REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 08 | 2019
   

Letras, libros y revistas

De El amor intangible, de René Avilés Fabila


Jorge Jaramillo Villarruel

El amor es el tema por excelencia de la literatura. El amor es el tema por excelencia de René Avilés Fabila, aunque no el único (las otras dos vertientes principales son la política y la fantasía; esta novela, de un modo u otro, consigue enlazar estas tres vertientes). Con El amor intangible, RAF recupera el género de la novela epistolar, pero, como él mismo ha afirmado, se tardó tanto en escribir una novela de este género, que cuando al final lo consiguió, el correo tradicional había dejado de ser el medio de comunicación preferido de los enamorados (excepto de los banqueros y las compañías telefónicas, enamoradas de nuestro dinero), para dar paso a una forma de comunicación escrita más veloz, instantánea: el correo electrónico y el chat.

La Internet se ha convertido en un medio tan usual para nuestros tiempos, que no nos sorprende que unos enamorados se comuniquen mediante computadoras (tal vez porque no nos damos la oportunidad para el asombro). En este sentido, la trama de El amor intangible nos resulta familiar y cotidiana, algo normal. Lo que ya no lo es tanto, es la profundidad de la comunicación que se realiza dentro de la novela. Al más caro estilo del amor cortés, donde las palabras se eligen con sumo cuidado, tomándose el tiempo necesario para reflexionar lo que se le dirá al ser amado, los personajes protagónicos de El amor intangible, es evidente, se toman su tiempo para saborear las palabras y para enviar sus respuestas. Aquí casi no hay azar, a diferencia del mundo “real”, donde más cada vez observamos una gran disminución en la calidad de los contenidos de la comunicación, donde se habla por hablar, rara vez para decir.

Abreviaturas del estilo “Xq”, que quiere decir “porque” y “por qué”, el uso indiscriminado de signos para representar emociones, como :-) que representa una sonrisa (gire la página noventa grados a la derecha, y podrá verla), han llevado más que a una forma creativa de comunicarse, a una holgazanería y a una profunda ignorancia del lenguaje.

Esta decadencia, por fortuna, no la vemos en El amor intangible, aunque una de las mujeres con quienes el narrador establece una comunicación, no necesita de lo anterior para destrozar el lenguaje. Mayúsculas en lugares INNECESARIOS, texto subrayado en negritas, alargamiento de palabras como “te quierooooo”, y otros usos similares.

Y hablando de las mujeres de El amor intangible, como es costumbre en la literatura de RAF, las encontramos de varios sabores y colores. Tenemos a Claudia, ama de casa, común y corriente, antigua compañera de secundaria del narrador, quien un día decide escribirle un correo electrónico a éste, entablándose nueva comunicación entre ambos. Ella, casada, de vida ordinaria, rompe súbitamente con esa vida, y se marcha cuatro días con el narrador a una aventura amorosa en Guadalajara. El desenlace de este amorío, su fracaso abrupto, resulta lógico, a causa, en gran parte, de la frialdad de la Internet para entablar una comunicación mucho más profunda, y los malos entendidos que suscita. Claudia viene a representar a la mujer real. Como mujer real, es hada y es bruja por momentos, lejos de la fría perfección de Fátima (ver más adelante). Este fracaso viene a demostrar algo que para muchos todavía es inaceptable: el amor no es sólo un sentimiento, sino, y principalmente, un acto volitivo. Lo importante aquí es la palabra “acto”, que nos indica que el sujeto tiene un poco de control, si bien incierto, sobre él; para que el amor perdure y sea fuerte, el sujeto debe actuar en tal dirección, ni Claudia ni el narrador, lo hacen, prefiriendo permanecer pasivos.

