REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 08 | 2019
   

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David A Figueroa Hernández

TITO. La biografía del líder comunista que gobernó Yugoslavia desde 1945 a 1980. Al vernos inmersos en estas páginas, vienen a nuestra mente aquellos tiempos de la guerra fría en la que existían dos grandes bloques económico-militares que decidían el futuro del resto de los países del mundo.
En este marco y después de la Segunda Guerra Mundial, surgió la Yugoslavia que muchos recordamos, un país que ha sufrido durante siglos por definir su destino; compuesto por una serie de repúblicas en las que el idioma, la religión, la política y los problemas étnicos, han sido la constante en sus últimos mil años.

Josip Broz, mejor conocido como el dictador Tito, fue un verdadero hombre de Estado; de esas figuras enigmáticas que cada vez se encuentran al filo de la extinción. Pese a haber nacido en el final del siglo XIX, su vida la vivió de acuerdo con sus preceptos éticos y políticos, infundiendo en su nación a lo largo de 35 años, una política comunista que sin duda lo acercó y lo alejó de las potencias de entonces.

Excelente prospectivista al recrear los difíciles escenarios políticos así como sus relaciones públicas, Broz asumió un liderazgo pocas veces visto en los años de grandes figuras como Churchill, Truman, Stalin, Mao, Hitler, Brezhnev, Margaret Tatcher, De Gaulle y Castro. No obstante, su visión para gobernar y unir a un país con los problemas ya descritos, contribuyó a que su periodo -acaso excesivo- fuera un aspecto nostálgico para quienes viven actualmente en las repúblicas de los Balcanes como son Bosnia-Herzegovina, Croacia, Serbia, Montenegro, Macedonia y Eslovenia.

La figura de Broz como dictador no se originó en un día. Después de ser un joven inquieto, siempre persiguió la filosofía comunista pero guardando proporción con la Unión Soviética de Stalin, la Alemania de Hitler o el fascismo de Mussolini en Italia. Hombre privilegiado con un porte ataviado digno de un gobernante, gozó del cariño de múltiples amantes y sedujo a más de un dirigente con su elocuente oratoria. A temprana edad las circunstancias lo orillaron a aprender ruso lo que permitió un entendimiento más rápido con sus detractores y simpatizantes de esas regiones.

En más de una ocasión Tito tuvo que salir de su país para encontrar asilo por las constantes pugnas y reyertas entre las diferentes provincias que componían la Yugoslavia de entonces. Con su genialidad, logró escalar jerarquías en el Partido Comunista, lo que sin duda, lo consagró para enfrentar a las fuerzas de Hitler así como los vaivenes políticos de Inglaterra, Rusia y los Estados Unidos. Por si esto fuera poco, el autor nos narra las peripecias y problemas que enfrentó con repúblicas como Albania, Hungría, Italia, Turquía y Bulgaria, con quienes compartía la región balcánica. Enemigos no le faltaban pero eso no lo inquietaba; sabía bien cómo enfrentarlos dentro y fuera de Yugoslavia.

Para Tito, era menester que la sociedad entendiera que aunque los problemas étnicos representaran fuertes discrepancias, la unidad sería la única que como país podía asegurarles un futuro más prometedor. Al morir Broz, no logra ser testigo de la caída del socialismo de la entonces Unión Soviética que fue debilitada por la apertura económica plasmada en reformas como la Glasnost y la Perestroika, implantadas por el último presidente soviético, Mijail Gorbachov; con ellas, cae el socialismo. Ahora Yugoslavia se encontraba sin apoyo y lo que siguió fue su desintegración.
Para Ridley, el autor de esta biografía, fue un aspecto fundamental que, más allá de avizorar los diferentes escenarios, Tito tenía el don de no permitir que su Yugoslavia sufriera, vaivenes políticos con los Estados Unidos, Inglaterra y Rusia, según lo que conviniera en su momento, resultaban en una paz que no se veía desde las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

Caballero indomable y excelente orador, moriría viendo un país unido y respetado por todas las naciones. Para el autor, este párrafo reseña lo que logró para su país: “Al volver la vista atrás, la gente valora los días en que Josip Broz Tito gobernaba desde Belgrado y se decía que Yugoslavia tenía seis repúblicas, cinco naciones, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un partido”.

TITO. Jasper Ridley. Editorial Vergara. 2006, 421 pp.

dfigueroah@yahoo.com.mx