Dios se parece a algo en este mundo será sin duda al amor de las mujeres”.