REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
02 | 04 | 2020
   

Confabulario

Cuento


Sharon Gumz

Tarde de jueves, entre vehículos, semáforos y pasos apresurados. Experimento una variación déjà vu, reconozco el sitio, es curioso como un mismo lugar puede contar tantas historias, hoy el patio central del IMACP es otro, hoy tiene alma. Sus muros han sido remplazados por piezas de colorido abstraccionismo figurativo, espejos que muestran fragmentos atrapados de la dama pictórica Mónica Löwenberg.

El halo de mi -hasta ahora- caótica tarde, se diluye mientras observo cada cuadro; la esencia de “Arte con el Alma” va del color y las formas, de la tristeza, de la pasión, de la soledad, rompecabezas de emociones, montaña rusa de la contemplación.

La música lounge, el aire alquitrán y la charla de los que llegan, -al parecer conocidos todos, porque se saludan con la familiaridad de haber pasado el domingo juntos y con la efusividad de los que no se han visto en años.
Uno de ellos dice en tono de broma que la artista no llegará a tiempo para cortar el listón, de la ahora galería -antes patio central IMACP-, risas nerviosas… entran los periodistas, el baile de las réflex inicia. Las escaleras han sido decoradas con velas, supongo que la protagonista de esta doble función -exposición/inauguración de galería- hará su entrada descendiendo cual quinceañera. Me distraigo con la mesa -nada discreta- dispuesta para el catering, promete algunos bocadillos y mucho vino.

Han pasado seis minutos, las campanas de la iglesia más cercana -cuál de las tres- confirman que la dama pictórica no se lleva bien con Cronos; familias, parejas, “trajesastrianas” y no tanto siguen entrando, tomo algunos folletos y continúo drenando tinta de mis dedos. Strike uno: -“Hola, ¿vienes de algún medio?” -“No, freelancer” respondo… un amable ok cierra el interrogatorio.

7:18, unas botas propias de villano “Sé lo que hiciste el verano pasado” decoradas floralmente rompen un poco con la formalidad propia -o no- del evento, junto con una niña que limpia sin reparo su boca llena de chocolate. Un pantalón negro con camisa a rayas se pasea nervioso, da la impresión de recorrer un pasillo de hospital a la espera de los resultados de la analítica.

Bossa nova “muito obrigado”, guiños de obturador y la artista ha llegado, se toma un tiempo para charlar con la anfitriona, resume en una línea la ruta que la ha traído aquí -“Yo no sé qué es, pero la vida se encarga de mandarte a lugares…”

Algunos miembros del staff se acercan para afinar detalles con la dama pictórica -“Igual no hay prisa” dice ella muy sonriente, una camisa a cuadros frunce el ceño.

Una gabardina rubia y de gafas -Posh style- entra dando indicaciones vía radio -“No, tomas Reforma, por la tres…”
Jo’ nada tan efectivo como un gps humano, si lo sabré yo.

7:27, sin el clásico -y molesto- “si, si, bueno si, probando” una voz grave presenta a los invitados de honor, el licenciado Carranza en representación del director de la Universidad de Huejotizingo, Martha Patricia Sánchez Matamoros, directora de este clúster cultural, Mónica Löwenberg y su esposo Emilio González Anguiano. Los señores Löwenberg reciben agradecimientos y felicitaciones de la anfitriona, quien además ofrece a la creadora de “Arte con el Alma” tomar a Puebla como su casa.

7:35, la dama pictórica toma el micrófono y define a las obras que conforman esta exposición -“Son historias como la tuya y la mía, donde la parte importante es el amor, lo que tenemos dentro para dar”. Entre risas invita a que disfrutemos de “estos niños” -como llama a sus cuadros- y pasa al frente para el tijeretazo inaugural.
Interludio de aplausos…

Y Mónica decide descifrar qué hay dentro de dos de las catorce piezas que componen la exposición, comienza con Alma Mía, pieza clave, hace hincapié en la lucha entre géneros, no se trata de competir. Esta obra muestra la simbiosis entre las propiedades del hombre y de la mujer, a través de la contraposición de colores dibuja la silueta de una pareja, donde el final de uno es el principio del otro en una especie de ciclo sin fin.

El beso, una canción al amor, como lo describe, de tonos amarillos, toques de azul, naranja, verde, café y gris; habla del perdón, del que nunca está solo, de las muchas cosas a las que abrazarte para alejar la soledad.

La dolce vid comienza a circular así las miradas se posan en Autorretrato, Explosión de color, Alma mía, Autobiografía, La última cena, El bodegón de Óscar, Pensando en ti, Ladrón de sueños, Entrega de mujer.

8:00, concluyo el recorrido y mientras camino hacia la salida, el eco de Mónica la dama pictórica Löwenberg me acompaña… “Algo del arte se queda en el artista”.

Y cada cuadro es una ventana a la historia del que observa.