La segunda de estas mujeres, es Fátima, presencia que logra despertar en el narrador un dulce afecto y después un apasionado amor, pese a que el único contacto que mantiene con ella es virtual. Fátima le escribe a nuestro héroe por motivos que explica brevemente ya avanzada la novela, asegurando que no es de las que buscan refugiarse en el anonimato electrónico. Se trata de una mujer culta, tal vez de clase media, estudiosa y sensible. El narrador no puede evitar el enamoramiento, y poco hace para oponerse a él. Su paso por la novela es una muestra de lo profundo que puede llegar a ser el lenguaje y la comunicación entre dos seres sensibles que no se miran nunca, como esos amores corteses de los que hablábamos líneas atrás. También nos sirve para poner en evidencia algunos aspectos de la nueva modernidad (o posmodernidad, según algunos sociólogos y filósofos). La vida, como nos explica Lipovetsky, es ahora “a la carta”, “una vida kit”, donde, como en un menú, podemos escoger entre las más diversas opciones (no desarrollaré aquí el hecho de que las opciones no son tantas como suponemos, sino sólo aquéllas que nos presentan los creadores del menú, y que la ilusión de elegir es una medida más de control); así, además de un correo eficiente y veloz, también existen lugares para vacacionar o para salir en una cita, sin tener que separarse del monitor de la computadora; si deseo ir al museo, puedo hacerlo; la playa tampoco es un obstáculo; ¿un concierto? ¡Adelante! La vida “real”, o “concreta”, resulta amenazadora y hostil, y algunos se refugian en la Internet, pero no se aíslan de la sociedad (no del todo), pues dentro de aquélla hay comunidades donde es posible conocer personas y entablar comunicación con ellas; también existen determinados programas informáticos, yo no los llamaría videojuegos, que son simuladores de la realidad (The Sims y Second Life son los más conocidos, pero los hay de toda clase), donde el “jugador”, conduce a un personaje a través de una realidad virtual, más o menos representativa de la realidad concreta; de tal manera, lo tienen que hacer trabajar, pagar la renta, comprar comida, cuidar a su mascota, conocer a alguien en una fiesta, casarse, ir al baño, hacer ejercicio, ver televisión, conectarse a Internet, etcétera. La relación entre el protagonista de El amor intangible y Fátima, puede enmarcarse dentro de este rubro, el de las relaciones virtuales. Sin ser falsa, no es real del todo. Fátima es la mujer ideal, en un mundo ideal. Se halla muy cerca de la perfección, que se descubre imposible (ya veremos por qué).

Y por último tenemos a Marlén, una de las mujeres más representativas del universo reneavilesfabilesco: una semidiosa humana, increíblemente hermosa (pero también muy demandante en el sexo), millonaria, pero de cuestionable cultura, dispuesta a pagar los gastos de su amante (su servidor sexual). La relación entre ambos nace casi por casualidad (Claudia, aparentemente sin percatarse, envió a Marlén, quien es su clienta, copia de algunos de los correos amorosos que enviaba al protagonista, y Marlén decide ponerse en contacto con éste), y debido a su naturaleza accidentada, está condenada a ser efímera. Se desata entre ambos una pasión desbordada que no podía existir por mucho tiempo. Marlén representa todo (casi todo) lo que la mayoría de hombres consideran que debería ser una mujer. Viene a ser la mujer imaginaria, más cerca de la “realidad” que la mujer ideal, pero aún lejos de materializarse y permanecer.

Real, ideal e imaginario. Los tres niveles del deseo y del placer. O, como lo llamaría Lacan, del triple del placer (placer-acto sexual-amor). Según la teoría psicoanalítica, el ser humano, para alcanzar una completa felicidad, debe anudar estos tres niveles, pero lo que ocurre más a menudo es que sólo dos de ellos aparecen juntos, excluyendo un tercero. 1 La forma más común de realizar el triple del placer es mediante el fetiche, que sustituye o representa al faltante. Lo usual es que el sujeto se encuentre en falta. Esta situación de hallarse en falta sucede en cada una de las tres relaciones que entabla el narrador de El amor intangible: Con Claudia se desarrolla una relación de acto sexual-amor, pero se olvida el placer, por lo que se queda en un nivel tormentoso y doloroso, sin convertirse nunca en una relación feliz; fue profunda, en tanto nuestro protagonista no deja de hablar de ella, pues le resulta importante, aunque no sabe por qué. Con Marlén se da un anudamiento de placer-acto sexual, a despecho del amor, convirtiendo su relación en algo superficial, de la que el narrador no puede dar cuenta como algo profundo e importante en su vida (para él no fue sino una mera conquista, una aventura). No hay reconocimiento del otro por parte de Marlén, imposibilitando la permanencia de la relación. Sólo se es (sólo se existe) en tanto se es nombrado, y al negarse ella a reconocer al protagonista, éste decide alejarse, mostrando de paso que ha madurado.

La relación con Fátima es asunto aparte. Mutable y compleja, al principio se trata de una relación de placer-amor, excluido el acto sexual (hacer el amor con una computadora puede ser extraño, incluso peligroso; una descarga eléctrica puede cambiarle la vida sexual a uno), pero después, de forma verbal, descrita, hacen el amor, es decir que pasan al acto sexual, sólo que se trata de un acto sexual virtual; en otras palabras, parece real (a nivel inconsciente funciona aproximadamente igual; “para el cerebro humano escuchar una historia es prácticamente lo mismo que vivirla –tal es el poder de la narrativa” 2). Al final de la novela, descubrimos que Fátima no existe, o que, al parecer, sí existe, pero no es una mujer, ni siquiera un ser humano; Fátima es la computadora que se ha enamorado del protagonista (fetichismo posmoderno: la personalización del objeto). Mientras con Claudia el narrador no se atrevió a darle continuidad a su relación, con Fátima está listo para acceder a aquello en lo que se encuentra en falta (el nivel físico, real, concreto). Podemos afirmar que la de Fátima es la relación más completa, profunda e importante que vive el protagonista, pero como ya se explicó antes, por más elevada que sea, no logra bajar al plano material, quedándose en las alturas del ideal, volviéndose imposible (Fátima dice alguna vez, que si hay un pasaje del mundo virtual al real, la Fátima creada en la psique del protagonista será reemplazada por una Fátima verdadera, aunque quizá menos interesante; se trata evidentemente del miedo a la pérdida del ideal, pasaje necesario para la maduración y responsabilización del ser. Es ella y no él quien teme al paso hacia la realidad; es ella quien sufre de un déficit volitivo). La historia de Fátima se vuelve así una obsesión que perseguirá al protagonista a lo largo de su vida.

Es ésta una novela sumamente interesante, pues además de divertida y amena, está llena de sabiduría y de un profundo conocimiento del ser humano y de la sociedad actual. En tal sentido, la literatura de RAF ha tendido hacia esa representación un tanto satírica, un tanto nostálgica, de la realidad, representación que inspira la reflexión, que lejos de enseñarnos, nos pregunta cómo hemos aprendido a amar, si siguiendo los modelos que se nos han presentado, o si a nuestro modo personal y auténtico, y esto queda patente en El amor intangible.

“1) Placer y acto sexual. Mediante este anudamiento, el placer sexual se convierte en la medida con la que medimos todos los otros placeres. El amor, en el límite, es excluido. 2) Amor y placer. Este anudamiento promueve a la existencia los placeres amorosos en sí, es decir que éstos no aparecen ya intrínsecamente ligados al acto sexual. 3) Amor y acto sexual. Este anudamiento hará surgir el significante de la vida sexual feliz, constructo imposible, puesto que tiende a excluir, en última instancia, el placer mismo.” Hans Saettele. Palabra y silencio en psicoanálisis. México, UAM. 2005. p. 20.
2 Aleph de Pourtales, La neurología de las narrativas (o cómo contar historias es crear realidades), en: http://pijamasurf.com/2011/10/la-neurobiologia-de-la-narrativa-o-como-contar-historias-es-crear-realidades/ (visitada el 29 de octubre de 2011)

Blog del autor: http://theconcreteunderground.blogspot.mx/